50 AÑOS DEL NOVUS ORDO MISSÆ

Conservando los restos

LA SUPRESIÓN DEL SANTO SACRIFICIO

Estamos a cincuenta años del Novus Ordo Missæ… Estamos a cincuenta años de la segunda reforma protestante… Con esa reforma no católica comienza la operación de supresión del santo sacrificio…

Luego de haber estudiado la historia de la Santa Misa desde San Pedro hasta San Pío V, y de haber analizado las diversas partes de la Santa Misa del Rito Romano y sus correspondientes oraciones, comenzamos hoy a considerar los antecedentes de la misa nueva.

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HISTORIA DE LA MISA TRADICIONAL

ANTECEDENTES DE LA NUEVA MISA

DE SAN PÍO X A PABLO VI

LA DESVIACIÓN DEL MOVIMIENTO LITÚRGICO

El Movimiento Litúrgico, lanzado por Dom Guéranger y alentado por San Pío X, debía dar aún grandes frutos a la Iglesia.

Sin embargo, en 1947, Pío XII lo acusó de llevar “ramas enfermas”, y algunos de sus responsables defendían las teorías radicalmente opuestas a las tesis de Dom Guéranger.

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La historia subsecuente del Movimiento Litúrgico es, pues, la de una desviación…

Y, si se analizan bien esos anales, se puede comprobar que ese descarrío es la preparación de la nueva misa.

Los católicos no estaban a la altura de la Liturgia. Esta observación es el fundamento del vasto esfuerzo de fines del siglo XIX para guiar a los fieles hacia el culto divino y hacerles descubrir las riquezas de la Liturgia.

Dom Guéranger inicia el movimiento, San Pío X lo estimula:

“Siendo, en verdad, nuestro vivísimo deseo que el verdadero espíritu cristiano vuelva a florecer en todo y que en todos los fieles se mantenga, lo primero es proveer a la santidad y dignidad del templo, donde los fieles se juntan precisamente para adquirir ese espíritu en su primer e insustituible manantial, que es la participación activa en los sacrosantos misterios y en la pública y solemne oración de la Iglesia”. (Motu proprio Tra le sollecitudini, 22 de noviembre de 1903).

Aparecen tres focos principales de este movimiento:

Francia, en primer lugar, gracias a Solesmes y sus fundaciones. Los benedictinos hacen mucho para difundir el espíritu litúrgico. Se destacan Dom Mocquereau, Dom Gréa y Dom Besse.

Pero la expulsión de los religiosos bajo la 3ª República, en 1903, desplaza el centro de gravedad del Movimiento Litúrgico hacia Bélgica.

Alemania conoció el espíritu de Dom Guéranger gracias a la abadía de Beuron y sus muchas fundaciones (cuyos fundadores pasaron por Solesmes).

La reflexión litúrgica se desarrolla alrededor del monasterio de Maria-Laach (Dom Herwegen y Dom Casel), de la abadía de los Agustinos de Klosterneuburg (en Austria, con Dom Pius Parsch) y de Romano Guardini.

Bélgica heredó el legado de Dom Guéranger en la fundación de Maredsous (1872) por los monjes de Beuron.

En el período de entreguerras, los grandes nombres de la renovación litúrgica son belgas: Dom Festugière, Dom Gaspar Lefebvre, Dom Marmion, Dom Vandeur, Dom Lambert Beauduin, quien ejerció una influencia considerable, como veremos a continuación.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Francia recuperó su lugar en el Movimiento Litúrgico con el C.P.L. (Centro de Pastoral Litúrgico), fundado por los dominicos.

La influencia de los movimientos litúrgicos alemán y belga (con Dom Beauduin a la cabeza) fue muy marcada.

Las raíces de la actual desolación y destrucción de la liturgia se han de buscar en la desviación doctrinal del este Movimiento litúrgico.

Los fautores de la reforma litúrgica, y especialmente del Novus Ordo Missæ, pretenden ser los continuadores de la obra de Dom Guéranger y San Pío X. En realidad, apoderados de este movimiento, le dan un sentido totalmente contrario al que le habían dado sus fundadores. Lo revierten, lo hacen un “movimiento antilitúrgico”, un verdadero Caballo de Troya en la Iglesia.

Consideraremos, a grandes rasgos, la desviación operada en el seno del movimiento litúrgico, es decir, el nacimiento y desarrollo del “movimiento antilitúrgico”; y descubriremos que el objetivo principal de sus fautores era destruir la Santa Misa y reemplazarla por la nueva misa, penetrada de ambigüedad y favorecedora de la herejía.

Este estudio nos permitirá ver las ideas-madre de la reforma, que preanuncian los errores y desviaciones del Novus Ordo, la concreción más importante de dicha reforma.

Entremos en los detalles.

I -DE 1914 A 1939: LA CONTAMINACIÓN

a) El movimiento belga y Dom Lambert Beauduin (1873-1960)

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Dom Lambert Beauduin fue condenado por Pío XI en la encíclica Mortalium ánimos.

Sus ideas ecuménicas triunfarán en el Vaticano II y en la nueva liturgia

Después de la contienda de 1914-1918, el movimiento litúrgico belga recolectó los frutos de los precursores anteriores a la guerra: una falange de sacerdotes piadosos y celosos trató de asociar a los fieles a la oración de la Iglesia.

Señalemos algunos datos:

La amplia difusión de los misales latino-franceses (el de Dom Gaspar Lefebvre (1880-1966) tuvo un éxito inmenso).

La inquietud por una espiritualidad más litúrgica (la piedad personal más asentada sobre el ciclo litúrgico).

La reaparición del canto gregoriano en las parroquias;

La multiplicación de misas “alternantes”, donde la multitud canta el Ordinario (Kyrie, Gloria, Credo, etc.) alternando con el coro.

La aparición de las misas rezadas dialogadas, en las que fieles responden a las oraciones del sacerdote (y ya no sólo el acólito); y luego, incluso, la costumbre de recitar con el sacerdote las partes cantadas por la multitud en las misas cantadas (Gloria, Credo, etc.).

El fomento de la comunión frecuente de los fieles durante la Misa.

Todas estas iniciativas, unidas a un esfuerzo constante de enseñanza y edificación, contribuyeron efectivamente al desarrollo del sentido litúrgico de los fieles.

En 1920, Dom Gaspar Lefebvre definió así el apostolado litúrgico: “Restaurar en Cristo la sociedad cristiana haciéndola 1° Glorificar a Dios por el ejercicio, digno y consciente, del culto oficial que se le debe; 2° Santificarse a sí mismo mediante la participación activa en la liturgia, que es, según Pío X, la fuente principal e indispensable del verdadero espíritu cristiano”.

Esta definición pone las cosas en su lugar: la liturgia es ante todo el culto de Dios. También tiene un papel de educación e instrucción del pueblo cristiano, papel importante al que todos los siglos ha rendido homenaje, pero que siempre debe permanecer subordinado al objeto principal.

De hecho, uno de los grandes pioneros del movimiento litúrgico belga, Dom Lambert Beauduin (1873-1960), tiende a invertir ambos fines de la liturgia.

Su ecumenismo lo llevó, al final de su vida, a posiciones más bien heterodoxas. Muy cauteloso en sus escritos, era mucho más subversivo en privado; y alentaba a los jóvenes predicadores liberales a no abandonar la Iglesia, sino a trabajar en el interior. Fue uno de los grandes pioneros de Vaticano II, tanto en la liturgia, el ecumenismo y la colegialidad, como en la confusión entre los órdenes natural y sobrenatural: “la vida divina, tocando la naturaleza humana en uno de sus puntos, que es la naturaleza singular de Cristo, toda la especie y todo el universo, cada uno según su propia naturaleza, tiene su parte de este contagio divino. Además, el hecho de la encarnación confiere ya una consagración a nuestra especie”, enseñaba en 1919.

A la edad de 33 años entra en los benedictinos de Mont-César; después de toda una vida centrada en el apostolado activo en el mundo, estaba particularmente interesado en la liturgia, en su aspecto formador y educativo.

