SAN HORMISDAS

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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Hoy nos encomendamos a:

San Hormisdas,
mártir, siglo IV. 

Bajo el reinado de Isdegerdes se renovaron en Persia todas las crueldades y horrores que en tiempo del rey Cosroes II. La barbaridad y todos los excesos llegaron entonces a su mas alto punto de refinamiento. Los cristianos eran conducidos a bandadas al lugar de su suplicio , y degollados a centenares: a unos se les cortaba la cara desde la frente hasta la barba; otros eran partidos por medio del cuerpo; otros desollados vivos, y todos atormentados con suplicios, cuya lectura hace estremecer al corazón menos sensible. La mayor parte, después de ser horriblemente maltratados, eran atados de pies y manos, y metidos en unos oscuros y hediondos subterráneos, donde los ratones y otros animales inmundos les roían las carnes sin que ellos pudiesen defenderse. Y semejante persecución duró por espacio de muchos años, porque después de la muerte de Isdegerdes, su hijo Varanes la continuó con igual furor.

Hormisdas fue una de las principales y mas ilustres victimas de esta crueldad. Era un vástago de las mas antiguas familias de Persia; pues su padre era un sátrapa de laraza de los Aquemenidas. Varanes le mandó llamar, y le exigió que renegase de Jesucristo ; pero el glorioso y esforzado atleta le contestó que nada en este mundo seria capaz de separarlo de su fe y de la religión que profesaba.

Indignado el rey con semejante respuesta, lo despojó de todos sus bienes y honores , haciéndole quitar hasta el vestido que llevaba puesto , y no dejándole mas que un pedazo de lienzo que le cubría los riñones. Despues de haberlo reducido a ese estado , lo echó de su presencia , y le condenó a conducir los camellos del ejército. El santo sufrió con alegría este
bárbaro tratamiento ; pero después de algún tiempo , Varanes lo vio desde una ventana de su palacio, y reparó que estaba todo tostado por el sol y cubierto de polvo. Acordándose entonces el rey de lo que había sido y del estado de esplendor a que su familia se había visto elevada , lo mandó comparecer en su presencia, y dándolo una túnica de lino, le dijo: Ceded de vuestra terquedad, y renunciad al Hijo del carpintero. Hormisdas, lleno de santo celo, rompió la túnica, y respondió al rey: Guardad vuestro regalo, supuesto que quereis hacérmelo aceptar por medio de la apostasía. Varanes, furioso, mandó que quitasen al santo de su presencia , y que fuese decapitado.

Efectivamente, Hormisdas murió mártir en la capital de Persia por los últimos años del siglo IV.

Leyenda de oro
R. Dr. José Palau

 

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea