ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL PADRE JUAN CARLOS CERIANI – DICIEMBRE 2016 – 2° PARTE

SANTO TOMÁS DE AQUINO

TRATADO DE LAS PASIONES

Ia– IIæ
CUESTIÓN 45

LA AUDACIA

especiales-con-p1Compartimos con nuestros Lectores los Especiales de Cristiandad con el querido Padre Juan Carlos Ceriani correspondientes al mes de Diciembre de 2016.

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Pasamos ahora a tratar de la audacia. Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:

1º. ¿Es la audacia contraria al temor?

2º. ¿Cómo se relaciona la audacia con la esperanza?

3º. De la causa de la audacia.

4º. De su efecto.

ARTÍCULO 1

La audacia es contraria al temor

Es de la esencia de los contrarios que haya entre ellos la máxima distancia.

Ahora bien, lo que más dista del temor es la audacia, pues el temor rehúye el daño futuro a causa de su victoria sobre el que teme, mientras la audacia afronta el peligro inminente por razón de su propia victoria sobre el peligro mismo.

Luego manifiestamente la audacia es contraria al temor.  Sigue leyendo

ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL PADRE JUAN CARLOS CERIANI – DICIEMBRE 2016 – 1° PARTE

SANTO TOMÁS DE AQUINO

SUMA TEOLÓGICA – IIa-IIæ

LA ESPERANZA

especiales-con-p1Compartimos con nuestros Lectores los Especiales de Cristiandad con el querido Padre Juan Carlos Ceriani correspondientes al mes de Diciembre de 2016.

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Sobre la esperanza se plantean dos problemas: la esperanza en sí misma y su sujeto.

CUESTIÓN 17

Sobre la esperanza en sí misma se formulan ocho preguntas:

1ª. ¿Es virtud la esperanza?

2ª. ¿Es su objeto la bienaventuranza eterna?

3ª. ¿Puede esperar el hombre la bienaventuranza de otro por la virtud de la esperanza?

4ª. El hombre, ¿puede esperar en el hombre?

5ª. La esperanza, ¿es virtud teologal?

6ª. Su distinción de las otras virtudes teologales.

7ª. Su ordenación a la fe.

8ª. Su ordenación a la caridad.

 

ARTÍCULO 1

La esperanza es virtud

Según Aristóteles la virtud, en todo ser, es lo que hace bueno a quien la tiene y hace buena su obra.

Es menester, por lo tanto, que, donde haya un acto bueno, ese acto corresponda a una virtud humana.

Ahora bien, en todas las cosas humanas sometidas a una regla y a una medida se valora el bien por el hecho de que la persona en cuestión se ajuste a su propia regla, como decimos que es bueno el vestido ajustado a sus propias medidas.

Ahora bien, para los actos humanos hay doble medida: una próxima y homogénea, o sea, la razón natural; y otra suprema y trascendente, que es Dios. Por eso es bueno todo acto humano que llega a la razón o a Dios mismo.

Pues bien, el acto de esperanza, de que tratamos aquí, llega a Dios porque el objeto de la misma es el bien futuro, arduo y asequible.

Por otra parte, una cosa nos es asequible de dos maneras: la primera, por nosotros mismos; la segunda, por otros.

Por lo tanto, en cuanto esperamos algo como asequible gracias a la ayuda divina, nuestra esperanza llega hasta Dios mismo, en cuya ayuda nos apoyamos.

Por eso resulta evidente que la esperanza es virtud: hace bueno el acto del hombre y se ajusta a la regla adecuada.

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PADRE LEONARDO CASTELLANI: LA ESPERANZA

SOBRE LA ESPERANZA Y SUS CONTRARIOS

Leopoldo Marechal se sirvió, en su novela Adán Buenosayres, de un imaginario “descenso a los infiernos” para hacer ver las miserias más típicas del ser argentino.

Estructura su infierno en torno a los ocho pecados capitales (que en la más antigua tradición eran justamente ocho, aunque hoy se cuentan siete). Cada círculo infernal responde a uno de los vicios.

El quinto es la pereza.

Al pretender abandonar el quinto infierno, Adán, el protagonista, se encuentra con unas apariciones que le cierran el paso. Son los “potenciales”, como los llama Marechal.

“Lector vidente, raro es el hombre que escondido en la intimidad segura de su alma, no haya inventado para sí destinos locos, aventuras imposibles, gestos desmesurados y personificaciones absurdas que, forjadas en el inviolable taller del ensueño, no se atrevería él a confesar ni bajo tortura”.

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PADRE CALMEL: LA ESPERANZA

La Esperanza Cristiana y las esperanzas humanas

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Al occidente y al oriente se han levantado falsos Cristos y falsos Profetas.

De muchos lados se nos promete el paraíso sobre la tierra. En particular, se prometen para esta tierra y para esta vida la liberación total, la destrucción de las servidumbres, tanto exteriores como interiores, la reunión armoniosa y feliz de todos los hombres, por fin regenerados y transfigurados.

En presencia de estas divagaciones fatales y con el fin de no dejarse extraviar, no es inútil recordar, lo más claramente posible, la naturaleza de la Esperanza Cristiana y su relación con las esperanzas humanas.

El objeto de la Esperanza Cristiana es propiamente sobrenatural y teológico; consiste en la vida eterna, la felicidad eterna con Dios.

El motivo de la Esperanza Cristiana es también sobrenatural y teológico: es la ayuda divina, la omnipotencia de la gracia de Jesucristo.

 

Podemos observar, a partir de la lectura de algunos textos del Nuevo Testamento que, a diferencia de los profetas antiguos, Jesús no prometió a sus fieles ni tener una familia armoniosa y próspera, ni aplastar a sus enemigos, ni la honra…

Sus promesas difieren sensiblemente del cuadro idílico de la felicidad del justo que se encuentra en los profetas, los salmos y en general en todos los pasajes del Antiguo Testamento, que nos muestran al fiel de Yahvé como alguien que encuentra, ya a partir de esta tierra, la recompensa y el éxito.

Consideremos como hablan diferentemente, en período de ocupación, los antiguos profetas y el Hijo de Dios.

Jesucristo se dirigía a judíos sometidos al Imperio romano. Ahora bien, Él no hace nada para liberarlos del yugo de los romanos. Les habló de otra cosa.

Esta otra cosa, es decir, el Reino Espiritual, sólo interesaba a un reducido número: ¿cuántos tenían la Esperanza Sobrenatural?

Jesucristo santificó el orden de las patrias terrestres, pero no vino según el orden temporal y de las patrias terrestres. Mi reino no es de este mundo.

Hay una muchedumbre de bienes muy importantes, perfectamente honestos y deseables, sobre los cuales Jesús no hizo ninguna promesa a sus discípulos.

Que se revuelvan en todos los sentido los Evangelios y las Epístolas de San Pablo, y no se llegará a encontrar ninguna promesa relativa a los bienes temporales.

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HORA SANTA DE DICIEMBRE

Para rezar en familia

Padre Mateo Crawley-Boevey

Nota: La hora Santa fue concebida por el Padre Mateo Crawley como parte de la Adoración Nocturna al Sagrado Corazón en los hogares; por tanto es aconsejable rezarla en familia asumiendo los padres y los hijos la lectura de los distintos protagonistas.

HORA SANTA 1

Las cinco peticiones del Corazón de Jesús

Ahí lo tenéis; miradlo con fe viva: ese es Jesús… En esa Hostia divina lo vio su sierva Margarita María…; desde ella oyó su voz arrobadora, sus lamentos, los sollozos de su Corazón, despedazado por los tormentos del amor y de la ingratitud humana… Ahí le tenéis; miradle: ese es Jesús, el Dios tierno, dulce y misericordioso de Paray-le-Monial. Transportémonos en espíritu a esa capillita humilde y misteriosa, y, en compañía de la predestinada Margarita María, con la frente en el polvo y con el alma henchida en fervores de cielo, adoremos a Jesucristo, que nos quiere hablar, en esta Hora Santa, de los anhelos, de las tristezas, de las victorias y de las divinas promesas de su Sagrado Corazón… ¡Ahí lo tenéis, miradlo con fe viva: ese es Jesús!

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ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL PADRE JUAN CARLOS CERIANI – NOVIEMBRE 2016 – 1° PARTE

LA FORTALEZA

especiales-con-p1Compartimos con nuestros Lectores los Especiales de Cristiandad con el querido Padre Juan Carlos Ceriani correspondientes al mes de Noviembre de 2016.

