T. González Pondal:Femihulkis Sanguinarius

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Perteneciente al grupo de las bestias satánicas, el «Femihulkis Sanguinarius» vivió en el «Modernismo Inferior», siglo XXI, época ésta en donde sociedades enteras, gustosas, decidieron guerrear contra Dios y el sentido común. Se trató de un período histórico de lo más nefasto, que, para colmo de locuras, se jactaba llamándose civilizado. 

El «Femihulkis Sanguinarius» se caracterizó por un hambre voraz de sangre humana. Hizo de la matanza de los bebitos en gestación su motivo de lucha. Le encantaba probar su ferocidad presentando sus patas manchadas con color rojo sangre, con lo que deseaba mostrar en concreto su encanto por el aborto. Alimentaba su cabeza con pensamientos tenebrosos, como por ejemplo: «tu cuerpo es un campo de batalla». La frase significaba que el vástago concebido no era un ser digno de ser amado y respetado, sino un enemigo al que debía fulminarse lo más pronto posible. Además de eso pero siempre por la efectividad de mensaje tan destructivo, el ser cruelísimo no tardaba en, prontamente, venir a dejar su cuerpo en lamentables condiciones, cuando no, directamente desfigurado.

 Cabe señalar que, siempre en referencia al tiempo en el que vivió la mole maligna de la que se viene dando cuentas, muchísimas sociedades habían aprobado el aborto como “ley”, como así también aprobaron como “ley” otras mociones contranaturales promovidas por unos seres denominados Camalionicus, cosa que jamás se había registrado en época histórica alguna. A los  suedolegisladores que formaron parte de la destrucción humana de esos días, se los conoce como «Brutus Diabolicus». También quedan registradas como parte del entramado monstruoso, unas bestias venenosas que se desplazaban sin dejarse ver y que se las llamó «Masónicas». Salvo la última denominación, los nombres completos de los seres bestializados a que se ha hecho referencia, se lo debemos a un aficionado a la arqueología que jamás llegó a estudiar en una universidad, y que, quien sabe cómo, encontró un cofre de acero haciendo una excavación, en cuyo interior habían unos artículos de un tal González Pondal que vivió en el Siglo XXI, y que denominó en tal tiempo a parte de esas hordas destructivas como «Increíbles Hulkas», «Hulkicidas», «Greenmurder» o «Femidemoníacas». Sirviéndose de tales documentos, el arqueólogo, usando de un pésimo latín que ni es latín, nos legó los nombres que hoy llegan a nosotros, acaso movido más bien por ciertas características físicas y de acción halladas en las bestias de marras. En su explicación dio cuentas que: lo de «Femihulkis» es en alusión a la ideología significada en un verde-asesinato; y lo de «Sanguinarius» por su apoyo a la maniobra sanguinaria del aborto.

A partir del «Femihulkis Sanguinarius» se abrieron las puertas de una manera clarísima, a la sí comprobable situación conocida como «involución de una especie», proceso perversísimo en donde se vio al humano en busca de la bestialidad. Contrariamente a  la falsedad de la «evolución de las especies», en la involución, sí hubo un eslabón perdido, que quedó perdido por la sencilla razón de que voluntariamente se decidió perderlo. En efecto, quisieron perder la razón a encontrarse en ella. Por eso la bestialidad quedó asegurada.

Algunos creyeron que el “Femihulkis” era herbívoro debido a que en su hocico o en su cuello presentaba algo verde, pero no. Se supo que uno de sus alimentos preferidos eran las hamburguesas compuestas por sustancias de dudosa procedencia. Generalmente tapaba su cabeza y dejaba al descubierto sus partes más íntimas, mostrando así con qué se conducía en realidad. Nunca se lo acusó de exhibicionismo.

Peculiaridad notable del “Femihulkis” era que en el afeamiento corporal encontraba su belleza, comportamiento este que arroja una idea cabal de la decadencia que reinaba en su testa. Emitía muy seguido un gemido espantoso conocido como «blasfemia», y tenía una predilección especial por burlarse de Cristo y de la Santísima Virgen María, y por la destrucción de iglesias católicas. Sus acometidas nunca eran individuales, siempre en masas, y frecuentemente aullaba cosas como: “la única iglesia que ilumina es la que arde”; “apostasía colectiva, renunciá a la Iglesia Católica”; “vigilia de brujas por el aborto”; “Satán Loves”; “desafiliate de la Iglesia Católica”; “gesto litúrgico por el aborto legal”.

El «Femihulkis» fue muy violento, aunque muchas veces pretendía pasar como manso cordero. Amén de esa estrategia de camuflaje, su torpeza lo llevó a confesar: “Violencia y ataque verde, próxima apostasía, por la separación de la Iglesia y el Estado”.

Sea por gusto o por falta de olfato, lo cierto es que el «Femihulkis Sanguinarius» y demás bestias mencionadas, estaban al servicio de quienes, por hacer obras del Demonio, fueron llamados «raza de víboras».

Sobre la desaparición del ejemplar aquí expuesto, se han esbozado distintas teorías, algunas verdaderamente inverosímiles y sin sustento racional, como esa que pretende basar la extinción en la escasez de hamburguesas. Otras presentaban solidez y mucha lógica, como aquella que expuso el proceso de la autoextinción. Y aunque esto último haya tenido su gran peso, la realidad es que la desaparición del «Femihulkis Sanguinarius» y otras bestias semejantes, se debió a una intervención inesperada para muchos, en donde Aquél al cual subían copiosamente los clamores de la sangre inocente derramada injustamente, dijo finalmente «Basta».