CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN

PIADOSO LECTOR Y AMIGO

Piadoso lector y amigo,

leyendo estás desengaños;

tiende la vista a tus años

y mira cómo has vivido,

no sea que estando dormido

en el lecho de la cama,

de la noche a la mañana

pases del tiempo a lo eterno,

porque no solo el enfermo

tiene la muerte cercana. Sigue leyendo

CUANDO LLEGUE EL TIEMPO AQUEL

64-Apocalypse (18, 1-10) - Babylone en ruines (Vision de Saint Jean)

 

Cuando llegue el tiempo aquel

del juicio y de la sentencia

¡ay, del hombre escandaloso!

¡ay, del de mala conciencia!

Todos los cuatro elementos

conjurados contra el hombre

perdiendo su curso y orden

se atropellarán violentos;

los mortales macilentos

ya para dejar de ser,

conocerán el poder,

del Juez que juzgarlos va.

Esto y más sucederá

Cuando llegue el tiempo aquel.

El movimiento más grande

habrá en el cielo y estrellas

y a las plantas de la tierra

las veremos sudar sangre,

con efecto inexorable

no abrirá la Omnipotencia

no cerrará la clemencia,

ya no habrá piedad ni abrigo

que nadie será eximido

Del juicio y la sentencia

¡ Ay en el fin de los tiempos

cuando la cuenta se pida,

al que ha sembrado en la vida

rayos de malos ejemplos!

se abrirán los monumentos

a la voz del Poderoso,

solo salvará al virtuoso

con felices esperanzas,

ante el Dios de las venganzas

¡ay, del hombre escandaloso!

¡Ay, Valle de Josafá!

¡Ay, fin de todos los siglos!

¡Ay, de perjurios testigos,

que juraron sin verdad!

¡Ay, del que en pecado va,

a la divina presencia!

¡Ay, del que con indolencia

bienes ajenos hurtó!

y si no restituyó

¡ay, del de mala conciencia!

 

 

Extraído del libro “El Cristianismo en los cantares populares”  de Juan Alfonso Carrizo -Pags. 29-30. Ediciones Dictio  Vol. 15 Sección letras Año 1978

P. LEONARDO CASTELLANI: LA INJUSTICIA

LA INJUSTICIA

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Hoy le saqué al viejo un artículo que escribió sobre la injusticia, aunque el título que le puso, para adaptarse al temario, fue Reflexiones sobre la justicia. Lo escribió para un certamen o juegos florales que hicieron en Brescia. Para conmemorar el centenario de la aparición de la Psicología y la Ética, de Rosmini, los hermanos del Instituto de la Caridad. Contra todo lo que presumíamos ¡sacó un accessit! Estaba tan contento de este modestísimo triunfo que se daba por satisfecho del trabajo de escribirlo en la cárcel sin libros y de haberlo traducido al italiano sin diccionario. El accessit no comportaba ni una sola lira; la honra tan sólo. Lo publicaron los hermanos en una revistucha con el pseudónimo de Aureliano Martínez Robles.

Aquí se ve lo que hubiera producido este viejo cascarudo de tener los incentivos normales que tiene, un escritor en su vida; cuando en medio del desierto de hielo en que vive es capaz de sacar de sus entrañas, como una araña flaca, tal cual parsimoniosa tela.

Reflexiones sobre la Justicia

La injusticia es el disolvente más tenaz que existe.

Una injusticia no reparada es una cosa inmortal.

Provoca naturalmente en el hombre el deseo de venganza, para restablecer el roto equilibrio; o bien la propensión a responder con otra injusticia; propensión que puede llegar hasta la perversidad, a través del afecto que hoy  llaman resentimiento.

Es, pues, exactamente, un veneno moral.

 Hay una sola manera de no sucumbir a sus efectos: ella consiste en aprovecharlos para robustecer en sí mismo la decisión de no ser jamás injusto con nadie. ¡Ni siquiera consigo mismo!

Con ayuda de los dolores que provoca en el alma la injusticia sufrida —que en los seres de gran temple moral son extremados—, hay que saber ver la fealdad y la deformidad de las propias injusticias-posibles, pasadas y futuras; y de la injusticia en sí.

El que ha sufrido una gran injusticia en sí mismo, y no ha respondido con otra, no necesita muchas consideraciones para contemplar el punto de San Ignacio de Loyola: “considerar la fealdad del pecado en sí mismo, aún dado caso que no estuviese prohibido”.  Vemos la fealdad del pecado más fácilmente cuando otro nos lo inflige, que cuando nosotros lo infligimos.

Devolver injusticia por injusticia, o golpe por golpe, no remedia nada. La venganza, que dicen es “el placer de los dioses”, es un placer solitario y estéril. La vindicta es el placer de los dioses, así como el quijotismo es su deporte. Nada más común en nuestra época que la indignación por la injusticia: es una de las características de ella. Esa indignación es natural; y nadie dirá que sea mala. Pero el remedio que se busca ordinariamente es malo, porque casi siempre implica otra injusticia.

Repartir la tierra a los campesinos: para eso hay que arrebatarla primero por la violencia —y con injusticia en muchos casos— a los boyardos. Los boyardos cometían injusticias con los mujicks; sea: los tenían reducidos a un estado de primitivismo, Ies sustraían quizá el salario justo, pecado que según el catecismo “clama al cielo”.  Pero el bolchevismo, que usó como instrumento político el estribillo “¡la tierra a quien la trabaja!” ha acabado por socializar la tierra y convertir al Estado en el Gran Boyardo, de manos más duras y corazón más pétreo que todos los otros juntos.

Pagar con una injusticia la injusticia aumenta la injusticia. El péndulo empujado de un extremo se va al otro; y comienza el movimiento interminable del mal, “el abundar de la iniquidad”, que dijo Cristo destruiría en los últimos tiempos hasta la misma convivencia.

Esta actitud de digerir la injusticia resulta a la postre la mejor venganza. En efecto ¿qué se propone el odio? El odio se propone —o buscar inconscientemente, pues hay odios inconscientes— esencialmente destruir. ¿Qué mejor venganza que ofrecerle el resultado contrario, el ensanchamiento del alma propia, la purificación y mejora de la vitalidad interna?

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