OSKO: DE ANTICRISTOS, BESTIAS, MUJERES Y OTRAS YERBAS (PARTE 2)

DIGÁMOSLO OTRA VEZ, PERO DE OTRO MODO

Decíamos, hace unos días, algunas cosas referidas a la historia, a la judaización del mundo, a ciertas exégesis bíblicas y al intento, al menos, de indagar o aproximarnos al texto apocalíptico.

Fue en ESTE artículo. En el que, curiosamente también, hubo algunas otras cosas que no dijimos.

De todas maneras, lo que queremos instalar, y resulta ser lo más gratificante de todo este asunto, es el debate sobre estas cuestiones. Resulta ser sanísimo que se hable del Apocalipsis, y si un cierto contrapunto contribuye a que eso ocurra, bienvenido sea.

No obstante, lo menos que podemos pedir, por supuesto, es que se lleve a cabo una lectura COMPLETA y ATENTA de lo que decimos; y esto como paso previo a cualesquier discusión.

Cuando la tarea se torna ardua y el desaliento llega, también llegan los incentivos. El incentivo tuvo la forma del artículo publicado en Radio Cristiandad, AQUÍ.

Puesto que alguien (quién sea, realmente poco importa, como muy poco importa que seamos nosotros quienes escribimos y damos nuestro parecer) tuvo el oportunismo de mencionar en dicho artículo precisamente un texto que se aproxima al mismo misterio al que hicimos referencia, se hace necesario repetir lo que sigue:

Apocalipsis, XVIII = caída de Babilonia

Al ver el humo de su incendio llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra, que con ella vivieron en la fornicación y en el lujo.

Manteniéndose lejos por miedo al tormento de ella, dirán: “¡Ay, ay de la ciudad grande de Babilonia, la ciudad poderosa, porque en una sola hora vino tu juicio!”

También los traficantes de la tierra lloran y hacen luto sobre ella, porque nadie compra más sus cargamentos: cargamentos de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de fino lino, de púrpura, de seda y de escarlata, y toda clase de madera olorosa, toda suerte de objetos de marfil y todo utensilio de madera preciosísima, de bronce, de hierro y de mármol; y canela, especies aromáticas, perfumes, mirra, incienso, vino y aceite, flor de harina y trigo, vacas y ovejas, caballos y carruajes, cuerpos y almas de hombres.

Los frutos que eran el deleite de tu alma se han apartado de ti; todas las cosas delicadas y espléndidas se acabaron para ti, y no serán halladas jamás. Los mercaderes de estas cosas, que se enriquecieron a costa de ella, se pondrán a lo lejos, por miedo a su tormento, llorando y lamentándose, y dirán: “¡Ay, ay de la ciudad grande, que se vestía de finísimo lino, de púrpura y de escarlata, y se adornaba de oro, de pedrería y perlas; porque en una sola hora fue devastada tanta riqueza!”

Cuerpos y Almas de hombres… Tremendo tráfico que recuerda el de Tiro con los esclavos (Ezequiel XXVII, 13), pero al que se añade aquí el de las almas.

Se trata del Estado Servil, ciertamente; pero, ¿cómo no ver también el odio del demonio, no sólo por el alma de los hombres, sino incluso de sus cuerpos?

Pues bien, este tráfico demoníaco sólo se terminará con la caída de Babilonia.

El texto incluido,  se corresponde con el Capítulo XVIII del Apocalipsis .

Ahora podremos ver mejor a la Ramera, porque, curiosamente y para nada casualmente, si el lector se toma la molestia de retroceder al capítulo XVII se encontrará con que se dice casi exactamente lo mismo de la BABILONIA apocalíptica que de la RAMERA apocalíptica…

17:1 Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló: “Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Ramera, que se asienta sobre muchas aguas,

17:2 con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.

17:3 Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos

17:4 Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación

17:5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.

17:6 Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.

Y de ella se dice también:

17: 18 Y la mujer que has visto es aquella ciudad, la grande, la que tiene imperio sobre los reyes de la tierra.

18:24 Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los degollados de la tierra.

Y Monseñor Straubinger comenta: “San Juan pasa aquí de la bestia a la ramera Babilonia sentada sobre ella. El capítulo XVIII es todo sobre el castigo de esta mujer”.

Por lo que podemos, entonces, identificar la Ramera y la Babilonia apocalípticas; conforme al significado del verbo identificar = Hacer que dos o más cosas en realidad distintas aparezcan y se consideren como una misma.

De todo lo cual puede decirse que:

a) o son la misma cosa,

b) o ambas hacen parte la una de la otra, aunque no sean exactamente la misma cosa.

Tal y como pudimos leer en el texto del artículo publicado por Radio Cristiandad: “el tráfico demoníaco sólo se terminará con la caída de Babilonia”. Pero, ¿qué es Babilonia y por qué se dice de ella lo mismo que se dice de la Ramera?

Hoy, la antigua Babilonia es tan solo un conglomerado de ruinas, de sumo interés para los arqueólogos y nada queda de su exuberancia.

Interpretación artística de la exuberancia babilónica; y sus actuales ruinas

Por lo que, necesariamente, habrá que pensar en otra ciudad o entidad que represente actualmente ese rol, para que cuando llegue el castigo profetizado para “Babilonia” se haga cargo del peso que le es imputado.

¿Cuál será entonces la “Babilonia” de que habla el texto profético?

Muchos dicen que se trata de una ciudad grande y poderosa; cómo por ejemplo suele ponerse a New York y también a Roma. Esto es principalmente (en ambos casos) lo que suele hacer una exégesis protestante, que todo lector podrá encontrar profusamente difundida en internet.

Nosotros somos de otra opinión, por supuesto.

Si bien ambas ciudades mencionadas o, más bien, lo que ellas representan cada cual por su parte, puede sugerir que, en muchos aspectos, tienen algo que se corresponde con el tipo de castigos que están reservados a “Babilonia”, puesto que es posible encontrar en dichas ciudades muchos de los delitos que le son imputados en el Texto Sagrado; no obstante, estamos persuadidos de que, en ninguno de los dos casos, superan a JERUSALÉN y por ende a ISRAEL, en lo que podríamos denominar el “Ranking de las Abominaciones”; y esto es así por las distintas cuestiones históricas y actuales que le son imputables al Pueblo Judío en particular, inclusive en todas y cada una de las distintas facetas que ese pueblo deicida asume conforme ve su conveniencia.

Al comienzo de este escrito dijimos que había cosas que en el artículo pasado NO habíamos dicho, y hacemos referencia a un hecho en particular: no identificamos a la Ramera con el estado sionista. El actual Estado Sionista de Israel No es la Ramera del Apocalipsis.

Es necesario hacer algunos distingos (ya los habíamos hecho en el artículo anterior, y ahora estamos tan sólo reforzando). Sobre todo es importante hacerlo cuando se analizan ciertos fenómenos como el del Estado Sionista, que es una abominación y del que entendemos hace parte de la Bestia.

La aparición del Estado Sionista de Israel, en 1948, se ajusta bastante bien con la Abominación Desoladora en el Lugar Santo del cual habla el texto apocalíptico. Se trata de UN MOMENTO (que no se agota allí mismo, por supuesto) en el que se manifiesta en la historia un poder meta-histórico y, por supuesto, de signo negativo.

Ya dijimos que vemos al Estado Sionista de Israel como una abominación. Y las razones fueron expresadas oportunamente.

Dijimos que cuando fue constituido, allá por 1948, se mostró enseguida como lo que era, y lo que es: una bestia sedienta de sangre, que asoló la región con sus fuerzas armadas, convenientemente asistidas con el dinero proveniente de la mayoría de los países del mundo, y obtenido de modo espurio la mayor parte de las veces por medio de los lobbys judíos que manejan la economía y digitan las políticas, principalmente desde los EEUU. Entre tanto, esos mismos lobbys continuaron y continúan asolando las economías de todos los pueblos de la tierra, y esto de mil maneras distintas.

Ahora bien, muchas veces cuando decimos Israel, estamos diciendo diversas cosas, y no sólo “sionismo”. Y cuando decimos “sionismo” estamos diciendo NO SÓLO Israel.

Israel no es únicamente el estado judío sionista; pero Israel tiene parte en dicho estado.

Pero cuando decimos ISRAEL, por supuesto, estamos hablando de un término que trasciende el momento actual.

Es claramente evidente que nos referimos a cuestiones diferentes.