Dom Froger, de Solesmes, explica: “La acción de Dom Lambert Beauduin no sólo dio un nuevo impulso al movimiento que suscitó Dom Guéranger, sino que también llevó a la liturgia a una nueva luz. La opinión de Dom Beauduin ya no se parece mucho a la de Dom Guéranger, la de la oración contemplativa, a un lirismo desinteresado que canta su amor sin más preocupación que la alabanza; este aspecto de la liturgia, Dom Beauduin no lo desconoce, pero prefiere enfatizar su aspecto didáctico” (Carta del 2 de enero de 1925).

Esta tendencia va ganando importancia con el tiempo, mientras que Dom Beauduin descubre las liturgias orientales. Enviado a Roma, desconcierta a su nuevo superior, quien nota una excesiva y marcada inclinación al activismo; lo juzga “de un temperamento muy sanguíneo, de una imaginación extremadamente viva, convirtiéndose en fuego y llama para sus proyectos, casi desdeñoso de la Iglesia Occidental, un hombre fuertemente inclinado hacia la actividad externa”.

Pío XI, que está muy interesado en Rusia, acoge con satisfacción el proyecto de fundar un monasterio benedictino de rito oriental en Amay-sur-Meuse. Se trata de favorecer la conversión de los ortodoxos, pero Dom Lambert está listo para eso a expensas de extrañas concesiones doctrinales. Esto preocupa al Prefecto del Santo Oficio (el Cardenal Merry del Val, ex Secretario de Estado de San Pío X).

Por otra parte, Dom Beauduin, como teólogo del Cardanal Mercier, se lanza en plena actividad ecuménica.

Las señales de advertencia se multiplican: la revista Irenikon, fundada por Dom Beauduin, propone un nuevo ecumenismo que relativiza el dogma católico; Dom Beauduin entra en contacto con los anglicanos y elabora la teoría de una iglesia anglicana “unida pero no absorbida”; y finalmente, en Amay, los monjes católicos pasan a la ortodoxia.

Pío XI reacciona en 1928 con la magnífica Encíclica Mortalium animos, que recuerda lo que debe ser el verdadero ecumenismo (devolver a los perdidos al único redil: la Iglesia Católica) y condena el ecumenismo moderno, que busca relativizar la fe católica para acercarse a los “hermanos separados”. La unidad de la Iglesia no está por hacerse, enseña Pío XI, ya está realizada en la Iglesia Católica, y todos los cristianos deben reunirse en esta única Iglesia.

Dom Beauduin es golpeado; renuncia de Amay. Una nueva sanción romana le cae en 1928. Luego se exilió en Berry, donde el arzobispo de Bourges le confió un ministerio de retiros sacerdotales. Tiene una gran influencia en el movimiento litúrgico francés, comunicando sus ideas ecuménicas a los jóvenes sacerdotes que irán más lejos aún que él.

No olvidemos un dato muy importante: desde 1924, nuestro monje había trabado amistad con Monseñor Giovanni Battista Roncalli, quien había “caído” en la diplomacia luego de haber perdido, por sospecha de modernismo, su cátedra en el Ateneo de Letrán.

A partir de ese momento, el futuro Juan XXIII adopta, al menos en parte, las ideas de Dom Beauduin y se constituye en su fiel simpatizante y protector. El mismo Juan XXIII dirá: “El método de Dom Lamber Beauduin es el bueno”.

Como podemos apreciar y concluir, con la aparición de Dom Beauduin comienza la desviación del movimiento litúrgico.

En un comienzo, fue sólo una “tendencia” a insistir demasiado en el aspecto educativo de la liturgia; el “movimiento litúrgico” tiende a ser un “movimiento de pastoral litúrgica”.

El carácter de “apostolado” de la liturgia va a ir invadiendo cada vez más el movimiento. Esa será la tentación a la cual el movimiento sucumbirá: hacer de la liturgia, ante todo, un medio de apostolado, someter la liturgia a las exigencias del apostolado…, y de un apostolado “ecuménico”…

El nudo del drama está allí…

b) Tres nombres dominan la liturgia en Alemania:

la abadía benedictina de Maria-Laach, gracias a la influencia de Dom Ildefons Herwegen.

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Este impulsa su abadía hacia un excesivo arqueologismo: en lugar de prestar atención a la antigua liturgia para comprender mejor la hodierna, contrapone las dos, y sólo la liturgia primitiva encuentra simpatía a sus ojos.

También distingue la “piedad objetiva” de la “piedad subjetiva”: la primera es la acción de Cristo en su Cuerpo Místico (la Iglesia), a través de los Sacramentos; la segunda es la piedad personal de cada uno.

Dom Herwegen contrapone también estas dos formas de piedad, y acusa a la Edad Media y a la contrarreforma de privilegiar la piedad subjetiva (personal) a expensas de la piedad objetiva (comunitaria), perdiendo así el verdadero sentido de la liturgia.

Aquí encontramos la raíz de un error que será condenado por Pío XII: la piedad comunitaria.

Bajo el pretexto de que la oración litúrgica es en sí misma superior a la oración personal (ya que es la oración de Jesucristo, en la que todos los fieles constituyen un solo cuerpo), se llega a subestimar la necesidad de la oración personal y de la piedad subjetiva.

Dom Casel sigue el mismo camino y se apasiona por la liturgia antigua, de la cual se complace enfatizar el carácter comunitario.

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Dom Odo Casel

Dom Pius Parsch, en Klosterneuburg (Austria), une la “renovación litúrgica” con el “movimiento bíblico” alemán, judaizante. La liturgia es concebida especialmente por él como el encuentro entre la Palabra de Dios y el “pueblo de Dios”.

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Dom Pius Parsch

Él desarrolla estas ideas en la revista “Bibel und Liturgie” y las hace pasar a la práctica: desde 1922 celebra en los círculos estudiantiles misas con cantos litúrgicos en alemán, y el apretón de manos como signo de la paz.

Romano Guardini publica libros sobre la liturgia que tienen un enorme éxito: el estilo es muy poético, muy agradable, pero la idea es borrosa y parece evitar la afirmación directa. A largo plazo, esta lectura, en lugar de reforzar la Fe, corre el riesgo de relativizarla.

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Romano Guardini

En resumen, después de grandes éxitos, el Movimiento Litúrgico termina siendo víctima de sus propios logros: la “liturgia” se convierte en una especie de fenómeno de moda, del cual todos aprovechan para transmitir sus ideas personales.

Se tiende a olvidar el carácter de adoración al considerar su aspecto comunitario y pastoral (educativo).

La Misa se considera cada vez más, no principalmente como un sacrificio, sino como una asamblea de creyentes sobre la cual la liturgia debe ejercer influencia.

El movimiento litúrgico alemán pone gran énfasis en el carácter colectivo de la Misa, mientras que Dom Beauduin, fiel a sus convicciones ecuménicas (aunque condenado por Pío XI), quiere convertirlo en una herramienta unificadora para las, llamadas por él, denominaciones cristianas, en realidad simples sectas.

Conclusión: Este período nos presenta el desarrollo de las más graves desviaciones teológicas del movimiento litúrgico.

Dom Beauduin lo arrastra hacia un falso ecumenismo, Maria-Laach lo pierde en el arqueologismo y comunitarismo, Dom Parsch lo liga a la causa de un biblismo judaizante.

Ya encontramos aquí esbozados los principales errores que luego inspirarán el Novus Ordo Missaæ:

ecumenismo = Dom Beauduin

antilatinismo = Dom Beauduin

negación del valor eucarístico de la Misa = Dom Herwegen

negación del valor sacrificial de la Misa = Dom Casel

comunitarismo (piedad colectivista) = Dom Parsch

arqueologismo = Dom Herwegen

sentimentalismo y sensualismo (experiencia religiosa) = Guardini

biblismo judaizante = Dom Parsch

En resumen… ¡Protestantización de la liturgia!

Lo que era sólo una tendencia en los años 30, se desarrollará y se radicalizará con ocasión de la Segunda Guerra Mundial.

II -DE 1939 A 1958: LA RADICALIZACIÓN

La segunda guerra mundial sirvió de acelerador: en 1943, Alemania, que estaba a la vanguardia en cuestión litúrgica, se dividió entre los progresistas y los conservadores, mientras que en Francia se funda el Centro de Pastoral Litúrgica (C.P.L.).

En Alemania, Monseñor Gröber hace sonar la alarma y toma la iniciativa, en enero de 1943, para escribir una carta a sus colegas señalando varias desviaciones del movimiento litúrgico:

Tendencia al arqueologismo: “Lo que me preocupa es que, al mismo tiempo que una crítica radical e injustificada de lo que hasta ahora era válido y de lo que ha ido apareciendo en el curso de la historia, encontramos el retorno práctico, audaz y brutal de normas y formas antiguas, y muy antiguas, declarando abiertamente que, mientras tanto, hubo una evolución que sería una desviación”. (Maria-Laach es puesta en la mira).

Énfasis excesivo en el sacerdocio general de los fieles, en detrimento del sacerdocio ministerial del sacerdote.

Insistencia particular en el aspecto de “comida” de la Misa (tesis del sacrificio-comida).

Desprecio de las rúbricas litúrgicas, y acentuación del aspecto “pastoral” de la liturgia.

Uso generalizado de la “misa dialogada”, que Monseñor Gröber no critica en sí misma, sino que es para los neo-liturgistas “la expresión de una concepción sobre el sacerdocio general y una forma de insistir en los derechos de los laicos a cooperar en el sacrificio de la misa”.

Oposición entre la piedad personal (“subjetiva”) y la oración litúrgica (“objetiva”) que conduce al desprecio de la primera: me temo que “con el tiempo, el culto ya no sea más exteriorizado que interiorizado”.

Generalización del uso de la lengua vernácula, incluso en la Misa, bajo el pretexto de satisfacer las demandas de los fieles (¡que, sin embargo, no quieren tanto!).

¡Encontramos los mismos puntos denunciados por Dom Guéranger como “herejías anti litúrgicas” comunes a todos los heresiarcas durante todos los siglos!

En unas pocas décadas, los líderes del Movimiento Litúrgico llegaron a profesar todos los errores condenados por el fundador del Movimiento… El Movimiento se había desviado…

Pero los obispos alemanes estaban en su mayor parte familiarizados con las nuevas ideas y estaban trabajando para minimizar las advertencias de Monseñor Gröber, y para tranquilizar al Vaticano.

Pío XII reaccionó en 1947 con la encíclica Mediator Dei, dando razón a Monseñor Gröber; pero eso no impidió que los neo-liturgos progresasen en Alemania.

En Francia: la fundación del Centro de Pastoral Litúrgica (C.P.L.)

Fue durante la guerra que se fundó en Francia el Centro de Pastoral Litúrgica, con los dominicos de las Editions du Cerf (Padres Duployé, Chenu, Roguet, Chéry, Maydieu, etc.), el Padre Bouyer (oratoriano), el Padre Doncoeur (jesuita, capellán scout), el Padre Martimort (de Toulouse, que asumirá rápidamente una influencia determinante), los benedictinos Dom Capelle y Dom Botte (de Maredsous), todos unidos bajo la influencia común de Dom Lambert Beauduin, que marca definitivamente con su espíritu el C.P.L.

Tres tendencias principales se unen y fortalecen dentro del movimiento:

La tendencia ecuménica. Admite el Padre Duployé: “también hemos establecido contactos con los representantes de las diferentes iglesias cristianas. Dom Beauduin nos ha enseñado para siempre a no disociar el ecumenismo y la liturgia”.

Y el Padre Bouyer relata como Dom Beauduin organiza en París lo que él llama “pequeñas orgías íntimas del ecumenismo litúrgico”.

Este ecumenismo encuentra eco entre los dominicos, porque se une a la obra del Padre Congar, y ella corresponde demasiado a la idea scout de la “fraternidad universal” para disgustar al Padre Doncoeur.

Pero, mientras que Dom Beauduin estaba muy interesado en las liturgias ortodoxas, el C.P.L. está más preocupado por los protestantes. Cuando uno de los participantes del Congreso de Vanves intenta llamar la atención sobre los ortodoxos, argumentando que “están más cerca de nosotros que los protestantes” (“tienen la misma fe que nosotros y la realidad del sacerdocio”, dice), suscitó la reprobación general, acompañada de una mirada sombría del Padre Martimort.

La obsesión por la pastoral, manifestada por el título del C.P.L.: lo que le interesa es la pastoral litúrgica, es decir la educación y el apostolado más que la alabanza divina.

Esta tendencia se manifiesta a partir de 1944 en la Sesión de Estudios organizada por el C.P.L. Después de una intervención del Padre Doncoeur, pidiendo una liturgia más “popular”, Dom Basset considera necesario intervenir, y plantea la pregunta correcta:

“¿Debería considerarse la liturgia como el primer instrumento de la conquista cristiana, o debería ir precedida por trabajos de aproximación de otra clase? La liturgia, ¿es ante todo un instrumento de conquista? Usted ha invocado el ejemplo de San Pablo, que sabía cómo ponerse al alcance de los fieles de Corinto. Dudo que él haya logrado esa transformación de un pueblo, liberándolo de la esclavitud de los sentidos, por los “medios litúrgicos”, y que las liturgias paulinas hayan utilizado el lenguaje de los fieles de Corinto. Las primeras fórmulas litúrgicas, que fueron preservadas, emplean el estilo de las piezas más importantes de nuestra liturgia. Estas grandes oraciones de alabanza y de acción de gracias, ¿estaban mucho más cercanas a la mentalidad de un barquero corintio no convertido que a la de uno de nuestros obreros de los suburbios industriales descristianizados? Desde la época de San Ambrosio, el lenguaje litúrgico difería significativamente del lenguaje popular. El ejemplo de los primeros apóstoles de Inglaterra podría parecer más favorable a la idea de una liturgia empleada como medio de conquista. Pero esta liturgia, cuyo espectáculo golpeó con tanta fuerza a los bárbaros del país de Kent, no fue una liturgia en lengua vernácula ni una liturgia adaptada; por el contrario, fue la liturgia romana con toda su solemnidad”.

Que semejante recordatorio haya sido necesario, muestra claramente cuáles eran ya las tendencias del C.P.L.

Finalmente, el desprecio por la teología, engendrado tanto por la preocupación ecuménica (para acercarse a los protestantes, es necesario relativizar el dogma católico), como por la obsesión de la pastoral (lo importante es obrar).

El cardenal Suhard, consciente del peligro, le pide a Dom Gloriès que le dé un teólogo al C.P.L. El Padre Thomas d’Aquin es nombrado y participa en algunas reuniones del C.P.L., pero al darse cuenta de que sus colegas se están burlando inconsideradamente de la doctrina, renuncia en 1944.

Ahora bien, la teología, que es la ciencia de la religión, es la única que nos permite saber qué es la Misa y, por lo tanto, unirnos verdaderamente a ella. Su ausencia tendrá consecuencias desastrosas: la Misa será considerada en adelante como una asamblea, una instrucción, una comida. El aspecto del sacrificio nunca se niega, pero tiende a pasar a un segundo plano.

La preocupación por acercarse al protestantismo y al mundo moderno irá en la misma dirección.

Enumeremos algunos temas preferidos de los neos liturgistas:

a La misa como una comida: Guardini insiste en esta noción, retomada por franceses como el Padre de Broglie; el argumento es simple: la Misa es sobre todo la renovación de la Cena, que fue una comida, por lo que la estructura básica de la Misa es una comida.

Es simplemente olvidar que Nuestro Señor, al cambiar la substancia del pan y del vino que usó (por la transubstanciación), insertó de la misma manera un nuevo acto en la cena; y este acto, que dejó a sus Apóstoles, no fue una comida, sino un sacrificio.

El aspecto de “comida” de la Misa está, por lo tanto, subordinado al Sacrificio. La Misa es esencialmente un sacrificio, y la comunión es sólo la participación en este sacrificio. Tal es la doctrina de la Iglesia.

