12 DE SEPTIEMBRE: EL DULCÍSIMO NOMBRE DE MARÍA

Oración al Dulce Nombre de María

(San Alfonso María Ligorio)

¡Madre de Dios y Madre mía, María!

Yo no soy digno de pronunciar tu nombre; pero tú que deseas y quieres mi salvación, me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura, que pueda llamar en mi socorro tu santo y poderoso nombre, que es ayuda en la vida y salvación al morir.

¡Dulce Madre, María!, haz que tu nombre, de hoy en adelante sea la respiración de mi vida.

No tardes, Señora, en auxiliarme cada vez que te llame. Pues en cada tentación que me combata, y en cualquier necesidad que experimente, quiero llamarte sin cesar; ¡María!

Así espero hacerlo en la vida, y así, sobre todo, en la última hora, para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado: “¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”

¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo nombrarte y pensar en ti!

Doy gracias a nuestro Señor y Dios, que nos ha dado para nuestro bien, este nombre tan dulce, tan amable y poderoso. Señora, no me contento con sólo pronunciar tu nombre; quiero que tu amor me recuerde que debo llamarte a cada instante; y que pueda exclamar con San Anselmo:

“¡Oh nombre de la Madre de Dios, tú eres el amor mío!”

Amada María y amado Jesús mío, que vivan siempre en mi corazón y en el de todos, vuestros nombres salvadores. Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre, para acordarme sólo y siempre, de invocar vuestros nombres adorados. Jesús, Redentor mío, y Madre mía María, cuando llegue la hora de dejar esta vida, concédeme entonces la gracia de deciros:

“Os amo, Jesús y María; Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía”.

Dom Gueranger: El Dulcísimo Nombre de María

EL DULCÍSIMO NOMBRE DE MARÍA OBJETO DE LA FIESTA
 
Unos días después del nacimiento del Salvador, ha consagrado la Iglesia una fiesta a honrar su nombre bendito. De esa manera nos enseñaba todo lo que ese nombre tiene para nosotros de luz, fuerza y dulzura para animarnos a invocarle con confianza en todas nuestras necesidades (1).
De modo semejante, en esta octava de la Natividad de la Santísima Virgen, dedica un día la Iglesia a honrar el santo nombre de María y, por la Liturgia y la doctrina de los Santos, nos enseña también cuántas riquezas espirituales encierra este nombre para nosotros, a fin de que, como el nombre de Jesús, lo tengamos continuamente en nuestros labios y en nuestro corazón.
HISTORIA DE LA FIESTA 
Roma concedió en 1513 a una Iglesia de España, a Cuenca, la fiesta del Dulce nombre de María. Suprimida por San Pío V y restablecida por Sixto V, fué concedida después, en 1671, al reino de Nápoles y al Milanesado. El 12 de Septiembre de 1683, Juan Sobieski y sus polacos derrotaron a los turcos que asediaban a Viena y amenazaban a la cristiandad; Inocencio XI, en acción de gracias, extendió la fiesta a la Iglesia universal fijándola en el Domingo de la infraoctava de la Natividad. San Pío X la volvió a poner en el 12 de septiembre.
 
