ANEXO 10

ANEXO X

Carta de Monseñor Bernard Fellay al padre Ceriani, 11/4/09

Padre, en la Iglesia como en toda sociedad organizada según los principios tradicionales y no revolucionarios, la autoridad viene de arriba.

No es porque el comunicado que me emplazaba a publicar para el segundo domingo de Cuaresma no ha sido hecho, es que usted tendría el derecho de atentar un pleito contra mí, ¿o acaso se habría convertido en el Moderador supremo de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X? ¿Por quién se toma usted?

¿Cómo se atreve a decir no estar en conflicto con la autoridad mientras instruye contra mi un pleito a carga, falso, deshonesto e injusto, que no hace más que poner en plena luz del día su espíritu limitado, unívoco y rebelde, y su insoportable pretensión por regularlo y controlarlo todo? ¿Por quién se toma usted?

¿Piensa que acumular citas hace un razonamiento? ¿Cree tener la ciencia infusa o ser el único a poseer el espíritu de nuestro fundador para pretender así ser su único y fiel defensor?

Usted pretende deber recurrir contra mí a autoridades más altas: la de nuestro fundador y la de Nuestro-Señor Jesucristo, con el fin de salvar “la operación supervivencia de las consagraciones episcopales”. Me imagino que habrá escrito también a los otros obispos, comprometidos a mi lado en este mismo planteamiento, que se autoriza a denunciar como una traición.

La verdad es que usted hace de una cuestión de prudencia (1), que solamente la autoridad puede zanjar – el Gobierno de una sociedad – una cuestión de fe o de dogma (2), intangible porque irreformable. Y eso porque usted afirma que (1) pone necesaria e inevitablemente en entredicho (2). Pero si usted es hábil para afirmarlo, es incapaz de probarlo. Por lo tanto, usted miente y está en plena petición de principio, sin darse cuenta, tan preso está de sus cortas vistas ideales y sofísticas.

Ya que si tuviera razón, ¿cómo explica que el mismo Mons. Lefebvre haya previsto negociaciones con la autoridad oficial en la Iglesia, y eso:

– después de la carta a los futuros obispos donde denuncia los anticristos, por su correo al cardenal Gagnon del 21 de noviembre de 1987 y sus propuestas para un acuerdo (véase Cor Unum n°30);

– después de las consagraciones, imponiendo sus condiciones, las mismas que seguimos, a saber debates doctrinales y no un acuerdo canónico, a diferencia de las negociaciones de 1988 con el cardenal Ratzinger?

Para terminar, ¿tendría usted el coraje de decirme exactamente cuál es su responsabilidad directa o indirecta en la petición que circuló en Guadalupe y, sobre todo, en el texto enviado a Radio Cristiandad y difundido a fines del mes de marzo? Aguardo sus respuestas precisas y leales, esperando que sea aún capaz de ello.

Que la Luz de Pascua le ilumine y le guíe en la fidelidad a sus deberes de sacerdote y miembro de nuestra querida Fraternidad.

Carta del padre Ceriani a Monseñor Bernard Fellay, 29/5/09

Excelencia, su carta del 11 de abril me llegó el 7 de mayo, y me causó una cierta sorpresa puesto que esperé mucho tiempo sus respuestas a mis preguntas, y no había recibido ningún correo de vuestra parte desde el 3 de junio de 2005…

En 2004, le expuse en privado mis observaciones con respecto a la relación que existe entre la “Declaración de una pena” y la “Pena en sí misma”, destacando en particular que el hecho de pedir “el retiro del Decreto de Declaración de la excomunión” implica reconocer “la validez de la censura”.

Me respondió el 3 de agosto de 2004:

“usted confunde retirar un decreto de excomunión con levantar una excomunión. En todo documento oficial o de importancia tengo mucho cuidado de no mencionar o decir ״levantar la excomunión״”.

Desde entonces le escribí el 2 de septiembre de 2004: y no tuve respuesta.

El 14 de marzo de 2005: no hubo respuesta.

El 26 de mayo de 2005: sin respuesta.

El 28 de junio de 2005: le envié copia de una carta que había enviado al Padre Selegny y nuevamente no tuve respuesta.

Por fin el 2 de agosto de 2005, le envié una última carta con copia de otra que había enviado al Padre Selegny, y no obtuve ninguna respuesta ni de vuestra parte, ni de la del Padre.

