PADRE LEONARDO CASTELLANI: MUJERES APOCALÍPTICAS

EN EL COMBATE DE RESISTENCIA

LOS PAPELES DE BENJAMIN BENAVIDES

PARTE TERCERA

CAPÍTULO V: LA OTRA MUJER

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Hoy el judío nos dio una notable clase acerca de la otra mujer del Apokalypsis —que según él designa a Israel—, hablando con un labio partido y la cara con parches de tira emplástica —pero con una animación y un brío inaudito.

Se peleó ayer a golpes con el yugoslavo de la cocina, que ahora resulta que no es yugoslavo sino turco o druso, pero que vino de Yugoslavia y al cual apresaron en Brindisi, aparentemente dueño de un circo de fieras, pero en realidad haciendo contrabando de armas con la otra orilla. Es un hombre petiso, retacón, fornido, con una espesa barba negra informe, con un aspecto de verdadero facineroso. No me gusta nada ese hombre, tiene unos ojos de hiena; y el odio inocultable que le tiene al judío me tiene en cuidado. Esto puede acabar muy mal.

También, a quién se le ocurre poner a trabajar codo a codo en la cocina bajo el mando de un milanés gordo y bonachón a dos semitas, un turco y un hebreo, y este con sangre española, y ésta nada menos que de los Benavides de Baeza, los famosos adversarios de los Carvajales. Estaban solos cuando empezó el duelo, pero cuando acabo —por intervención violenta de dos guardias— estaban rodeados de un corro de prisioneros, venidos al ruido, que los azuzaban gritando en todas las lenguas: “!Dagli, dagli! ¡Battufola, battufola!; ¡Donnerwetter! !Allez! y ¡Mátalo! El turco le arruinó la cara al hebreo de mala manera; pero éste, que llevaba la peor parte, le dio súbitamente un golpe oblicuo en la oreja que lo tiro al suelo; y lo hubiese pulverizado a patadas —porque estaba como en un ataque epiléptico, espumajeando la boca—, si no lo sujetan el sargento y Tocio. Todo el mundo declaró a favor, aunque nadie sabía nada, porque al turco lo aborrecen, y el teniente yanqui, que es un sportman y sabe apreciar un buen knock y la facilidad con que el hebreo se redujo a obediencia, le dio una sanción mínima. El turco está todavía en el cepo.

Lo curioso es que la pelea le ha hecho bien a don Benya. Hoy estaba erecto, aplomado, animado, casi alegre. Este hombre debe tener una enorme energía estancada, y eso es lo que lo envenena aquí. Dicen que si a un caballo frisón habituado al trabajo se lo encierra en un establo con el mejor pienso, el animal se enferma; y si lo mancan, se muere. La energía muscular constreñida se le vuelve angustia, y el animal desesperado empieza a dar vueltas sobre sí mismo; porque los músculos tienen una especie de vida propia, independiente de la voluntad. No lo sé: a lo mejor son cuentos de los psicólogos. El caso es que el hebreo estaba hoy elocuente y brillante. También, hablaba de Israel.

Dijo que la Visión Diez de la Mujer Solar y Lunicalza significa Israel con toda certeza: “el Israel de Dios”,  y por tanto, también la Iglesia primitiva; que de ninguna manera el sentido literal puede aplicarse a la Virgen Nuestra Señora —y el hebreo se descubrió y acató la cabeza al nombrarla— como hacen los pseudo-exegetas; passim; los que él llama pseudo-exegetas.

Soltó una tirada terrible contra los exegetas malos —es decir, contrarios a él— a los cuales llamaba “charlatanes sacros”, tirada que hizo estremecer a Mungué. Manoteaba como si se estuviese peleando otra vez con el turco. Se las agarró con un tal William, autor de una Vida de María —”apreciable en los demás respectos” dijo— porque decía en el penúltimo capítulo que la Visión se refería en primer lugar a la Virgen María, en segundo a la Iglesia y en tercero a Israel. Pero peor todavía lo trato a un tal Veyga, portugués, del siglo XVII, que según él había escrito un comentario bastante mediocre del Apokalipsis, y había insertado en medio, casi un tercio del infolio, una letanía de alabanzas a María Santísima, al modo de Las Glorias de María de San Ligorio, muy devoto y respetable desde luego, pero que absolutamente “Non erat hic locus”, decía el viejo aspeando. “Si yo escribo un libro malo de medicina, y pongo en el medio una paráfrasis de la Salve Regina, no seré por eso mejor devoto de la Virgen; al contrario, seré mejor devoto de Nuestra Señora si hago un buen libro de medicina, aunque no la nombre una sola vez… Esa no es la verdadera devoción, a veces es mera santurronería” —increpaba el viejo. Después se metió con otros autores que no recuerdo, entre ellos un alemán llamado Gunkel, todo para afirmar que la Mujer Celeste no era literal y primordialmente sino Israel, el Israel de Dios.

—¿Dónde has visto en el Evangelio, sacro charlatán —decía encarándose con el enemigo invisible—, que el Hijo de María fue llevado al Cielo recién nacido, si su Ascensión fue pasados los treinta años? ¿Dónde dice Lucas que la Virgen María tuvo una lucha personal e inmediata con el demonio? ¿Que se refugió tres años y medio en el desierto? ¡Contesta, charlatán lengua larga, cómo se verifica en Nuestra Señora esa descripción del Apokalypsis. ¿Y los dolores de parto? ¿No creemos con certeza que no los sufrió la Inmaculada? ¿De modo que tienes tanta devoción a la Virgen que para satisfacerla pasas por encima no sólo de la razón sino también de la Fe? Eso no es devoción, eso es sensiblería devota…

La señora lo interrumpió, porque si lo dejamos el viejo no acaba más.

—Pero la mujer es la Iglesia —dijo—. Así siempre lo he oído explicar.

—Es el Israel de Dios —terqueó él—, la reunión de los creyentes en la Fe verdadera a través de todos los siglos.

—Así, también es la Iglesia —insistimos.

—Pero no solamente la Iglesia, ni toda la Iglesia —dijo él— y estrictamente la Iglesia de los últimos tiempos, y la conversión de Israel, que entrará en ella cuando hayan apostatado las naciones…

—Así, también es la Virgen María, que es cuello de la Iglesia y la primera y principal hija de Israel —objeto Mungué.

—En ese sentido, desde luego —concedió el judío.

—Entonces, todo es igual y estamos en las mismas —dijo fray Fulgencio.

Fray Fulgencio anda bastante cambiado. Lo han obligado a dejar la Villa San Francesco y reducirse al convento. Ahora viene a ver con frecuencia al hebreo, creo que como pretexto para salir de casa y de sus “investigaciones históricas”; y se tratan amigablemente. Creo que el otro día incluso le trajo una limosna o un regalo. El judío acepta todo lo que le dan y gruñe unas palabras malhumoradas de agradecimiento. Esta vez no estalló como yo temía.

—No, padre —dijo mansamente—, no es igual.

—¿Y cómo lo sabe usted? —dijo él.

—Dada mi posición esjatologica, todo lo exige; y no es posible otra cosa. Entre otros argumentos, ¿cree usted que en un libro esjatológico como el Apokalypsis puede estar omitido el suceso esjatológico más importante de todos, vaticinado hasta el cansancio por los antiguos profetas y por Daniel y por San Pablo extensamente, que es la conversión ultima de Israel?

—¿Cree usted que Israel se convertirá antes del Anticristo, durante el Anticristo o después del Anticristo? —preguntó la dama.

—Ese es el gran enigma, señora, del cual hablaremos otro día.

—¿No está indicado eso en la Visión?

—No. La Visión termina bruscamente dejando a la Mujer libre de Satán, en el desierto, y al Dragón posado en el litoral y suscitando a la Fiera Roja y Disforme. Es verdad que la Mujer “ya ha dado a luz a Cristo”, pues Israel convertirse es dar a luz de nuevo a Cristo espiritualmente en sus corazones; de modo que parecería que Israel se convierte primero y después viene la lucha con el Demonio, con el Anticristo y con el mundo; pero no hay que olvidar que en el Apokalypsis “ordo temporis sternitur”, como dice Tyconio Donatista. Pero muchos Santos Padres, y el mismo Victorino Mártir, creen que Israel será el ejército y el reino del Anticristo y sólo se convertirá cuando lo vean a Cristo ya viniendo…. “verán a Aquel que traspasaron”, como dice Isaías.

—¡Esa es la opinión de los milenaristas! —chillo Mungué.

—¿Y qué? —dijo el judío.

—¡Está condenada! ¡Está condenada! —dijeron el teólogo y el fraile.

—¿Qué son milenaristas? —dije yo.

—¡No está condenada! —dijo la señora.

—¡Ustedes no me dejan explicar el texto! —dijo el judío, dejando caer los brazos con cómico desatento.

Nos pusimos a reír como chiquillos de escuela.

—El que quiere hacer una investigación científica —siguió don Benya campanudamente— debe mantener su mente abierta a toda hipótesis posible. La hipótesis milenista no la ensena hoy la Iglesia ni quiere que se ensene. Muy bien: ella sabe por qué. Pero sigue siendo una hipótesis, no ha sido condenada por la Iglesia, ni es rechazada por la razón; al contrario, diría yo. Si usted quiere hacer realmente exégesis, tiene que mantener la mente libre de prejuicios y abierta a toda posibilidad, como hace todo investigador científico.

—Usted dijo —apuntó Mungué con el índice acusador— que el Apokalypsis no ha de interpretarse científicamente sine poéticamente…

—Hombre, la ciencia nunca estorba —dijo Benya— y lo que es siempre necesario es el espíritu del hombre de ciencia, la mente curiosa y libre; y no el espíritu del predicador, del apologista, del polemista y menos el del santulón fanático —dijo el judío.

—Gracias —dijeron los dos sacerdotes; y la señora sonrió y dijo:

—¿Y el texto?

Benavides tomó su Nestle y leyó para sí un rato. Mariányels, que estaba sobre mis rodillas, se levantó sin decir una palabra y salió. También salió el teniente yanqui, que había venido con Tonio con el pretexto de aprender castellano, pero yo creo que para vigilar al viejo a ver que decía.

El vestido de sol es la fe verdadera y la luna bajo los pies es el mundo cambiante; y la corona de doce estrellas es la plenitud de la doctrina y los predicadores de ella; ese símbolo significa siempre eso; por eso se dice que en el fin del mundo “el sol se oscurecerá y caerán las estrellas”; y aquí mismo en esta Visión hay una gran caída de estrellas, la tercera parte de las estrellas del cielo, arrastradas por la cola del Dragón que es arrojado del cielo y cae a la tierra “por poco tiempo“, Eso significa la gran cantidad de doctores del error que habrá en el fin del mundo “pseudoprofetas y pseudocristos”. ¿Se han fijado ustedes en cuántos genios intelectuales, doctores del error, estrellas caídas, hay hoy día en el dominio heterodoxo? Eso nunca se vio como ahora.

—Siempre se vio —dijo el Mónaco—. El talento no tiene nada que ver con la fe. La fe viene del corazón.

—Nunca tanto como hoy —replico el judío cortésmente—. ¿Qué grandes intelectos tuvo antiguamente la herejía?

—¡Giordano Bruno! —dije yo.

—Ese y muy pocos más —dijo Benya—. ¡Y mire hoy día! En todas las naciones hay grandes catedráticos de la Anti-Iglesia, voceros potentes de la impiedad. En todas las naciones ha habido desde el protestantismo acá verdaderas dinastías de langostas-centauros-escorpiones, que se van pasando el cetro literario de la guerra al Infame. Mire a Francia por ejemplo: ya que menté a Voltaire : “le roi Voltaire” como le llamaran, y Víctor Hugo, y Sainte Beuve, y Renan, y Gide, y este Sartre de ahora. Y al mismo tiempo Cristo va naciendo espiritualmente en el corazón de muchos judíos eminentes: el gran rabino de Roma convertido ayer mismo y René Schwob, y Shalom Asch, y…

—¡Y usted! —le dije.

—Gracias por lo de eminente, aunque sea mentira —dijo el hidalgo hebreo; y sonrió.

—Pero dígame —seguí yo—: esa caída del Dragón del cielo con la tercera parte de las estrellas ¿no significa la caída de los ángeles malos?

