MARÍA CLARA MALDOCENA- TÍTULOS MARIANOS

Entendemos por título aquella palabra, aquel nombre de honor que aplicamos a una persona para expresar, sea una excelencia suya, sea una función, sea una simple relación.

Así decimos que a tal persona se le debe algo a título de rey, de padre, etc.; o hablamos de doctor, de abogado, de profesor, etc.; o nos relacionamos con alguien en cuanto que es ingeniero o maestro o militar.

Una misma persona puede reunir dos, tres o más títulos, pero, según las circunstancias o necesidades, nos fijamos más en un título que en otro, en un aspecto u otro, en una u otra excelencia de una misma persona.

De la misma manera sucede con los títulos marianos: ellos expresan, sea una excelencia de Nuestra Señora, sea una función, sea una relación.

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La Virgen de la Paloma

Madrid, 1936:
Como fue salvada la imagen de la Virgen de la Paloma

Fotos, 19 de agosto, 1939
José Montero Alonso

El cuadro de la Virgen de la Paloma, en el lugar donde fue escondido,
es besado por los fieles madrileños.

Desde esta tarde de agosto en que la Virgen de la Paloma ha vuelto a su altar en el templo madrileñísimo, las mujeres podrán, como antes, traer aquí de nuevo a sus hijos, para que reciban en el comienzo de sus vidas la mirada de la Soledad y para que Nuestra Señora tutele sus días futuros.

Entre un entusiasmo que la emoción llenaba de lágrimas, ha desfilado la Virgen por las calles del Sacramento Mayor, de Toledo, de Calatrava. Era ya de noche cuando la Paloma, entre vivas infatigables y clamor de campanas, entraba en su templo, aromado de incienso. Y allí, en el gran altar mayor de donde estuvo ausente durante tres años, quedaba otra vez. Ya podían rezar ante ella las novias de Madrid, y las madres podrían ofrecerle a sus hijos, para que les protegiese, para que les guardase.

EL FUSILAMIENTO Y LA DESTRUCCIÓN DE LAS IMÁGENES DEL TEMPLO.

Una certera previsión salvó el cuadro ante el que han rezado millares de corazones. Había sido cambiado por otro, exactamente igual y esta copia ha podido ser salvada también. Alguien trasladó este segundo cuadro a la iglesia de San Francisco el Grande, donde un zapatero devoto de la Paloma, creyendo que el cuadro era el auténtico, lo recogió y escondió.

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P. JUAN CARLOS CERIANI: ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

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ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

El 1º de noviembre de 1950, el Papa Pío XII, por medio de la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, definió como Dogma de Fe que la Santísima Virgen María fue asunta en Cuerpo y Alma a la gloria celeste.

Esta verdad dogmática fue catalogada por el Sumo Pontífice como:

una verdad fundada en la Sagrada Escritura,

profundamente arraigada en el alma de los fieles,

confirmada por el culto eclesiástico desde tiempos remotísimos,

sumamente en consonancia con otras verdades reveladas,

espléndidamente ilustrada y explicada por el estudio de la ciencia y sabiduría de los teólogos.

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LAS TRES PALOMAS DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

En el siglo XVII, el culto a la Inmaculada Concepción conquista a Portugal entero, desde los reyes y los teólogos hasta los más humildes hijos del pueblo.

Así, el 9 de diciembre de 1617, la Universidad de Coimbra, reunida en claustro pleno, resuelve escribir al Papa manifestándole su convicción en la Inmaculada Concepción de María Santísima.

Aquel mismo año, Pablo V, decretó que nadie se atreviese a enseñar públicamente que María Santísima tuvo Pecado Original. Igual fue la actitud de Gregorio XV en 1622.

A partir del siglo XVII se fueron también multiplicando las corporaciones y sociedades, tanto religiosas como civiles, e incluso Estados, que adoptaron a la Virgen como Patrona en la advocación del misterio de su Inmaculada Concepción.

Digna de particular referencia es la iniciativa de Don Juan IV, Rey de Portugal, proclamando a Nuestra Señora de la Concepción Patrona de sus “Reinos y Señoríos”, al tiempo que jura defenderla hasta la muerte, según se lee en la Propuesta regia del 25 de marzo de 1646.

A partir de ese momento, en homenaje a su Inmaculada Concepción Soberana, los reyes de Portugal nunca más se pusieron corona en sus cabezas.

En 1648 aquel mismo monarca mandó acuñar monedas de oro y plata. Fue con ellas que se pagó el primer feudo a Nuestra Señora.

Moneda portuguesa moderna (1996) de 1.000 Escudos de Plata de Ntra Sra de la Concepción

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SOBRE LA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA

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Y nació de Santa María Virgen

En la doctrina de la Encarnación del Hijo de Dios dijimos que de este inefable misterio resultaban dos puntos de fe, que cedían en la mayor excelencia de María Santísima Nuestra Señora; y que por esto, y por ser dogmas de Religión exigían de nosotros un particular examen y cuidado.

El primero es la Maternidad de María Santísima respecto de todo un Dios humanado en sus purísimas entrañas. La exposición de este artículo reservamos para este lugar, como inmediato al nacimiento de su Santísimo Hijo; y su instrucción es de una utilidad inefable para el hombre.

En virtud de este dogma debemos creer que María Santísima es real y verdaderamente Madre de Dios. Este es el primero entre todos los atributos que le canta y celebra la Iglesia en sus letanías: Sancta Dei Genitrix, Ora pro nobis. Y el Espíritu Santo, como interesado en acreditar la hermosura y demás atavíos de su Esposa, nos hace ver en las divinas Escrituras esta inefable dignidad de la Señora en términos tan expresos, que podemos decir ser este uno de los dogmas más perceptibles de la Religión. En efecto, el Ángel que de parte de toda la Santísima Trinidad vino a anunciarle el grande misterio de la Encarnación, nos dejó un testimonio incontestable de esta verdad. Sabe María, le dice, que has de concebir en tus entrañas, y has de dar a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. No es esta sentencia de hombres; el Espíritu Santo asegura, que se ha de llamar Jesús el hijo de la Virgen: y siendo Jesús real y verdaderamente Dios, es preciso reconocer y confesar que Dios es hijo de María; y por consiguiente dice Santo Tomás ha de ser tenido por hereje al que se atreva a negar que María es Madre de Dios: Unde hereticum est negare beatam Virginem esse Matrem Dei.

El Santo Profeta Isaías habló de este misterio con expresiones tan terminantes, como podría hacerlo si lo hubiera presenciado; o por explicarme con más propiedad, habló de este misterio como que se lo hizo presente con particular empeño el Espíritu Santo, para que previniese los corazones de los hombres, y los dispusiese a creer una verdad tan útil como gloriosa a la especie humana.

Advertid hijos de Adán; advertid, dice, que una Virgen ha de concebir y parir un hijo. Ahora bien, el ser concebido y nacido es propio de la Persona, dice Santo Tomás. En ningún sentido adaptable, ni con la menor propiedad pueden semejantes predicados aplicarse a la naturaleza: Hipostasis est, non naturæ: y siendo la Persona de Jesús divina, como que es la misma Persona del Verbo, hemos de concluir, que la Persona del Verbo, Dios como el Padre y como el Espíritu Santo, fue concebida y dada a luz por María Santísima, que es la Virgen de quien habla Isaías; que esta Señora es Madre de una Persona que es verdadero Dios; y que es hereje el que se atreve a negar esta verdad: Unde hereticum est negare beatam Virginem esse Matrem Dei. Continuar leyendo “SOBRE LA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA”

LETANÍAS LAURETANAS – QUINTA PARTE

REINA DE LOS ÁNGELES

1

Esta última parte de las Letanías reúne y exalta las excelsas grandezas de María celebrando su soberana realeza en el Cielo y en la tierra.

Por doce veces le damos el glorioso título de Reina a la Hija, a la Madre, a la Esposa del Rey; debemos invocarla como a Reina porque el título de Rey no sólo corresponde a cada una de las Personas Divinas, sino también a Dios – Hombre, el Hijo de María Santísima. Él mismo aprobó para su Persona este nombre: “Sí, como dices, soy Rey” (Juan 18, 37).

A la diestra del Rey, el Salmista vio a una Reina, vestida con manto de oro, gozosa del poder que Dios le ha otorgado, de poder conceder a quien la invoca toda clase de gracias y bendiciones. Esta Reina es María que fue investida de esta dignidad cuando Dios Padre, desde toda la eternidad la eligió por su Hija, por Esposa del Divino Espíritu y por Madre de su Unigénito y fue constituida Reina, no solo de los hombres, sino también de los Ángeles, que son espíritus puros, muy poderosos, ágiles como el pensamiento y puros como la luz. Son inteligencias tan grandes que, si queremos honrar entre nosotros un entendimiento, lo llamamos angélico.

Los Ángeles son ministros del Omnipotente. ¡Qué honor tener dominio sobre estos espíritus tan nobles; ser Reina de súbditos tan numerosos y potentes! Y esta autoridad y poder corresponde a María Reina de los Ángeles, porque les aventaja en dignidad, es más excelsa que Ellos.

La raíz de su excelsa dignidad, de su autoridad y de sus privilegios se debe a que es Madre del Verbo Divino. Ella pudo decir con el Padre Eterno: “Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy” (Salmo 2:7).

La causa de tanta exaltación de María fue SU SINGULAR HUMILDAD.

Humildad es el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo con este conocimiento. Es un movimiento de “descenso” cuyo punto de partida es el falso lugar que nos señala el amor propio y cuyo término es la verdad. Por eso “la humildad es la verdad”. (Sta. Teresa).

Así, cuanto más llenos de amor propio, tanto más vacíos estamos de verdaderos méritos.

Veamos en la Anunciación el ejemplo tan grande de humildad de María. Ante la sublime revelación del Ángel que la proclama Madre de Dios, Ella protesta ser solamente la humilde esclava del Señor. La verdadera humildad se manifiesta en la obediencia.

¡Oh Madre amada. Reina de los Ángeles, alcánzanos la gracia de saber combatir nuestro amor propio para ser verdaderamente humildes!

 

REINA DE LOS PATRIARCAS

2

Patriarca es una palabra griega que significa padre o jefe.

Con el nombre de Patriarcas se honra a algunos Santos del Antiguo Testamento, elegidos por Dios como guardianes y depositarios de la fe en el futuro Mesías. Esta fe, avivada por las frecuentes revelaciones de Dios, fue transmitida por los Patriarcas a sus descendientes como un faro de luz en medio de las tinieblas de la ignorancia y del pecado.

También en los siglos cristianos se da por analogía el nombre de Patriarca a los Santos Fundadores de las más famosas Órdenes Religiosas, puesto que también ellos engendraron espiritualmente a la vida de la perfección evangélica a muchas almas.

Los Patriarcas fueron, bajo diversos aspectos, figuras de Jesucristo; lo representaron en varios misterios de su vida, de su muerte y de su obra redentora. Y en la debida proporción representaron también a María, pues quien representa al original, representa por lo mismo a la copia fiel. Continuar leyendo “LETANÍAS LAURETANAS – QUINTA PARTE”

LETANÍAS LAURETANAS – CUARTA PARTE

SALUD DE LOS ENFERMOS

1

El pecado original introdujo en el mundo la enfermedad y la muerte.

En medio de esta condición, cuánto necesitamos del médico; pero aún los más sabios y mejores, en muchos casos, no pueden curar algunas enfermedades.

La Santa Iglesia nos propone una Doctora poderosa, sabia y amorosa: La Santísima Virgen María, salud de los enfermos, que nos ayuda y conforta.

En primer lugar consideremos que Ella intercede por nosotros para adquirir la salud del alma y nos ayuda a apartarnos del mal que la destruye.

San Bernardo dejó en sus escritos, hermosos pensamientos acerca de nuestra amada Madre, que podemos aplicar para alcanzar la salud del alma:

  • Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, invoca a María, llama a María.
  • Si se agita la soberbia, la ambición o la incomprensión, mira a María, llama a María.
  • Si la ira, el egoísmo o el deleite en el mal violentan la navecilla de tu alma, mira a María, invoca a María.
  • En el peligro, en la angustia, en la ansiedad, piensa en María, invoca a María.
  • Si te turba la memoria de la enormidad de tus faltas, de la fealdad de tu conciencia y comienzas a sumergirte en la tristeza, en la desesperación, piensa en María, invoca a María.
  • No la apartes a Ella de tu corazón. No te saldrás del camino, si la sigues; no desesperarás, si le ruegas; no te perderás, si en Ella piensas. Si tú no te sueltas de su mano, no caerás; nada tendrás que temer y llegarás felizmente al puerto, que es EL CORAZÓN DE JESÚS.

Dice también San Bernardo que Jesús es miel en la boca, melodía en el oído y gozo en el corazón, pero, añade San Bernardo: también es MEDICINA.

Esta Medicina concede la salud del alma, si nos esforzamos por conseguirla (el enfermo debe tomar la medicina que le receta el médico para alcanzar la salud). María SALUD DE LOS ENFERMOS nos dio a Jesús, nos dio al MÉDICO DIVINO, nos dio la medicina.

En segundo lugar consideremos que el cuerpo humano está sujeto a contraer enfermedades que ponen a dura prueba la ciencia médica, enfermedades manifiestas o latentes, lentas o fulminantes, algunas contagiosas, que hacen sufrir a la humanidad.

Si en todo momento de la vida necesitamos la ayuda de Dios y del socorro y protección de María, esta necesidad se hace más sensible y urgente en la enfermedad.

Pidamos a nuestra Amada Madre su auxilio para nosotros y para nuestros familiares y Ella benignamente nos escuchará y nos ayudará.

Una madre vela a su hijo enfermo de día y de noche sin mostrar cansancio; estudia todas las formas de procurarle alivio, ruega y se sacrifica para curar a su hijo. ¿Qué la mueve? la mueve su amor, el amor que Dios puso en el corazón de las madres, y que es un pálido reflejo del amor maternal de María, amor vigilante y solícito cuando sus hijos están afligidos por la enfermedad.

El Evangelio nos dice que muchos enfermos fueron curados prodigiosamente por Jesucristo. Él le ha cedido en el Cielo a su Santísima Madre esta virtud, este dominio sobre la naturaleza doliente. Continuar leyendo “LETANÍAS LAURETANAS – CUARTA PARTE”