JAFG: LA ILUSIÓN DE DOM TOMÁS

Misterios de iniquidad

RUSIA Y SUS ALIADOS

En el No. 8 de su Boletín intitulado “Voz de Fátima, Voz de Dios”, del 25 de marzo pasado, Monseñor Ferreira da Costa, Dom Tomás de Aquino, principia recordando que Nuestra Señora, la Santísima Siempre Virgen María advirtió en Fátima acerca de la II Guerra Mundial y que pidió la consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón para evitar el conflicto bélico.

Curiosamente, el Obispo concluye su artículo pidiendo oraciones para que el Papa y los obispos realicen tal consagración, como si hubiese olvidado que el propósito de consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María era el de evitar esa guerra.

¿Para qué pedir oraciones por la consagración de Rusia? ¿Para qué se quiere esa consagración? Ciertamente la Virgen la pidió para evitar la guerra. Pero como su pedido no fue escuchado, la humanidad se vio envuelta en ese terrible conflicto, que era parte del castigo al que Nuestra Señora se refirió; el resto del castigo ya también se verificó: Rusia esparció sus errores y en la actualidad el mundo sufre las consecuencias de esos errores. Entonces, ¿para qué pedir esa consagración?

No es que haya algo de malo en que Rusia sea consagrada a María Santísima. Pero hacerlo ya no será muy diferente de consagrar cualquier otro país al Inmaculado Corazón. El pedido de Nuestra Santísima Madre era perentorio, tenía un plazo, pues Ella dijo que, si no se atendía, en el reinado de Pío XI vendría el castigo. Es evidente que el plazo venció sin que el pedido fuese cumplido…

Pero, si no es malo rezar porque Rusia sea consagrada a María, sí hay peligro en crear y alimentar falsas esperanzas.

Con frecuencia se confunden las personas creyendo que, como la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María no se realizó en tiempo ni en forma conforme había sido solicitado, todavía puede obtenerse la conversión de Rusia y el período de paz con el triunfo del Inmaculado Corazón.

Pero no debemos engañarnos: el triunfo al que se refirió Nuestra Señora no era ni podía ser un triunfo parcial ni perecedero, que sería pisoteado por el Anticristo, ni podría estar sujeto al cumplimiento de su pedido.

El triunfo del Inmaculado Corazón es algo que tenemos por seguro, es algo que indefectiblemente va a ocurrir; es un triunfo incondicional y definitivo. Ni el Anticristo ni nadie podrán pisotearlo, porque ocurrirá al fin.  “Al fin mi Inmaculado Corazón triunfará”.

Por otra parte, Dom Tomás se pregunta (de manera retórica) por qué la Virgen no se refirió a Alemania y sí a Rusia cuando habló de la II Guerra Mundial. Y al responder, su pregunta sostiene que:

«El mal causado por Rusia fue mayor que el mal causado por Alemania.»

No sólo el mal causado por Rusia fue mayor, sino también el causado por otros de sus aliados.

¿Acaso no fueron los aliados occidentales —principalmente— quienes permitieron que la Unión Soviética devorara a media Europa y que esparciera sus errores?

¿No fueron esos aliados quienes distrajeron a los alemanes con una guerra que Hitler no quería y con la que retrasaron la invasión alemana hacia el oriente, invasión que había sido anunciada muchos años atrás?

¿No fueron esos aliados los que, sin ninguna necesidad, bombardearon las dos ciudades japonesas con mayor número de católicos?

El Obispo continúa: «Grave error de parte de los Aliados, que vieron el error del nazismo, que es real y que fue condenado por Pío XI, pero no vieron el error del comunismo, que es peor y que fue igualmente condenado por Pío XI como “intrínsecamente perverso”.»

¿En verdad cree usted, Monseñor, que los aliados no vieron el error del comunismo?

¿No habían ya visto lo ocurrido en la Unión Soviética, una vez que el comunismo se impuso (siempre apuntalado por potencias occidentales), y los millones de ucranianos que Stalin había matado?

¿Ignoraban lo que había pasado en España, las persecuciones y ejecuciones?

Por supuesto que no lo ignoraban: esos aliados ayudaron a los soviéticos a sabiendas de lo que hacían.

Por esta razón, suena a ilusión la frase de Monseñor Ferreira da Costa: «Mientras el Papa no consagre Rusia al Inmaculado Corazón y Rusia no se convierta, los libros de Historia continuarán callando el error de los Aliados al colaborar con el comunismo, con el que, dice Pío XI, no se permite ninguna especie de colaboración».

¿Por qué? Porque para que los libros de Historia denuncien el error de los Aliados al colaborar con el comunismo, los que se tienen que convertir son los Aliados y los aliados de los Aliados, incluso los que pueblan el Vaticano y usurpan los obispados de todo el mundo.