TRES PENSAMIENTOS PARA EL ÚLTIMO DÍA DEL AÑO

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Cada vez que el calendario nos marca el 31 de Diciembre, no puede menos de preocupar al hombre pensador, y mas todavía al fiel cristiano, estos tres graves pensamientos:

  • El tiempo pasa
  • La muerte se acerca
  • La eternidad nos espera

Compartimos con nuestros lectores estos tres pensamientos…

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SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO: MEDITACIONES FUNDAMENTALES

Importancia de la salvación

salvacion-del-almaEl más importante de todos los negocios es el de nuestra eterna salvación, del cual depende nuestra fortuna ó nuestra ruina eterna.

Una sola cosa es necesaria (Le. 10,44). No es necesario que seamos ricos, nobles, robustos: pero es necesario que nos salvemos.

Es el único fin para el que Dios nos ha puesto en el mundo.¡Desgraciados si erramos!

Decía San Francisco Javier que en el mundo no había más que un bien: salvarse, y un mal: condenarse. ¿Qué importa que seamos pobres o despreciados o estemos enfermos? Si nos salvamos, seremos siempre felices. En cambio, ¿de qué nos servirá haber sido reyes y emperadores, si somos desgraciados eternamente ?

iOh Dios mío! ¿Qué será de mí? Puedo salvarme. y puedo condenarme. Y en esa posibilidad de condenarme, ¿por qué no me entrego todo a Vos?

Jesús mío, compadeceos de mí. Yo quiero cambiar de vida. Ayudadme. Disteis Vos la vida por salvarme, ¿y querré yo condenarme?

¿He hecho bastante por mi salvación? ¿Me he asegurado yo contra el infierno?

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MICHAEL SCHMAUS: TEOLOGÍA DOGMÁTICA

LA TERCERA VIRTUD TEOLOGAL – LA ESPERANZA

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La virtud de la Esperanza hace cristiformes la fuerza y la actitud humanas orientadas hacia el futuro; esto implica su interna transformación y su conversión a Cristo. Todo hombre vive de cara al futuro; así lo exige su esencial historicidad.

Según los griegos, la Esperanza es inseparable del hombre; es la expresión anímico-espiritual de la temporalidad del hombre. En la Esperanza, el hombre, que vive en el presente —sellado por el pasado— y camina hacia el futuro, capta ese futuro con las potencias del espíritu. El hombre que existe temporalmente, vive esencialmente en la espera del futuro alegre o doloroso; la Esperanza es una consoladora del presente.

***

En el Antiguo Testamento, la Esperanza no es espera de cualquier futuro, sino espera del bien futuro; es a la vez paciente y confiada esperanza y anhelante hacia el futuro.

Mientras tiene vida, el hombre tiene esperanza (Ecl. 9, 4). La Esperanza se dirige a Dios tanto en la necesidad como en la dicha; siempre está el hombre orientado hacia Dios, que es su única seguridad; los consejos de Dios le son desconocidos, pero está seguro de su amor y protección, obre Dios como obre, lo mismo si le manda alegrías que si le regala tristeza y dolores.

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PADRE CALMEL: LA ESPERANZA

La Esperanza Cristiana y las esperanzas humanas

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Al occidente y al oriente se han levantado falsos Cristos y falsos Profetas.

De muchos lados se nos promete el paraíso sobre la tierra. En particular, se prometen para esta tierra y para esta vida la liberación total, la destrucción de las servidumbres, tanto exteriores como interiores, la reunión armoniosa y feliz de todos los hombres, por fin regenerados y transfigurados.

En presencia de estas divagaciones fatales y con el fin de no dejarse extraviar, no es inútil recordar, lo más claramente posible, la naturaleza de la Esperanza Cristiana y su relación con las esperanzas humanas.

El objeto de la Esperanza Cristiana es propiamente sobrenatural y teológico; consiste en la vida eterna, la felicidad eterna con Dios.

El motivo de la Esperanza Cristiana es también sobrenatural y teológico: es la ayuda divina, la omnipotencia de la gracia de Jesucristo.

 

Podemos observar, a partir de la lectura de algunos textos del Nuevo Testamento que, a diferencia de los profetas antiguos, Jesús no prometió a sus fieles ni tener una familia armoniosa y próspera, ni aplastar a sus enemigos, ni la honra…

Sus promesas difieren sensiblemente del cuadro idílico de la felicidad del justo que se encuentra en los profetas, los salmos y en general en todos los pasajes del Antiguo Testamento, que nos muestran al fiel de Yahvé como alguien que encuentra, ya a partir de esta tierra, la recompensa y el éxito.

Consideremos como hablan diferentemente, en período de ocupación, los antiguos profetas y el Hijo de Dios.

Jesucristo se dirigía a judíos sometidos al Imperio romano. Ahora bien, Él no hace nada para liberarlos del yugo de los romanos. Les habló de otra cosa.

Esta otra cosa, es decir, el Reino Espiritual, sólo interesaba a un reducido número: ¿cuántos tenían la Esperanza Sobrenatural?

Jesucristo santificó el orden de las patrias terrestres, pero no vino según el orden temporal y de las patrias terrestres. Mi reino no es de este mundo.

Hay una muchedumbre de bienes muy importantes, perfectamente honestos y deseables, sobre los cuales Jesús no hizo ninguna promesa a sus discípulos.

Que se revuelvan en todos los sentido los Evangelios y las Epístolas de San Pablo, y no se llegará a encontrar ninguna promesa relativa a los bienes temporales.

