SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO

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PARA SANTIFICAR EL DOMINGO

Y

LOS DÍAS DE PRECEPTO

 

CUANDO NO SE PUEDE ASISTIR A LA SANTA MISA

Un pedido, reiterado por nuestros amigos esparcidos por el mundo entero, nos impulsa a proporcionar el medio para cumplir con el precepto de santificar el día Domingo y los Días de Precepto ante la imposibilidad de asistir a la verdadera Misa Católica.

Sabemos que el tercer mandamiento, santificarás las fiestas, nos manda honrar a Dios con obras de culto en los días de fiesta, es decir, los Domingos y otras Festividades establecidas por la Iglesia.

En concreto, la Santa Iglesia nos preceptúa asistir devotamente al Santo Sacrificio de la Misa en esos días.

Ante la imposibilidad de concurrir al Santo Sacrificio, para cumplir con el precepto deberemos pasar con Dios un tiempo equivalente a la duración de una Misa.

Si no se lo posee de modo permanente, es conveniente armar un pequeño oratorio, con un Crucifijo, algunas Imágenes sagradas (de Nuestra Señora, de San José y de algún otro Santo), adornadas con candelas y con flores, si el tiempo litúrgico lo permite.

Leer pausadamente las partes del Común y del Propio de la Santa Misa, como se detalla a continuación.

Es aconsejable detenerse a meditar un corto tiempo cada plegaria.

Si es necesario, ver en apartado la Breve descripción de la partes de la Santa Misa.

En rojo va indicada la referencia a los textos propios de cada Misa, que proporcionaremos por separado en cada ocasión. (Próximamente)Diccionario-de-simbolos-crisantemo-crismon-cruz-cuadrado-y-cuarzo-3

Para seguir la Santificación del Domingo a través de Vídeo

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LA ANTE-MISA o MISA DE LOS CATECÚMENOS

El sacerdote ingresa al Santuario:

1

La preparación

Las preces al pie del Altar tienen por finalidad purificar el alma, tanto del Sacerdote como de los fieles, y hacerlos entrar en oración.

Estas preces comienzan por la Señal de la Cruz y el versículo “Me acercaré al Altar de Dios, al Dios que llena de alegría mi juventud”, del Salmo 42, por el cual ponemos toda nuestra confianza en Dios. Este Salmo se omite en las Misas de Difuntos y en el Tiempo litúrgico de Pasión.

2

Inmediatamente después del Salmo 42, el sacerdote, profunda y humildemente inclinado delante de Dios, confiesa que es hombre frágil y pecador, recitando el Confiteor.

Siguiendo el ejemplo del Sacerdote, todos y cada uno de los asistentes se confiesan pecadores delante de Dios y de los hombres, recitando la misma fórmula de confesión.

3

El Confíteor es un Sacramental que perdona los pecados veniales de quienes lo rezan con verdadero dolor de sus pecados:

Confiteor Deo omnipotenti, Beatæ Mariæ semper Virgini, Beato Michaeli Archangelo, Beato Ioanni Baptistæ, Sanctis Apostolis Petro et Paulo, omnibus Sanctis, et tibi Pater; quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere; mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor Beatam Mariam semper Virginem, Beatum Michaelem Archangelum, Beatum Ioannem Baptistam, Sanctos Apostolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et te Pater, orare pro me ad Dominum, Deum nostrum.

Quien se hallare en pecado mortal, es necesario que haga un acto de contrición lo más perfecto posible, con la intención de confesarse en cuanto pueda.

Al llegar al Altar, lo primero que hace el sacerdote es besarlo, como señal de respeto y de amor a Jesucristo, representado por el Ara, así como para venerar las reliquias de los Santos, que se encuentran en ella, y pedir una vez más el perdón de los pecados en consideración a los méritos de los Santos.

4

Al beso del Altar sigue el Introito, que quiere decir entrada. Se trata de un canto procesional, que antiguamente era más largo y se entonaba cuando el oficiante con sus ministros se dirigían al Altar para celebrar los divinos misterios.

Ver el Introito propio del día de hoy.

5

Se reza del lado de la Epístola del Altar. El Sacerdote, al empezar el Introito, hace la Señal de la Cruz sobre sí mismo.

En las Misas de Difuntos, en lugar de signarse a sí mismo, da la bendición sobre el Misal para significar que va a implorar, como gracia especial, la misericordia de Dios sobre las Almas de los Fieles Difuntos.