—Esa es la imagen genérica que tomó el escritor sacro del repertorio de tópicos esjatológicos, pero imprimiéndole aquí un significado propio —repuso vivamente el maestro— porque ha de saber usted que la literatura esjatológica, que es muy abundante, maneja un material común de imágenes, especie de alfabeto de símbolos, a la cual cada escritor, y Juan nominatim, que es el más genial de todos, imprime su cuño propio y contrae a su propia visión o intención fundamental. Aquí las estrellas significan concretamente doctores religiosos; como en toda la Escritura, por lo demás.

—A usted hay que matarlo o dejarlo —dijo la señora—, porque tiene respuesta a todo.

—Siga con el texto —dije yo.

—Las dos alas como de águila son el don de profecía, solaz del alma de la Iglesia en la última tribulación y única defensa suya; en el capítulo octavo al final, hay un águila que vuela por el medio del cielo profetizando el juicio; y el mismo profeta Juan está representado en su mismo libro como un águila, según la interpretación tradicional de los cuatro Animales como los Cuatro Evangelistas; aunque yo me inclinaría a creer que representan los Cuatro Profetas mayores.

La persecución de la serpiente a la Recienparida es la lucha de Israel con el demonio; quizá esta guerra nuestra que ha estallado contra los árabes es su comienzo. El aluvión que desata el Dragón de su boca para ahogarla son las grandes persecuciones y luchas que ha sufrido y sufrirá mi pueblo antes de regenerarse, y la tierra que se abre y traga el río significa que los judíos escaparan gracias a las mismas contingencias tumultuosas del mundo y de la época, que se traga ya los grandes movimientos humanos, ahora fructuosos, y deciduos ¡como se tragó por ejemplo a Hitler!

—¡Hum! —exclamó doña Prisca, que era muy germanófila— ¿Y no le parece a usted, que el resultado cierto de esta guerra será que el mundo musulmán, uniéndose después de tantos siglos de fraccionamiento, echará al mar a todos los sionistas?

—Ciertamente no —exclamo Benavides un poco tocado—; los árabes quizá se unirán, tienen que unirse; pero el Reino de Israel, recomenzado ahora, no perecerá; aunque quizá será apretado intencionalmente por todos lados y esa será su “soledad‘” y su “desierto”.

La soledad y el desierto serán ante todo la intensa vida interior que espera al Israel combatido, que eso significa siempre el desierto en la Escritura: “la llevare al desierto y hablare a su corazón”. De esta vida interior surgen los profetas, así como de la guerra surgen los héroes. Juntas brotan en estos casos de esfuerzo y de presión en un pueblo las virtudes cívicas y los carismas espirituales: recordemos la España de la Reconquista. El valor civil es hermano del coraje religioso: en tiempo de los Macabeos no había en Israel fariseísmo ni saduceísmo. Recordemos los Benavides de Baeza: en tiempo de Fernando el Zorro (el Católico) dieron ellos dos hermanos mellizos, uno que fue capitán de Gonzalo de Córdoba y pereció en lucha con los Carvajales, otro que fue un místico… al cual yo tengo… buena razón de conocerlo —concluyó oscuramente. Mungué me miro y me guiño el ojo.

Yo iba a preguntar al viejo si ese fue su antepasado el que cayó con la judía, pero en ese momento entro Mariányels muy siseñora como había salido, y se fue derecho al viejo y se recostó a su lado, como un ternerito. El viejo la miró con ternura pero ni la tocó, sabiendo como era de arisca la nena. Ella reclinó contra él su cabecita dorada, compradora como ella sola la nena mía. El viejo le había regalado hoy una caja de dátiles.

Mungué no estaba conforme… ¡Cuando!

—Yo creo —insistió— que la Mujer Celeste es simplemente la Iglesia y la caída del Dragón que pone en la tierra con su cola el tercio de las estrellas es ni más ni menos la caída de los Ángeles…

—No lo es —dijo el viejo—. ¿No ve que esa caída es nueva y misteriosa? ¿Que querría decir entonces esa

“Voz grande que dice en el cielo;
ahora ya está la salud y la virtud y el Reino
y la potestad del Cristo
porque es arrojado el acusador de nuestros hermanos
que los acusaba día y noche
y ellos lo han vencido por la sangre del Cordero
y el Verbo de su testimonio
y no amaron demasiado sus vidas
hasta la muerte.
Por consiguiente alegraos ¡oh cielos!
y los que habitáis en ellos;
guay de ti, la tierra; y a ti, el mar
porque bajó el diablo a vos
poseído de furia crecida, sabiendo que
le queda poco tiempo?“

La caída primera de los ángeles fue antes de la creación del hombre, cuando no había a quien acusar en el Cielo, ni a quien perseguir en la tierra y el mar, ni mártires “que no amaron demasiado sus vidas”, ni mujer a quien perseguir, ni universo a quien seducir.

