S.S PIO XI Y S.S PIO XII: SOBRE LA MUTILACIÓN

CONSERVANDO LOS RESTOS

 

A propósito de los alborotados tiempos en que nos toca vivir, y tantos temas de la ideología de género que se quieren imponer, no está demás recordar las enseñanzas de la Iglesia para seguir manteniendo entera nuestra fe.

 

PÍO XI

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Encíclica Casti connubi

31 de diciembre de 1930

Establece la doctrina cristiana, y consta con toda certeza por la luz natural de la razón, que los mismos hombres privados no tiene otro dominio en los miembros de su cuerpo que el que pertenece a sus fines naturales, y no pueden, consiguientemente destruirlos, mutilarlos o, por cualquier otro medio, inutilizarlos para dichas naturales funciones, a no ser cuando no se pueda proveer de otra manera al bien de todo el cuerpo.

DISCURSO DE PÍO XII

VII

A los participantes en el XXVIº Congreso Italiano de Urología

8 de Octubre de 1953

Tres cosas condicionan la licitud moral de una intervención quirúrgica que comporta una mutilación anatómica o funcional:

En primer lugar, cuando la conservación o el funcionamiento de un órgano particular en el conjunto del organismo provoca en éste un daño serio o constituye una amenaza.

En segundo lugar, cuando este daño no puede ser evitado, o al menos notablemente disminuido, más que por la mutilación en cuestión, siempre que la eficacia de ésta esté bien asegurada.

Finalmente, cuando se pueda razonablemente dar por descontado que el efecto negativo, es decir, la mutilación y sus consecuencias, será compensado por el efecto positivo: supresión de daños para el organismo entero, mitigación de dolores, etc.

El punto decisivo no está en que el órgano amputado o paralizado esté enfermo en sí mismo, sino en que su conservación o funcionamiento entrañe directa o indirectamente una seria amenaza para todo el cuerpo. Es muy posible que, por su funcionamiento normal, un órgano sano ejerza sobre un órgano enfermo una acción nociva capaz de agravar el mal y sus repercusiones sobre todo el cuerpo. Puede ocurrir también que la extirpación de un órgano sano y la detención de su funcionamiento normal quiten al mal, al cáncer, por ejemplo, su terreno de crecimiento, o en todo caso alteren esencialmente sus condiciones de existencia.

Si no se dispone de ningún otro medio, la intervención quirúrgica sobre el organismo sano está permitida en ambos casos.

La conclusión que acabamos de sacar se deduce del derecho a disponer que el hombre ha recibido del Creador con respecto a su propio cuerpo, de acuerdo con el principio de totalidad, que vale aquí también, y en virtud del cual cada órgano particular está subordinado al conjunto del cuerpo y debe someterse a éste en caso de conflicto.

En consecuencia, quien ha recibido el uso de todo el organismo tiene derecho de sacrificar un órgano particular, si su conservación o su funcionamiento causan al todo un notable estorbo imposible de evitar de otra manera.

Puesto que aseguráis que en el caso propuesto sólo la extirpación de las glándulas seminales permite combatir el mal, esta extirpación no ocasiona objeción alguna bajo el punto de vista moral.