En estos distintos correos le había pedido no utilizar esas imprecisiones de lenguaje que no podían sino favorecer la aceptación de lo inaceptable…

Usted no me volvió a hablar de estas cuestiones hasta el 17 de febrero de 2009, en Flavigny, una vez aceptado lo inaceptable…

Me permito recordarle los textos siguientes, que le dirigí sin obtener respuesta:

a) mi Apelación del 31 de enero de 2009,

b) el trabajo que le entregué en propias manos en Flavigny,

c) la carta del 24 de febrero de 2009,

d) y por fin mi última carta del 10 de marzo de 2009.

Y después de todos estos silencios de vuestra parte, me pregunta ¿por quién me tomo? La respuesta a esta cuestión, ya la tiene; la recibió en Flavigny el 17 de febrero último cuando le dije: “Me siento como un niño que se da cuenta que su padre le mintió en un asunto grave”.

En ese momento, su sola respuesta ha sido bajar los ojos, luego la cabeza, delante del Padre de Cacqueray que asistía a nuestra entrevista.

Ahora, no contento con haber traicionado mi confianza, se enfada contra mí, me amenaza y me insulta. Esa autoridad, que usted alega justificadamente al principio de su carta, le viene del Buen Dios, pero no le confiere de ninguna manera el derecho de insultar a sus sacerdotes.

Al actuar de esta forma prueba, una vez más, que no tiene respuesta para darme y que no tiene otro recurso que enfadarse para protegerse contra mis interrogaciones.

¿Por qué mis interrogaciones le molestan? ¿Por qué no tiene respuesta para darme?

Probé lo que avanzaba en mi correo utilizando citas. Éstas no constituían mi razonamiento, sino estaban allí para apoyarlo. Me asombro de que no lo haya comprendido.

Probé lo que afirmaba con respecto a los dos preliminares. Y aunque fuera incapaz de probar nada, eso no significaría, sin embargo, que sea un mentiroso.

Su descontento le hizo perder el sentido de la medida.

Por su parte, por el contrario, en su Comunicado y en la Carta a los fieles con respecto al Motu proprio del 7 de julio de 2007, en su Carta a los fieles del 24 de enero de 2009 y en la Carta a los Amigos y Benefactores n° 74, usted adulteró los textos oficiales del Vaticano.

Además usted deja (o usted hace) aparecer en el sitio La Puerta Latina expresiones que no corresponden a la realidad. Si a eso se añade la intención de engañar a los lectores, esto podría ser considerado como verdaderas mentiras…

Y usted habla de coraje y lealtad… Habría de qué reír si la situación no fuese tan dramática.

Usted ha afirmado, sin probarlo, que “Roma no se retracta nunca”. Por mi parte, probé que su afirmación es inexacta si se trata de la Roma Eterna, dado que para la Roma anticristo y modernista, los hechos están allí… (Le hago gracia de las citas, puesto que, de todos modos, me responderá que eso no prueba nada).

Sin embargo, no dije nunca que “si bien usted es hábil para a afirmarlo, es incapaz de probarlo”. No dije tampoco que usted “miente y está en plena petición de principio, sin darse cuenta, tan preso está de sus cortas vistas ideales y sofísticas.”…

No lo dije… Pero habría podido hacerlo. Y ahora, me pregunto si no debo hacerlo…

Mis cuestiones le molestaron. En adelante puede estar seguro que ya no lo haré…

Estoy decepcionado y herido como un niño que comprende que su padre le mintió; añadiré que el niño engañado tiene, inevitablemente, vergüenza del que lo ha traicionado.

Usted habla en su carta de los textos del Cor Unum n°30. Con respecto al Protocolo de acuerdo, firmado el 5 de mayo de 1988, puede leerse en la página 34:

6. PROBLEMAS PARTICULARES (a solucionar por decreto o declaración).

6.1. Levantamiento de la “suspensio a divinis” de Mons. Lefebvre y dispensa de las irregularidades incurridas a causa de las ordenaciones.

6.2. [prefiero no asumir la responsabilidad de la publicación de este párrafo]

Usted sabe muy bien que el párrafo 6.2 se ha ocultado a los fieles y que la mayor parte de los sacerdotes no lo conocen. Eso prueba que la adulteración de los textos no es un fenómeno reciente. Ver Iesus Christus N°1, suplemento sobre las consagraciones episcopales y Fideliter Numéro hors série – 29-30 juin 1988.

¿Tendrá usted el coraje y la lealtad de difundir este texto para que los sacerdotes y los fieles sepan en qué terminan, ineluctablemente, las negociaciones con las autoridades oficiales de la Roma anticristo y modernista de la Iglesia conciliar?