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Definición: Una virtud cardinal infundida con la gracia santificante que enardece el apetito irascible y la voluntad para que no desistan de conseguir el bien arduo o difícil ni siquiera por el máximo peligro de la vida corporal.

a) Una virtud cardinal…, puesto que vindica para sí, de manera especialísima, una de las condiciones comunes a todas las demás virtudes, que es la firmeza en el obrar.

b) Infundida con la gracia santificante…, para distinguirla de la fortaleza natural o adquirida.

c) Que enardece el apetito irascible y la voluntad… La fortaleza reside, como en su sujeto propio, en el apetito irascible, porque se ejercita sobre el temor y la audacia, que en él residen.

Propiamente, la fortaleza, en cuanto virtud, reside en el apetito irascible para superar el temor y moderar la audacia.

Claro que influye también, por redundancia, sobre la voluntad para que pueda elegir el bien arduo y difícil sin que le pongan obstáculo las pasiones.

d) Para que no desistan de conseguir el bien arduo o difícil… Como es sabido, el bien arduo constituye el objeto del apetito irascible. Ahora bien: la fortaleza tiene por objeto robustecer el apetito irascible para que no desista de conseguir ese bien difícil por grandes que sean las dificultades o peligros que se presenten.

e) Ni siquiera por el máximo peligro de la vida corporal. Por encima de todos los bienes corporales hay que buscar siempre el bien de la razón y de la virtud, que es inmensamente superior al corporal; pero como entre los peligros y temores corporales el más terrible de todos es la muerte, la fortaleza robustece principalmente contra estos temores.

Y entre los peligros de muerte se refiere principalmente a los de la guerra.

Dos actos: La fortaleza tiene dos actos: atacar y resistir.

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PADRE DE CHIVRÉ: SUSTINERE…

PACIENCIA

maxresdefault-1La hora se volvió propicia para la tentación… Las dudas, los cansancios, las tibiezas, como un enjambre de desdichas alrededor de nuestro corazón, bordonean los aires fúnebres de su desaliento: “es demasiado duro, es demasiado largo, es demasiado doloroso, es demasiado doloroso”

Es en la paciencia que es necesario poseer su alma; y los tres cuartos de los cristianos lo olvidaron; y esto explica las traiciones y las defecciones…

Sustinere, sostener,  soportar, con alegría, en la esperanza y con la sonrisa de la alegría.

La Confirmación puso en nuestra inteligencia razones de “aguantar la vida”; razones de dominarla.

El cristiano soporta con suavidad. En las condiciones más irritantes para su temperamento, continúa con su deber.

El fuerte soporta con bondad mientras Dios quiera; y esta valentía da a su alma su libertad de acción.

El fuerte no habla sino a Dios de sus miserias; ve más allá de la prueba; su mirada llega mucho más allá de sus lágrimas; nublado por los llantos, pero encendido por la fe, posee esta indefinible expresión de suavidad muda y de indomable energía: se confirma en la paciencia.

Pero muy pocos comprenden eso, muy pocos; y por eso es que muchos son llamados a espléndidas santidades, pero pocos son los elegidos.

  • Allí donde vemos de razones para cesar, el Espíritu Santo ve razones para seguir…
  • Allí donde buscamos razones para huir de nosotros mismos, el Espíritu Santo ve razones para permanecer…
  • Allí donde quisiéramos encontrar razones para ceder, el Espíritu Santo ve razones para resistir…
  • Allí donde el sufrimiento clama a la rebelión, el Espíritu de amor convoca a la aceptación…

No tengáis miedo pequeño rebaño… Sigue sosteniendo los derechos de Dios, reprime todo temor, reprime todo miedo, antes que vosotros, yo conocí eso de puños alzados en torno mío en el Calvario, escuché el “tole… tole” de las burlas, de las injurias…

Defended la Verdad, y que vuestra fuerza de alma alcance su plena medida, aceptando los golpes de la adversidad.

No desconozcáis las legítimas audacias al servicio de las legítimas defensas; las exigencias de los derechos de la Verdad reclaman de vuestra parte el valor y el coraje que arremete cuando es necesario defenderlos.

Pero, una vez cumplido este deber, no desechéis la valentía, el temple y la impavidez que soporta…