SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA

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Llevamos a nuestros lectores SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA del apreciado P. Juan Carlos Ceriani SERMÓN DEL SEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS  – NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN – 2017

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Llevamos a nuestros lectores SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA del apreciado P. Juan Carlos Ceriani SERMÓN DEL QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTES – 2017

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SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA

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Llevamos a nuestros lectores SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA del apreciado P. Juan Carlos Ceriani SERMÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – 2017

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SAN ROBERTO BELARMINO- EL ARTE DE BIEN MORIR

LIBRO I.
PRECEPTOS PARA CUANDO ESTAMOS SANOS.
CAPITULO VII.

Del séptimo precepto del arte de bien morir, que es la oración

En los capítulos pasados señalamos tres virtudes teologales, y tres morales, necesarias para aprender el arte de bien vivir y bien morir; ahora quiero poner en los siguientes otras tres virtudes no menos útiles que las pasadas, las cuales enseñó el ángel San Rafael al Santo Tobías, cuando le dijo Buena es la oración con el ayuno, y la limosna más que tesoros de oro escondidos.

Adonde le encarga la oración, el ayuno y la limosna, virtudes utilísimas, hijas legítimas de la religión, misericordia y templanza, de que hablamos en el capítulo pasado con nombre de piedad, justicia y templanza, con las cuales se hermanan de manera que no parecen diferentes. Porque así como la piedad y religión miran a Dios especialmente, de la misma manera la oración es un acto de religión con que le reconocemos y honramos; y como la justicia y misericordia miran al prójimo, de la misma manera la limosna con que le socorremos y ayudamos; y como la templanza mira a nosotros mismos, de la misma suerte el ayuno, que es acto de abstinencia y de mortificación para el cuerpo, y libertad para el espíritu. Y porque hay mucho escrito de la oración, nosotros tocaremos tres puntos solos, acomodándonos con la brevedad acostumbrada: el primero, de la necesidad de la oración, el segundo, de su utilidad, y el tercero del modo con que se ha de orar para conseguir los frutos de ella. Y cuanto a lo primero, la necesidad de la oración es tan sabida y manifiesta, que no hay cosa más notoria. Porque aunque es verdad que Dios sabe y conoce mejor que nosotros nuestras necesidades, y lo que le queremos pedir, pero gusta tanto de la oración, que no quiere darnos nada sino es por medio de ella, como lo testificó por San Mateo en el capítulo sexto, usando los fieles de la oración como de mano é instrumento para alcanzar las cosas que deseamos. Lee las sagradas Escrituras, y hallarás esta verdad estampada en todas ellas. Porque, lo primero, por San Lucas dice: Conviene orar siempre, sin cesar en ningún tiempo. Y más abajo añade: Estad siempre en vela y orando. Lo mismo dice el Apóstol San Pablo: Orad siempre sin intermisión. Sentencia que dijo también el Eclesiástico: No dejes de orar siempre, ni des lugar a cosa que te impida la oración. En lo cual, si atentamente lo miramos, nos persuade que no siempre estemos ocupados en la oración sin atender a otra cosa ninguna, ni ocuparnos en los negocios píos del servicio de Dios y bien de los prójimos; sino que sea tal nuestro afecto a la oración, que siempre que pudiéremos vaquemos a ella, usándola frecuentemente, y recurriendo a nuestro recogimiento de todas las acciones exteriores, entretejiéndolas continuamente con la oración. Así leemos que lo enseñaron y practicaron Cristo, nuestro Redentor, y sus sagrados Apóstoles, enseñándonos de palabra y obra; pues salían de la oración a las obras exteriores de piedad y religión, y
de estas tomaban a la oración, encadenando las unas con las otras, y nunca cesando de alabar a Dios con la palabra o con la obra. Conforme a esta doctrina se entiende aquello que repite tantas veces el Profeta David: Mis ojos están siempre en Dios, y sus alabanzas se oyen siempre en mi boca. Y lo que San Lucas dice de los Apóstoles: Que estaban siempre en el templo alabando y bendiciendo a Dios, no porque nunca saliesen de él a diligenciar el bien de las almas de sus prójimos, sino porque eran tan frecuentes en la oración, que parecía continuarla siempre, y que nunca cesaban, volviendo con presteza del obrar al orar, del siglo al templo, y de las obras exteriores al trato interior. Todo lo cual nos declara la necesidad que tenemos de oración, que es lo que al principio propusimos; pues la sagrada Escritura y el ejemplo de Cristo y los Santos nos lo enseñan: y como dice San Juan Clímaco, es el pan del espíritu, porque sustenta el alma, y se ha de comer con todos los manjares, acompañando la oración con todas nuestras obras, para que sean perfectas y santas en el acatamiento de Dios. 

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SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA

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Llevamos a nuestros lectores SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA del apreciado P. Juan Carlos Ceriani SERMÓN DE LA SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS – 2017

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SAN ROBERTO BELARMINO- EL ARTE DE BIEN MORIR

LIBRO I.
PRECEPTOS PARA CUANDO ESTAMOS SANOS.
CAPITULO VI.

Del sexto precepto del arte de bien morir, en el cual se ponen tres virtudes morales

Aunque, como queda dicho, las tres virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, encierren con eminencia los preceptos de toda ley para saber el arte de bien vivir, y consiguientemente de bien morir, pero la Divina Providencia del Espíritu Santo, autor de los libros sagrados, nos enseñó tres virtudes morales para aprender con mayor facilidad este arte celestial, tan importante como necesario para conseguir la vida eterna. Estas son la templanza, la justicia y la piedad, de las cuales habló el Apóstol San Pablo en la carta que escribió a su discípulo Tito, por las siguientes palabras: Apareció la gracia de Dios nuestro Salvador a todos los hombres, enseñándonos que, negando la impiedad, y los deseos seglares, vivamos en este siglo templada, justa y piadosamente, esperando la dichosa promesa, y venida gloriosa de nuestro gran Dios, nuestro Salvador Jesucristo. En las cuales palabras nos da el sagrado Apóstol el sexto precepto de bien vivir y bien morir, que es vivir templada, justa y piadosamente; con templanza, justicia y piedad. Lección que comprendió el Profeta David en dos palabras, diciendo : Apártate del mal, y obra bien. Dos cosas hay en el pecado: apartarse de Dios, y convertirse a las criaturas, según aquello de Jeremías: Dos males cometieron los de mi pueblo; dejáronme a mí, y abrieron cisternas para sí, que no pueden tener el agua. ¿Pues qué hará el que desea excusar estos dos males? Huir de la impiedad, y refrenar los apetitos desordenados de los deseos temporales; porque la impiedad nos aparta de Dios, y los malos deseos nos convierten a las criaturas. Con esto evitará el mal, y con la tercera virtud de la piedad hará bien y cumplirá toda la ley; y así, dice San Pablo, que vivamos con templanza, justicia y piedad, lo cual cumpliremos siendo templados para con nosotros, justos para con nuestros prójimos, y píos con Dios.

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Llevamos a nuestros lectores SERMONES DESDE LA INHÓSPITA TRINCHERA del apreciado P. Juan Carlos Ceriani SERMÓN DE LA DOMINICA INFRA-OCTAVA DE LA ASCENSIÓN – 2017

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