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NOSTALGIA NAVIDEÑA…

“El diablo se alegra, sobre todo, cuando logra arrebatar la alegría del corazón del servidor de Dios. Llena de polvo las rendijas más pequeñas de la conciencia que puedan ensuciar el candor del espíritu y la pureza de la vida. Pero cuando la alegría espiritual llena los corazones, la serpiente derrama en vano su veneno mortal.”

San Francisco de Asís

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La llegada de las fiestas puede generar en nosotros cierta nostalgia, pesadumbre, melancolía y muchos recuerdos.

Nos sucede a menudo en estas fechas que uno tiende a recordar a los seres que hemos amado y que ya no están a nuestro lado, y éso generalmente se vuelve motivo de tristeza, de desconsuelo.

A medida que el tiempo transcurre vamos creciendo, y en ese transitar vemos con dolor como muchas de las personas que nos acompañan dejan de hacerlo, y al sentarnos en la mesa navideña, nos inundan los recuerdos de los instantes que con alegría solíamos compartir juntos a ellos.

Este generalmente es el motivo de sentir cierta sensación de soledad, de vacío, de apreciarnos incompletos.

Pues, no ha de ser así para el verdadero cristiano.

Los que amamos a Cristo tenemos que llenar esos sentimientos con el verdadero espíritu de la Santa Navidad, recordar a ese pequeño Niño que, siendo Dios, vino a este mundo por amor a redimirnos, que nació en un humilde pesebre, solo en medio de la fría noche con el amor de María Santísima y de San José, solos los tres.

Pero, ¡cuánto amor rodeaba al Amor!

Las penas de esta vida empalidecen cuando vemos ese dulce rostro, esas manos benditas, y esos benditos pies. Escuchar ese llanto que abrió las puertas del Cielo, sentir esa respiración que puede calentar hasta la misma luna que brilla en esa clara y helada noche.

Hoy, más allá de las penas, de las ausencias, de nuestras cruces, algunas espirituales, algunas corporales, mas allá de la soledad, de la pobreza y la enfermedad, el alma del cristiano debe descansar y encontrar la alegría en la esperanza del retorno, en la espera de Nuestro Rey y Capitán que se encuentra pronto a regresar, no ya como niño frágil, ni como cordero para el sacrificio, sino como dueño y señor de todo y de todos.

Ese debe ser nuestro espíritu en estos días, no un espíritu pagano y vacío de amor a Dios, que sólo busca contentarse con cosas materiales, que tiene en su pensamiento sólo qué comeremos, qué vestiremos, quién no compartirá nuestra mesa este año, o los regalos para los niños, inventando una mentira y dándole lugar a alguien que nada tiene que ver con la Navidad, que sólo trata de desplazar a Nuestro Rey de reyes…

No busquemos, pues, llenar con cosas frívolas y sin sentido el lugar que sólo Dios puede llenar, recordemos a nuestros seres queridos que ya no están con una oración por sus almas, pidiéndole al Señor que los tenga con Él en la Gloria y convirtámonos en pequeños y humildes pesebres para que Jesús nazca en nosotros.

No busquemos ya más, ni gentes, ni lugares, ni regalos; no busquemos contentar nuestros sentidos, ni llenarnos de más vacío, aunque parezca una paradoja; busquemos ese silencio en la noche de Belén, busquemos la sencillez, la modestia, la paz que nos trajo ese pequeño Niño sobre un pajar.

Busquemos en Él el consuelo, la resignación, la aceptación, el Amor, la compañía, el alivio; busquemos, en definitiva, el camino que nos lleve algún día a gozar con Él por toda la eternidad.

Todo lo demás carece de sentido, todo lo demás se esfuma, se desvanece, todo lo demás pasa, sólo Dios permanece.

MEDITANDO EL TIEMPO ANTES DEL NACIMIENTO DE CRISTO

Yo soy,  la voz que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor…

tiziano_san_juan_bautista_escorialSe oirá la voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo valle será terraplenado, todo monte y cerro, allanado, y los caminos torcidos serán enderezados y los escabrosos igualados. Y verán todos los hombres al Salvador enviado de Dios.

Compartimos con nuestros lectores esta bella meditación sobre el tiempo antes del nacimiento de Jesús y la figura de San Juan Baustista.

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JOSEF PIEPER: LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES

LA FORTALEZA

RESISTIR Y ATACAR

Fortaleza y carencia de miedo

Ser fuerte o valiente no es lo mismo que no tener miedo.

Por el contrario, la virtud de la fortaleza es cabalmente incompatible con un cierto género de ausencia de temor: la impavidez, que descansa en una estimación y valoración erróneas de lo real.

Pareja impavidez, o bien es ciega y sorda para la realidad del peligro, o bien es resultado de una perversión del amor.

Porque el temor y el amor se condicionan mutuamente: cuando nada se ama, nada se teme; y si se trastorna el orden del amor, se pervierte asimismo el orden del temor.

Sin duda, el hombre que ha perdido la voluntad de vivir cesa de sentir miedo ante la muerte.

Pero la indiferencia que nace del hastío de la vida se encuentra a fabulosa distancia de la verdadera fortaleza, en la medida en que representa una inversión del orden natural.

La virtud de la fortaleza no ignora el orden natural de las cosas, al que reconoce y guarda.

El sujeto valeroso mantiene sus ojos bien abiertos y es consciente de que el daño a que se expone es un mal.

fortaleza-4Sin falsear ni valorar con torcido criterio la realidad, deja que ésta le «sepa» tal como realmente es: por eso ni ama la muerte ni desprecia la vida.

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