6

El Introito tiene un profundo sentido litúrgico, porque en él se anuncia y comenta brevemente el Misterio o la Fiesta que el Santo Sacrificio solemniza.

Debemos leerlo, procurando que nuestra alma se llene de los sentimientos que él expresa.

Después del Introito siguen los Kyrie, palabras griegas que quieren decir Señor, ten piedad y Cristo, ten piedad.

El Kyrie de la Misa se reza en el centro del Altar, y consta de nueve invocaciones: las tres primeras se dirigen a Dios Padre, las tres segundas a Dios Hijo y las últimas a Dios Espíritu Santo.

7

Kyrie, eleison – Kyrie, eleison -Kyrie, eleison

Christe, eleison – Christe, eleison – Christe, eleison

Kyrie, eleison – Kyrie, eleison – Kyrie, eleison

Cuando tiene lugar, inmediatamente después del Kyrie sigue el Gloria in excelsis Deo, cántico de alabanza a la Santísima Trinidad, continuación y ampliación del Canto de los Ángeles el día de Navidad.

8

Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus bonæ voluntatis. Laudamus Te, Benedicimus Te, Adoramus Te, Glorificamus Te. Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam, Domine Deus, Rex cælestis, Deus Pater omnipotens. Domine fili unigenite, Iesu Christe, Domine Deus, Agnus Dei, Filius Patris, Qui tollis peccata mundi, miserere nobis. Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram. Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis. Quoniam tu solus sanctus, Tu solus Dominus, Tu solus Altissimus, Iesu Christe, Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris. Amen.

Se lo omite en las Misas de Difuntos, durante el Adviento, Septuagésima, Cuaresma y en las ferias durante el año.

Después del Gloria, el sacerdote besa el Altar, se vuelve hacia los fieles, dice con las manos extendidas Dominus vobiscum

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Va hacia el Misal, dice Oremus, y reza la oración llamada Colecta, que significa reunida, porque ella compendia y resume todos los votos y deseos de los fieles.

Ver texto de la Colecta en el propio del día.

Generalmente se distinguen cuatro partes en ella: La invocación a Dios; la referencia al Misterio o Santo del día; la petición con relación al Misterio o Santo cuya fiesta se celebra; y la conclusión, que en distintas formas, recuerda siempre la mediación poderosa de Jesucristo Nuestro Redentor.

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LA ANTE-MISA

La instrucción

Sigue la lectura de un trozo de la Sagrada Escritura, cuyo objeto es suministrar a los fieles el alimento sólido y necesario de la Palabra de Dios.

Ver texto de la Epístola en el propio del día.

Esta lectura se le llama Epístola porque los pasajes de la Biblia más leídos en este momento son las Epístolas o Cartas de San Pablo.

A la Epístola le sigue el rezo del Gradual.

Consta de una Antífona y de un Versículo.

Su finalidad es mover a devoción a los fieles comentando con palabras de la Sagrada Escritura la lectura de la Epístola.

A continuación se reza el Aleluya, palabra hebrea que significa alabad a Dios.

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Se reza siempre después del Gradual, excepto durante la Septuagésima y la Cuaresma, en que se reemplaza por el Tracto.

Se llama Canto Aleluyático al versículo que casi siempre acompaña al Aleluya.

Durante la Pascua se cambia el Gradual por el doble Aleluya.

Ver texto del Gradual (Tracto) y del Aleluya en el propio del día.

Algunas Fiestas tienen una Secuencia, es decir, una prolongación del Aleluya, una especie de himno sagrado en que se canta el misterio que se celebra.

Solamente seis Misas en el año eclesiástico tienen Secuencia: la de Pascua de resurrección, la de Pentecostés, la de Corpus Christi, las dos de los Dolores de María, y la de Difuntos.

Ver texto de la Secuencia en el propio del día.

El sacerdote se dispone por la oración al anuncio del Santo Evangelio

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La lectura del Evangelio es la parte más importante de la Ante-Misa, porque en él es Jesucristo mismo quien nos habla; de allí los honores que nuestra Madre la Santa Iglesia tributa al Libro de los Evangelios.

Ver texto del Evangelio en el propio del día.

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Generalmente, después del Evangelio tiene lugar la predicación: el sermón u homilía.

La predicación tiene tres ventajas para los fieles: les da a conocer el verdadero sentido del Evangelio; les hace conocer la Tradición, contenida en los escritos de los Padres de la Iglesia; y les permite encontrar en el Evangelio una regla clara y precisa para todas las circunstancias de su vida.

Aconsejamos leer o escuchar un sermón adaptado al Domingo o Fiesta del día.

La Ante-Misa se termina con el Credo. Es la respuesta a la Palabra Divina, escuchada en la Epístola, en el Evangelio y en el Sermón; al tiempo que es una plegaria pidiendo a Dios aumente nuestra fe para asistir debidamente a la Misa Sacrificial.

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Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, Factorem caeli et terræ, visibilium omnium et invisibilium. Et in unum Dominum Iesum Christum, Filium Dei unigenitum, et ex Patre natum ante omnia sæcula, Deum de Deo, Lumen de Lumine, Deum verum de Deo vero, genitum, non factum, consubstantialem Patri: per quem omnia facta sunt; qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de cælis, et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine et homo factus est, crucifixus etiam pro nobis sub Pontio Pilato, passus et sepultus est, et resurrexit tertia die secundum Scripturas, et ascendit in cælum, sedet ad dexteram Patris, et iterum venturus est cum gloria, iudicare vivos et mortuos; cuius regni non erit finis. Et in Spíritum Sanctum, Dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit, qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur, qui locutus est per Prophetas. Et unam sanctam catholicam et apostolicam Ecclesiam. Confiteor unum Baptisma in remissionem peccatorum. Et expecto resurrectionem mortuorum, et vitam venturi saeculi. Amen.

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LA MISA SACRIFICIAL

Por la Antífona llamada Ofertorio, comienza la Misa de los Fieles.

Es un texto tomado de los Salmos; y al igual que el Introito, el Gradual y el Verso de la Comunión, es un piadoso comentario del misterio o fiesta que se celebra.

Ver texto del Ofertorio en el propio del día.

Seguidamente, el sacerdote ofrece la Sagrada Víctima.

Primero eleva la Hostia en la Patena mientras reza la oración Suscipe, Sancte Pater:

15Recibe, oh Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, esta Hostia inmaculada, que yo indigno siervo tuyo ofrezco a Ti, que eres mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los que están presentes; y también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos; para que a mí y a ellos sea de provecho para la salvación y para la vida eterna. Amén.

Después de haber ofrecido la Hostia, el sacerdote pone vino en el Cáliz y mezcla con él unas gotas de agua que bendice previamente con la siguiente oración:

Oh Dios, que maravillosamente formaste la dignidad de la naturaleza humana, y más maravillosamente la reformaste, concédenos por el misterio de mezclar esta agua y vino, que seamos participantes de la divinidad de Aquél que se dignó participar de nuestra humanidad, Jesucristo Hijo tuyo y Señor nuestro: Que como Dios, vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Después de esto el sacerdote ofrece el Cáliz diciendo la oración Offerimus Tibi:

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Te ofrecemos, Señor, el Cáliz de la salud, implorando tu clemencia: para que suba con suave fragancia hasta la presencia de tu divina Majestad, por nuestra salvación y por la del mundo entero. Amén.

Siguen otras ceremonias y oraciones, entre ellas el Lavabo.

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Después de la cuales el sacerdote reza en voz baja la oración llamada Secreta, que al igual que la Colecta y la Postcomunión es una de las oraciones principales del Propio de la Misa.

Esta oración es precedida por el Orate, frates

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Ver texto de la Secreta en el propio del día.

Esta oración se dice en voz baja porque acercándose el momento solemne del Sacrificio, la Iglesia ha entrado ya en un profundo recogimiento y su voz no es percibida sino de Dios.

Casi todas las oraciones llamadas Secretas, se reducen a pedir a Dios que se digne recibir favorablemente los dones que están sobre el Altar, y que por su bondad y gracia nos ponga en estado de serle nosotros mismos presentados como una hostia agradable a sus divinos ojos.

Empieza la segunda parte de la Misa Sacrificial con el Prefacio, magnífico himno de acción de gracias que sirve de introducción al Canon.

Tres partes podemos distinguir en el Prefacio: la introducción, el cuerpo y el Sanctus.

El cuerpo del Prefacio es la parte variable del mismo en la que se hace mención de los diferentes misterios del Año Litúrgico, tomándolos como un motivo especial de alabanza y de acción de gracias.

Lee el texto del Prefacio correspondiente en el propio del día.

Actualmente el Misal Romano tiene quince Prefacios: Navidad, Epifanía, Cuaresma, Pasión, Pascua, Ascensión, Pentecostés, Santísima Trinidad (que se usa en todos los domingos libres), Cristo Rey, Sagrado Corazón, Santísima Virgen, San José, Apóstoles, Difuntos, y uno Común.

El Prefacio termina con el Sanctus, que es el himno del Cielo, en que se alaban la grandeza y poder:

Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt cæli el terra gloria tua. Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in Nomine Domini. Hosanna in excelsis.

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Se toca la campanilla a la hora del Sanctus para indicar que el Sacerdote entra en la parte más solemne y sagrada del Sacrificio.

Inmediatamente después del Sanctus comienza el Canon, palabra que viene del griego y significa Regla, norma fija y casi invariable que debe seguirse para ofrecer el Santo Sacrificio.

Se le ha llamado también la Acción, esto es, el Misterio de la Acción Santísima.

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La primera parte del Canon comprende cinco oraciones que nos preparan a la Consagración.

Aprovechemos el Memento de los vivos para insertar nuestras intenciones.

Al pronunciar la oración Han igitur, el sacerdote extiende sus manos sobre la Hostia y el Cáliz, como en otro tiempo lo hacía el Sumo Sacerdote sobre la víctima que era inmolada en expiación de los pecados del pueblo. Jesucristo se sustituye en lugar nuestro, tomando sobre Sí el peso de nuestros pecados y lavándolos en su Sangre

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Sigue la doble Consagración, que es el momento más solemne del Santo Sacrificio.

Esta acción en la Santa Misa tiene un carácter presente y real, no solamente conmemorativo e histórico.

Por las palabras de la Consagración, que el Sacerdote dice en Persona de Cristo, toda la substancia del pan se convierte en toda la substancia del Cuerpo de Cristo.

En la Hostia consagrada está verdadera, real y substancialmente presente Jesucristo, con su Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad.

Del pan, después de la Consagración, quedan únicamente las especies o apariencias: color, forma, tamaño, sabor, olor y peso.

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Después de la Consagración el sacerdote se arrodilla para adorar a Cristo presente en el Altar; y después eleva la Hostia para que los fieles la vean y adoren; finalmente, la deposita sobre el corporal y vuelve a adorarla.

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Procede inmediatamente a la Consagración del vino, que está en el Cáliz. Por ella se obra la transubstanciación del vino, y en el Cáliz está la Sangre de Jesús, Sangre que ha sellado la Nueva y Eterna Alianza entre Dios y los hombres.

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Junto con su Sangre Preciosísima está su Cuerpo, Alma y Divinidad. Al igual que con la Hostia Santa, el sacerdote adora la Preciosísima Sangre, eleva el Cáliz para que los fieles hagan otro tanto, y lo deposita sobre el Altar, adorando nuevamente el precio de nuestra Redención.

En la doble Consagración del pan y del vino está la esencia del Sacrificio de la Misa. Jesús acaba de inmolarse sacramentalmente en el Altar, renovando incruentamente su Sacrificio de la Cruz.

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Siguen otras cinco oraciones muy hermosas por las cuales se ofrece la divina Víctima.

Aprovechemos el Memento de los difuntos para rezar por el descanso eterno del alma de nuestros difuntos y por la de aquellos por los que nos han pedido que recemos.

Concluye el Canon por una magnífica Doxología, el Per Ipsum…

Por Él mismo, y con Él mismo, y en Él mismo, a Ti, Dios Padre todopoderoso, en unidad del Espíritu Santo te sea dada toda honra y gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Comienza ahora la preparación para la Comunión.

La primera oración escogida por la Iglesia es el Pater Noster, oración perfecta que encierra en sí todas las peticiones que podemos hacer a Dios en la Comunión.

Sigue al Pater Noster la oración Líbera nos…, que es el desarrollo de la última petición del Pater Noster:

Te rogamos, Señor, nos libres de todos los males pasados, presentes y venideros; y por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen Madre de Dios, María, con tus bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo, y Andrés, y todos los Santos danos propicio la paz en nuestros días, para que ayudados con el auxilio de tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado, y seguros de toda perturbación.

Llegamos a la triple invocación Agnus Dei, en la que con fervorosa insistencia pedimos al Señor tenga misericordia de nosotros y nos conceda la Paz que encierra todos los dones.

