SAN BERNARDO: ABAD DE CLARAVAL – DOCTOR DE LA IGLESIA

LAS GRANDEZAS INCOMPARABLES DE MARÍA

CAPÍTULO SEGUNDO

MARÍA ADMIRACIÓN DE CIELOS Y TIERRA

MARÍA ADMIRACIÓN DE CIELOS Y TIERRAMARÍA ADMIRACIÓN DE CIELOS Y TIERRA

Fue enviado, pues, el Ángel Gabriel por Dios, a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María.

¿Qué fin tendría él Evangelista al expresar en este lugar con tanta precisión los propios nombres de tantas cosas? Yo creo que pretendía con esto, que no oyésemos con negligencia, lo que él procuraba referir con tanta exactitud.

Nombra al Nuncio que es enviado, al Señor por quien es enviado, a la Virgen a quien es enviado, al Esposo de la Virgen, y señala con sus propios nombres el linaje de ambos, a la ciudad y a la región.

¿Para qué todo esto? ¿Piensas tú que alguna de estas cosas esté puesta aquí superfluamente? ¡Ah! No. De ninguna manera: porque si no cae una hoja del árbol sin causa, ni cae en tierra un pájaro sin la voluntad del Padre Celestial, ¿podría yo creer, que de la boca del Santo Evangelista saliese una palabra superflua, especialmente en la sagrada historia del que es Palabra de Dios?

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SAN BERNARDO: ABAD DE CLARAVAL – DOCTOR DE LA IGLESIA

LAS GRANDEZAS INCOMPARABLES DE MARÍA

CAPÍTULO PRIMERO

MARÍA LA ESCOGIDA DEL SEÑORRustic Mornings (1)

Dice el salmista que para que exista la gloria en nuestra tierra, la misericordia y la verdad mutuamente vinieron a encontrarse, y se dieron un beso la justicia y la paz. Y el Apóstol afirma que la materia de nuestro gozo, es el testimonio de nuestra conciencia (II Cor, I, 12). Pero no es este testimonio como el de aquel fariseo (Luc., XVIII, 11-12), que con pensamiento falso y engañoso hablaba de sí mismo, no siendo, por lo tanto, verdadero su testimonio, sino que es aquél que da el Espíritu de Dios a nuestra alma.

En tres cosas, a mi parecer, consiste este testimonio.

Pues, en primer lugar, debes creer que no puedes recibir el perdón de los pecados, sino por la misericordia de Dios; después, que nada puedes hacer que sea bueno, si igualmente no te viene de su mano; y últimamente, que con ningunos méritos puedes conseguir la gloria, si el mismo no te la da graciosamente.

Porque, dime, ¿quién podrá volver puro al que de impura simiente fue concebido, sino el que está limpio de toda mancha y puro de toda impureza? A la verdad, lo que está hecho, no puede menos de haber sido hecho, pero si Dios no lo atribuye, será como si no se hubiera hecho. Esto consideraba David cuando decía: Dichoso el hombre a quien el Señor no arguye pecado alguno (Salmo XXXI, 2).

Y de las buenas obras, ¡cuán cierto es que ninguno las puede hacer por sus propias fuerzas!, porque si no supo mantenerse firme nuestra naturaleza estando sana, ¿cuánto menos podrá levantarse por sí misma estando corrompida? Todas las cosas, en cuanto está de su parte, tienden a su origen, y hacia él se sienten constantemente inclinadas. Así nosotros, que fuimos creados de la nada, es constante que, dejados a nuestras propias fuerzas, nos inclinemos siempre a la nada del pecado.

En cuanto a la vida eterna, sabemos que los trabajos del tiempo presente no tienen proporción alguna con la gloria que se ha de manifestar algún día en nosotros, y esto aunque un hombre sólo los tolerase todos. Ni son tales los méritos de los hombres que por derecho se les deba la vida eterna; ni Dios les haría injuria alguna si no se la diese.

Porque, sin contar que todos los méritos de los hombres son dones de Dios, y así el hombre por ellos se hace más deudor de Dios que Dios del hombre; ¿qué son todos los méritos para gloria tan grande? ¿Quién es mayor que el profeta de quien el mismo Dios dio un testimonio tan insigne diciendo: He hallado un hombre según mi corazón? (I Reyes, XIII, 14). Y, sin embargo, él también tuvo necesidad de decir: No entréis, Señor, en juicio con vuestro siervo (Salmo CXLII, 31). Ninguno pues se engañe, porque si lo quiere pensar bien, hallará que ni con diez mil puede salir al encuentro de quien viene a él con veinte mil (Lucas, XIV, 31).

Con todo, no bastan enteramente estas cosas, sino más bien deben reputarse como el principio y fundamento de nuestra fe.

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JORGE DORÉ- POESÍA

Humilde súplica a San José

San José, casto y paciente
custodio del niño Dios,
enseñadme como vos
a amarlo fervientemente.
Que sea tu ejemplo silente
y abnegado, inspiración
de mi pobre corazón
que va arrastrando su cruz
pidiendo a gritos la luz,
piedad y consolación.

Haced que en alma mía
estallen –cual blancas flores
por Jesús–, diez mil amores
y diez mil más por María.
Que tú que fuiste alegría
salvaguardia y defensor
de criatura y creador
me infundas fidelidad
y la sublime humildad
con que amaste a mi Señor.

SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA

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Llevamos a nuestros lectores SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA del estimado P. Juan Carlos Ceriani SERMÓN DE SAN JOSÉ- 2017

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EDELVIVES: EL SANTO DE CADA DÍA

DÍA 3 DE FEBRERO

SAN BLAS

Obispo de Sebaste y compañeros mártires (+ 316)

san-blasSan Blas es apellidado en un antiguo martirologio «el obrador de milagros», y la piedad del pueblo creyó que en el cielo sigue gozando del mismo poder. De hecho no ha quedado fallida tal confianza y San Blas mereció, por el número de los beneficios y favores que ha obtenido, el ser clasificado en la Edad Media entre los Santos llamados Auxiliadores, esto es: compasivos, bienhechores.

Tal nombre se aplica a los más celebrados por la eficacia de su intercesión. Son catorce.

Nació Blas en Sebaste, ciudad de Armenia, en la segunda mitad del siglo III, de padres nobles y honrados, que le inculcaron máximas saludables.

Por su natural dulce, modesto y prudente, y su honestidad de costumbres, llamaba la atención del pueblo.

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31 DE ENERO- SAN JUAN BOSCO

CONFESOR

Nacido en 1815, San Juan Bosco, hijo de humildes campesinos, perdió a su padre a la edad de dos años y fue educado por su piadosa madre Margarita. Desde que fue elevado al diaconado, comenzó a reunir, los domingos, a los obreros y niños abandonados de Turín. Construyó para ellos un asilo y una iglesia, dedicada a San Francisco de Sales. En 1854, sentó las bases de una nueva congregación, la de los salesianos, que hoy se llaman sacerdotes de Don Bosco; en 1872, fundó las Hijas de María Auxiliadora. Murió el 31 de enero de 1888, venerado por todo el mundo por su santidad y sus milagros.
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Señor, que habéis hecho de San Juan Bosco, vuestro confesor, padre y maestro de los adolescentes, y habéis querido hacer florecer en la Iglesia, por su intermedio, nuevas familias religiosas con la ayuda de la Santísima Virgen María, haced que inflamados con el mismo amor busquemos las almas y os sirvamos sólo a Vos. Por J. C. N. S.

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Compartimos con nuestros queridos lectores Los sueños de Don Bosco, El Purgatorio.

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Fuente biografía y oración:

http://vuelvecristo.blogspot.com.ar/2017/01/martirologio-romano-31-de-enero.html#more

25 DE ENERO: LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO APÓSTOL

Doble mayor- Ornamentos blancos

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El hecho prodigioso de la conversión de San Pablo, referido por los Hechos de los Apóstoles y por él mismo, es el objeto de esta festividad; pues se trata de un acontecimiento que tuvo extraordinaria importancia en la historia de la Iglesia y su relato sirve de profundo consuelo y orientación para las almas. El gran perseguidor se convierte en vaso de elección, para llevar el nombre de Dios a los gentiles, y llegó a tanto, merced al aprecio y uso santo que hizo de la divina gracias.

SAULO EN EL CAMINO DE DAMASCO.

Saulo que todavía respiraba amenaza y muerte contra los discípulos del Señor, fue al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para Damasco, a las sinagogas, con el fin de traer presos a Jerusalén a cuantos hallase de esta religión, hombres y mujeres. Yendo por el camino, ya cerca de Damasco, de repente una luz del cielo resplandeció a su rededor;  y caído en tierra oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Respondió él: “¿Quién eres, Señor?” Díjole Éste: “Yo soy Jesús a quien tú persigues. Mas levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que has de hacer”.  Los hombres que con él viajaban se habían parados atónitos, oyendo, por cierto, la voz, pero no viendo a nadie. Levantóse, entonces, Saulo de la tierra, mas al abrir sus ojos no veía nada. Por lo tanto lo tomaron de la mano y lo condujeron a Damasco.  Tres días estuvo privado de la vista, y no comió ni bebió.

CONVERSIÓN Y BAUTISMO DE SAULO.

Vivía en Damasco cierto discípulo, por nombre Ananías, al cual el Señor dijo en una visión: “¡Ananías!”, y él respondió: “Aquí me tienes. Señor”.  Díjole entonces el Señor: “Levántate y ve a la calle llamada «la Recta», y pregunta en casa de Judas por un hombre llamado Saulo de Tarso, porque él está en oración”; y (Saulo) vio a un hombre llamado Ananías, cómo entraba y le imponía las manos para que recobrase la vista.  A lo cual respondió Ananías: “Señor, he oído de muchos respecto a este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén.  y aquí está con poderes de los sumos sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre”.  Mas el Señor le replicó: “Anda, porque un instrumento escogido es para mí ese mismo, a fin de llevar mi nombre delante de naciones y reyes e hijos de Israel;  porque Yo le mostraré cuánto tendrá que sufrir por mi nombre”.  Fuése, pues, Ananías, entró en la casa y le impuso las manos, diciendo: “Saulo, hermano, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”. Al instante cayeron de sus ojos unas como escamas y recobró la vista; luego se levantó y fue bautizado. Tomó después alimento y se fortaleció.

SAULO PREDICA EN DAMASCO.

Apenas estuvo algunos días con los discípulos que se hallaban en Damasco,  cuando empezó a predicar en las sinagogas a Jesús, como que Éste es el Hijo de Dios. Y todos los que le oían, estaban pasmados y decían: “¿No es éste aquel que destrozaba en Jerusalén a los que invocan este nombre, y aquí había venido con el propósito de llevarlos atados ante los sumos sacerdotes?” Saulo, empero, fortalecíase cada día más y confundía a los judíos que vivían en Damasco, afirmando que Éste es el Cristo.

Hecho de los Apótoles 9, 1-22

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis instruido al mundo entero por la predicación del apóstol San Pablo, haced, os lo rogamos, que honrando hoy su conversión, marchemos hacia Vos imitando sus ejemplos. Por J. C. N. S