Santo Tomás enseña que hay que hacer distingos; que es de sabios hacerlos. Los judíos intentan que nadie los haga; al menos en estas cuestiones.

Hebreo; judío, Israel, sionismo, y otros, son términos que suelen ser utilizados muchas veces de una manera sugestivamente confusa.

Es fácil darse cuenta cuando se cae en lo que ocurre con la palabra ANTISEMITA. Suele identificarse este término con todo aquello que tenga algo en contra de los judíos. Pero resulta equívoco por completo, ya que la mayoría inmensa de los árabes también son semitas, y no son judíos.

Pues bien, algo parecido ocurre con todos los otros términos relacionados con los judíos. Son utilizados por ellos mismos de una cierta manera; y esa manera resulta ser siempre funcional a los intereses del verdadero poder judaico.

Mencionamos algunas veces los términos sionismo, judaísmo, judaica, judaizada, judío, hebreo, Israel…; y es sobre Israel precisamente en quien queremos detenernos.

Nos preguntábamos: ¿Qué es Israel?

¿Un pueblo, un estado, una religión, una nación…? ¿Acaso sea también una cultura, un sistema económico y financiero, o una fuerza política y militar?

¿Es Israel las anticristianas enseñanzas talmúdicas de sus rabinos?

Y, ¿qué es “el judío”? Lo vemos como una entidad que detenta un poder. Un inmenso poder.

Es todas esas cosas, y algunas otras más. No es una raza, pero sí es una condensación de diversas etnias en un pueblo que, en diferentes circunstancias, también supo ser endogámico.

Israel es principalmente UN ESPÍRITU. Aunque no es eso exclusivamente.

¿Entonces? La Cuestión Judía, hay que insistir, no es una cuestión menor.

Para que se comprenda de qué estamos hablando es necesario saber también que lo que denominamos “Poder Judío”, no está a la vista. Es decir que no es fácilmente perceptible.

Estimado lector, los Rothschild, los Rockefeller, los Goldman Sach, Soros, Kissinger, Spilberg, y tantos otros, los judíos que resultan ser más o menos identificables y conocidos a nivel de “Información mundial”, son apenas un segundo o tercer escalón en la pirámide del poder.

Si usted o yo conocemos alguno de esos personajes y podemos identificarlos, es porque salen en los diarios o en las noticias; son objeto de debates, discusiones, controversias, críticas, exposición pública por mínima que fuese. Por eso mismo tenga usted por completamente seguro que no se trata de ninguno de los verdaderos gobernantes de este mundo.

Esta es también una de las razones por las que funcionan y son utilizados equívocamente, mezclados, confusos, etc., por ellos mismos y de un cierto modo, los términos judío, hebreo, Israel, sionista e incluso semita y las respectivas versiones precedidas por el ANTI.

Y vaya si les ha dado resultado.

La cuestión judía, si bien es, y tal vez siempre sea, un Misterio, es también un caso perfectamente constatable e identificable. Y lo que muchas veces se soslaya es que el “dossier judío” cuenta con formidables testimonios que autentican que la perfidia judía siempre estuvo y que aun hoy se encuentra plenamente vigente.

Las iniquidades del pueblo judío son narradas una tras otras en muchos de los libros Sagrados; de los muchos crímenes del Pueblo Deicida da cuenta pormenorizadamente el Antiguo Testamento para llegar al más grande de todos, cual fue la conspiración, la traición, la confabulación y la instigación para que todo el pueblo judío (con las excepciones consabidas) pidiese obtuviese y festejase el asesinato de Dios.

Al cabo, Israel, ese pueblo elegido, los judíos, llegará a la cúspide de la iniquidad en la Plenitud de los Tiempos: El asesinato del Mesías. Pero resulta obvio que aquellos que proclamaron “caiga sobre nosotros la sangre de este justo”… no son los mismos (se trata de sus descendientes) judíos de los que habla la Escritura cuando dice “Jerusalén, Jerusalén, que matas a tus profetas y a los que te son enviados”, ni tampoco de los judíos de hoy en día. Pero todos ellos, aquellos y estos, hacen parte de Israel y se autodenominan israelitas e integrantes del pueblo judío.