NOMBRE VENIDO DEL CORAZÓN DE DIOS
Nos debe interesar más que el recuerdo histórico de la institución de la fiesta, el significado del nombre bendito que se impuso a la que iba a ser Madre de Dios y Madre nuestra. Entre los judíos el nombre tenía una importancia grandísima y su imposición se hacía ordinariamente con solemnidad. Por la Sagrada Escritura sabemos que algunas veces intervino Dios para designar el nombre que uno u otro de sus servidores debía llevar: el ángel Gabriel avisa a Zacarías que su hijo se llamará Juan; y el mismo ángel dice también a San José al explicarle la Encarnación del Verbo: “Le llamarás Jesús”. Por tanto, se puede pensar que Dios intervino de una manera o de otra para que a la Santísima Virgen se la llamase con un nombre que respondiese exactamente a su grandeza y a su dignidad. Joaquín y Ana impusieron a su hija el nombre de María, que tan querido se nos ha hecho.
“ES TU NOMBRE ACEITE DERRAMADO”
Complaciéronse los Santos en comparar el nombre de María con el de Jesús. San Bernardo aplicó al Señor el texto del Cantar de los Cantares : “Es tu nombre aceite derramado” (2). Porque el aceite es luz, alimento y medicina. Otro tanto dice Ricardo de San Lorenzo: “el nombre de María se compara al aceite. Porque, por encima de todos los otros nombres, excepción hecha del de su Hijo, el nombre de María restaura a los que están cansados, ablanda a los empedernidos cura a los enfermos, da luz a los ciegos, rehace a los agotados, los unge para nuevos combates rompe la esclavitud del diablo y sobrepuja a todo nombre, como el aceite a cualquier otro líquido…” (3).
OTRAS INTERPRETACIONES
Más de sesenta y siete interpretaciones se han dado al nombre de María, según se le considere como un nombre de origen egipcio, siriaco o hebreo, como un nombre simple o un nombre compuesto. No pensamos detenernos en las interpretaciones, pero podemos recordar las cuatro principales que los autores antiguos atribuyen al nombre de María. “El nombre de María, decía San Alberto Magno, tiene cuatro sentidos; significa: iluminadora, estrella del mar, mar amargo, ama o señora” (4).
ILUMINADORA
Iluminadora: lo es la Virgen Inmaculada, que nunca quedó deslucida por la sombra del pecado; es la mujer revestida del sol; “Ia que ha iluminado a todas las Iglesias con su gloriosa vida” (5); finalmente, la que ha dado al mundo la luz verdadera, la Luz de vida.
ESTRELLA DEL MAR
Estrella del mar: así la saluda la misma Liturgia en el himno tan poético y tan popular del Ave maris Stella…; igualmente la saluda con este hermoso nombre en la Antífona de Adviento y del tiempo de Navidad: Alma Redemptoris Mater. Ya sabemos que la estrella del mar es la estrella polar. Ahora bien, la estrella polar es la más brillante, la más elevada, la última de las estrellas que forman la Osa Menor, tan cercana al polo que parece inmóvil y que conserva una posición como invariable durante muchas noches. Por eso mismo es de gran utilidad para saberse orientar en el mapa del cielo y es una ayuda al navegante que no tiene brújula .
Así también, Nuestra Señora es la criatura más alta en dignidad, la más bella y la más cercana de Dios; invariable en su amor y en su pureza, para nosotros es ejemplo de todas las virtudes, ilumina nuestra vida y nos enseña el camino para salir de las ti nieblas y llegara Dios, que es la verdadera luz.
MAR AMARGO
Mar amargo: María se puede decir que lo es en este sentido: por su bondad maternal nos convierte en amargos aquellos placeres del mundo que podrían seducirnos y hacernos olvidar el bien único y verdadero; mar amargo también porque, en la Pasión de su Hijo, sintió atravesada el alma por la espada del dolor. Es un mar porque, así como el mares inagotable, de igual manera la bondad y la liberalidad de María con todos sus hijos no tiene fin. Las gotas del agua del mar nadie las puede contar sino la ciencia infinita de Dios: tampoco nosotros podemos siquiera sospechar la suma inmensa de gracias que Dios depositó en el alma bendita de María desde el momento de su Concepción Inmaculada hasta su gloriosa Asunción a los cielos.
SEÑORA NUESTRA
Finalmente, María es con toda verdad, según el título que la dió España: Nuestra Señora; Señora, es decir, Reina, Soberana. Reina ciertamente lo es ella, la más santa de todas las criaturas, Madre del que es Rey por el título de la Creación, Encarnación y Redención; ella, que, después de haber quedado asociada al Redentor en todos sus misterios, le está gloriosamente unida en cuerpo y alma en el cielo, en la bien aventuranza eterna, donde continua y juntamente con su divino Hijo intercede por nosotros y aplica a nuestras almas los méritos que con El adquirió, las gracias de las que es mediadora y distribuidora.
SERMÓN DE SAN BERNARDO 
Pidamos, pues,a la Santísima Virgen que se digne hacer verdaderos en nosotros los diversos significados que los santos y doctores dan a su nombre bendito, para terminar, copiamos de San Bernardo el final de su segunda homilía sobre el Evangelio Missus est: “Y el nombre de la Virgen era María. Digamos también algo de este nombre, que significa estrella del mar. Conviene perfectamente a la Madre de Dios. Como el astro emite su rayo de luz, así la Virgen dió a luz a su Hijo; ni el rayo disminuyó la claridad de la estrella, ni el Hijo la virginidad de la Madre. ¡Noble estrella la que ha salido de Jacob, cuyos rayos iluminan al mundo, la cual resplandece en los cielos, penetra en los abismos, recorre toda la tierra! Más que a los cuerpos, calienta a las almas, consume el vicio y fecunda la virtud. Así es realmente: María es el astro deslumbrante y sin igual, necesario a este mar inmenso; es la estrella que brilla por sus méritos y nos alumbra con sus ejemplos. “Oh tú, quienquiera que seas, que en el flujo y reflujo de este mundo te das cuenta que caminas no tanto en tierra firme como en medio de tempestades y torbellinos, no a partes la vista del astro espléndido ni no quieres desaparecer entre el huracán. Si se levanta la borrasca de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, Invoca a María. Si eres juguete de las olas de la soberbia o de la ambición, de la calumnia o de la envidia, mira a la estrella, invoca a María. Si la avaricia, o la cólera, o los halagos de la carne azotan la nave de tu alma, vuelve tus ojos a María. Si asustado por la enormidad de; tus pecados, o avergonzado de ti mismo, o tembloroso ante el juicio terrible ya cercano, sientes que se ahonda de bajo de tus pies el abismo de la tristeza o de la desesperación, piensa entonces en María. En los peligros, en las angustias, en la duda, piensa en María, invoca a María.
“Esté continuamente en tus labios, esté en” tu corazón; imítala y así tendrás su ayuda de un modo seguro. Siguiéndola, no yerras; rogándola, no te desesperas; pensando en ella, no te extravías. Apoyado en ella, no caes; amparado por ella, no temes; guiado por ella, no te fatigas, al que el la favorece, llega a puerto seguro. Y de este modo sentirás en ti mismo la verdad de esta palabra: el nombre de la Virgen era María.”
Notas
1. Año Litúrgico, I, 322-321.
2. Cant., I, 3.
3. De Laudibus B. M. V., 1. II, c. 2.
4. Comentario sobre S. Lucas, I, 27.
5. Liturgia
Fuente: