DE ÉSO NO SE HABLA

ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD

 

EL PADRE MANUEL DE LACUNZA Y DÍAZ

Sexta entrega

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“El error que no es resistido es aprobado y la verdad que no es defendida es oprimida”

(Félix III, Papa)

 

Continuación…

RECIBIMIENTO DE LA OBRA DE LACUNZA EN INGLATERRA

Hacia1825, un ejemplar de la edición de 1812 de La venida del Mesías en gloria y majestad despertó la curiosidad de algunos protestantes londinenses, que tradujeron algunos extractos de la obra.

Profundamente afectado por la pérdida de su primogénito, Eduardo Irving comenzó a preocuparse por las profecías y a predicar la doctrina del regreso de Jesucristo en la iglesia presbiteriana de Hatton Garden. Por entonces un amigo le prestó el libro de Lacunza. Aunque no compartía las creencias específicamente católicas de Lacunza, ni aprobaba todas las interpretaciones de la profecía contenidas en La venida, Irving decidió traducir y publicar la obra completa de nuestro jesuita.

En el discurso preliminar puesto al principio de su traducción, Irving se separa de Lacunza en los siguientes aspectos: retiene la interpretación tradicional de las cuatro monarquías universales; da a los días proféticos un valor simbólico (un día profético = un año literal); rechaza el sistema futurista en lo que concierne al libro del Apocalipsis y, finalmente, cree en un anticristo individual.

Irving mantenía estrecha amistad con Samuel Taylor Coleridge (1772-1834). Thomas Finlayson Henderson (1844-1923) atribuye a la influencia de éste la amplitud de las ideas que caracterizó a Irving. Éste, a su vez, ejerció influencia sobre su amigo Coleridge en lo que toca a las profecías bíblicas. El Museo Británico posee un ejemplar del primer volumen del Ben-Ezra de Irving, anotado por Coleridge. (1)

El teólogo escocés Thomas Chalmers (1780-1847), del cual Irving fue el sufragáneo en Glasgow (1819-1822) antes de ser llamado a Londres, se convenció también de ciertas ideas de Lacunza. Chalmers es aún más sobrio que Lacunza en la descripción del milenio, pero igualmente realista en su concepción del paraíso futuro. (2)

Las conferencias proféticas realizadas en Albury Park, en lo de Henry Drummond, de 1826 a 1830, contribuyeron a que se conociesen en Inglaterra las ideas de Lacunza. (3)

Como William Hamilton (1780-1835) criticara los métodos de Lacunza, Drummond tomó la defensa de este último. (4)

Alexander Begg (1800-1868) no menciona a Lacunza más que una vez, pero coincide a menudo con él: es partidario del literalismo en la interpretación de las profecías; cree en la proximidad de la parusía (advenimiento de Cristo); defiende el milenarismo contra Hamilton y Ralph Wardlaw (1779-1853). (5)

Cuando Begg fue atacado por Alexander Gardner (1799-1875), lo defendió William Anderson (1799-1873), pastor de Glasgow. (6)

Otro discípulo de Lacunza fue William Wollaston Pym (1792-1852), vicario de William, Herts. (7)

En el curso de los años que siguieron a la publicación del Ben-Ezra de Irving, Lacunza fue frecuentemente mencionado por la prensa religiosa de habla inglesa. Aunque es imposible citar a todos los autores ingleses que invocaron la autoridad de Lacunza, enumeraré a algunos: Edward Thomas Vaughan (1777-1829); el lugarteniente George Horsley Wood (1794-1874); Charles Popham Miles (1810-1891); Joshua William Brooks (1790-1882); William Thorp (1763-1833); Andrew Robert Fausset (1821-1910); Henry Grattan Guinness (1835-1910); Ernest Meter Cachemaille (1836-1933). (8)

El quiliasmo tuvo un adversario en James Grant (1802-1879). (9)

En favor del milenarismo católico abogó en Inglaterra un italiano, Giovanni Battista Pagani (1806-1860). (10)

Pagani acusa a Lacunza de haber mezclado errores con las ideas católicas del milenio. Distingue, él también, tres clases de milenarios y dos resurrecciones corporales. Da la misma aplicación que Lacunza a la piedra que destruye la imagen de Daniel 2. Por otro lado, Pagani mantiene la interpretación tradicional de las cuatro monarquías y rechaza algunas ideas de Lacunza, tales como la identificación de Babilonia con Roma católica, la explicación de la bestia de los dos cuernos de Apocalipsis 13 y el restablecimiento de los sacrificios israelitas.