Basta con observar el comportamiento de los judíos durante el desarrollo de la Vida Pública del Señor. Y aun después…, una simple lectura de Hechos de los Apóstoles muestra la insidia judaica en acción.

Que el primero de los mártires, san Estaban, fue lapidado por los judíos, no será algo que se pueda poner en dudas; san Pablo fue testigo preferencial del sangriento asunto.

Por los argumentos expuestos hasta aquí, que incluyen algunas percepciones de índole personal al momento de compaginar cuestiones históricas y también actuales, tamizadas además con los Textos Sagrados, es que para nosotros Israel, el ISRAEL HISTÓRICO, se asimila de manera sencilla con la Ramera Apocalíptica. Es la imagen de la mujer fornicaria y adúltera que fue Israel ante los ojos de Dios, Y QUE RECORRE TODAS LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

Consecuentemente, lo que podemos denominar genéricamente como “La Cuestión Judía” creemos que tiene (y mucho) que ver con lo que conocemos con el nombre de “Misterio de Iniquidad”.

En lo que a mí respecta, tal misterio se identifica con lo relacionado con la judaización de los pueblos, siguiendo en esto, e inclusive llevando más lejos todavía, la percepción del caballero Gougenot de Mouseaux, autor del imprescindible libro “El Judío, el Judaísmo y la Judaización de los Pueblos Cristianos”, del que volveremos a hablar.

Los términos con los que la Escritura Sagrada se refiere a Israel, a Efraím, a Judá, etc., etc., son los mismos, es decir: ramera, prostituta, lo que representa la idolatría del otrora (otrora sí, pues eso se acabó) pueblo elegido.

Durante la inmensa mayor parte del Antiguo Testamento, Israel, Efraím, Judá, etc., es decir… las diversas partes que integran eso que podríamos mencionar como “LA COSA JUDÍA” (como partes de Israel que son), son acusadas de idolatría, de fornicación, es decir de comercio religioso con los ÍDOLOS de las falsas religiones.

La historia del becerro de oro es tan conocida que sería redundante citarla aquí. Las vinculaciones de la casta sacerdotal israelita con los dioses babilonios también lo es. Y la incorporación de ciertas costumbres traídas desde Egipto, así como de Babilonia, en los años pasados por los judíos entre esos pueblos tampoco necesita ser refrescada. Muchas de esas costumbres tuvieron que ver con cuestiones religiosas e idolátricas.

Es que no es un dato menor que entre 586 y 537 antes de Cristo, los judíos fueron llevados cautivos a Babilonia (tras la primera destrucción del templo de Salomón); y no es un secreto para nadie que durante esa larga estadía incorporaron aspectos relacionados con el culto de los dioses babilonios, como bien puede verse en el Libro de Baruc. Es más; hasta cerca del año 500 de la era cristiana, Babilonia fue un centro religioso de los Amoraim, sabios judíos que comentaron la Torá Oral tomando como base la Mishná.

Es sugestiva la siguiente información:

Gran parte de los hebreos que habitaban tanto en el Reino de Israel como en el Reino de Judá conocieron el exilio seguido de un cautiverio en Mesopotamia.

Cautiverio israelita en Asiria. Los habitantes del norteño Reino de Israel lo conocieron a partir de 722 a. C., cuando el Reino de Israel hubo caído en manos asirias; fueron deportados a Nínive, perdiéndose desde entonces el rastro de las diez tribus norteñas.

Cautiverio judío en Babilonia. Los habitantes del sureño Reino de Judá lo conocieron a partir de 586 a. C., luego de haber caído en manos neobabilónicas; ellos fueron subsecuentemente deportados a Babilonia.

Según la interpretación providencialista los miembros de las diez tribus del Reino de Israel merecieron peor suerte que aquella conocida por las dos tribus del Reino de Judá. Significativamente, ambas comunidades habían oportunamente sido advertidas por los grandes profetas del periodo, Elías e Isaías, respectivamente.

Al contrario que los judíos del reino meridional de Judá, que volvieron de su cautividad en Babilonia gracias al decreto de Ciro, no existe ningún documento que indique si las “diez tribus” volvieron a Israel y se les permitió reconstruir sus hogares. Muchos siglos después, los rabinos del restaurado reino de Judá todavía estaban debatiendo acerca de la cuestión de la vuelta de las “diez tribus perdidas”.

Gracias al Rey Ciro de Persia que conquistó Babilonia, fueron liberados muchos judíos posteriormente (537 antes de Cristo) pero solamente retornaron a Sion unos 50.000 (según fuentes judías) OPTANDO LA MAYORIA POR PERMANECER EN BABILONIA; otros antes que regresar a su tierra, pasaron a engrosar la diáspora judía que era ya enorme. Asentados estaban en Egipto, en Asiria, en prácticamente toda la Mesopotamia y en muchos pueblos del Asia Menor.

Algunas preguntas nos quedan.

¿Dónde fueron a parar las tribus perdidas de Israel en tan sugestivo número de DIEZ?

¿Queda claro que el “extraordinario amor” por Sión y la supuesta sed de regreso a la Tierra Prometida de ese tan “sufrido” pueblo parecen quedar un poco, digamos, descascarados?

¿Cuáles fueron los cultos idolátricos que incorporaron y de qué modo los influenciaron en adelante?

¿Ídolos de Israel?

Por supuesto que los tuvo y a cuatro manos. Pero creemos no equivocarnos si decimos que primero que ninguno y anterior a todos EL DINERO. Las RIQUEZAS… y luego, bastante rezagados, vienen todos los demás, y siempre que o en tanto que conduzcan a las riquezas.

Claro que el peor de todos sus ídolos son ellos mismos. Es Israel, que se ha constituido en su propio mesías. Una suerte de extraordinaria forma de “narcisismo colectivo”, completamente inédita en la historia de la humanidad.

Es archisabido aquello del gusto del judío por el oro y por el dinero. No existen las casualidades. Es por algo que el judío se encuentra encaramado en los pináculos del mundo de las finanzas. La dinastía Rothschild prácticamente es la inventora del actual sistema financiero. Lean a Werner Sombart; relean a Henry Costón. Inclusive, si acaso no los conformase, lean a Vivian Forrester autora de “El horror económico”. O a Jerry Goldsmith, hombre de negocios británico, eurodiputado y economista (de origen judío) autor del libro “La Trampa“.

Y como nada es casualidad: cuando Satanás tentó a Cristo le ofreció aquello de lo que ES verdaderamente DUEÑO Y SEÑOR en este mundo: LAS RIQUEZAS.

Ahora bien, hay un pueblo, hay una nación, hay una raza, hay una religión que NO HA RECHAZADO el convite Satánico.

Eso es lo que creo.

Es comprensible, por otra parte, que haya muchos cristianos que todavía hoy se resistan a creerlo.

Quizás fue por esto que el caballero Roger Goguenot des Mousseaux , escritor y periodista, escribiera y publicara en el año 1886 su libro “EL JUDÍO, EL JUDAISMO Y LA JUDAIZACIÓN DE LOS PUEBLOS CRISTIANOS”; y es por eso también, por haberlo publicado, que fuera asesinado.

Parece, que es un buen y sano ejercicio continuar preguntándose: ¿QUÉ ES ISRAEL?

Hay un aspecto en particular que, seguramente, requiere una explicación todo lo más de clara que pudiéramos ser capaces de expresar.

No parece que, en un sentido estricto, la religión corrompida surgida del concilio vaticano II pudiera identificarse con la ramera del Apocalipsis; y esto por una razón netamente escriturística: el texto dice de la ramera apocalíptica que ella tiene en sus manos también la sangre de los profetas; y de esto es expresamente acusado Israel en innumerables pasajes del Antiguo Testamento, además de algunos del Nuevo; e inequívocamente en el ya citado versículo 24 del capítulo 18 del Apocalipsis.

Si bien es seguro que San Juan debe haber contemplado en sus visiones lo que hoy vemos nosotros referente a la falsa iglesia y la religión corrompida que ella promueve, no nos parece posible que San Juan acusara a la “religión” surgida del CVII ni a la iglesia conciliar de haber asesinado a los Profetas, ni que les aplicara la descripción que detalla todo el Capítulo 18.

Pero, en cambio, puede verse muy fácilmente que se trata de una acusación que Israel ha recibido de boca de la Sabiduría Encarnada, y de una descripción que se ajusta perfectamente con lo que se dice de Israel en diversas otras partes del Antiguo Testamento.

Repasemos.

