SAN RUFO

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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 Hoy nos encomendamos a:

SAN RUFO, OBISPO Y CONFESOR.

El bienaventurado san Rufo era hijo de un caballero noble y rico, natural de la famosa ciudad de Cirene, en África, el cual vino después a tanta pobreza, que avergonzado huyó de dicha ciudad con sus dos hijos Alejandro y Rufo, y se acogió a Jerusalén, donde parece que servia a alguno de los principales señores que vivían en ella.

Del Evangelio sólo consta que, viniendo Simón, padre de Alejandro y de Rufo, de una alquería a Jerusalén en el día de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, los judíos le obligaron a que ayudase a Jesús, llevando algún tiempo la cruz o parte de ella, porque iba tan maltratado el Señor, que temieron su muerte antes de llegar al lugar destinado.
Entre los padres de la Iglesia hay algunos que afirman haber sido Simón gentil, y que en su personas cuando llevó la cruz de Cristo, se representó la Vocación de los gentiles a la participación del Evangelio y de la cruz del Señor.

Con ocasión de esto, como oyese Rufo, hijo de Simón, predicar las grandezas de nuestro Señor Jesucristo, y que después de muerto hacia grandes milagros, convirtióse a nuestra Santa fe, y acompañóse con el grande predicador y doctor de las gentes el apóstol san Pablo, el cual, en el capítulo 16, vers. 13 de la epístola a los romanos, escribiendo a los cristianos que estaban en Roma, dice así: « Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía.»

En el capítulo precedente ofreció el apóstol a los romanos visitarlos cuando emprendiese su viaje a España, adonde deseaba ser conducido por ellos. Y siendo san Rufo tan célebre entre los primeros cristianos, según lo manifiesta el elogio con que le honra san Pablo, llamándole escogido en el Señor, no es de extrañar que el mismo apóstol lo trajese en su compañía y lo dejase en la ciudad de Tortosa del principado de Cataluña, después de consagrarle obispo de ella.

Conforme a los cómputos más exactos la venida de san Rufo con el apóstol y su elección para la iglesia de Tortosa no se puede atrasar al año de 61, que es el que señalan los que dilatan más el viaje del apóstol a España.

Faltando las actas de los primeros ministros del Evangelio elegidos por los apóstoles no es posible referir los frutos que produciría su predicación en Tortosa y los pueblos vecinos. Pero habiendo sido de santidad tan eminente y ministro elegido en el Señor por el apóstol san Pablo, no puede dudarse que a su celo y ministerio apostólico se deben en gran parte los progresos que tuvo la religión cristiana en la provincia tarraconense.

El padre Doménech en su Historia de los santos de Cataluña dice que los historiadores del reino de Valencia tienen por tradición que la fama de los sermones de san Rufo llegó hasta Valencia, con cuyo motivo le suplicaron algunas personas principales de aquella ciudad se sirviese enviarles predicadores que les enseñasen la fe de Jesucristo. Hízolo el santo enviándoles cuatro clérigos discípulos suyos, que les enseñaron la ley evangélica.
Habiendo, pues, el glorioso santo con su predicación y vida santísima gobernado maravillosamente su obispado de Tortosa el tiempo que en ella estuvo, y enriquecíendose de grandes tesoros de virtudes, fue servido el Señor llevarle a gozar de su gloria para siempre en el cielo, donde lo tienen los de Tortosa por su perpetuo abogado e intercesor.

Los martirologios no señalan el lugar del fallecimiento de San Rufo, y por lo que toca al día lo ponen en el 21 de noviembre. Pero el día de su fiesta ha sido en todo tiempo el 14 de noviembre, en que se ha celebrado antes del concilio tridentino con solemnidad y con Octava, leyéndose en el rezo lecciones propias, en las que se refiere, no solo su obispado en Tortosa, sino también la conservación de sus reliquias. Esto segundo tiene también el testimonio que menciona Martorel en la pág. 348.

Después de cesar el uso de los breviarios particulares de las iglesias rezó la de Tortosa y toda su diócesis de San Rufo con rito doble y Octava; pero tomando el oficio del común de confesor pontífice, por decreto de Urbano VIII, dado en 10 de febrero de 1629. En el año de 1671 aprobó la sagrada congregación de Ritos el himno propio del santo, que presentó el cabildo de la misma iglesia, concediendo que se pudiese rezar en ambas vísperas y maitines. En este himno después de invocar al Espíritu Santo se ponen tres estrofas que contienen la tradición de esta iglesia acerca de su santo obispo y patrono.

Leyenda de oro

R. Dr. José Palau

 

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea