SANTO TOMÁS DE AQUINO: SUMA TEOLÓGICA

TRES ARTÍCULOS ESCLARECEDORES

La sola ojeada de las siguientes sentencias de Santo Tomás invita a la lectura y reflexión de los tres artículos tomados de su Suma Teológica que presentamos más abajo. Dichas máximas se encuentran igualmente resaltadas en los artículos correspondientes.

» El pecado original se llama pecado de la naturaleza.

» A veces se castiga con pena corporal a los hijos por los padres.

» Uno es castigado a veces sin culpa, aunque nunca sin causa.

» A nadie se castiga nunca con una pena espiritual por un pecado ajeno; en cambio, uno es castigado a veces con penas temporales por un pecado ajeno.

» Según el juicio divino, los niños son castigados con castigos temporales juntamente con sus padres.

» Se toma venganza de los animales y de cualquier otra criatura irracional porque así se castiga a sus dueños.

» Por el pecado de uno se aplica a muchos un castigo general para realzar con ello su solidaridad.

Con más de setecientos años de anticipación, el Doctor Angélico refutó muchos de los sentimentales prejuicios del hombre moderno, comenzando por el de la negación del pecado original y sus consecuencias.

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Roberto López- Geissmann h. – Edad Media: ¿tierra plana?

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A veces nos topamos con situaciones inesperadas pero con feliz término. Encontramos cuestiones que no estábamos buscando, pero que sorpresivamente nos saltan a la vista mientras hacemos otra cosa. Para el caso, yo sabía que Sto. Tomás escribió sobre la tierra…¡redonda!, pero no recordaba dónde. Ahora, gracias a un estimado amigo que me compartió un enlace de la Suma Teológica, I, q. 1, a. 1, ad 2, logré ubicarlo.

Como sabrán, la oficialidad académica nos enseña que los Medievales creían que la tierra era plana y que en sus límites habían monstruos que devorarían a los marinos que se atrevieran a pasar por esos linderos. ¡Oscurantismo al mil por ciento! Sin embargo, como otros tantos temas históricos, personalmente no me extrañaría que un sano y científicamente bien elaborado revisionismo histórico pudiera arrojarnos a la luz una versión un tanto distinta.

No pretendo aportar una investigación si quiera del tema, sino apenas unas consideraciones.

Parto de una pregunta: en caso de que realmente los antiguos y medievales hayan creído en una tierra plana, ¿se trató de una opinión o pseudociencia establecida, representaba una creencia popular, era la noción común de las élites intelectuales de ese entonces? No tengo la respuesta. Solo puedo decir que al menos uno de los más grandes intelectuales medievales y de todos los tiempos, Sto. Tomás de Aquino, enseñaba que la tierra era redonda. Cito: “ A diversos modos de conocer, diversas ciencias. Por ejemplo, tanto el astrónomo como el físico pueden concluir que la tierra es redonda. Pero mientras el astrónomo lo deduce por algo abstracto, la matemática, el físico lo hace por algo concreto, la materia. De ahí que nada impida que unas mismas cosas entren dentro del campo de las materias filosóficas siendo conocidas por la simple razón natural, y, al mismo tiempo, dentro del campo de otra ciencia cuyo modo de conocer es por la luz de la revelación divina. De donde se deduce que la teología que estudia la doctrina sagrada, por su género es distinta de la teología que figura como parte de la filosofía” (Summa Theologiae, Prima Pars, I Quaestio, a. 1, ad 2m). En esta cuestión, el Aquinate habla de los distintos tipos de conocimiento que aportan la ciencia y la fe, y en la cita da como ejemplo cómo, precisamente, puede conocerse la redondez de la tierra, a través de distintas materias o estudios científicos.

 Cabe preguntarse: ¿esta asunción de la redondez de la tierra era apenas algo sostenido por Sto. Tomás? ¿Por él y otros pocos? ¿Tuvo alguna réplica o “burla” de los intelectuales de la época? Ignoro que la Iglesia o famosos intelectuales contemporáneos le hayan refutado y mucho menos condenado esta afirmación. Y si existe algo en este sentido, agradecería me proporcionaran fuentes que lo certifiquen. Como primera conclusión, creo que puede afirmarse mínimamente, que algunos intelectuales sí sostenían que la tierra era redonda y no fue un descubrimiento renacentista ni de la modernidad. Incluso, poniendo atención a la cita, Sto. Tomás pareciera presentar este hecho como algo corriente, no como materia de controversia.

 Otra consideración, que no brinda nada concluyente pero sí al menos, mueve a reflexión, es el hecho de que tanto en figuras literarias de la Biblia como en la iconografía cristiana, se representa al mundo como “orbe”, orbis terrarum. Los Salmos cantan las glorias de Dios “que llena el orbe de la tierra” y esta imagen se repite con cierta frecuencia tanto en este libro como en otros de las Sagradas Escrituras. Y respecto a la iconografía cristiana, baste poner un ejemplo, para nada único, pero sí emblemático: el Cristo, bendiciendo con su mano derecha y sosteniendo el “globo terráqueo” en la izquierda. Imagen muy corriente tanto en pinturas, como en mosaicos occidentales e íconos bizantinos, durante toda la Edad Media. ¿Por qué esta representación de la tierra de forma redonda? ¿Tiene un fundamento ajeno a la realidad física del mundo? En todo caso, desconozco que fuera objeto de reprobación. Por el contrario, resultaba algo común.

 Como conclusión, estos detalles y otros más que podrían adjuntarse, me dan pie a preguntarme si un estudio serio más exhaustivo podría realmente arrojarnos matices diferentes de la manera de ver cómo en verdad los estudiosos medievales concebían al planeta tierra en su geometría.

FUENTE:

http://castillosytrincheras.blogspot.com.ar/2016/12/edad-media-tierra-plana.html

ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL PADRE JUAN CARLOS CERIANI – NOVIEMBRE 2016 – 2° PARTE

especiales-con-p1Compartimos con nuestros Lectores los Especiales de Cristiandad con el querido Padre Juan Carlos Ceriani correspondientes al mes de Noviembre de 2016.

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SANTO TOMÁS DE AQUINO

SUMA TEOLÓGICA Ia– IIæ

TRATADO DE LAS PASIONES

EL TEMOR

Acerca del temor se presentan cuatro cuestiones:

primera, el temor en sí mismo;

segunda, su objeto;

tercera, su causa;

cuarta, su efecto.

CUESTIÓN 41

Del temor en sí mismo

La primera cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:

1º. ¿Es el temor una pasión del alma?

2º. ¿Es una pasión especial?

3º. ¿Hay algún temor natural?

4º. De las especies de temor.

ARTÍCULO 1

El temor es una pasión del alma

Entre los demás movimientos del alma, ninguno, excepto la tristeza, tiene más carácter de pasión que el temor.

Porque, como se ha dicho anteriormente, el concepto de pasión implica, en primer lugar, ser un movimiento de una potencia pasiva, esto es, a la cual se compara su objeto a la manera de un motor activo, por lo mismo que la pasión es efecto de un agente. Y de este modo también el sentir y entender se llaman pasiones.

En segundo lugar, en sentido más propio, la pasión designa el movimiento de la potencia apetitiva que tiene un órgano corporal y que se realiza acompañado de una transmutación corporal.

Y, todavía mucho más propiamente, se llaman pasiones aquellos movimientos que implican algún daño.

Ahora bien, es evidente que el temor, refiriéndose al mal, pertenece a la potencia apetitiva, que de suyo mira al bien y al mal, y corresponde al apetito sensitivo, pues se realiza acompañado de cierta transmutación corporal, es decir, con contracción.

Además, importa una relación al mal, en cuanto el mal vence en cierto modo a algún bien.

Por lo tanto, le compete con toda verdad el concepto de pasión.

Sin embargo, menos que a la tristeza, que se refiere al mal presente; pues el temor mira al mal futuro, que no mueve tanto como el presente.

3ª Objeción: Toda pasión del alma es un movimiento del apetito sensitivo, que sigue a la aprehensión del sentido. Luego, siendo el temor de un mal futuro, parece que no es una pasión del alma.

