SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO- VERDADES FUNDAMENTALES

LA MUERTE

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¡Hay que morir! Más pronto o más tarde, pero hay que morir. Cada siglo se llenan las casas y las ciudades de gente nueva; la antigua ha ido a encerrarse en los sepulcros.

Nacemos ya con la soga al cuello, o sea, condenados a muerte. Por muy larga que sea nuestra vida, vendrá un día y una hora que serán los últimos para nosotros, y esa hora ya está señalada.

Dios mío, os agradezco la paciencia con que me habéis soportado. ¡Ojalá hubiera muerto antes de ofenderos! Ya que me dais tiempo para remediar el mal, decidme lo que queréis de mí, que yo quiero obedeceros en todo.

Dentro de pocos años, ni yo, que esto escribo, ni vosotros, que lo leéis, viviremos en esta tierra. Como hemos oído doblar para unos, así otros oirán que las campanas tocan a muerto por nosotros. Como leemos los nombres de otros escritos en los registros de defunción, así otros leerán los nuestros. En resumen: que tenemos que morir sin remedio; y, lo que es más terrible, que hemos de morir una sola vez: si erramos esa vez, erramos para siempre.

¡Qué pavor sentiréis cuando os avisen que debéis recibir los Sacramentos y que no hay tiempo que perder! Veréis entonces salir de vuestro aposento los padres, los amigos, y quedaréis solos con el confesor y la enfermera para asistiros.

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P. LEONARDO CASTELLANI: SERMON PARA LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Comunion de los santos

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros. Vosotros sois la sal de la tierra. Más si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. (Mt. 5,1-16)

TODOS LOS SANTOS (1966)

Debería hacer un sermoncito sobre la Bienaventuranza, la Gloria, la Vida Eterna, o sea el Cielo; pero iba a calumniar al Cielo. Puede ser que si algún día saco la lotería, tengo mucho tiempo y el Dr. Cardini César me cura de todas mis nanas… pero ahora no. Cuando tenga experiencia del Cielo (como espero) tampoco podré hablar del Cielo. Continuar leyendo “P. LEONARDO CASTELLANI: SERMON PARA LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS”

REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – EL JUICIO FINAL

Diego Santos Lostado y Calderón

EL JUICIO FINAL

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Semper videtur illa tuba terribilis insonare auribus meis: surgite mortui venite ad judicium.

Siempre parece que suena en mis oídos aquella terrible trompeta: levantaos, muertos, y venid a juicio (San Jerónimo)

 

Ya que nos hemos detenido, alma mía, en considerar el triste paso de la muerte, la tremenda severidad del juicio, el terror espantoso del infierno, y las incomparables delicias de la Gloria; razón será que llevemos también el pensamiento a los últimos días de los siglos y veamos como fenecen estos en aquel más terrible día del Juicio Final.

¡Oh día cruel y lleno de indignación! Día en que la diestra airada del Omnipotente derramará su enojo sobre los culpados, y fulminará rayos que abrasen la tierra; día en que la moribunda naturaleza dará el último suspiro; día en que comparecerán todos los muertos restituidos a su prístina forma; día en que se juzgarán las causas de todos, y cada uno recibirá el premio o castigo correspondiente al estado de gracia o culpa en que se hallaba su alma cuando salió de este mundo.

¡Oh día de calamidad y de miseria! ¡Oh día grande del Señor! ¿Quién, me dará expresiones para describir tu grandeza? Ah! Si la expedita lengua de aquel santo Profeta se halló balbuciente cuando quiso encarecerla, ¿qué podrá decir en estos momentos mi voz debilitada? Continuar leyendo “REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – EL JUICIO FINAL”

REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – EL CIELO

Diego Santos Lostado y Calderón

CUARTA POSTRIMERÍA DEL HOMBRE

EL CIELO

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Oculus non vidit, nec auris audivit, nec in cor hominis ascendit, quæ præparavit Deus diligentibus illum.

Los ojos no vieron jamás, ni los oídos oyeron, ni la imaginación llegó a comprender la grandeza de los bienes que Dios preparó para los que le aman (I Cor. 2)

Si aquel grande Apóstol, que fue arrebatado hasta el tercer Cielo, no pudo explicar, cuando volvió de su rapto, lo que vio y oyó en aquella tranquila mansión de los predestinados y excelso Alcázar del Señor, ¿cómo podrás tú, alma mía, sin haber visto esta magnífica obra del Omnipotente, formar la menor idea de lo que aquel varón inspirado no pudo comprender habiéndolo tocado tan de cerca?

¡Oh Paraíso prometido al justo! ¡Oh dulce patria del hombre! ¡Oh descanso eterno! Solamente las almas que te gozan te conocen; nosotros solo podemos desear tus glorias, ansiar los inefables bienes que llenan tu inmensa Esfera, y admirarte como la más prodigiosa invención de la sabiduría del Eterno, como el último esfuerzo de su Omnipotencia, y como término de su liberalidad. Continuar leyendo “REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – EL CIELO”

REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – EL INFIERNO

Diego Santos Lostado y Calderón

TERCERA POSTRIMERÍA DEL HOMBRE

EL INFIERNO

Ugolino-dante

Hic ure, hic seca, hic non parcas, ut in æternum parcas.

Quema Señor, corta y no tengas piedad de mí en esta vida, con tal que te apiades de mí en la otra (San Agustín).

 

Tiempo es ya de poner los ojos en el espantoso abismo que un Dios irritado abrió para eterno sepulcro del hombre que muere impenitente. Tiempo es ya de dar una ojeada, alma mía, por este piélago insondable, hacia donde corren siempre los furiosos torrentes de la divina justicia y jamás llegarán los mansos arroyos de la misericordia; en donde se niega el paso a la esperanza, y la desesperación ocupa su propio lugar.

Pero antes de llevar nuestra reflexión a las negras orillas de este precipicio; antes que oigamos los bramidos de los culpados que viven muriendo en aquellas tenebrosas regiones, suspendamos el paso para observar otros objetos que a la imaginación ofrece esta triste jornada.

¡Oh qué espaciosos son estos caminos y cuántos millones de mortales encuentro al paso! ¡Qué confusión de naciones! ¡Qué rumor de gentes! ¡Qué desorden! ¡Qué multitud de ídolos! ¡Qué crecido número de sacrificadores! ¡Qué infinidad de víctimas! ¡Qué antigüedades!… Continuar leyendo “REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – EL INFIERNO”

REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – EL JUICIO PARTICULAR

Diego Santos Lostado y Calderón

SEGUNDA POSTRIMERÍA DEL HOMBRE

EL JUICIO PARTICULAR

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Væ etiam laudabili vitæ hominum si remota misericordia discutias eam!

¡Desgraciada del alma misma, que parece más justa, si vos Dios mío, la juzgáis con rigor! (San Agustín)

 

Temeroso es por cierto presentarte, alma mía, en el tribunal de aquel recto Juez, de cuyos labios está pendiente la última suerte del hombre; de aquel Juez que te presentará tus culpas, no como las ven ahora tu ignorancia, tu pasión, tus pretextos vanos, o tu falsa conciencia, sino a la luz de la verdad como son en sí mismas.

¡Temeroso es por cierto! Pero siendo preciso entrar en cuentas con Dios, si yo callase ahora por temor, lloraría sin duda algún día tal silencio. Nací, pues; y la muerte ha de llegar; ha de llegar, y en aquel instante mismo, tú, alma mía, dejarás esta tierra de corrupción en que moras, y volarás por regiones desconocidas a buscar tu eterno destino. Continuar leyendo “REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – EL JUICIO PARTICULAR”

REFLEXIONES SOBRE LAS POSTRIMERÍAS DEL HOMBRE – LA MUERTE

Diego Santos Lostado y Calderón

 

INTRODUCCIÓN

Postrime

Si el olvido de nuestras postrimerías es uno de los mayores errores en que solemos vivir, alejémoslo de nosotros tanto que jamás pueda volver a interrumpirnos un pensamiento tan cristiano.

Muchos habrá que rehúsen abrazar esta idea quizá por no entristecerse; pero yo más quiero vivir triste con ella y morir alegre, que vivir alegre sin ella y morir tristemente.

Quiero pronosticarme con tiempo mi suerte venidera; para no enterrar mi alma en el sepulcro del mundo y contarme ya entre los muertos. Cada día, cada hora, cada instante miraré con más atención el contraste de dos suertes irrevocables que llevamos los mortales dentro de nosotros y no las vemos. ¡Vida para siempre! ¡Muerte sin fin! Estos son los últimos destinos del hombre y uno de ellos ha de caberle: ¿cuál será?

¡0h eternidad! Tú llamas a la puerta de mi corazón y te vales de la voz de Dios para despertarme. ¡Despertemos; despertemos alma mía! y puesto que vemos el peligro, huyamos para no perecer en él. Conozcamos que para no morir jamás no hay más remedio que morir bien; y para morir bien, no pecar; y para no pecar, grabar en nuestra imaginación este importante aviso que nos da el Espíritu Santo.

In omnibus operibus tuis mœmorare novissima tua, et in æteruum non peccabis.

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