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Archivo del Autor: Fabian Vazquez

JOSÉ LUIS URIBE FRITZ: NOSTALGIA DE LA SANTA INQUISICIÓN – 2º PARTE

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Cada vez que emitimos un juicio sobre un asunto cualquiera, lo hacemos con plena certidumbre de que hemos llegado a descubrir la verdad sobre el tema que nos preocupa y de esta forma añadimos con toda seguridad, un nuevo conocimiento a nuestro acervo cultural. Pero al mismo tiempo, debemos asumir la responsabilidad que esa verdad trae aparejada: ser capaces de transmitir ese mismo convencimiento. De no poder hacerlo, algo en nuestro proceso de intelección falló.

Este es un argumento que esgrimo una y otra vez contra personas de izquierda, herejes y librepensadores de toda ralea y pelaje, cuando muy hinchados de su sabiduría libertaria, laica, emancipada, “tolerante”, progresista, moderna y “original”; me restriegan en la cara un antecedente que debería echar por tierra alguna de mis creencias cristianas o relegarlas al mundo de los mitos. “acepto señor –les digo- que frente a su afirmación yo estoy equivocado, pero antes de aceptar que su juicio sobre el tema en cuestión es el verdadero; permítame que yo llegue a formarme el mismo convencimiento y demuéstreme como llegó usted a él. Exhiba las pruebas y desarrolle el argumento que le permitió a usted elaborar su juicio y llegar a conocer y entender la verdad sobre este asunto, para así poder yo comprender mi error y llegar a la misma convicción suya”. Silencio… mirada perpleja… silencio. La ostentación de sabiduría se transforma en un silencio incómodo. “Si usted no es capaz de argüir su juicio, porque no lo está haciendo; permítame decirle que lo que sí está haciendo, es simplemente reproducir categorías ideológicas prefabricadas que usted no ha elaborado y evidentemente, mucho menos… pensado”. Nuevo silencio…

Cada vez que me enfrento a una situación como la descrita, viene a mi memoria Aristóteles: “nadie puede establecer los alcances de una materia en discusión, si primero no ha dilucidado la naturaleza de la materia en discusión”. Rigor y honestidad intelectual… nada más y nada menos. Pero estos requisitos del ecuánime pensar, no los vamos a encontrar jamás formando parte de las molleras difamatorias de los que comenzaron las calumnias contra la obra civilizadora de la Iglesia y ni que decir de los que las reproducen. Muchos de estos últimos hacen gala de una indigencia mental… que me obliga a cuestionar el hecho de que si en realidad… son capaces del insondable misterio de pensar propio del ser humano. Algunos me han ladrado a la cara la cifra de 20.000.000 millones de víctimas de la Inquisición y lo peor… ¡es que se dicen católicos! Por eso; como señalamos en la primera parte; no nos vamos a preocupar de acusar recibo de las miles de infamias que se tejen en torno a la obra de la Iglesia en general y de la Santa Inquisición en particular. No vamos a entrar en el fango de los infames para elaborar una defensa en regla, simplemente vamos a razonar de manera aristotélica y de esta forma, bástenos adentrarnos en el origen y naturaleza de la Inquisición para que surjan por sí mismos los maravillosos alcances de su obra y el diablo arranque con la cola entre las piernas.

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Publicado por en Domingo 22 febrero 2015 en José Luis Uribe Fritz, Santa Inquisición

 

DEVOCIONES: LOS SIETE DOMINGOS AL SEÑOR SAN JOSÉ – CUARTO DOMINGO

LOS SIETE DOMINGOS AL SEÑOR SAN JOSÉ

Para preparar su gran fiesta del 19 de marzo

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Esta maravillosa tradición, cuyo origen se remonta al siglo XVI, consiste en dedicar los siete domingos anteriores a la fiesta de San José a acudir con especial detenimiento al Esposo de María Virgen, para expresarle cariño y pedirle mercedes.

Indulgencias

El Sumo Pontífice Gregorio XVI en 22 de enero de 1836 concedió á todos los fieles que, á lo menos con corazón contrito, recen devotamente las oraciones de los Gozos y Dolores en siete domingos continuos, las siguientes Indulgencias: 300 días en cada uno de los seis primeros domingos; plenaria en el séptimo confesando y comulgando.

Su Santidad Pío IX, en 1 de febrero de 1847, se dignó conceder una indulgencia plenaria para cada uno de los siete domingos de San José, si se observan las condiciones de confesión, comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y de la santa Iglesia.

Se pueden rezar también en cualquier época del año; pero se exige que sean siete domingos seguidos, sin interrupción, y que en cada domingo se recen todos los Dolores y Gozos de San José; y quien no sabe leer rece siete veces el Padrenuestro, Avemaria y Gloria. Se recomienda a la piedad de los fíeles que en cada domingo lean una de las meditaciones que van a continuación.

Las indulgencias son aplicables por las benditas almas del purgatorio, con las condiciones acostumbradas.

Cuarto domingo.

El dolor: La profecía de Simeón, al predecir los sufrimientos de Jesús y María.

El gozo: La predicción de la salvación y gloriosa resurrección de innumerables almas.

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Publicado por en Domingo 22 febrero 2015 en Devociones, Los 7 domingos a San José

 

P. BASILIO MÉRAMO: SERMÓN DE LA DOMÍNICA PRIMERA DE CUARESMA – AUDIO ORIGINAL 22-FEB-2015

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Compartimos con nuestros lectores el Sermón del Domingo Primero de Cuaresma – 2015 – del querido P. Basilio Méramo.

Para escuchar:

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Publicado por en Domingo 22 febrero 2015 en Liturgia, Misa Tridentina, P. Basilio Méramo, Sermones

 

P. JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN DEL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Sermones-CerianiPRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, para que fuese tentado por el diablo; y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre.
Y acercándose el tentador le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Quien respondiendo dijo: Está escrito, no de sólo pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, y lo colocó en lo más alto del templo, diciéndole: Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde lo alto: está escrito, que mandará los ángeles en tu defensa, y te llevarán en sus manos para que la piedra no ofenda tu pie. Jesús le contesta: También está escrito que no tentarás al Señor tu Dios.
Otra vez el demonio lo llevó a la cumbre de un monte elevado, y le manifestó todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: Todas estas cosas te daré, si postrándote me adoras. Entonces le dijo Jesús: Retírate, Satanás, está escrito, adorarás al Señor tu Dios, y sólo a Él servirás. Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles se aproximaron le servían.

El Evangelio de este día contiene la historia de la Cuaresma de Jesucristo en el desierto, como que ella es el origen de la nuestra, y debe ser el modelo. Para honrar e imitar, en algún modo, esta penitencia del Salvador, se ha instituido en la Iglesia la Cuaresma.

Nos acercamos al acontecimiento más sublime e importante de la vida del divino Redentor; hecho en que Dios reunió los valores más sublimes, y Jesucristo reveló las profundidades de su mundo interior.

Opus Christi passio ejus —la gran obra de Cristo es su Pasión—. Sabemos que esta obra no dejó descansar nunca al divino Redentor, flotaba siempre ante sus ojos; su Corazón se sentía como en deuda hasta dar fin a la obra encomendada por el Padre.

Toda la Santa Liturgia nos educa para la comprensión de esta obra sublime. La Cuaresma misma no es otra cosa que el preludio de la Semana Santa.

La Santa Madre Iglesia va introduciéndonos en la gran obra y quiere llenarnos de sentimientos, quiere afinar nuestra alma para que seamos capaces de penetrar en el alma paciente de Jesucristo.

+++

El Primer Domingo de Cuaresma nos muestra la primera escena propiamente dicha de la actividad pública de Cristo. Apenas empieza su misión, y ya aparece la sombra…, ¡la sombra del alma!…; ahí está ya el tentador; quiere frustrar los augustos principios que le llenan de pánico.

El Evangelio de hoy reseña las tres tentaciones del Señor en el desierto.

Al cabo de ese ayuno tan largo, Jesús tuvo hambre. Ese momento fue como la señal del permiso que el Salvador dio al demonio para que viniese a tentarle, para saber si Él es el Mesías; porque dudaba de ello, y quería tener pruebas más ciertas.

El demonio no conoció perfectamente que Jesucristo es Dios hasta después de su Resurrección.