No. Esta caída significa el poder nuevo y formidable que adquiere Satán al fin de los tiempos, poder que quizá le corresponde por natura, habiendo sido el Ángel prepuesto al gobierno del mundo sensible, según opinaban los padres griegos; sólo que ahora está atado, como dice el mismo Apokalypsis: “es un perro atado con una cadena”, como dice San Agustín.

—¿Y por qué se rompe la cadena? ¿Por qué lo tiran del Cielo a la tierra?

—Por la iniquidad de los hombres y alguna otra razón misteriosa que no sabemos, “es necesario que sea soltado un tiempito”. En el libro de Job es donde está pintado el Mandinga —¿no le dicen así en su tierra, Del rey?— como acusador de los hombres y adornado del nombre de Satanás, que significa calumniador, y a ese lugar alude evidentemente San Juan. Pero he aquí que de chismoso y malédico se vuelve persecutor directo; y suscita un hombre perverso, a quien reviste de la plenitud de su poder mendaz…

—¿Y cuál es ese su tamaño poder? —dije yo, con más humor que reverencia— ¿Hacer trucos de prestimano, hacer aparecer fuego o hablar a una estatua, como lo hace Raymood o Fregoli? Eso ya era conocido en tiempos de Ginecillo de Pasamente y el Retablo de Maese Pedro.

El judío se ensombreció.

—El poder del demonio será tremendo —dijo con voz seria— y se desatará en todas direcciones; en operaciones ocultas y nefandas de magia y espiritismo, en el poder mortífero e idolátrico de la “ciencia moderna”, que ya ahora puede arrojar fuego del cielo con la bomba atómica y hacer hablar a una imagen con la televisión combinada con la radio; en la tiranía implacable de la la maquinaria política, en la crueldad de los hombres anarquizados y vueltos “fieras de la tierra”, en la seducción sutil de los Falsos doctores, que usaran el mismo cristianismo contra la cruz de Cristo, una parte del cristianismo contra otra y a Jesús contra su Iglesia, como hace su amigo Víctor Hugo en esa composición virulenta Un Martyr que me trajo usted el otro día y en todo el libro de Les Chatiments, y en todos sus libros… Y, en fin, en terribles tormentos interiores, que, sobre los exteriores, sufrirán las almas fieles: sometidas a noches oscuras interminables que no se resolverán en esta vida, a conflictos de conciencia desgarradores. Porque la mística católica quedará reducida a su parte pasiva, habrá como una supresión provisoria de los favores divinos a las almas, mientras Satán suscitara falsas místicas y éxtasis nefandos. Habrá almas que lucharán sangrientamente toda la vida sin resultado aparente contra sus defectos o contra tentaciones supremas, sufriendo el bofetón de Satanás sin la gracia sensible; porque “el sol se oscurecerá, la luna se volverá color sangre, y caerán las estrellas del cielo…”

Nos quedamos en silencio. Yo miré con temor y ternura a mi Mariányels. Mungué interrumpió con voz ronca:

—Y eso, usted ¿cómo lo sabe?

—Lo sé porque ya ha comenzado —musito el extraño viejo— y de algunas cosas tengo experiencia.

Fray Fulgencio se levantó bruscamente y enderezo hacia la puerta. Todos nos despedimos. Al salir vi en el último banco, sentado con la boca abierta, al mendigo de la Via Manzoni, un viejo vago. Ya lo he visto tres veces aquí, oyendo las prédicas del judío que no entiende ni una palabra; pero hoy estaba atentísimo. Debe ser judío. Aunque me dijo la señora que también va a las prédicas protestantes. A lo mejor es uno de esos maníacos religiosos, que tienen una indigestión de imágenes religiosas en la cabeza.

Lo que no me gusta es que me parece que se entiende demasiado bien con el turco.

Este campamento es un jardín zoológico.