Cuando el padre haya demostrado coraje y lealtad, tendrá derecho a exigir a su hijo que lo imite.

Tenga por seguro, Excelencia, que sigo, a pesar de todo, rezando por usted.

Con mis religiosos sentimientos en Jesús y María.

Carta de Monseñor Bernard Fellay al padre Ceriani, 21/6/09

Padre,

La copia de su correo a Mons. Fellay con fecha del 29 de mayo que usted me envió me llegó bien y le agradezco.

El Superior general me encarga que responda en su nombre, como había hecho en tiempo del Padre Sélégny. Es decir que sus reproches de no responder a sus correos sucesivos son injustificados, puesto que él le respondía sea oralmente, sea por medio de Padre Sélégny.

En cualquier caso, le invito que relea la carta de Mons. Fellay del 7 de abril que respondía a sus misivas del 31 de enero, 24 de febrero y 10 de marzo de 2009.

A su Apelación del 31 de enero, en la que usted se atrevía a emplazar al Superior general a explicarse, Mons. Fellay le respondía: “No es porque el comunicado que me emplazaba a publicar para el segundo domingo de Cuaresma no ha sido hecho, es que usted tendría el derecho de atentar un pleito contra mí, ¿o acaso se habría convertido en el Moderador supremo de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X? ¿Por quién se toma usted?”

A sus cartas del 24 de febrero y 10 de marzo en que se atrevía intimar al Superior general de dimitir, Mons. Fellay les respondía:

“¿Cómo se atreve a decir no estar en conflicto con la autoridad mientras instruye contra mi un pleito a carga, falso, deshonesto e injusto, que no hace más que poner en plena luz del día su espíritu limitado, unívoco y rebelde, y su insoportable pretensión por regularlo y controlarlo todo? ¿Por quién se toma usted?”

Teniendo que leer su prosa, me pregunto cómo se atreve a escribir que Mons. Fellay insulta a sus sacerdotes, cuando usted desde hace tiempo perdió todo respeto y toda retención en sus acusaciones, o en sus correos, o difundiendo o dejando difundir textos que lo cuestionan directamente.

Sobre todo, al envolverse repentinamente en su honor o en sus sentimientos de niño herido, observo que no responde a la cuestión que Mons. Fellay le planteaba:

“¿tendría usted el coraje de decirme exactamente cuál es su responsabilidad directa o indirecta en la petición que circuló en Guadalupe y, sobre todo, en el texto enviado a Radio Cristiandad y difundido a fines del mes de marzo? Aguardo sus respuestas precisas y leales, esperando que sea aún capaz de ello.”

Sobre el fondo, usted no responde a los dos ejemplos dados por Mons. Fellay acerca de la actitud de Mons. Lefebvre hacia las autoridades de la Iglesia oficial que, por otra parte, nuestro fundador no se las había bien con ella.

Por fin, le señalo su actitud muy negativa, mientras que el hecho de que el conjunto de los obispos y superiores mayores de nuestra sociedad hace cuerpo detrás de Mons. Fellay debería iluminarle sobre el carácter de verdad terco de su actitud. Querría tener derecho a respuesta a cada una sus cartas, prescripciones o emplazamientos, pero Mons. Fellay le recuerda en primer lugar sus deberes de sacerdote y miembro de una sociedad gobernada por el principio de autoridad. Por favor, no los pierda de vista.

Cuando releo sus correos de este invierno, me planteo en particular la cuestión de ¿cómo querría usted que nosotros ayudásemos a la Iglesia a salir de la formidable crisis por la que atraviesa sin nunca dirigirnos a las autoridades oficiales? ¿Cómo estos espíritus erróneos se esclarecerán, si nadie les predica la Verdad? Es todo lo que está en juego en los futuros debates doctrinales. Por supuesto, no nos hacemos ninguna ilusión y, a vista humana, estos debates pueden parecer bien limitados en su alcance. Pero darán su fruto si sabemos dar cuenta de esperanza que está en nosotros.

Me atrevo aún a señalarle que la observación del segundo Asistente del distrito de Francia con respecto al sedevacantismo me parece en su caso especialmente justificada, en todo caso en la práctica y por consecuencia lógica de sus tesis.