Cristo está ayunando, y acude el tentador y le dice: ¿para qué haces esto, para qué sirve la oración? ¿Por qué vas consumiéndote? Come y bebe, goza del mundo; todo se acaba…; muéstrate, conquista el mundo…, ese mundo que yo puedo ofrecerte…

Por sus respuestas, sin negar que es el Hijo de Dios, Jesucristo prueba muy bien que es hombre, y deja al tentador tan incierto de su divinidad como estaba antes.

En definitiva, el hombre ha de escoger entre dos poderes: entre Dios y el demonio, que se personifica en el mundo y utiliza el desorden de nuestra carne.

El hombre ha de respetar y amar algo sobre todas las cosas; y, según cómo se decida, orientará su camino: seguirá a uno de esos poderes, mas el otro no le dejará descansar, le instigará siempre.

Al cabo de la tercera derrota, el demonio desapareció lleno de confusión, y tan poco instruido acerca de lo que deseaba saber, como antes de la tentación. Así es que no cesó de perseguir al Salvador hasta que precipitó a los judíos a que le quitasen la vida.

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Publicado por en Sábado 21 febrero 2015 en Liturgia, Misa Tridentina, P. Juan Carlos Ceriani, Sermones

 

Padre Mateo Crawley-Boevey – HORA SANTA DE MIÉRCOLES DE CENIZAS

HORA SANTA DE MIÉRCOLES DE CENIZAS

Padre Mateo Crawley-Boevey

hora santa

 

Señor y Amigo, Jesús adorable: he aquí a tus hermanos, que te buscan…; tus íntimos llaman esta tarde, con insistencia, a las puertas del Sagrario, deseosos de hablarte sin testigos, lejos de la muchedumbre… Quieren conversar contigo a solas…; tienen más de una confidencia que hacerte…

Te ruegan, pues, que les permitas hablar contigo, con la dulce intimidad de Juan, con el abandono y la confianza de Lázaro, de Marta y de María, con la sinceridad de Nicodemo…

Ábrenos, Jesús, ábrenos de par en par las puertas del cielo de tu Corazón…

Ábrenos…, pues, bien sabes, Jesús, que es la sed ardiente de amarte y de hacerte amar, que nos arrastra irresistible, hasta tus plantas… Y Tú que lo sabes todo, sabes ya, que no venimos a pedirte que nos hagas disfrutar de los resplandores ni de las delicias del Tabor… No venimos a pedirte que te presentes a nosotros como a los tres apóstoles predestinados en la Transfiguración de una majestad de gloria, ¡oh, no!… Otra ambición nos trae y es el que nos reveles, en esta Hora Santa, las bellezas de inmolación y de agonía, las profundidades del dolor de tu Corazón adorable en el patíbulo de la Cruz y en el calabozo en que moras, ¡oh Dios Sacramentado!… Ansiamos, Jesús amado, penetrar en los secretos de tu amor doliente y crucificado… Lo anhelamos tus amigos, pues queremos abrasarnos en las llamas de una caridad más fuerte que la muerte…

Ábrenos, Jesús, ábrenos la herida del Costado… Mira que somos los hijos de María; somos, pues, tus hermanos pequeñitos, los colmados de tus gracias. ¡Deseamos tanto desahogarnos contigo, hablándote en el idioma que Tú mismo enseñaste a tus amigos íntimos, cuando los llamaste a grandes voces, desde Belén y el Calvario, y, siglos más tarde, desde el altar de Paray-le-Monial!…

No tardes en abrirnos, Jesús, no nos dejes por más tiempo en los dinteles del Sagrario de tu dulce Corazón… Mira que se hace tarde y que anochece… Mira cómo las creaturas se afanan por disiparnos…, y con qué empeño los dolores pretenden abatirnos…, y el infierno turbar nuestra paz y arrebatarnos de tus brazos.

Acuérdate, Jesús adorable, que Tú mismo nos invitaste a esta Hora Santa, cuando la pediste a Margarita María… Recuerda, ¡oh Rey de amor!, que, según tus propios designios, es ésta la hora de Gracia por excelencia, ya que en ella ofreciste confiar tus secretos, en retorno de las confidencias de tus consoladores y amigos…; confidencias recíprocas que labrarán la eterna intimidad entre tu Corazón y los nuestros…

De rodillas, pues, Señor, y sobrecogidos, no de temor, sino de felicidad y de amor, te adoramos, con los Pastores y los Reyes…

¡Oh!, mejor aún que ellos, te adoramos en unión con la Reina Inmaculada y en su Corazón de Virgen-Madre… Y para suplir nuestra indigencia, nos acercamos al Sagrario, con los divinos ardores de Magdalena, el día venturoso en que la perdonaste…, con la fe de tus discípulos en el día de tu Ascensión gloriosa, y con la caridad de tus apóstoles en la hora de Pentecostés… Con todos ellos te adoramos, la frente en el polvo, ¡oh Rey Hermano, oh Salvador-Amigo, oh Dios de misericordia!, en el Santo de los Santos del solitario Tabernáculo…

Y ya que nuestros labios apenas saben balbucir una plegaria, y puesto que nuestros corazones pobrecitos son tan incapaces de amar de veras y de expresar su amor, encargamos con filial confianza a la Reina del Amor Hermoso que Ella te hable por nosotros, sus hijos y tus amigos…

Pero conociendo tu infinita bondad y tu condescendencia, te rogamos, Jesús, con inmensa confianza y con profunda humildad, que hables sobre todo Tú en esta Hora Santa… Mucho más que a hablarte nosotros, venimos a escucharte. ¡Sabiduría increada!… Jesús, Verbo Divino, Palabra eterna del Padre, vibra, resuena una vez más en esta tierra de tinieblas… habla, pronunciando aquellas palabras arrobadoras, que embriagan en la eternidad de eternidades a tus Santos… Habla, Jesús, confiándonos aquellas palabras de vida que conservó en su Corazón la Virgen-Madre y que recogieron tus apóstoles para la redención del mundo…

Sí, háblanos, Maestro, ya que sólo Tú tienes palabras de vida eterna… Jesús, Amor de amores, habla a los amigos que te escuchan de rodillas anhelantes, conmovidos…

(Y ahora escuchémoslo con un gran recogimiento… Oigámoslo como si lo viéramos con nuestros propios ojos, ahí en esta Hostia Divina… Presentémosle el homenaje de una adoración ferviente, en un acto de fe ardorosa en su Presencia real, y al adorarlo así, ofrezcámosle, sobre todo, un homenaje del corazón, es decir, todo nuestro amor, en espíritu de solemne reparación).

(Pausa)

Breve consideración. Ya que no nos es dado suprimir en la tierra la raza de los traidores y de los verdugos, propongámonos el multiplicar, al menos, la raza bendita de los amigos fieles del Señor crucificado, la falange esforzada de aquéllos que, afrontando todos los peligros y todos los oprobios, le seguirán hasta el Calvario…

¡Cuán pocas veces meditamos la misteriosa y cruel angustia de Getsemaní, agonía más cruel por cierto que la de la Cruz… Ved por qué al lado del patíbulo, tinto en sangre, de pie, está María, la Madre del Señor ajusticiado. ¡Madre incomparable y única!… Y cerca de ella, la invencible, la fidelísima Magdalena, bañada en llanto…

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Publicado por en Martes 17 febrero 2015 en Horas Santas, P. Mateo Crawley-Boevey

 

P. JUAN CARLOS CERIANI: SERMÓN DEL MIÉRCOLES DE CENIZA

ash-wednesdayMIÉRCOLES DE CENIZA

Empezamos hoy el santo tiempo de Cuaresma; este tiempo de combates y de victorias por medio de las armas del ayuno y de la penitencia.

Debemos comenzar esta cuarentena con ánimo, con confianza, con fervor, con espíritu de religión.

El ayuno de cuarenta días establecido por la Iglesia está testimoniado y justificado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

En el Antiguo Testamento, puesto que Moisés y Elías han ayunado un número igual de días seguidos. En el Nuevo Testamento, puesto que el Evangelio nos hace saber que Jesucristo ayunó otro tanto tiempo.

Aunque el ayuno sea de precepto divino, el establecimiento de la Cuaresma, esto es, la forma del ayuno, la manera de ayunar cuarenta días antes de Pascua, es de institución apostólica.

El ejemplo del Salvador del mundo fijó el número de días; y el tiempo inmediatamente anterior a la Pascua pareció el más apropiado para que sirviese de preparación a esta gran fiesta.

En efecto, dice San Agustín, no podría elegirse en todo el año un tiempo más conveniente para el ayuno que el que termina en la Pasión de Jesucristo; y este es puntualmente el que el Espíritu Santo ha fijado en la Iglesia.

Como las seis semanas de Cuaresma, sin contar los domingos, no comprenden más que treinta y seis días de ayuno, la Iglesia ha añadido a ellas los cuatro días precedentes, y ha fijado el principio de esta santa cuarentena el Miércoles de Ceniza.

Es bien sabido que se llama así este primer día del ayuno de Cuaresma, a causa de la santa ceremonia de imponer la ceniza bendita sobre la cabeza de los fieles.

No sólo en la Nueva Ley, sino también en el Antiguo Testamento, han sido las cenizas el símbolo de la penitencia, y la señal sensible del dolor y de la aflicción.

Los antiguos códices describen el modo con que se imponía la ceniza a los grandes pecadores, y la ceremonia del día de ceniza.

Todos los penitentes se presentaban a la puerta de la iglesia, cubiertos con un saco, los pies desnudos, y con todas las señales de un corazón contrito y humillado.

El obispo penitenciario les imponía una penitencia proporcionada a sus pecados. Después, habiendo recitado los salmos penitenciales, se les imponían las manos, se los rociaba con agua bendita, y se cubría su cabeza con ceniza.

Esta era la ceremonia del día de ceniza para los pecadores públicos, cuyos enormes pecados habían causado escándalo.

Pero como todos los hombres somos pecadores, todos debemos ser penitentes. Esto es lo que movió a los fieles, hasta a los más inocentes, a dar en este día una señal pública de penitencia, recibiendo la ceniza sobre su cabeza.

Ninguno de los fieles se exceptúa; los príncipes como sus vasallos, los sacerdotes y aun los obispos, así como los simples fieles, dieron desde los primeros tiempos este público ejemplo tan edificante de penitencia.

Y lo que había sido en un principio peculiar sólo de los penitentes públicos, se hizo común a todos los hijos de la Iglesia, por la persuasión, conforme a la palabra de Jesucristo, de que no hay nadie, por inocente que se crea, que no tenga necesidad de hacer penitencia.

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Publicado por en Martes 17 febrero 2015 en Liturgia, Misa Tridentina, P. Juan Carlos Ceriani, Sermones

 

DEVOCIONES: LOS SIETE DOMINGOS AL SEÑOR SAN JOSÉ – TERCER DOMINGO

LOS SIETE DOMINGOS AL SEÑOR SAN JOSÉ

Para preparar su gran fiesta del 19 de marzo

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Esta maravillosa tradición, cuyo origen se remonta al siglo XVI, consiste en dedicar los siete domingos anteriores a la fiesta de San José a acudir con especial detenimiento al Esposo de María Virgen, para expresarle cariño y pedirle mercedes.

Indulgencias

El Sumo Pontífice Gregorio XVI en 22 de enero de 1836 concedió á todos los fieles que, á lo menos con corazón contrito, recen devotamente las oraciones de los Gozos y Dolores en siete domingos continuos, las siguientes Indulgencias: 300 días en cada uno de los seis primeros domingos; plenaria en el séptimo confesando y comulgando.

Su Santidad Pío IX, en 1 de febrero de 1847, se dignó conceder una indulgencia plenaria para cada uno de los siete domingos de San José, si se observan las condiciones de confesión, comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y de la santa Iglesia.

Se pueden rezar también en cualquier época del año; pero se exige que sean siete domingos seguidos, sin interrupción, y que en cada domingo se recen todos los Dolores y Gozos de San José; y quien no sabe leer rece siete veces el Padrenuestro, Avemaria y Gloria. Se recomienda a la piedad de los fíeles que en cada domingo lean una de las meditaciones que van a continuación.

Las indulgencias son aplicables por las benditas almas del purgatorio, con las condiciones acostumbradas.

Tercer domingo.

El dolor: Ver la sangre del Niño Salvado derramada en su circuncisión.

El gozo: Imponerle el nombre de Jesús..

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Publicado por en Domingo 15 febrero 2015 en Devociones, Los 7 domingos a San José

 
 
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