Respuesta: El sentido no aprehende lo futuro, pero, por el hecho de aprehender lo presente, el animal se mueve por instinto natural a esperar el bien futuro o a temer el mal futuro.

ARTÍCULO 2

El temor es una pasión especial

Las pasiones del alma reciben su especie de los objetos. De ahí que sea pasión especial la que tiene un objeto especial.

Ahora bien, el temor tiene un objeto especial, como lo tiene también la esperanza. Pues como el objeto de la esperanza es el bien futuro, arduo y posible de conseguir, así el objeto del temor es el mal futuro difícil, al que no se puede resistir.

Por lo tanto, el temor es una pasión especial del alma.

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JOSEF PIEPER: LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES

Paciencia y fortaleza

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La paciencia es para Santo Tomás un ingrediente necesario de la fortaleza.

La causa de que esta coordinación de paciencia y fortaleza nos parezca absurda no reside sólo en el hecho de que hoy tendamos a malentender en un sentido fácilmente activista la esencia de la fortaleza, sino sobre todo en la circunstancia de que a los ojos de nuestra imaginación la virtud de la paciencia ha venido a significar —como antítesis de lo que fue para la teología clásica— un padecer incapaz de llevar a cabo cualquier discriminación sensata, ávido de desempeñar su papel de «víctima», consumido por la aflicción, falto de alegría y de médula y abierto de brazos sin distinción a todo género de mal que le salga al paso, cuando no es que se lanza a buscarlo por propia iniciativa.

Pero la paciencia es algo radicalmente diverso de la irreflexiva aceptación de toda suerte de mal: «paciente es no el que no huye del mal, sino el que no se deja arrastrar por su presencia a un desordenado estado de tristeza».

Ser paciente significa no dejarse arrebatar la serenidad ni la clarividencia del alma por las heridas que se reciben mientras se hace el bien.

La virtud de la paciencia no es incompatible con una actividad que en forma enérgica se mantiene adherida al bien, sino justa, expresa y únicamente con la tristeza y el desorden del corazón.

La paciencia preserva al hombre del peligro de que su espíritu sea quebrantado por la tristeza y pierda su grandeza: «ne frangatur animus per tristitiam et decidat a sua magnitudine».

De ahí que no sea la paciencia el espejo empañado de las lágrimas de una vida «rota» (como tal vez pudiera sugerir la inspección de lo que, bajo múltiples aspectos se muestra y ensalza con este nombre), sino el rutilante emblema de una invulnerabilidad última.

La paciencia es, como dice Santa Hildegarda de Bingen, «la columna que ante nada se doblega».

Y Santo Tomás, basándose en la Sagrada Escritura, resume lo esencial con la infalibilidad de su extraordinaria puntería: «por la paciencia se mantiene el hombre en posesión de su alma».

El que es valeroso es también —y precisamente por ser valeroso— paciente.

Pero no a la inversa: la paciencia está lejos de implicar la virtud total de la fortaleza, tan lejos o más aún de lo que pueda estarlo, por su parte, el acto de resistencia, al que la paciencia se ordena.

Porque el valiente no sólo sabe soportar sin interior desorden el mal cuando es inevitable, sino que tampoco se recata de «abalanzarse» (insilire) acometedor sobre él y desviarlo cuando puede tener sentido hacerlo.

A esta segunda eventualidad se ordena, como actitud interna del valiente, la disposición para el ataque: la animosidad, la confianza en sí mismo y la esperanza en la victoria: «la confianza, que es parte de la fortaleza, lleva consigo la esperanza que pone el hombre en sí mismo y que naturalmente supone la ayuda de Dios».

Cosas son éstas tan evidentes que hacen superflua toda ulterior explicación.

ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL PADRE JUAN CARLOS CERIANI – OCTUBRE 2016 – 2° PARTE

TRATADO DE LAS PASIONES EN LA SUMA TEOLÓGICA

DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

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CUESTIÓN 37

De los efectos del dolor o tristeza

Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:

1º. ¿Priva el dolor de la facultad de aprender?

2º. ¿Es la pesadumbre del ánimo efecto de la tristeza o dolor?

3º. ¿Debilita la tristeza o dolor toda operación?

4º. ¿Perjudica la tristeza al cuerpo más que las otras pasiones del alma?

ARTÍCULO 1

El dolor priva de la facultad de aprender.

Dice San Agustín que aun en estos días que estaba acometido de un agudísimo dolor de dientes no dejaba de rumiar las verdades que ya había aprendido, pero que le impedía enteramente aprender otras nuevas, para lo cual necesitaba toda la atención del ánimo.

Puesto que todas las potencias del alma radican en su única esencia, es necesario que, cuando la atención del alma es atraída fuertemente hacia la operación de una potencia, se retraiga de la operación de otra; pues no puede ser más que única la atención de una sola alma.

Y por eso, si una cosa atrae hacia sí toda la atención del alma o una gran parte de la misma, es incompatible con ella otra cosa que requiera gran atención.

Ahora bien, es evidente que el dolor sensible atrae hacia sí en gran manera la atención del alma, porque cada uno tiende naturalmente a rechazar con toda su fuerza lo que le es contrario.

Es igualmente evidente que, para aprender algo de nuevo, se requiere estudio y esfuerzo con una gran atención.

Y, por eso, si el dolor es intenso, el hombre es impedido en ese tiempo de aprender alguna cosa.

Y puede ser tan intenso que, mientras persista el dolor, el hombre tampoco sea capaz de meditar aun en lo que antes sabía.

En esto, sin embargo, hay variedad según la diferencia del amor que el hombre tiene a aprender o meditar, pues cuanto mayor fuere más retiene la atención del ánimo, para que no se entregue enteramente al dolor.

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SANTO TOMÁS DE AQUINO: SUMA TEOLÓGICA

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TRES ARTÍCULOS ESCLARECEDORES

La sola ojeada de las siguientes sentencias de Santo Tomás invita a la lectura y reflexión de los tres artículos tomados de su Suma Teológica que presentamos más abajo:

» El pecado original se llama pecado de la naturaleza.

» A veces se castiga con pena corporal a los hijos por los padres.

» Uno es castigado a veces sin culpa, aunque nunca sin causa.

» A nadie se castiga nunca con una pena espiritual por un pecado ajeno; en cambio, uno es castigado a veces con penas temporales por un pecado ajeno.

» Según el juicio divino, los niños son castigados con castigos temporales juntamente con sus padres.

» Se toma venganza de los animales y de cualquier otra criatura irracional porque así se castiga a sus dueños.

» Por el pecado de uno se aplica a muchos un castigo general para realzar con ello su solidaridad.

Con 745 años de anticipación, el Doctor Angélico refutó muchos de los sentimentales prejuicios del hombre moderno, comenzando por el de la negación del pecado original y sus consecuencias.

<<>> 

Ia-IIæ, q.81, a.1

El primer pecado del primer padre se transmite a sus descendientes por generación

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ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL PADRE JUAN CARLOS CERIANI – SEPTIEMBRE 2016 – 3° PARTE

TRATADO DE LAS PASIONES EN LA SUMA TEOLÓGICA

DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

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CUESTIÓN 33

De los efectos de la delectación

Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:

1º. ¿Compete a la delectación dilatar?

2º. ¿Causa la delectación sed o deseo de sí?

3º. ¿Impide la delectación el uso de la razón?

4º. ¿Perfecciona el deleite la operación?

ARTÍCULO 1

Compete a la delectación dilatar

La latitud es una dimensión de la magnitud corporal. Por eso a las afecciones del alma sólo se aplica metafóricamente.

La dilatación denota como un movimiento hacia la latitud, y compete a la delectación en cuanto a las dos cosas que para ésta se requieren.

Una de ellas es por parte de la potencia aprehensiva, que aprehende la unión de un bien conveniente. Y por esta aprehensión conoce el hombre haber adquirido cierta perfección, que es grandeza espiritual, por cuyo motivo se dice que el alma del hombre se agranda o dilata por la delectación.

La otra, en cambio, es por parte de la potencia apetitiva, que se adhiere a la cosa deleitable y reposa en ella, ofreciéndosele en cierta manera para acogerla interiormente. Y así se dilata el afecto del hombre por la delectación, como prestándose a contener dentro de sí la cosa que le deleita.

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