DOM GUERANGER: Témporas de Pentecostés

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 Este año: miércoles 23, viernes 25 y sábado 26 de mayo 

Las cuatro témporas anuales

Las Cuatro Témporas son cuatro semanas, pero no completas, sino al estilo antiguo, dedicadas al ayuno, a la abstinencia y a la oración, con ocasión de las cuatro estaciones del año, a saber: primavera, verano, otoño e invierno; para dar gracias a Dios por las cosechas recibidas, ofreciéndole las primicias, y para pedirle sus bendiciones sobre las venideras.

Es una manera práctica de reconocer y adorar la Divina Providencia, de la que todas las criaturas estamos pendientes para recibir el alimento en los tiempos convenientes. Bien comprendidas y bien celebradas, bastarían ellas para curar al mundo del afán de lucro y de la excesiva ansiedad por la comida, por la bebida y por el vestido que devora y saca de quicio a los mortales.

Los días consagrados por las Cuatro Témporas son: el miércoles, el viernes y el sábado, los únicos días, con el domingo, de la semana litúrgica primitiva.

Dichos días cuentan con Misa propia, adecuada a las circunstancias. La del miércoles tiene una profecía, además de la epístola habitual, y la del sábado, cinco. El sábado está ahora destinado a las ordenaciones mayores y menores; si bien antiguamente las del diácono y sacerdote se reservaban para las de diciembre.

Por su carácter de penitencia, por su liturgia especial y por los fines por los cuales han sido instituidas y se celebran, las Cuatro Témporas son como triduos de retiro espiritual al alcance de todos los cristianos.

Para recordar las fechas de las cuatro témporas, reténgase esta frase mnemotécnica: Post Lu., Post Cen., Post Pen., Post Cru., que quiere decir que caen: después de Santa Lucía (el 13 de diciembre), después de Ceniza, después de Pentecostés, y después de la Santa Cruz (que es el 14 de septiembre).

De: El Año Litúrgico, de Dom Guéranger

Se la puede catalogar en el número de los usos que la Iglesia ha tomado de la Sinagoga; porque el profeta Zacarías habla del ayuno del cuarto, quinto, séptimo y décimo mes (Zac., VIII, 19).

La introducción de esta costumbre en la Iglesia cristiana parece remontarse a los tiempos apostólicos; tal es, al menos, el parecer de San León, de San Isidoro de Sevilla, de Rábano Mauro y de otros muchos escritores de la antigüedad cristiana; no obstante eso, hay que notar que los orientales no observan este ayuno.

En la Iglesia Romana, las Cuatro Témporas quedaron fijas en los tiempos que se celebran ahora, desde los primeros siglos; y si se hallan numerosos testimonios de los tiempos antiguos en los que se mencionan Tres Témporas en vez de Cuatro, es porque las Témporas de primavera, como caen siempre dentro de la primera semana de Cuaresma, no añaden nada a las prácticas de los cuarenta días, dedicados ya a un ayuno más riguroso que los practicados en el resto del año.

La finalidad del ayuno de las Cuatro Témporas es en la Iglesia la misma que lo fue en la Sinagoga; es a saber, santificar por medio de la penitencia cada una de las estaciones del año.

Avivemos en nosotros, con ayuda de estas prácticas, el celo de los tiempos antiguos, teniendo siempre presente que, si la preparación interior es ante todo necesaria para el Advenimiento de Jesucristo a nuestras almas, esta preparación no sería en nosotros verdadera, si no se manifestase externamente en prácticas de religión y penitencia.

Tener en cuenta que las estaciones son contrarias al texto, en el hemisferio sur.