En los capítulos 17 y 18 del Apocalipsis, entonces, es posible encontrar con claridad el vínculo existente entre la Ramera y Babilonia.

En el último de los versículos del capítulo 18, después de referirse a la ciudad de un modo en el que solamente puede estar refiriéndose a la que antes fuera la Ciudad Santa (porque es obvio también que ha ninguna otra ciudad que no sea a Jerusalén le ha hablado del modo en que le habla a esta), la llama BABILONIA.

¿Por qué razón la llama así? Pues, porque Jerusalén (ciudad que para los judíos tiene el status de “corazón y alma del Pueblo Judío) se ha convertido en todo aquello que representaba Babilonia, es decir, la corrupción de la más abyecta idolatría.

Dios mismo ha hablado de este modo: “Ay de ti Jerusalén que matas a los Profetas y…. a los que te son enviados”…

Parece que hay un fuerte motivo para ver en Israel, y en Jerusalén, ciudad que la caracteriza (corazón y alma del pueblo judío, y que, reitero, en diversas oportunidades es mencionada sugestivamente como Babilonia), a la Ramera, a la fornicaria, aquella que comercia con los Reyes de la Tierra.

Pero, además, el texto también habla de mercaderes que mantienen un intercambio de bienes con esta mujer que suele ser llamada en el Antiguo Testamento de la misma insultante manera, y que es posible sostener que se trata de Israel, la Israel Histórica (y no, por supuesto, el abominable Estado Sionista actual. Resulta hasta incómodo tener que reiterarlo).

Pero veamos, entonces, lo que pensamos de Roma.

Roma quedó como atrapada…, porque cayó en la tentación ECUMÉNICA.

Y véase qué detalle más sugestivo, es una tentación que resulta ser complementaria y concomitante con el Globalismo secular que procura alcanzar, desde los organismos y organizaciones mundialistas, un Nuevo Orden Mundial y, sin lugar a dudas, una gobernanza mundial.

Y, habiendo caído en la tentación ecuménica, acaba fornicando con las falsas religiones.

Hasta el punto de trastornar toda su doctrina bimilenaria; y logrando, asombrosamente, convertir a cientos de millones en el transcurso de muy poco tiempo en modernistas. Afectando también, obviamente, hasta la inteligencia de las Sagradas Escrituras, y destruyendo a la mismísima Santa Misa. Muy probablemente aboliendo, de ese modo, EL SACRIFICIO PERPETUO.

Pero, ¿por qué ocurre todo esto en realidad? ¿Cuál es la cuestión esencial que convierte en sustanciales esos cambios?

Nunca se repetirá suficientemente esto: ROMA HA SIDO JUDAIZADA.

Siempre es lo mismo: judaización de los pueblos cristianos, para sumirlos en la idolatría y el Satanismo.

¿Y eso qué significa? Significa que ha sucumbido al mismo ídolo que Satanás le presentara fallidamente al Cristo; y no tan fallidamente a la Ramera, es decir Israel.

La Judaización de Roma, por supuesto, no podía ir en un sentido diferente; y Roma ha caído de rodillas ante MAMMON en la forma que ostenta actualmente: EL PROYECTO DE UN MUNDO UNIFICADO GLOBAL y de pensamiento único y judaizado, que hace del progreso y la ingeniería y evolución social, su Leit Motiv.

Engolfada con ESE MUNDO, y con las riquezas que hay en ese mundo, la entera humanidad judaizada marcha dócil detrás del PODER que se apresta a entregar su soberanía a la Bestia.

Respecto de la RELIGIÓN CORROMPIDA (que lógicamente puede ser identificada con la religión de la iglesia conciliar), no nos parece que pueda ser mejor asimilada a otra cosa que no sea a la figura del FALSO PROFETA.

¿Y esto por qué?

Habíamos hablado de ciertos aspectos colectivos. Pues bien, creo que el otro nombre o sinónimo de “judaización” es la palabra “colectivización”.

Los judíos saben muy bien de colectivizaciones.

Y aprovechando aquí el pensamiento del Padre Lacunza respecto de la figura del Anticristo, en la que él ve un ENTE COLECTIVO y NO un individuo, también entrevemos que el FALSO PROFETA no es otra cosa sino un COLECTIVO, en este caso, una FALSA RELIGIÓN; y no puede ser otra, como ya dijimos, que la religión de la iglesia conciliar.

Por razones hasta de orden semántico, que se originan precisamente en lo expresado anteriormente, el Misterio de Iniquidad se ve con claridad como un fenómeno colectivo, fruto de la misma judaización de la que estamos hablando.

Roma y Jerusalén. Ambas ciudades cabeza de dos momentos históricos diferentes de la Predilección de Dios. El Pueblo Elegido y la Cristiandad. Pero a estos pueblos, o instancias históricas si prefieren, veámoslos HOY, en una actualidad, en la que el Misterio de Iniquidad aparece triunfante.

Veamos hoy, entonces, una Roma en relación SIMBIÓTICA con el actual Israel, deicida contumaz (si el judío pudiera volver a crucificar a Cristo, lo haría; no tengan dudas, y en cierto modo lo hace cotidianamente), idólatra, mundialista, creador y propulsor del anticrístico Nuevo Orden Mundial.

Pero…, ¿acaso Roma Conciliar va en dirección diferente?

Desde Roncalli en adelante, los llamados papas conciliares han dejado muy en claro su vocación de amistad con el judaísmo. Son innumerables los testimonios al respecto. Los documentos, desde Nostra Ætate, son elocuentísimos. Roma e Israel son prácticamente una misma cosa.

¿Será acaso necesario recordar que Montini era también Arrighi? ¿Qué Wojtyla también era Katz y que Ratzinger es un Tauber? ¿Acaso deberíamos demostrar lo que es Bergoglio, después de haberlo visto confundirse en un abrazo en el mismísimo idolátrico Muro de los Lamentos junto a su amigo (y promotor LGTB) Skorka? Innegable resulta también su amistad con el judío progresista Bergman.

La verdad es que, de Roncalli en adelante, lo han compartido todo: ceremonias, oraciones en común, documentos de cierta importancia internacional y política, posicionamientos geopolíticos, etc.

¡Si hasta el Pontificio Consejo “Justicia y Paz” ha publicado el 24 de octubre de 2011 un DOCUMENTO (con la obvia anuencia de Ratzinger Tauber, alias Benedicto XVI) en el que se auspicia y recomienda calurosamente instaurar un Nuevo Orden Mundial en materia económica, financiera y política! ¡¡¡ SHALOM !!!

Del asombro de San Juan, ya hemos hablado; y resulta ser plenamente justificado, ya que no ignoraría al momento de escribir su Apocalipsis, que los judíos (hermanos suyos de sangre), desde el episodio de San Esteban Protomártir en adelante, se habían embriagado con la sangre de los mártires y los santos; y que mucho antes también habían ensangrentado sus manos con sangre de Profetas.

Si a eso le sumamos la imagen de una iglesia judaizada, socia y cómplice de la Sinagoga de Satanás, que seguramente también le fuera revelada…, resultará lógicamente el Non Plus Ultra del asombro.

Pues bien; preferimos insistir con aquello de que la religión corrompida surgida de la Roma conciliar, la religión del Concilio Vaticano II, nos parece asimilable al FALSO PROFETA. Aquel que tiene apariencia de cordero, pero habla como dragón.

El innegable estado de la iglesia conciliar (como hemos dicho cantidad de veces ya, eminentemente judaizada, como resultado de un trabajo conspirativo de siglos llevado a cabo secretamente; a los efectos de esta cuestión se recomienda la lectura de “Complot Contra la Iglesia” de Maurice Pinet) y la simbiosis actual existente entre esa misma Falsa Religión y el Poder Judío actual (en las diferentes formas que ostenta y por medio de las cuales opera en todo el mundo), producen una síntesis en la que solamente podemos ver a ISRAEL; el Israel de siempre; aquel al que se refieren las Sagradas Escrituras; el persistente Israel que procura alcanzar el completo y total dominio mundial y la posesión de todas las riquezas contenidas en este mundo.

Se explican, entonces, las razones por las que fuera retirada la oración “Oremos pro perfidis judæis.

Esa deprecación, surgida desde las mismísimas entrañas de la Cristiandad y de la Iglesia de Cristo, expresión de misteriosas y meta-históricas connotaciones, sólo puede comprenderse en el marco de lo que intentamos describir lo más fielmente posible.