Sin querer, Irving, que se mostró reservado sobre las opiniones futuristas de Lacunza, ha contribuido a fundamentar el futurismo protestante por medio de su traducción del Ben-Ezra.

Samuel Roffey Maitland (1792-1866), (11) fue uno de los primeros en valerse de Lacunza para justificar el abandono de la interpretación tradicional de las “cuatro monarquías”. El ejemplo de Maitland fue seguido por James Henthorn Todd (1805-1869), por William De Burgh (1800-1866), y por Henry Browne (1804-1875). (12)

Vaïsse ha mostrado la influencia de Lacunza en la formación de la Iglesia Católica Apostólica llamada Irvingiana. (13)

Los teólogos irvingianos John Sidney Davenport (1808-1900), Francis Sitwell (1787-1865) en una obra póstuma, y William Bramley Moore (1831-1918) no disimulan sus opiniones coincidentes con las de Lacunza. (14)

Los misioneros irvingianos contribuyeron a propagar ideas semejantes a las de Lacunza, no solamente en Gran Bretaña, sino también en muchos otros países. Si los hermanos de Plymouth, conocidos con el nombre de darbistas, hubieran tenido la costumbre de citar sus fuentes, Lacunza aparecería frecuentemente en sus escritos. No he encontrado su nombre, sino en los de Samuel Prideaux Tregelles (1813-1875) y Andrew Miller (1810-1883). (15)

John Arnott Mac Culloch, en un artículo consagrado a esa denominación protestante, hace intervenir a Lacunza como origen del movimiento. (16)

Achille Maulvault (1834-1918), hablando de Lambert, ha señalado la influencia ejercida sobre la escatología darbista por los corifeos del milenarismo católico moderno: Lacunza y Lambert. (17)

El futurismo darbista proviene directamente de Lacunza, aunque se aparta de éste en más de un punto. Georg Friedrich Müller (1805-1898) había comenzado a comprender la importancia del retorno de Jesús en 1829, poco tiempo después de la publicación del Ben-Ezra de Irving. (18)

Notas:

(1) Notes on English Divines, ed. Derwent Coleridge. II, Londres, 1853, págs. 335-348.

(2) Thomas Chalmers, Works, X, págs. 149-174.

(3) Henry Drummond (1786-1860), Dialogues on Prophecy, Londres, 1828-1829.

(4)William Hamilton, A Defence of the Scriptural Doctrine Concerning tire Second Advent of Christ, from the Erroneous Representations of Modem Millenarians, Glasgow, 1828. Henry Drummond, A Defence of the Students of Prophecy, in Answer to an Attack of the Rev. Dr. Hamilton of Strathblane, Londres, 1828.

5) Ralph Wardlaw, Sermons, Edimburgo, 1829, págs. 489-526. Alexander Begg, A Connected View of Some of the Scriptural Evidences of the Redeemer’s Speedy Return, and Reign on Earth with His Glorified Saints, During the Millennium, Paisley, 1829; 4ª ed., 1831

(6) Alexander Gardner, Millenarianism Indefensible, Paisley, 1832. William Anderson, An Apology for Millennial Doctrine, Glasgow, 1830-1831.

(7) William Wollaston Pym, Thoughtson Millenarianism, Hitchin, 1829; 3ª ed., 1831.

(8) Edward Thomas Vaughan, The Church’s Expectation, Leicester, 1828. George Horsley Wood, The Believer’s Guide to the Study of Unfulfilled Prophecy, Londres, 1831. Charles Popham Miles, Lectures on the Book of Daniel, Londres, 1840-1841. Joshua William Brooks, Elements of Prophetical Interpretation, Londres, 1836. Essayson the Second Advent and Kingdom of Christ, Londres, 1834. 4ª ed., 1843.William Thorp, The Destines of the British Empire, Londres 1831; 2ª ed., 1839. Andrew Robert Fausset, The Second Advent. The Millennium, Londres, 1880.Henry Grattan Guinness, The Approaching End of the Age, Londres, 1878.Ernest Meter Cachemaille,

The Visions of Daniel and the Revelation, Londres, 1911.

(9) James Grant, The End of all Things,2ª ed.; Londres, 1866-1867. Grant fue atacado por Alfred George Goodwyn, The Substance of Things Hoped for, Londres, 1867.

(10) Giovanni Battista Pagani, The End of the World, Londres, 1855.

(11) Samuel Roffey Maitland, An Attempt to Elucidate tire Prophecies Concerning Antichrist, Londres, 1830; 2ª ed., 1853.

(12) James Henthorn Todd, Discourses on the Prophecies Relating to Antichrist in the Writings of Daniel and St. Paul, Dublin, 1840. Six Discourses on the Prophecies Relating to Antichrist in the Apoc., Dublín, 1846. William De Burgh, Lectures on the Second Advent of Our Lord, Dublín, 1832; 4ª ed., 1845. The Apocalypse Unfulfilled Dublín, 1823; 5ª ed., 1857. Antichrist, Dublín, 1839.

(13) Emilio Vaïsse, El lacuncismo, págs. 32-39.

(14) John Sidney Davenport Edward Irving and the Catholic Apostolic Church, págs. 9, 10. Nueva York, 1863. Francis Sitwell, God’s Purpose in Creation, págs. 133, 134, 149, 276. Edimburgo,1865 (8ª ed., 1899, págs. 136, 137, 153, 276). William Bramley Moore, The Church’s Forgotten Hope, Glasgow, 1902,págs. 121, 122, 175; (3ª ed., 1905,págs. 222, 223, 328, 329). The Cherubim of Glory, pág. 435, 1917.

(15) Samuel Prideaux Tregelles, The Jansenists: their Rise, Persecutions by the Jesuits, and existing Remnant, Londres, 1851, pág. 97. Andrew Miller, The Brethren, Londres, 1879, pág. 5.

(16) John Arnott Mac Culloch, art. “Brethen (Plymouth)”. Encyclopaedia of Religion and Ethics (Hastings), II, pág. 843, 1926.

(17) Achille Maulvault, art. “Lambert” , Encyclopédie des Sciences Religieuses (Lichtenberger), VII, pág. 693.

(18) Georg Friedrich Müller, The Second Coming of Christ, Bristol, 1881

Resonancias de la obra de Lacunza en Estados Unidos y Alemania

Según el P. Vaïsse, no hubo ningún lazo de parentesco entre Lacunza y el adventismo; (1) pero Friedrich Loofs y Hans Haack opinan lo contrario. (2)

En términos generales, el adventismo es la creencia en un próximo retorno de Cristo. En este sentido, se puede decir que Lacunza fue adventista. (3)

Hablando más particularmente, la palabra adventismo sirve para designar un movimiento religioso que tuvo como antepasado espiritual a William Miller (1782-1849). Miller nombra a Irving y a Wolff entre los que hicieron resonar “el clamor de medianoche”.

El acuerdo entre Lacunza y Miller no queda establecido sino en dos aspectos: la importancia de la doctrina del regreso del Señor y la futuridad del milenio. Miller niega toda restauración nacional de los judíos. Lacunza había reaccionado contra la tendencia de quienes aplicaban a la primera venida de Cristo, profecías que se relacionan con la segunda. Miller también: “Partiendo del principio que todas las profecías concernientes al Mesías deben realizarse al pie de la letra, y notando que muchas de ellas no se cumplieron en nuestro Señor en el momento de su primer advenimiento, se concluye que serán cumplidas en su segundo advenimiento”. (4)

La primera mención de Lacunza que encontré en la literatura adventista se debe a la pluma de Josías Litch (1809-1886): “Muchos suponían que las guerras de Napoleón eran las de los últimos días, que debían preceder al reino milenario, y que la batalla de Waterloo era la guerra del Armagedón. Pero el debate que se originó referente a la profecía animó el espíritu de investigación y algunos descubrieron la verdadera luz, la doctrina del reino personal de Cristo sobre la tierra, y comenzaron a enseñarla. Entre éstos se encontraba un español, católico romano, que escribió una obra sabia y voluminosa, bajo el seudónimo de Ben-Ezra. Ese libro cayó en manos de Edward Irving. Los ojos de ese célebre y elocuente predicador se abrieron ante la gloriosa verdad del advenimiento premilenial de Cristo, de la cual se volvió ardoroso partidario. Comenzó traduciendo a Ben-Ezra, y luego escribió numerosas obras acerca del mismo asunto. Durante algún tiempo, esos trabajos produjeron en Inglaterra la misma resonancia que Miller obtuvo años más tarde en nuestro país. Una obra semejante a la de Ben-Ezra apareció en Alemania. Su autor era Bengel”. (5)

