EL ESTADO SERVIL

CONSERVANDO LOS RESTOS II

 

Décimo segunda entrega

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HILAIRE BELLOC

EL ESTADO SERVIL

Traducido por Bruno Jacovella (Buenos Aires 1945)

CONCLUSIÓN

Es posible pintar un gran movimiento social del pasado con exactitud y detalladamente ,si se puede dedicar a la tarea el tiempo que requiere la investigación y aplicar además a su ejecución una determinada capacidad coordinadora, por la cual pueden integrarse una gran multitud de detalles de modo que formen un conjunto unitario.

Una tarea así muy pocas veces se lleva a cabo, pero no sobrepuja las posibilidades de la historia. Otra cosa es respecto al futuro. Nadie puede decir cómo será el futuro, ni siquiera en su más amplia perspectiva o en los trazos principales de su estructura. Lo único que se puede hacer es exponer las tendencias capitales de la época contemporánea, determinar la ecuación de la curva y suponer que tal ecuación se aplicará más o menos a sus desarrollos ulteriores.

Por lo que puedo juzgar, las sociedades que quebraron la continuidad de la civilización cristiana en el siglo XVI —me refiero, de un modo general, a Gran Bretaña y Alemania del norte— tienden hoy día al restablecimiento del status servil. Variará de acuerdo con modalidades locales, será modificado por el carácter de uno y otro pueblo, se encubrirá bajo muchas formas. Pero vendrá.

Que la mera anarquía capitalista no puede perdurar, es notorio a todos. Y debería ser igualmente notorio a todos el hecho de que existen sólo muy pocas soluciones posibles a ella.

Por lo que a mí respecta, como lo he dicho en estas páginas, no creo que haya más de dos: una reacción hacia la propiedad bien distribuida, o el restablecimiento de la servidumbre. No puedo creer que ese colectivismo teórico que está hoy día fracasando tan manifiestamente haya de informar jamás una sociedad real y viviente.

Pero mi convicción de que el restablecimiento del status servil en la sociedad industrial ha entrado a regir ya entre nosotros no me lleva a ningún vaticinio endeble y mecánico de lo que será el futuro de Europa. La fuerza de que he estado hablando no es la única fuerza en juego. Existe un complicado nudo de fuerzas en el substrato de todas las naciones que fueron cristianas; un rescoldo del fuego antiguo.

Además, cabe señalar sociedades europeas que, sin ningún género de duda, rechazarán toda solución de esa clase a nuestro problema capitalista, tal como una vez rechazaron, o miraron con recelo, al mismo capitalismo, y como rechazaron también, o miraron con recelo, esa organización industrial que hasta hace poco se identificaba con el “progreso” y el bienestar nacional.

Estas sociedades son en lo esencial las mismas que, en aquella gran borrasca del siglo XVI —el episodio principal de la historia de la Cristiandad—, se mantuvieron firmemente aferradas a la tradición y salvaron la continuidad de las normas éticas de la sociedad. A la cabeza de ellas cabe destacar hoy día a la francesa y la irlandesa.

Quisiera dejar expresada mi impresión (nada más que impresión) de que el Estado servil, no obstante el fuerte impulso que recibe hoy día de la mentalidad de la época en Prusia y Gran Bretaña, será modificado, contenido, tal vez derrotado en una guerra, sin duda alguna rechazado al intentar implantarse completamente, por la potente reacción que estas sociedades más libres ejercerán continuamente en su flanco.

Irlanda se decidió por un campesinado libre, y nuestra generación tuvo oportunidad de presenciar cómo se echaron los sólidos cimientos de esa institución. En Francia, la muchedumbre rechazó con menosprecio los numerosos experimentos que en otras partes introdujeron con buen éxito el Estado servil, y (¡lo que es más significativo!) una tentativa reciente de registrar y “asegurar” a los artesanos como categoría aparte de ciudadanos se desbarató al encontrarse con un desprecio universal y viril.

No afirmo yo que este factor segundo en el desenvolvimiento del futuro, vale decir, la presencia de sociedades libres, destruirá la tendencia al Estado servil en todas partes; pero creo que la modificará, sin duda, mediante el ejemplo, y quizás, atacándola directamente. Y como en general tengo la esperanza de que la Fe recobrará su lugar íntimo y orientador en el corazón de Europa, creo que este retroceso a nuestro paganismo originario (pues no otra cosa es la tendencia al Estado servil) será en su oportunidad contenido y enderezado en sentido contrario.

Videat Deus.

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