BARRO… SÓLO BARRO

Mas ahora, Yahvé, Tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y Tú nuestro alfarero, obra de tus manos somos todos.

Isaías 64, 8

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En los pensamientos diarios de nuestra vida debemos tener presente nuestra finitud, sabemos que es una realidad, conocemos el hecho de que de lo único que nunca podremos escapar es de la muerte.

Pero, muchas veces, en vez de animarnos y darnos el aliento de saber que cada día que transcurre es un día menos que nos separa de la posibilidad de volver a los brazos amorosos de quién nos creo, ese pensamiento se nubla de tristeza, y es ahí cuando nos replanteamos el porqué.

Generalmente en nuestra vida, vida de pobres pecadores, este mal al que tendemos a caer en forma constante, que nos hace sentir apesadumbrados, tiene por causa el pecado, sobretodo el mortal, el que corta el hilo que nos mantiene unidos a Dios a través de la gracia.

Dolorosa es en verdad nuestra vida; sabemos que la vida del cristiano es un valle de lágrimas; sabemos que estamos unidos a la Pasión de Nuestro Señor; sabemos que sin Cruz no tendremos el Paraíso; pero, si además de nuestras penas, le agregamos la tan temida pérdida de la gracia, eso hace que nos sintamos solos; nos hace sentir una especie de huerfanidad; nos hace ver que el dolor de cada día, cada una de nuestras lágrimas, cada esfuerzo, cada desvelo, no tienen ya sentido…

Y es así; sin la gracia nuestras obras, sacrificios, se vuelven infructuosos, hemos perdido el gran tesoro ese que debíamos cuidar con tanto esmero porque tiene valor eterno.

Hermosamente lo expresa el hermano Rafael:

En el mundo se sufre…, todo son afanes, deseos, esperanzas…, pocas veces cumplidas. En el mundo se lloran intereses materiales, viles y deleznables… En el mundo se llora poco por Cristo. En el mundo se sufre poco por Dios.

¡Qué pena me da del mundo!… Pierde el tiempo el hombre en bagatelas; pierde el tiempo en llorar esta vida que es un soplo de niño en medio de una tempestad, que es un grano de arena en el mar…, un instante en la eternidad.

No envidio a nadie… No quiero libertad si ésta no me sirve más que para olvidarme de lo único necesario, que es el amar a Jesús en la Cruz.

¡Qué pena me da del mundo!…. que no sabe en medio de sus ansias de placer y felicidad, que la única dicha es poder llegar a morir abrazado a la Cruz de Jesús, entre lágrimas de dolor, suspiros y ansias de cielo y de amor.

Así y todo nosotros, hombres de barro como somos, seguimos cayendo en pecado, seguimos traicionando a Nuestro amado, a nuestro amigo, a nuestro Rey… Somos éso, barro; pero barro que Él ha moldeado, barro que debe ser trabajado, barro que debe ser pasado por el fuego para tomar consistencia, para perdurar, no debemos ser barro que se deja pisar, que se deja podrir.

Por eso, cuando estemos frente a la triste y tan factible posibilidad de caer y estamos ahí, desgraciados, debemos levantar la mirada, debemos reconocer nuestra miseria, debemos pedir clemencia y llorar para que Nuestro Divino Juez se apiade de su obra.

Nunca nuestro pensamiento debe ser desesperar, sino realmente volverse a levantar, volver a pedir perdón, volver a buscar el consuelo amoroso de Nuestro amado Bien. Y allí, en ese instante, decirle: Señor, ten piedad de mi que soy un pobre pecador; ten piedad, Señor; sólo un soplo de aliento bastará para restaurar este barro inútil en un barro que algún día pueda transformarse en la más bella obra de alfarería.

Es para meditar la enseñanza de San Pablo, escribiendo a los Romanos (IX, 15-21):

Dijo Dios a Moisés: “haré merced a quien Yo haga merced y usaré de misericordia con quien Yo use de misericordia.” Así que no es obra del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia (…) De modo que de quien Él quiere, tiene misericordia; y a quien quiere, le endurece. Pero me dirás: ¿Y por qué entonces vitupera? Pues ¿quién puede resistir a la voluntad de Él? Oh, hombre, ¿quién eres tú que pides cuentas a Dios? ¿Acaso el vaso dirá al que lo modeló: “¿Por qué me has hecho así?”? ¿O es que el alfarero no tiene derecho sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honor y otro para uso vil?