Estas líneas inspiraron un párrafo a la señora Elena Gould Harmonde White (1827-1915): “En la América del Sur, en medio de la barbarie y de las supersticiones de los sacerdotes católicos, el jesuita chileno Lacunza escudriñó las Sagradas Escrituras y encontró la verdad de la próxima venida de Cristo. Impelido a dar el aviso, pero deseando, no obstante, librarse de la censura de Roma, publicó sus opiniones bajo el seudónimo de Rabbi Ben-Israel, dándose por judío convertido. Lacunza vivió en el siglo XVIII, pero hasta 1825 no se tradujo al inglés su libro, publicado en Londres, contribuyendo a aumentar el interés que estaba despertando ya en Inglaterra la cuestión del segundo advenimiento”. (6)

Traducida a muchos idiomas y propagada en todos los países del mundo, la obra de la señora White de la cual se ha sacado este pasaje ha contribuido a atraer hacia Lacunza la atención del público. Los historiadores del movimiento adventista, a su vez, han asignado a Lacunza un lugar honorable, a la par de Bengel, Irving y Miller, entre los heraldos del Cristo que vuelve. (7)

Los propagandistas adventistas han hecho más que los irvingianos para acrecentar la celebridad de Lacunza en todos los continentes. Mencionemos a Ludwig Richard Conradi (1856-1939), que durante mucho tiempo estuvo a la cabeza del movimiento en Europa. (8)

En Alemania

Los teólogos alemanes no prestaron mucha atención a Lacunza, pues el apoyo de los irvingianos y adventistas más bien lo deslucía a los ojos de los sabios.

Partidarios y adversarios del milenarismo se atacaron en base a Petersen y Bengel. Sólo ocasionalmente hicieron intervenir al P. Lambert en sus debates.

Explicando el Apocalipsis, Friedrich Sander (1797-1859) citó a Irving y Drummond, junto a Bengel, Mede y Vitringa, (9) pero no a Lacunza.

El quiliasmo ha sido defendido por Christoph Gloeter y por Heinrich Wilhelm Rinck-Imhof (18221881), sin que ninguno de los dos haya invocado la autoridad de Lacunza. (10)

Julius Diedrich atacó a Petersen, Spencer, Bengel, a los irvingianos, sin nombrar a Lacunza. (11)

G. E. Riemann, al tomar la defensa del reino milenario contra Diedrich, se limitó a mencionar a Petersen, Spencer y Bengel. (12)

Ludwig Albrecht mencionó a Lambert y a Lacunza. Hablando en Madrid, dijo: “En el siglo XIX, un sacerdote de este país, el ilustrado jesuita Lacunza, ha sido uno de los primeros que ha llamado la atención de los fieles al día del Señor, en su obra magnífica sobre La venida del Mesías en gloria y majestad, publicada en 1812 y autorizada por la censura eclesiástica”. (13)

En la 4ª conferencia me ocupo del sabio jesuita español Lacunza, que vivió a fines del siglo XVIII. Tengo el propósito de publicar en el próximo año de 1904 los pasajes más importantes de su obra magnífica…, y de añadir a esta publicación una conferencia que he dado este año sobre Lacunza en el Ateneo de Madrid”. (14)

Hubo en Alemania algunos autores católicos favorables al milenarismo que se mostraron ingratos hacia Lacunza. Entre ellos: Johann Nepomuk Schneider (1832-1881), que menciona a Bengel y a los irvingianos, sin nombrar a Lacunza. (15)

Tampoco he encontrado alusiones a Lacunza en Georg Karl Mayer (1811-1868), (16) ni en August Rohling (1839-1931). (17)

El filósofo Friedrich von Schlegel (1772-1829), aunque rechaza el quiliasmo, se acerca a los conceptos de Lacunza. (18). Espera un reino terrestre de Cristo, introducido por la parusía.

Notas:

(1) Emilio Vaïsse, El lacuncismo, pág., 85: “El adventismo no parece tener relaciones con el lacuncismo”.

