LENGUAJE INCLUSIVO Y OTRAS BASOFIAS

 ASEDIO DEL ENEMIGO

El veneno ponzoñoso del feminismo y las degeneraciones en cuanto a la sexualidad han ido influyendo en la sociedad pervirtiendo y enfermando hasta la muerte a la juventud y lo que es peor hasta la más tierna infancia; tierna por mantener el término, y que se entienda desde muy pequeños, porque, para ser francos, ya de tierna infancia casi ni se puede hablar.

Estos, como podríamos decirlo, bichos, bacterias, que enferman las futuras generaciones ya pueden mostrar cómo su trabajo sistemático de años y años de cultivo, hoy pululan como si nada en la sociedad, y lo peor es que incluso algunos ya se observan como si fuesen normales; época loca ésta en donde lo normal pasó a casi quedar extinguido y visto como en un museo de poco nivel.

Al salir a dar un paseo por la calle, por los medios de comunicación, redes sociales, incluso hasta en la literatura, pintura, música, cine, etc… sólo podemos ver esta epidemia arrasando.

Como si ya todo esto no se hubiese vuelto repugnante para los que todavía tenemos la gracia de ver esta ponzoña, tenemos que soportar ahora el espantoso y hasta letal lenguaje inclusivo.

Lenguaje inclusivo que muchos niños, adolescentes, jóvenes, adultos y hasta ancianos…, sí, aunque no lo crea, también ancianos, utilizan para comunicarse a diario.

Desbastador, ¿no? Veamos y aprendamos a cerca de esto, esta, este, estx

En varios sitios se habla mucho sobre el uso del lenguaje inclusivo, específicamente sobre su utilidad y justificación.

Supuestamente, con ese uso se evita la discriminación de la que son objeto las mujeres en algunas ocasiones.

Según esto, como en una oración se invitó a todos los abogados se emplea un lenguaje exclusivo y se deja fuera a las abogadas.

Con respecto a este tema, se exponen a continuación algunas consideraciones, reduciendo a lo esencial la terminología gramatical.

La lengua española dispone de dos géneros principales: femenino y masculino (es común que las niñas usen faldas y que los niños usen pantalones), pero el segundo puede englobar también al primero, como en la oración “Los niños pequeños son muy indefensos”. En este último caso se hace referencia a mujeres y varones.

Quienes defienden el uso inclusivo arguyen que el género masculino es excluyente. Sin embargo, si esto se analiza detenidamente, se comprueba lo contrario.

La oración “Los niños pequeños son muy indefensos” se refiere a mujeres y varones; en cambio, “Las niñas pequeñas son muy indefensas” sólo puede referirse a mujeres y, por tanto, quedan excluidos los varones.

Como se puede ver, el masculino es el género inclusivo, y el femenino, el exclusivo.

De acuerdo con lo anterior, en gramática se habla de género marcado (femenino) y género no marcado (masculino).

Precisamente por tener el español un género no marcado (o inclusivo), que coincide con el masculino, es éste el que se emplea de manera general para abarcar lo femenino junto con lo masculino, excepto en algunos pocos casos como brujos o monjes, que no abarcan a las brujas y a las monjas, respectivamente.

Por esta razón se puede hablar de una reunión de padres de familia y no se excluye a las madres por emplearse el sustantivo padres; también se puede hablar de una asamblea de profesores y se entiende que se reunieron las mujeres docentes y los varones docentes.

Igualmente, si se habla del cuidado de los gatos, no se excluye la posibilidad de cuidar gatas; ni se excluye a una filóloga cuando alguien dice que requiere la opinión de un filólogo.

No parece útil, ni justificado, ni mucho menos necesario recurrir al desdoblamiento: una reunión de madres y padres de familia, una asamblea de profesoras y profesores, el cuidado de las gatas y los gatos, la opinión de una filóloga o un filólogo.

Hay casos en los que el desdoblamiento es prácticamente imposible, como en “Ella y él están casados” o “Es normal equivocarse: somos humanos”.

En el primer caso se emplea casados porque se hace referencia al femenino (ella) junto con el masculino (él); y en el segundo se emplea humanos porque se requiere el género no marcado para abarcar a mujeres y varones.

Lo mismo ocurre si alguien dice “Todos nosotros estamos equivocados”. El género no marcado representa la concordancia por defecto (nótese, por ejemplo, la concordancia de los adjetivos con las oraciones que funcionan como sujeto: “Es necesario dormir unas ocho horas”).

No se espera que nadie, para evitar una supuesta discriminación, recurra a circunloquios como estos, que hasta pueden cambiar un poco la interpretación: “Ella está casada con él, y él está casado con ella”; “Es normal equivocarse: somos humanas y humanos” o “Todas nosotras y todos nosotros estamos equivocadas y equivocados”.

Se han utilizado algunas fórmulas coordinadas, como “Las costarricenses y los costarricenses”, e incluso se han coordinado solamente los artículos definidos, que, por ser elementos átonos, no aceptan originalmente tal tipo de enlace: “Las y los costarricenses”.

No obstante, esta «solución» tampoco es regular ni coherente; por ello se encuentran ejemplos en los que el desdoblamiento es parcial, como en “Las y los costarricenses serán convocados”. En este caso se usa “convocados” en vez de “Las y los costarricenses serán convocadas y convocados”, lo cual demuestra la imposibilidad de su empleo general.

Además de las fórmulas citadas, se han empleado otros recursos aún menos justificados, como los paréntesis: “Estimado (a) (s) compañero (a) (s)”, los cuales imposibilitan la lectura; o la arroba, que ni siquiera es una letra, sino un símbolo, por lo cual tampoco podría leerse: estimad@s compañer@s.

Como se puede comprobar, el uso del género no marcado permite cumplir con el principio básico de economía y, además, se gana mucho desde el punto de vista estilístico, sin caer en ningún tipo de discriminación. Consecuentemente, se evita una gran cantidad de repeticiones que cansan al lector o al oyente y que casi nunca aportan nada relevante.

De todos modos, siempre debe tenerse en cuenta que la discriminación es un hecho primordialmente social. Si en un centro educativo, por ejemplo, se convoca a una reunión de profesores y no se admite la presencia de alguna mujer docente, es evidente que el problema no es lingüístico.

La lengua no discrimina. Por lo tanto, conviene dejar claro que, en la vida cotidiana, las mujeres no son discriminadas porque el género no marcado coincida con el masculino, ni tampoco este aspecto lingüístico promueve la discriminación.

Algo parecido ocurre con la oposición de número: singular y plural. El primero puede emplearse con el valor del segundo. También tendría, pues, un valor genérico, incluso si se emplea el artículo definido.

Si se habla de la importancia de “la mujer” en la sociedad, no se habla de una mujer específica y se excluye a todas las demás, sino que el singular “la mujer” abarca a todas las mujeres.

Tampoco hay discriminación al decir “El gato es un animal doméstico”. El singular de género no marcado “el gato” abarca a las hembras y los machos.

Lo mismo ocurre con el conocidísimo uso de hombre en casos como “Se dice que el hombre es superior al animal”, donde equivale a los hombres y, además, engloba a mujeres y varones.

Muy distinta es la interpretación de hombre en la oración “El hombre debe apoyar a la mujer”, en la cual es evidente el uso de hombre como sinónimo de varón. En estos casos, el contexto aclara la interpretación.

De igual forma, en la recomendación “Alimente a su hijo con leche materna”, se entiende que su hijo puede referirse a una mujer o a un varón, pero también puede referirse a varios hijos.

Hay construcciones gramaticales que también se emplean con este valor genérico o inespecífico, como “Aquí hay que estar callado”; “Es muy peligroso conducir ebrio” o “Cuando se está acompañado, la tristeza se sobrelleva mejor”.

En las tres construcciones se emplean formas no marcadas: callado, ebrio y acompañado, y en ningún caso se podría pensar que se excluye a las mujeres. Se entiende perfectamente la referencia general a cualquier persona.

Aplicar tal razonamiento estaría tan poco justificado como pensar que se excluye a la primera persona o a la segunda al decir “Aquí hay que callarse” o “Cuando se está demasiado satisfecho consigo mismo, se puede caer en el conformismo”.

Lo anterior puede relacionarse con dos palabras que sirven para excluir o incluir grupos: los adverbios “solamente” y “también”. El primero sirve para excluir elementos de otros posibles, y el segundo sirve para incluir elementos junto con otros. En “Comimos solamente arroz” se excluyen otros alimentos posibles, como frijoles, carne, verduras, etc.; en “Comimos también arroz” se incluye el arroz en el conjunto de alimentos que comimos (se supone que comimos otros más, como frijoles, carne, verduras, etc.).

Nótese la interpretación de esos adverbios en estas dos oraciones: “En este colegio solamente se admiten filósofos”; “En este colegio también se admiten filósofos”.

En la primera oración se excluye a los médicos, abogados, contadores, etc.; y en la otra se incluye a los filósofos en un grupo más amplio, que puede abarcar médicos, abogados, contadores, etc.

En ningún caso los adverbios mencionados motivan la oposición femenino/masculino: filósofas/filósofos.

Si alguien dice “En este colegio solamente se admiten filósofos”, no se espera la pregunta “¿No se admiten filósofas?”; en cambio, sí es posible que alguien pregunte “¿No se admiten ni médicos ni abogados?”

Los grupos posibles incluidos o excluidos mediante tales adverbios están relacionados con las profesiones, no con las mujeres y los varones. De nuevo, el usuario de la lengua no considera que haya discriminación de las mujeres en estos casos porque, ciertamente, no hay tal discriminación.

Ahora bien, puede decirse que, en caso de que sea verdaderamente relevante la oposición femenino/masculino, es totalmente aceptable el desdoblamiento, como en “Tengo hermanos y hermanas”, pero también se pueden usar otras soluciones, como elementos explicativos del tipo hombres y mujeres, el uso de colectivos (alumnado, profesorado, etc.) y otras semejantes, si con ello se evita alguna ambigüedad o simplemente se logra mayor claridad por falta de elementos extralingüísticos o contextuales: “Nuestros funcionarios, tanto hombres como mujeres, usan el mismo tipo de uniforme”. Excepto en estos pocos casos, el desdoblamiento resulta innecesario e injustificado.

No contentos con esto de “todos y todas”, tenemos que soportar el “todes”, o el “todxs”, ¡¿qué es eso, por favor?! Estamos más locos que una cabra, nada es lo que parece, ya no es sólo el masculino patriarcal (como dirían éstas, éstos o lo que sea), que no incluye a la mujer feminista, sino que además no estamos incluyendo al hombre que se siente mujer y a la mujer que se siente hombre, o al hombre que se siente extraterrestre, entonces se ha creado el “todEs” o el “todXs”.

Observemos como vienen las generaciones futuras adoctrinadas en el lenguaje inclusivo…

Bueno, hemos dado un pequeño muestrario de cómo están las cosas, y pensando un poco en voz alta, me pregunto, aunque sé la respuesta, ¿se puede luchar socialmente contra todo esto?

Mi respuesta no es demasiado optimista, lucharemos en nuestros hogares formando a nuestros hijos como seres pensantes que no se dejen arrastrar por este fango inmundo que todo lo tapa y no deja respirar; les tenemos que hacer ver esto, luchar contra nosotros mismos, para que esto no se vuelva en nosotros algo que llegue a provocarnos un acostumbramiento; luchar para que siga generándonos repulsión y un total estado de sorpresa cada vez que nos toque enfrentarnos a estas personas que viven en la absoluta mentira enredados en ideologías vacías y sin sustento; luchar desde la inhóspita trinchera en síntesis, lo que tanto insistimos desde nuestro querido Blog, porque esto, no cambiará, no mejorará, muy por el contrario irá de mal en peor hasta que por fin vuelva Nuestro Señor y restaure todo lo que está perdido, todo lo que esta torcido, todo lo que está mal…

Ven Señor Jesús

Fuente:

https://www.fundeu.es/noticia/lenguaje-inclusivo-6151/