SANTA AFRA

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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Hoy nos encomendamos a:

SANTA AFRA,

MÁRTIR (304 p.c.)

Maximiano, el colega de Diocleciano, continuó furiosamente la persecución en las provincias que le tocaron en suerte cuando se dividió el Imperio. Según las cartas, Afra quien había sido prostituta, fue arrestada en Augsburgo cuando cambió de vida y se hizo cristiana. Una versión posterior afirma que había sido convertida por San Narciso, obispo de Gerona, España, acerca del cual apenas sabemos algo. El juez Gayo, que conocía bien a Afra, le dijo: “Ofrece sacrificios a los dioses; mejor es vivir que morir en los tormentos”. Afra replicó: “Yo fui una gran pecadora antes de conocer a Dios. Pero no quiero añadir otros crímenes a mi vida pasada, de suerte que no haré lo que me ordenas”. Gayo le dijo: Me han dicho que eres una prostituta. Así pues, lo mejor es que ofrezcas sacrificios, ya que estás lejos del Dios de los cristianos y El no querrá aceptarte”. Afra replicó: “Mi Señor Jesucristo dijo que había venido del cielo a salvar a los pecadores. El Evangelio cuenta que una pecadora le lavó los pies con sus lagrimas y obtuvo su perdón. Cristo jamás rechazó a los miserables sino que comía con ellos”. Al ver Gayo que no podía convencerla, dictó sentencia contra ella. La santa respondió: “Bien está que sufra el cuerpo que ha pecado. No perderé mi alma adorando a los falsos dioses”. Los verdugos condujeron a Afra a una isla del río Lech. Después de desnudarla, la ataron a una estaca y prendieron fuego a las ramas que habían amontonado junto a ella. Las últimas palabras de Afra fueron: “Gracias te doy, Señor Jesús, por la bondad con que te dignas aceptar este holocausto que se consuma en tu nombre. Tú te ofreciste en la cruz por los pecados del mundo. Yo me ofrezco como víctima tuya, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Con estas palabras exhaló el último suspiro, sofocada por el humo.

Tres servidoras de la mártir, Digna, Eunomia y Euprepa, quienes habían seguido a su ama en su vida de pecado, pero que se convirtieron y bautizaron junto con ella, presenciaron el martirio.

Acompañadas por Hilaria, la madre de Afra, recogieron el cadáver por la noche y le dieron sepultura. Cuando se hallaban aún junto a la tumba, Gayo se enteró de sus andanzas. Inmediatamente despachó a un pelotón de soldados, con órdenes de obligarlas a sacrificar a los dioses; si se negaban a ello, debían ser quemadas ahí mismo. Los soldados emplearon halagos y amenazas, pero al comprobar que resultaban inútiles, acumularon ramas en el interior de la bóveda, cerraron la entrada, y quemaron vivas a las cuatro mujeres.

Santa Afra es muy venerada en Augsburgo y otros sitios de Alemania.

 

Vida de los Santos
Alban Butler

 

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea