SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO- VERDADES FUNDAMENTALES

LA MUERTE DEL JUSTO

justoExpone SAN BERNARDO que la muerte de los justos se llama preciosa «porque es el fin del dolor y la puerta de la vida». La muerte para los Santos es un premio porque acaba con sus sufrimientos, con sus pasiones, con sus luchas y con el temor de perder a Dios.

Aquel: parte ya, que tanto atormenta a los mundanos, no atormenta a los Santos porque para ellos no es ningún dolor tener que dejar los bienes de la tierra puesto que Dios fue siempre su única riqueza ni dejar los honores que siempre despreciaron: ni despedirse de los parientes, porque los amaron en Dios: y así como en la vida decían: ¡ Dios mío y todas mis cosas!, con mucha mayor alegría lo repetirán en la hora de la muerte.

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LA MUERTE

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¡Hay que morir! Más pronto o más tarde, pero hay que morir. Cada siglo se llenan las casas y las ciudades de gente nueva; la antigua ha ido a encerrarse en los sepulcros.

Nacemos ya con la soga al cuello, o sea, condenados a muerte. Por muy larga que sea nuestra vida, vendrá un día y una hora que serán los últimos para nosotros, y esa hora ya está señalada.

Dios mío, os agradezco la paciencia con que me habéis soportado. ¡Ojalá hubiera muerto antes de ofenderos! Ya que me dais tiempo para remediar el mal, decidme lo que queréis de mí, que yo quiero obedeceros en todo.

Dentro de pocos años, ni yo, que esto escribo, ni vosotros, que lo leéis, viviremos en esta tierra. Como hemos oído doblar para unos, así otros oirán que las campanas tocan a muerto por nosotros. Como leemos los nombres de otros escritos en los registros de defunción, así otros leerán los nuestros. En resumen: que tenemos que morir sin remedio; y, lo que es más terrible, que hemos de morir una sola vez: si erramos esa vez, erramos para siempre.

¡Qué pavor sentiréis cuando os avisen que debéis recibir los Sacramentos y que no hay tiempo que perder! Veréis entonces salir de vuestro aposento los padres, los amigos, y quedaréis solos con el confesor y la enfermera para asistiros.

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EL PECADO

confesion_2¿Qué es el pecado mortal? Es «apartarse de Dios», como enseña SANTO TOMÁS con SAN AGUSTÍN. Es el desprecio de su gracia y de su amor; es una insolencia en su cara, pues es como decirle: «No quiero serviros, hago lo que más me agrada, y no me importa que os disgustéis y me retiréis vuestra amistad».

Para comprender toda la malicia del pecado mortal habría que comprender quién es Dios, y quién es el hombre que le desprecia con el pecado. Ante Dios, todos los Angeles y Santos son nada.¡Y un gusano de la tierra tiene el atrevimiento de despreciarle!

Más todavía: no sólo desprecia el pecador a un Dios de infinita majestad, sino a un Dios tan amante, que llegó a dar la vida por él. No bastaría, pues, toda la eternidad para llorar un solo pecado.

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SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO- VERDADES FUNDAMENTALES

El viaje a la eternidad

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No tenemos aquí abajo ciudad permanente, sino que vamos en busca de la futura (Heb 13,14), de paso para la eternidad: Irá el hombre a la casa de su eternidad (Ecli 12,5).

No tardaremos en desalojar; el cuerpo será llevado a una fosa y el alma a la eternidad.

¿No sería un loco el caminante que arrojara todo su capital en la construcción de una casa, en un sitio, del que luego tiene que marchar?

Dios mío, mi alma es eterna: tiene, pues que poseeros o perderos eternamente.

Hay dos moradas en la eternidad: una con todas las delicias; otra con todos los tormentos; y todo ello -las delicias y los tormentos- eternos; si cae el leño al austro o al aquilón, como caiga, así, quedará (Ecli I I ,3). Si el alma se salva, será siempre feliz; si se condena, llorará su tormento mientras Dios sea Dios.

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TRES PENSAMIENTOS PARA EL ÚLTIMO DÍA DEL AÑO

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Cada vez que el calendario nos marca el 31 de Diciembre, no puede menos de preocupar al hombre pensador, y mas todavía al fiel cristiano, estos tres graves pensamientos:

  • El tiempo pasa
  • La muerte se acerca
  • La eternidad nos espera

Compartimos con nuestros lectores estos tres pensamientos…

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SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO: MEDITACIONES FUNDAMENTALES

Importancia de la salvación

salvacion-del-almaEl más importante de todos los negocios es el de nuestra eterna salvación, del cual depende nuestra fortuna ó nuestra ruina eterna.

Una sola cosa es necesaria (Le. 10,44). No es necesario que seamos ricos, nobles, robustos: pero es necesario que nos salvemos.

Es el único fin para el que Dios nos ha puesto en el mundo.¡Desgraciados si erramos!

Decía San Francisco Javier que en el mundo no había más que un bien: salvarse, y un mal: condenarse. ¿Qué importa que seamos pobres o despreciados o estemos enfermos? Si nos salvamos, seremos siempre felices. En cambio, ¿de qué nos servirá haber sido reyes y emperadores, si somos desgraciados eternamente ?

iOh Dios mío! ¿Qué será de mí? Puedo salvarme. y puedo condenarme. Y en esa posibilidad de condenarme, ¿por qué no me entrego todo a Vos?

Jesús mío, compadeceos de mí. Yo quiero cambiar de vida. Ayudadme. Disteis Vos la vida por salvarme, ¿y querré yo condenarme?

¿He hecho bastante por mi salvación? ¿Me he asegurado yo contra el infierno?

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MICHAEL SCHMAUS: TEOLOGÍA DOGMÁTICA

LA TERCERA VIRTUD TEOLOGAL – LA ESPERANZA

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La virtud de la Esperanza hace cristiformes la fuerza y la actitud humanas orientadas hacia el futuro; esto implica su interna transformación y su conversión a Cristo. Todo hombre vive de cara al futuro; así lo exige su esencial historicidad.

Según los griegos, la Esperanza es inseparable del hombre; es la expresión anímico-espiritual de la temporalidad del hombre. En la Esperanza, el hombre, que vive en el presente —sellado por el pasado— y camina hacia el futuro, capta ese futuro con las potencias del espíritu. El hombre que existe temporalmente, vive esencialmente en la espera del futuro alegre o doloroso; la Esperanza es una consoladora del presente.

***

En el Antiguo Testamento, la Esperanza no es espera de cualquier futuro, sino espera del bien futuro; es a la vez paciente y confiada esperanza y anhelante hacia el futuro.

Mientras tiene vida, el hombre tiene esperanza (Ecl. 9, 4). La Esperanza se dirige a Dios tanto en la necesidad como en la dicha; siempre está el hombre orientado hacia Dios, que es su única seguridad; los consejos de Dios le son desconocidos, pero está seguro de su amor y protección, obre Dios como obre, lo mismo si le manda alegrías que si le regala tristeza y dolores.

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