Por eso, la DESAPARICIÓN de esas palabras en las rúbricas propias de Semana Santa a manos de Roncalli, solamente pueden explicarse de un modo que confirma lo que hemos afirmado más arriba, en este mismo escrito: La Abominación Desoladora ha llegado no sólo a los Lugares Santos geográficos, es decir a Tierra Santa, a Judea, tal y como estaba anunciado explícitamente, sino que, enseguida, además, a todo el mundo.

Vivimos actualmente las últimas etapas del diabólico último asalto hacia el Poder Mundial; un asalto iniciado mucho tiempo antes, y en el que muy pocos han podido ver la tremenda coherencia y cohesión del poder sinárquico judío; y muchos menos son los que se han atrevido a denunciarlo y a enfrentarlo.

La serpiente judía hoy se apresta a dar la mordida definitiva y mortal, y espera ansiosamente el cumplimiento de aquellas palabras que resuenan a lo largo de toda su historia, que no es otra que la historia de la infamia misma: “Y VENDRÁN A RENDIRTE PLEITESÍA TODOS LOS PUEBLOS DE LA TIERRA, OH, ISRAEL”.

Esto, entendemos, coincide al segundo, con la PLENITUD del Misterio de Iniquidad, su climax o apogeo; y anticipa de manera inminente la epifanía gloriosa y definitiva de la VERDAD fulgurante, que aniquilará absolutamente a todos sus enemigos con la sola manifestación de su Presencia.

Para finalizar, por ahora, con estas cuestiones hagamos unas reflexiones.

Hay quienes, lamentablemente, procuran acallar al Apocalipsis. Inclusive en el mundo de la Tradición, intentan que los fieles SE DESENTIENDAN DE SU LECTURA Y MEDITACIÓN, como son los casos, a los que ya nos hemos referido en otras oportunidades, de los obispos Williamson y Fellay.

Hecho este último inadmisible en obispos y sacerdotes católicos, pues están contrariando precisamente la razón de ser del texto de San Juan:

“Revelación de Jesucristo: se la concedió Dios para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder”.

Lo obvio no necesita ser explicado. No hay poder sobre esta tierra que ostente derecho alguno para impedir, a los simples fieles de a pie, encontrar esperanza y sustento en el Apocalipsis.

Por supuesto que no pretendemos decir que estamos acertando en todo lo que decimos. Jamás propusimos tal cosa.

Persuadidos, como estamos, de que el Apocalipsis no fue escrito sólo para obispos, sacerdotes o teólogos, sino para todo el pueblo cristiano, consecuentemente nos parece necesaria su lectura, su análisis y, sobre todo, el pensar en términos apocalípticos.

Si ha habido estudiosos de dichos textos que han avanzado en determinadas líneas exegéticas, no somos quienes para juzgarlas, aunque sin embargo reitero que parece poco lo que se ha llegado a saber hoy con certeza; y llama la atención, siendo que creemos encontrarnos transitando tiempos que son apocalípticos, y que ese libro fue escrito precisamente para estos tiempos, para esperanza y consuelo del Pueblo Santo.

Eso y que, además, nos parece completamente lícito que de la meditación aparezcan intentos de interpretación, lógicamente dentro de un marco de respeto tanto por las Sagradas Escrituras, como por los hechos y la historia.

Por otra parte, es necesario reconocer que todos los exégetas cometen errores. Como los cometemos los que no lo somos.

Con todo respeto hemos leído y analizado diferentes interpretaciones, algunas de comentadores muy actuales. En todas las líneas exegéticas, incluso en aquellas que abundan en detalles, citas, y referencias, concordancias bíblicas y referencias a textos antiguos, en absolutamente todas esas líneas de exegesis aplicadas al texto apocalíptico, pueden verse muchos cabos sueltos; muchísimas veces intentos de ajustar los textos de forma acomodaticia con el fin de aproximarlos hacia diferentes maneras (todas legítimas) de entender.

Que alguno vea en nuestra propuesta también cabos sueltos o incongruencias, no resultará ser nada raro. Lo contrario sería sorprendente.

Razón de más para redoblar esfuerzos, para leer y estudiar mejor. Lejos de resultar desalentador, nos anima a continuar por el camino trazado.