Rogando a su intención, asegurándole mis sentimientos in Christo et Maria, le saluda atentamente

Padre Christian Thouvenot

Carta del padre Ceriani a Monseñor Bernard Fellay, 20/7/09

Excelencia,

En el correo que me envía el 21 de junio, a petición suya, el Padre THOUVENOT me escribe: “El Superior General me encarga que responda en su nombre, como había hecho en tiempo del Padre SELEGNY.”

Ahora bien, esto es falso. El Padre SELEGNY me escribió únicamente a título personal. En su carta del 22 de junio de 2005 (de la cual le envié copia a usted) me decía, en efecto, que le había pedido permiso para responderme.

En la carta que le envié a él el 28 de junio de 2005 (de la cual le envié copia a usted), respondí:

“Por lo que se refiere a su frase: “Pedimos (…) la anulación de las excomuniones aplicadas contra Mons. Lefebvre y los cuatro obispos que consagró”:

1) Mons. Fellay afirma: “Pienso y mantengo que se trata de una simple cuestión de imprecisión de lenguaje en el texto incriminado”.

2) Y usted afirma: “Elegí precisa e intencionalmente este término para significar la anulación de las excomuniones aplicadas contra Mons. Lefebvre y los 4 obispos. Es el término conveniente en francés… ”.

(…)

Entonces, espero:

–  sea, una rectificación de su parte y una ratificación de Mons. Fellay;

–  sea, una ratificación de su parte y una rectificación de Mons. Fellay.

En cualquier caso, sus dos pensamientos no pueden permanecer firmes y coexistentes. O usted se equivoca, o Mons. Fellay se equivoca; y es necesario entonces reconocerlo.

Por favor, terminen, usted y Mons. Fellay, con las imprecisiones que no pueden sino favorecer la aceptación de lo inaceptable.”

En la carta que me envió el 25 de julio de 2005 (de la cual le envié copia a usted), el Padre SELEGNY me respondió:

“No soy responsable de lo que escribe Monseñor Fellay”.

Entonces, si el Padre SELEGNY escribía en su nombre, explíqueme, se lo ruego, ¿cómo puede usted afirmar, por su intermediario, que usted no es responsable de lo que escribe?… Eso parece un colmo…; con todo, yo temo que sea la triste realidad…

El 2 de agosto de 2005, respondí al Padre en cuestión (de lo cual le envié copia a usted):

“Si bien es verdad que no es responsable de lo que escribe Mons. Fellay, usted debe asumir la responsabilidad de lo que publica en nombre de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X; con mayor razón si usted lo ha hecho con una “elección precisa e intencionada”.

Ahora bien, el Superior General pidió al Cardenal Castrillon Hoyos “el retiro del decreto de excomunión”; y usted declara “pedimos la anulación de las excomuniones”.

Por lo tanto, a sabiendas y obstinadamente, usted ha adulterado un texto oficial.”

Por todo esto, es falso decir que me respondió por el intermediario del Padre SELEGNY.

¡Y si usted quiere hacer creer que, efectivamente, me respondió por su intermediario, entonces sería una mentira!

Le recuerdo que en esa carta del 2 de agosto añadí este apartado de triste y candente actualidad:

“No juzgo las intenciones del Superior General; simplemente me refiero a los hechos.

Entonces, así como Mons. Lefebvre ha firmado el 5 de mayo de 1988 “levantamiento de “suspensio a divinis” de Mons. Lefebvre y exención de las irregularidades incurridas a causa de las ordenaciones” ; considerando los antecedentes desde agosto de 2000, “es bien posible” (como usted lo ha dicho, o muy probable, como yo temo) que las autoridades de la Fraternidad terminen por aceptar de la Roma modernista una fórmula como “retirar la excomunión” o “levantar la excomunión” o “anular la excomunión”.”

En lo que se refiere a sus respuestas “orales”… Hasta ahora no recibí de vuestra parte ninguna.

Desde su carta del 3 de junio de 2005, nos vimos en tres ocasiones: en primer lugar, el 29 de marzo de 2006 cuando vino a Dijon, donde me encontraba como vicario; luego,  en septiembre de 2008 cuando pasamos 48 horas juntos en Guadalupe. En ninguna de estas dos primeras ocasiones intentó abordar este tema conmigo.

Por fin, el 17 de febrero de 2009 en Flavigny, después de mi Apelación del 29 de enero; allí incluso, no me dio ninguna respuesta. A mi objeción sobre lo que pidió a Roma y lo que Roma le concedió, en presencia del Padre de CACQUERAY, usted se refugió detrás de esta insólita respuesta:

“Compréndalo bien, Padre, todo esto es sólo política”.