Pero los miembros del C.P.L. ocultan esta verdad: “Hay una ventaja, para una pedagogía efectiva de la Misa, presentarla primero en términos de cena y comida”, explica en 1946 el Padre Roguet, en la sesión de Vanves del C.P.L. “Nuestros fieles saben por experiencia lo que es una comida, y que se trata de una acción fascinante y reconfortante. Los primeros cristianos también sabían lo que es un sacrificio. Pero los europeos del siglo XX no conocen ningún sacrificio en su vida cotidiana. Ciertamente, la noción de sacrificio sólo es adecuada a la realidad misteriosa de la Eucaristía y de la Misa; pero si ella puede satisfacer a los teólogos arraigados en la teología, no trae luz a los laicos; por lo que es recomendable presentársela sólo después de una preparación teológica suficiente”.

He aquí, por lo tanto, la verdadera explicación de la Misa reservada para los “teólogos entrenados”: los simples fieles deben estar satisfechos con una especie de comida comunitaria.

¡Extraña pastoral…!

b La Misa considerada como “asamblea”: la noción es bastante cercana a la de la comida (se habla entonces de “festín” o “banquete”, para marcar mejor el carácter comunitario).

El libro del Padre Roguet La Misa – Aproximación del Misterio comienza con un capítulo sobre la asamblea. La preocupación de la “comunidad” del Movimiento Litúrgico alemán va en la misma dirección.

Pero esta visión es falsa: un sacerdote puede rezar una Misa privada sin que le falte absolutamente nada.

c La insistencia en la “liturgia de la palabra” es otro tema preferido por los neo-liturgos.

Durante el III Congreso Nacional del C.P.L., el Padre Jounel no dudó en hablar sobre la “doble cumbre de la liturgia evangélica y la liturgia eucarística en esta doble presencia de Cristo manifestada por la promulgación del Evangelio y la consagración de las oblatas”.

El tema mismo de este Congreso fue significativo: “Biblia y liturgia”.

Se aproximaban, pues, al punto de vista protestante, para quien la Sagrada Escritura está en el centro del culto dado a Dios.

Hablar de este modo, de una “doble presencia de Cristo”, lleva necesariamente a relativizar la presencia real en la Eucaristía; mientras que la división en “Liturgia de la Palabra” y “Liturgia Eucarística” eclipsa cuál es el principio de unidad de toda la Misa: el sacrificio; ya que incluso la primera parte, que prepara para su realización efectiva, es parte del Sacrificio de la Misa.

Resumiendo: Las desviaciones del movimiento litúrgico alemán fueron combatidas por Monseñor Gröber, arzobispo de Friburgo; pero éste se encontraba aislado, pues los demás obispos sostenían la desviación del movimiento.

Mientras el Papa Pío XII hace algunas precisiones doctrinales dirigidas al movimiento litúrgico alemán en especial, la Secretaría de Estado (vía Cardenal Maglione) hizo concesiones que alentaron a dicho movimiento.

En Francia continúan los retiros (de reciclaje) de Dom Beaduin, a lo que se suman muchas innovaciones anárquicas, primero en los campos scouts, luego en los movimientos de Acción Católica y, sobre todo, en las colonias de vacaciones, en cuales participan, a partir de 1930, casi todos los seminaristas.

Se va estrechando la relación entre el movimiento progresista (doctrinal y político) y el movimiento litúrgico.

El 20 de mayo de 1943 se funda el Centro de Pastoral Litúrgica, verdadera “cloaca colectora de todas las herejías antilitúrgicas”, que agrupaba a los progresistas, sea dominicos, jesuitas, oratorianos, benedictinos, como del clero secular.

Al finalizar la segunda guerra mundial, el Movimiento Litúrgico desviado reforzó notablemente sus posiciones: puso a punto un poderoso organismo de subversión litúrgica y elaboró su táctica de guerra, es decir, ganar para su causa a los obispos y así poder “obrar en legalidad”, haciendo presentar sus pedidos a la Santa Sede por medio los obispos, siempre con la excusa de ventajas pastorales.

Dios mediante, ya veremos todo esto en nuestra próxima entrega.