SAN ETELVOLDO

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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Hoy nos encomendamos a:

San Etelvoldo, obispo y confesor (f.984)

San Etelvoldo fué inglés , y nació en la ciudad de Vinthonia, de padres nobles y piadosos: su madre lo llamó Félix, á la cual, estando preñada de él, Dios nuestro Señor le descubrió en sueños , que el hijo, que tenia en las entrañas, seria gran siervo suyo y lumbrera de la Iglesia. Nació Etelvoldo, y creció no menos en virtudes, que en edad; y con el buen ingenio, excelente memoria, y perpetuo estudio, vino & ser muy docto, y bien adornado de letras. Ordenóse de sacerdote: y para serlo con mas perfección, se fué al monasterio de Glasconia, y allí debajo de la disciplina de Vulstano tomó el hábito de religioso , y se dio la oración, ayunos, penitencias, y observancia de su regla con tanta exacción , que vino a ser espejo de los otros monjes , y dechado de toda virtud. Tuvo noticia de la santidad de Etelvoldo el rey Edredo, y dióle un lugar , donde antes había habido un pequeño monasterio, y a la sazon estaba despoblado , y se llamaba Avendonia.

Edificóle el santo costa del mismo rey, y llenóle de religiosos, y mucho mas de virtudes y de ejemplos de rara santidad. Entre los otros monjes había uno, que se llamaba Elstano, de maravillosa simplicidad y obediencia, que tenia cargo de proveer a los oficiales del convento: quiso Etetvoldo probar su obediencia, y con su ejemplo enseñar a los demás, y díjole, que si él era verdadero obediente, y soldado de Cristo, que metiese la mano en una olla hirviendo, y que sacase de ella una porción de carne. Al momento obedeciendo ala voz de su abad, metió Elstano la mano en la olla, y sacó la carne sin sentir dolor, ni daño alguno, por su obediencia; porque nuestro Señor se agradó tanto de ella, que le guardó, y después fue abad del mismo monasterio, y aun obispo de la misma ciudad.

Grande era la fama de Etelvoldo ; y con razón : porque él no se desvelaba en otra cosa de noche y de día, sino en amplificar la gloria de nuestro Señor Jesucristo, y sacar las almas de pecado, y hacer guerra al demonio, como fiel ministro del Señor.

Entre las otras virtudes que tuvo, fue muy dado al culto divino, y a edificar templos, en que Dios fuese reverenciado y adorado. Mas el demonio tuvo tanto enojo de esto, que un día, que estaba ocupado en cierto edificio, hizo caer sobre él un poste que le derribó, y se quebró las costillas de todo un lado; pero Dios le guardó, y en breve cobró la salud, y a instancia del rey fue consagrado en obispo de Vinthonia.

Sentado en aquella silla , halló que los canónigos habían caído de la observancia antigua de sus santas instituciones, y que vivían escandalosamente, tomando y dejando las mujeres a su voluntad, y oscureciendo con su mala vida el esplendor de su profesión : y habiéndolo consultado con el rey, y alcanzado el beneplácito de la sede apostólica, echó de su casa a los canónigos , y puso en ella los monjes de Avendonia; y él los gobernaba como abad y como obispo.

Los que habían sido echados por su mala vida, no trataron de enmendarse , sino de vengarse de él, que tan justamente los había castigado: para esto dieron al obispo tósigo tortísimo. En acabándole de beber, luego perdió el color, y sintió el veneno en las entrañas, y la muerte que venia por él: levantóse de la mesa: echóse en la cama; y comenzó a reprenderse, y decir entre sí: ¿Dónde está la confianza en Dios , que tú tantas veces , y con tanto ahínco has enseñado a los otros ? Si el Señor te quiere ayudar , ¿ qué fuerza puede tener contra ti la ponzoña? No dudes que el Señor con su virtud le quitará la fuerza y no te hará daño. Hablando de esta manera consigo mismo, el veneno perdió su fuerza , y el santo quedó sano y con un rostro sereno y alegre , se levantó de la cama.

Había en aquel tiempo muy pocos monasterios en Inglaterra; porque con las guerras y turbaciones pasadas, muchos habían sido arruinados, y casi en sola Glasconia y Avendonia florecían.

Viendo, pues, el santo lo que importaba para bien de todo el reino, que hubiese muchos religiosos que sirviesen a Dios en estado de perfección, fundó muchos monasterios de hombres, en los cuales vivían los religiosos como unos ángeles en cuerpo mortal. Envió Dios en su tiempo una extremada hambre en toda Inglaterra,y la gente de pura necesidad se moría. Acudió el santo obispo al remedio: recogió todos los pobres que pudo y con las rentas de la Iglesia los sustentó: y cuando se acabaron, tomó los ornamentos ricos, cruces, cálices, y los otros vasos sagrados, y todo el tesoro de la Iglesia, y gastóle con grande ánimo y liberalidad en socorrer a los pobres, para que no pereciesen de hambre. No faltaron personas, a quienes esta piedad del obispo les pareciese mal, juzgando que las cosas preciosas de la Iglesia , y dedicadas una vez al culto divino, no se habían de gastar en cosas seglares y profanas; pero el santo obispo dando un profundo gemido de lo mas intimo de su corazón, respondió, que no sabia él como el oro y la plata , y las otras cosas insensibles se debían guardar, y no tocar a ellas, viendo que el hombre, que es imagen de Dios, y comprado con su sangre, se moría de hambre, y que con aquel oro y plata se podía remediar.

Tentó el demonio a un monje, para que hurtase ciertos dineros del convento: hurtólos y san Etelvoldo mandó , que el que los había hurtado se los manifestase , para que con su bendición los pudiese tener, o que los pusiese en tal parte.

El monje, que los había hurtado, hízose sordo, y como se había tragado el pecado del hurto, también se tragó el de la desobediencia. Entonces el santo llamó a todo el convento , y dijo: Pues el monje sacrílego no quiere con bendición restituir el dinero que ha hurtado; restitúyale con la maldición de Dios todopoderoso, y por nuestra autoridad quede atado en el alma y en el cuerpo.

Cosa maravillosa, súbitamente los brazos de aquel triste monje quedaron tan atados, que en ninguna manera los pudo mover, teniendo libres todos los demás miembros de su cuerpo: y con esto confesó su pecado y aceptó la penitencia , y con la bendición de su prelado pudo mover los brazos.

Estaba una noche velando y leyendo en un libro, ya cansado y fatigado del sueño, se adormeció, y la candela encendida cayó sobro el libro; y con haberse gastado todo el libro, no se quemó.

Habiendo, pues, gobernado santamente veinte y cuatro años su Iglesia, y florecido y resplandecido con admirable santidad, llegó el fin dichoso de su vida, y el día 1 de agosto dio su espíritu al Señor , el año de 984 , reinando el rey Etelredo.

Su sagrado cuerpo quedó hermoso y venerable, que mas parecía vivo que muerto. Enterráronle en una bóveda del monasterio, y nuestro Señor le ilustró con muchos y grandes milagros.

Leyenda de oro
R.Dr. José Palau

 

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