Por lo tanto, es falso decir que me respondió “oralmente”. ¡Y si quiere hacer creer que, efectivamente, me respondió oralmente, entonces sería una mentira!

Luego, el Padre THOUVENOT, siempre en su nombre, escribe: “Le invito a que relea la carta de Mons. Fellay del 7 de abril en la cual respondía a sus misivas del 31 de enero, 24 de febrero y 10 de marzo de 2009.”

Y afirma (o usted afirma) “A su Apelación del 31 de enero…. Mons. Fellay le respondía: “No es porque el comunicado que me emplazaba a publicar…”

Ahora bien, esto es falso: nunca respondió a mi Apelación del 29 de enero, y, por otra parte, no se encuentra en ella ninguna solicitud de comunicado para el segundo domingo de Cuaresma… ¡Esto se encuentra en mi carta del 24 de febrero!

(Todo esto me lleva a pensar que el error contenido en su comunicado del 24 de enero con respecto al Concilio Vaticano II no fue accidental…)

El Padre continúa (o usted continúa):

“Sus cartas del 24 de febrero y 10 de marzo, donde se atrevía a emplazar al Superior General de dimitir, Mons. Fellay las respondía: `¿Cómo se atreve a decir que no está en conflicto con la autoridad mientras que instruye contra mi un pleito a cargo, falso, deshonesto e injusto que no hace más que poner en evidencia su espíritu limitado, unívoco y rebelde y su insoportable pretensión de regularlo todo y controlarlo todo?’ ”

Usted me hace reproches, ¡pero no responde a ninguna de mis preguntas! ¿Las mismas le molestan a tal punto que no se atreve abordarlas?

Por lo tanto, es falso decir que respondió a mi Apelación del 29 de enero y a mis cartas del 24 de febrero y 10 de marzo. ¡Y si quiere hacer creer que, efectivamente, lo ha hecho, entonces sería una mentira!

Para defenderse, utiliza, y no es la primera vez, el argumento democrático del número: “… le señalo su actitud muy negativa, mientras que el hecho que el conjunto de los obispos y superiores mayores de nuestra sociedad hace cuerpo detrás de Mons. Fellay debería iluminarle sobre el carácter de verdad terco de su actitud.”

Este reproche, Pablo VI y Juan-Pablo II habrían podido hacerlo (¡y lo hicieron ciertamente!) a nuestro fundador, y Benedicto XVI podría hacérselo hoy a usted: no hace cuerpo con el conjunto de los obispos detrás del Papa…

¡No es el número lo que importa! ¡Somos discípulos de la verdad!

Por fin, termina uniéndose al Segundo Asistente del distrito de Francia para acusarme de sedevacantismo. Es el argumento ad hoc hoy en día… Anteriormente, los conciliares agitaban en nuestra dirección el espantapájaros de la supuesta excomunión. La Fraternidad, siguiéndoles el paso, se sirve hoy del sedevacantismo como de un “Cuco” para intentar obstaculizar las legítimas reacciones.

Parecería ser que el hecho de afirmar, hoy, con Mons. Lefebvre y todos los Superiores Mayores de la Fraternidad (argumento no de número, sino de autoridad, en plena continuidad con las grandes declaraciones de la Fraternidad: quod semper), que no se ha querido nunca pertenecer a este sistema que se califica a sí mismo de Iglesia conciliar, y se define por el Novus Ordo Missae, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la Sociedad, implica el sedevacantismo…

Parecería ser que el hecho de afirmar, hoy, con Mons. Lefebvre que “en cuanto a decir “salir de la Iglesia VISIBLE, es equivocarse asimilando Iglesia oficial e Iglesia visible”, implica el sedevacantismo…

Usted me acusa gratuitamente de ser sedevacantista. Habría razones para pensar que usted es conciliar; usted, ¡que ya no quiere hacer más la identificación entre Iglesia oficial e Iglesia modernista!

Le agradezco, pues, que quiera reconocer que lo que escribe en su carta del 21 de junio de 2009 es falso cuando afirma haber respondido, por escrito u oralmente, a mis distintos correos desde 2005. Le agradezco que se retracte. Usted no puede escribir o dejar escribir falsedades.

Como se lo decía en mi carta del 29 de mayo, cuando el padre haya demostrado coraje y lealtad, tendrá derecho a exigir de su hijo que lo imite.

Mientras tanto, tenga por cierto, Excelencia, que sigo rogando por usted.

Con mis religiosos sentimientos en Jesús y María,