(2) Friedrich Loofs, art. “Adventisten”, Real-Encyklopädie für protestantische Theologie und Kirche, 3ª ed., I, 1896, pág.191. Hans Haack, art. “Adventisten”, Die Religion Geschichte und Gegenwart , 2ª ed., I, 1927, col. 91. Art. “Lacunza”, III, 1929, col. 1449.

(3) Abel Cháneton(1888-1943), En torno a un Papel anónimo del siglo XVIII, Buenos Aires, 1928, pág 29, ve en la obra de Lacunza “un nuevo comentario adventista del Apocalipsis”.

(4) Adolphe-Alfred Tanqueray (1854-1932), art. “Miller”, Dictionnaire de Théologie Catholique, I, col. 512. (5) Josiah Litch, Prophetic Expositions, Boston, 1842, I, págs. 204, 205.

(6) Ellen G. White, The Great Controversy, 13ª ed., Oakland, pág. 363. El conflicto de los siglos, Barcelona, pág. 463. Ed . Buenos Aires, págs. 412, 413. En la Diatriba, sec. VII, se lee: “Dio a luz su obra bajo el nombre de un judío José Ben-Israel”.

(7) John Norton Loughborough (1832-1924), Rise and Progress of the Seventh-day Adventists, Battle Creek, Michigan, 1892, págs. 20, 21. Nueva ed., The Great Second Advent Movement, Washington, D.C., 1905, 1909, págs. 86, 89. Last Day Tokens, Oakland, 1904, págs. 43, 53. Malhon Elsworth Olsen (1873-1952), A History of the Origin and Progress of Seventh-day Adventism, 1925, 1926,1932, págs. 93, 94.

(8) Ludwig Richard Conradi, Prophetischer Ausblick auf Zeit und Ewigkeit, Hamburgo, 1918, pág. 452. Die Offenb. J.C., 1903, pág.420. Ed. 1907, pág. 429. Der Scher von Patmos,3ª ed., 1910, pág. 429. Los videntes y lo porvenir, Barcelona, pág. 645. Das Goldene Zeitalter, Hamburgo, 1923, págs. 561, 571. The Impelling Force of Prophetic Truth, Londres. 1935, pág. 486.

(9) Friedrich Sander. Versuch einer Erklärung die Offenbarung Johannes ,Stuttgart, 1829, págs. VII-X.

(10) Christoph Cloeter, Eine Heerde unter einem Hirten im Königreich Jesu auf Erden, Stuttgart, 1859.6ª ed., 1930. Heinrich Wilhelm Rinck-Imhof, Weltreich und Gottesreich, Elberfeld, 1859. Die Schriftmässigkeit d. Lehre v. tausendj. Reich, 1866.

(11) Julius Diedrich, Wider den Chilliasmus, Leipzig, 1857, 1858.

(12) G. E. Riemann, Die Lehre der heil. Schrift vom tausendj. Reiche ,Schönebeck, 1852. Das tausendj. Reich gehört nicht der Vorgangenheit, sonder d. Zukunft an, Gütersloh,1860.

(13) Ludwig Albrecht, ¿En qué época estamos? Madrid, 1900, págs. 42, 43.

(14) Jesucristo crucificado y resucitado, Madrid, 1903, pág. 5. Ver además. Das Apostolische Werk des Endes, Berlin, 1924, págs.4, 5.

(15) Johann Nepomuk Schneider, Die chiliastische Doktrin und ihr Verhältniss zur christlichen Glaubenslehre, Schaffhausen, 1859.

(16) Georg Karl Mayer, Die messianischen Prophezieen, Viena, 1863-1866.

(17) August Rohling. Auf nach Zion!, Kempten, 1901. Erkl. d. Apok., 1895, 1896.

(18)Friedrich von Schlegel, Philosophie de l’Histoire, trad. Lecbat, París, 1836. Philosophy of History, trad. James Barton Robertson, Londres, 1835. Philosophie de la Vie, trad. Guénot, París, 1838. Véase E. B. Elliott, Horae Apoc., IV, 5ª ed., pág. 553

La venida del Mesías llega a los Países Bajos

En Bélgica no hay más que dos autores que se relacionan con Lacunza: Dominique Vercruysse-Bruneel y su hijo François. (1)

Los jansenistas de Holanda se comunicaban frecuentemente con los de Francia y de Italia. Christianus Karsten (1810-1884), director del Seminario de Amersfoort, pareció interesarse por Lacunza, cuya obra no poseía. (2)

Tregelles relata una entrevista que tuvo en septiembre de 1850 con Johannes van Santen (1772-1858), arzobispo jansenista de Utrecht desde 1825. Los dos conversaron largo rato acerca de las profecías bíblicas, y van Santen prestó a Tregelles la Exposition de Lambert y algunos comentarios de Agier acerca de la Biblia. Tregelles observa que Agier usó mucho los escritos de Lacunza. (3)

Holanda ha tenido teólogos milenaristas. Los que son posteriores a Lacunza no parecen relacionarse con el sistema de nuestro jesuita. Jan Jacob Oosterzee (1817-1882) ha expuesto tesis quiliastas en la mayor parte de sus obras, sin mencionar a Lacunza. (4)

En Suiza, Frédéric de Rougemont (1808-1876) ha mencionado a Lacunza. (5)

Otro autor que ha mencionado a Lacunza es Karl von Mickwitz. (6)

Gaussen y Guers conocían a Lambert, pero nunca nombraron a Lacunza; (7) con todo, las opiniones escatológicas de Guersse asemejan a las de Lacunza. Ello sugiere una influencia indirecta a través de Lambert. Adolf Koch enseña un milenio futuro, sin mencionar a nuestro jesuita. (8)

El abate Pietro Moglia (1801-1869), doctor en teología de la facultad del Colegio Romano, fue capellán del hospital católico de Ginebra. En esa ciudad, escribió su obra acerca de las profecías. (9)

Moglia ha tenido la extraña idea de buscar en el libro de Job la historia profética del cristianismo. Aunque no nombra a Lacunza, es evidente que éste influyó sobre Moglia, el cual es partidario del literalismo, espera dos resurrecciones corporales separadas por un intervalo de mil años, una restauración de Israel, y un reino milenario terrenal, pero espiritual, durante el cual Satanás sería atado.

Para él, como para Lacunza, la piedra de Daniel 2 se relaciona con el reino futuro de Jesucristo. Al igual que Zoppi y Lacunza, predice el traslado del papa de Roma a Jerusalén.

Sobre un punto Moglia está en desacuerdo con Lacunza: da lugar a la parusía al fin del milenio, admitiendo solamente una intervención de Cristo al comienzo de ese período. El pastor Philippe Basset (1790-1848), de Ginebra, cita a Lambert, pero parece ignorar a Lacunza. (10)

Notas:

(1) Dominique Vercruysse, bajo el seudónimo de Joseph de Félicité, La Régénération du monde, Courtrai, 1860. La Résurrection dans le système de la Régénération du monde, Bruselas, 1869. Ninguna alusión a Lacunza. Las dos obras fueron incluidas en el Índice por decreto del 12-1-1876. François Vercruysse ha publicado L’idée du Règne du Dieu, Le Mémorial Catholique, págs. 191-194. París, 1867.

(2) Carta de Sophie Gillet, París 5-11-1862, a Karsten (Archivo de Port-Royal, París).

(3) Samuel Prideaux Tregelles, The Jansenists: their Rise, Persecutions by the Jesuits, and existing Remnant, Londres, 1851, págs.80-98.

(4) Jan Jacob Oosterzee, Christologie, II, págs.434-465. Rotterdam, 1857.

(5) Frédéric de Rougemont, Les deux Cités, II, París, 1874, pág. 560.

(6) Karl von Mickwitz, Stimmen aus der Kirche über die Wiederkunft des Herrn, Basilea, 1893,pág. 44.

(7) Louis Gaussen(1790-1863). Les Juifs évangélisés enfin, et bientôt rétablis, París, 1843.Tolosa, 1861. Emile Guers (1794-1882). Israël aux derniers jours de l’économie actuelle, Ginebra, 1856.

(8) Adolf Koch. Das tausendj. Reich, Basllea,1872.

(9) Pietro Moglia, Essai sur le livre de Job et sur les prophéties relatives aux derniers temps. París, 1865.

(10) Philippe Basset, Explication raisonnée de l’Apocalypse, III, París, 1832, págs. 37, 38.

Continuará…

 

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