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Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis

Agnus Dei qui tollis peccata mundi, miserere nobis

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem

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En las Misas de Difuntos se repite el pedido del eterno descanso para las Almas de los difuntos.

Siguen las tres oraciones preparatorias a la Comunión.

La primera oración está inspirada en el discurso de Nuestro Señor después de la Cena; se pide en ella la paz, aquella paz que Cristo dejó a sus Apóstoles y que no es otra sino la paz de la conciencia.

Esta oración no se dice en las Misas de Difuntos.

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En la segunda oración se recuerda el misterio de la Encarnación y el de la Redención, y se pide que se realicen en nosotros los efectos de estos misterios por medio de la Comunión.

En la tercera oración se pide que la Comunión se convierta para nosotros en una verdadera protección para nuestro cuerpo y para nuestra alma y suplicamos también a Dios nos libre de comulgar en pecado.

Domine, non sum dignus, ut intres sib tectum meum ; sed tantum dic verbo, et sanabitur anima mea 

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La Comunión, unida al Santo Sacrificio del Altar, produce en el cristiano un aumento de bendiciones y de gracias eucarísticas.

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Hacer una Comunión Espiritual

La Comunión Espiritual consiste en desear con fe y con amor recibir a Nuestro Señor en el Sacramento de la Eucaristía.

Se diferencia de la Comunión Sacramental en que en esta última se recibe la Hostia consagrada, es decir, el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

En cambio, la Comunión Espiritual es un acto de deseo de recibir la Sagrada Eucaristía.

Fórmula de San Alfonso María de Ligorio

Creo, Jesús mío, que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo recibiros en mi alma. Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.

(Pausa en silencio para adoración)

Como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno todo a Vos. No permitáis, Señor, que jamás me separe de Vos. Amén.

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A la Comunión sigue la Communio o Antífona de la Comunión, que forma parte de la Acción de Gracias.

Ver texto de la Antífona Communio en el propio del día.

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A ella se agrega la Post Comunión, la oración prescrita por la Iglesia como parte principal de la Acción de Gracias, y que forma parte del Propio de la Misa.

Va introducida como siempre por el Dominus vobiscum

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Ver texto de la Oración Post Communio en el propio del día.

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Después de la Post Comunión sigue la conclusión de la Misa que consta de tres partes: despedida, bendición y último evangelio.

El sacerdote, terminada la Post Comunión, vuelve al medio del Altar lo besa y vuelto hacia la Asamblea la saluda por última vez con el Dominus vobiscum y, una vez recibida la respuesta acostumbrada, dice Ite, Missa est.

Se dice como despedida solamente en las Misas en que se reza el Gloria in excelsis; en las que no lo tienen, la despedida es Benedicamus Domino (Bendigamos al Señor).

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La respuesta de la Asamblea es la misma, Deo gratias.

En las Misas de Difuntos se dice, en vez de la despedida, Requiescant in pace (descansen en paz)”. Y los fieles responden: Amen.

Terminada la despedida, el sacerdote reza una última oración, en la cual pide a la Santísima Trinidad acepte con agrado el Sacrificio que acaba de ofrecerse y a la vez, por medio de esta oración, invita a los asistentes a que examinen su conciencia sobre la manera con que han participado en el Sacrificio.

Luego bendice a los presentes diciendo: Os bendiga Dios Todopoderoso, Padre e Hijo y Espíritu Santo.

36

En la Bendición de Dios se cifra la gracia del Santo Sacrificio. Debemos recibirla con muy grande espíritu de fe.

Pidamos a nuestro Ángel de la Guarda nos alcance esta bendición.

37

La Santa Misa termina con la lectura del Último Evangelio, que expresa la idea de la grandeza y excelsitud de Jesucristo.

En algunos casos, se toma como Último Evangelio el de la Misa de la cual se hace conmemoración.

38

Terminado el Último Evangelio, el sacerdote, arrodillado en la última grada del Altar, reza las Preces pidiendo la libertad y triunfo de la Iglesia y la conversión de los pecadores.

39

Salve, Regina, Mater misericordiae;
Vita dulcendo et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exules, filii Evae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.
Eia ergo advocata nostra,
illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et Iesum, benedictus fructus ventris tui,
nobis post hoc exsilium ostende.
O clemens,
O pia,
O dulcis Virgo Maria.

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