Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Domínica Infra-Octava de la Ascensión

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DOMINGO INFRA-OCTAVA DE LA ASCENSIÓN

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando viniere el Consolador, Espíritu de verdad, que procede del Padre, y que yo os enviaré de parte de mi Padre, Él dará testimonio de mí. Y también vosotros daréis testimonio, puesto que desde el principio estáis en mi compañía. Estas cosas os las he dicho para que no os escandalicéis ni os turbéis. Os echarán de las sinagogas; y aun va a venir tiempo en que quien os diere la muerte, se persuada hacer un obsequio a Dios. Y os tratarán de esta suerte, porque no conocen al Padre ni a mí. Pero yo os he advertido estas cosas, con el fin de que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os las había anunciado.

Tres cosas predice Jesús en este Evangelio:

.- La venida del Espíritu Santo.

.- El testimonio que darán el Espíritu Santo y los Apóstoles de la misión de Cristo.

.- Las persecuciones que sufrirán los Apóstoles.

Todo esto nos recuerda que hoy es el domingo de los Testigos, de los Mártires, del testimonio por el martirio…

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1º.- La venida del Espíritu Santo

Jesús había dicho a sus Apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo:

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Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Ascensión

 ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR

En aquel tiempo, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció Jesús y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y está sentado a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Acabamos de leer que el Señor Jesús fue elevado al cielo y está sentado a la diestra de Dios.

Dos cuestiones atraen, pues, particularmente nuestra atención en esta Fiesta: la Ascensión de Nuestro Señor y su Exaltación a la diestra del Padre.

Siguiendo a Santo Tomás, podemos preguntarnos primeramente si la Ascensión al Cielo le conviene a Cristo, ¿por razón de su naturaleza divina o por razón de su naturaleza humana?

Como hay aspectos diversos, el Santo Doctor nos explica que Nuestro Señor, según el aspecto que se considere, subió al Cielo, sea sólo en cuanto hombre, sea sólo en cuanto Dios.

Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Domínica 5ª de Pascua

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QUINTO DOMINGO DE PASCUA

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo, que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo concederá. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os anunciaré las cosas del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque me amáis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Otra vez dejo el mundo y voy al Padre. Le dicen sus discípulos: “Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios”.

La razón de proponer la Santa Iglesia a nuestra consideración este Evangelio en vísperas de la Ascensión del Señor, está en aquellas palabras que tan hermosamente la anuncian: Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo, y vuelvo al Padre.

Sin embargo, la mayor parte del Evangelio que hoy leemos es una serie de promesas vinculadas a la oración.

Para provecho para nuestro espíritu debemos considerar ambos asuntos.

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En primer lugar, compara el Señor y contrapone su vuelta al Padre a la primera venida.

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Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Domínica 4ª de Pascua

 CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Ahora me voy a Aquél que me envió; y ninguno me pregunta: ¿A dónde vas? Porque os he dicho estas cosas, vuestro corazón se ha llenado de tristeza. Mas yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si yo no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; mas si yo me voy, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo en orden al pecado, en orden a la justicia y en orden al juicio. En orden al pecado por cuanto no han creído en mí; respecto a la justicia, porque yo me voy al Padre, y ya no me veréis; y tocante al juicio porque el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo otras cosas que deciros; mas por ahora no podéis comprenderlas. Cuando, empero, venga el Espíritu de verdad, Él os enseñará toda verdad; pues no hablará de suyo, sino que dirá todas las cosas que habrá oído, y os prenunciará las venideras. Él me glorificará; porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará.

Jesús dice a sus apóstoles: Ahora me voy a Aquél que me envió y ninguno me pregunta: ¿A dónde vas?

Esta frase de Nuestro Señor hace referencia a dos temas fundamentales: nuestros destinos eternos y el olvido o indiferencia de los hombres respecto de ellos.

Como el hombre pagano, muchos cristianos han puesto su corazón en la tierra, en lo creado, en lo humano; se han encerrado dentro de sí mismo, dentro de los estrechos horizontes de esta frágil vida humana.

Todo lo averigua el hombre, todo lo estudia, todo lo inquiere, penetra en los secretos de la naturaleza; sólo se olvida de sus destinos eternos.

Se ha olvidado de su fin, ninguno se pregunta a dónde va.

Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Domínica 3ª de Pascua

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TERCER DOMINGO DE PASCUA

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Dentro de poco ya no me veréis; mas poco después me volveréis a ver, porque me voy al Padre. Al oír esto, algunos de los discípulos, se decían unos a otros: ¿Qué nos querrá decir con ésto: Dentro de poco no me veréis; mas poco después me volveréis a ver, porque voy al Padre? Decían pues: ¿qué poco de tiempo es este de que habla? No entendemos lo que quiere decirnos. Conoció Jesús que deseaban preguntarle, y les dijo: Vosotros estáis tratando y preguntándoos unos a otros, por qué os he dicho: Dentro de poco ya no me veréis; mas poco después me volveréis a ver. En verdad, en verdad os digo, que vosotros lloraréis y plañiréis, mientras el mundo se regocijará; os contristaréis, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, en los dolores del parto, está poseída de tristeza porque le vino su hora; mas una vez que ha dado a luz al infante, ya no se acuerda de su angustia, por el gozo que tiene de haber dado un hombre al mundo. Así vosotros al presente, a la verdad, padecéis tristeza; pero yo volveré a visitaros, y vuestro corazón se bañará en gozo, y nadie os quitará vuestro gozo.

Próximo a separarse de sus discípulos, el Maestro quiere dejarlos consolados. Bien sabe Él que su ausencia les ha de ser muy dolorosa; mas por eso mismo les propone, unos sobre otros, los más poderosos motivos de consuelo.

Una de estas razones es que la ausencia no será larga, y, que tras ella le volverán a ver, para no separarse ya más de su amable compañía.

Este motivo, para que les quede más grabado en la inteligencia y en el corazón, se lo anuncia con una especie de enigma: Un poquito, y ya no me veréis; y luego otro poquito, y me veréis.

Al principio los discípulos no entienden el acertijo; pero les despierta vivamente la curiosidad. Ésto quería el Maestro; y así se lo declara amablemente.

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Sí; no cabe ninguna duda…

“¡HA BLASFEMADO! ¿QUÉ NECESIDAD TENEMOS YA DE TESTIGOS? AHORA MISMO, VOSOTROS HABÉIS OÍDO LA BLASFEMIA”

(Mateo, XXVII, 65)

La frase del título, que pronunció Caifás cuando Nuestro Señor declaró su Divinidad, refiere a la pena establecida en Levítico XXIV, 16: “Quien blasfemare el Nombre de Yahvé muera irremisiblemente; toda la Congregación le apedreará. El extranjero y el indígena cuando blasfemare el Nombre morirá.” Monseñor Straubinger, comentando este pasaje, nos dice:

¡Cuán enorme delito sea la blasfemia se ve por el hecho de que Dios la hace castigar con la pena de muerte! Y sin embargo, tan arraigado se halla este mal entre los pueblos modernos que hoy se blasfema por costumbre, casi como por diversión.

Y es así; de esto acusaron al Mesías, y por eso el versículo siguiente de San Mateo, continúa con la pregunta de Caifás: “¿Qué os parece?” Contestaron diciendo: “Merece la muerte.

¿Qué es una blasfemia? Una injuria, ofensa o irreverencia a Dios; el vocablo proviene de las palabras griegas βλάπτειν (daño) y φήμη (fama).

En materia teológica la blasfemia no se limita a esos agravios a Dios, sino que se extiende a las injurias a lo sagrado y a los santos; y entre estos, en particular, a los ataques a María Santísima.

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Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Domínica 2ª de Pascua

 SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

Domingo del Buen Pastor

El Evangelio de este Segundo Domingo después de Pascua está tomado del capítulo décimo de San Juan, versículos 11 al 16 destacados en azul, pero es muy provechoso leer el contexto:

En verdad, en verdad os digo, que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por otra parte, aquél es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas. A éste abre el portero. Y las ovejas oyen su voz, y a las ovejas propias llama por su nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no le siguen, huyen de él; porque no conocen la voz de los extraños. Esta parábola les dijo Jesús. Mas ellos no entendieron lo que les decía. Y Jesús les dijo otra vez: En verdad, en verdad os digo, que yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos vinieron, ladrones son y salteadores, y no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta. Quien por Mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar, y para matar, y para destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan con más abundancia. Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, del que no son propias las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye; y el lobo arrebata y dispersa las ovejas. Y el asalariado huye, porque es asalariado, y porque no tiene parte en las ovejas. Yo soy el Buen Pastor: y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, como el Padre me conoce, así conozco yo al Padre, y doy mi vida por mis ovejas. Tengo también otras ovejas, que no son de este aprisco; es necesario que yo las traiga, y oirán mi voz, y será hecho un solo rebaño y un solo pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; mas yo la doy de mi propia voluntad; poder tengo para darla; y poder tengo para volverla a tomar.

Las parábolas y alegorías de Jesús constituyen un género literario de una belleza insuperable. Son, por otra parte, de tan subidos quilates estéticos, que es imposible aspirar a más alto grado de sano realismo y, juntamente, de vigorosa figuración.

Pero lo más maravilloso es que esta bellísima forma literaria no es sino la corteza o la expresión sensible de las altísimas enseñanzas en ella encarnadas.

Ahora bien, estos elementos difícilmente se hallarán juntos en tan alto grado como en la alegoría del Buen Pastor, que hoy la Iglesia propone a nuestra consideración.