LAS CAMPANAS DE LAS IGLESIAS: IMPORTANCIA

Después del triste y mal uso de las campanas en una Iglesia en los Países Bajos https://radiocristiandad.wordpress.com/2017/08/01/homenaje-a-un-suicida/, dejamos a vuestro alcance información sobre el valor y la importancia de las campanas, dejando de esta manera al descubierto la gravedad de este episodio.

Melodiosa, disciplinada y amiga, la campana siempre nos recuerda su carácter genuinamente cristiano.

¿Quién no se encanta al oír el sonoro timbre de la campana que, desde lo alto del campanario, nos invita a elevar nuestra mente al Cielo y dirigir a Dios una súplica, una alabanza?

UN POCO DE HISTORIA

Además de los cuatro vasos sagrados o eucarísticos propiamente dichos, hay otros utensilios que merecen especial mención. Entre ellos, las campanas.

Las más grandes las suspende en las torres y campanarios, para el esplendor del culto y la alegría de los pueblos; las más pequeñas, las campanillas, las reserva para el interior del templo.

Difícilmente podía la Iglesia haber encontrado instrumentos más a propósito para herir la fibra religiosa de los pueblos y para adorno de sus solemnidades.

El uso de las campanas es tan antiguo casi como el mundo. Han existido en todas las épocas y en todos los pueblos, utilizándolas ora para usos profanos o religiosos, ora como elemento decorativo de las personas o de los edificios, ora como amuletos supersticiosos.

Como muchos de los objetos del ajuar litúrgico, la Iglesia trasladó las campanas del uso familiar y casero y del culto pagano, y, santificándolas, las introdujo en el templo, poniéndolas al servicio de Dios.

Reemplazaron con ventaja a las tabletas, trompetas, simandras, matracas y otros instrumentos usados para dar la señal de los oficios religiosos en iglesias y monasterios.

Las campanas más antiguas de hierro remontan al siglo V y VI.

Las primeras de bronce pertenecen al siglo IX.

En el siglo XIII son ya de grandes dimensiones y casi de la forma actual.

Van agrandándose de siglo en siglo, hasta fabricarse ejemplares monumentales. Una de las mayores del siglo XVIII es la de Toledo, con sus 18 toneladas; y la mayor hasta el día de hoy es la del Kremlin, de Moscú, que pesa 196 toneladas.

Menos colosales que ésas, pero muchísimo más armoniosos son los carillones o campanálogos, hoy ya muy extendidos, que ejecutan con perfección piezas musicales.

Las torres y los campanarios

Tan pronto como los arquitectos cristianos comenzaron a edificar iglesias de alguna importancia, pensaron en coronarlas con almenas y cuerpos secundarios de edificios, estrechos y aplataformados, de donde, andando el tiempo, nacieron las torres y los campanarios.

En la época románica se estiló situar una sola torre-campanario en el crucero o cerca del crucero, separado del edificio, abundando las de forma de espadaña y de fortaleza; pero en el período ojival las torres se incorporaron ya al cuerpo de la iglesia y asumieron esas formas sutiles y gigantescas que admiramos con pasmo sobre todo en las catedrales.

Las flechas de los campanarios rematan, las más de las veces, con una cruz, una veleta o un gallo.

La Cruz proclama, desde aquellas alturas, las eminentes virtudes de ese signo sagrado, convertido en estandarte y blasón de los cristianos; la veleta, además de señalar la dirección de los vientos, recuerda los vaivenes de la fama y de la fortuna y lo efímero e inestable de la vida; y el gallo, siempre despierto y en acecho siempre de cualquier ruido intempestivo, es símbolo de la vigilancia.

El origen de la veleta parece venir de los atenienses, que construyeron, en el siglo anterior a nuestra era, una torre, la Torre de los Vientos, que terminaba con una aguja en la que giraba un tritón de bronce. Los cristianos sustituyeron el tritón por un gallo, a causa de su hermoso simbolismo.

El gallo del campanario es como el gallo de San Pedro, que arguye a los pecadores y blasfemos; es el vigía y como el Ángel tutelar de la ciudad; es el centinela del Cielo que, cerniéndose sobre todo lo terreno, canta el “alerta” a los habitantes de la tierra, para que no se apeguen demasiado a la materia. Él, con su canto y su nervioso aleteo, invita a los mortales a mirar hacia el cielo, increpa a los perezosos y soñolientos, infunde esperanzas a los enfermos, ahuyenta a los ladrones nocturnos, alienta a los caminantes y devuelve la vida y la alegría a toda la naturaleza.

De ordinario, el campanario está provisto de un reloj, que regula las horas de la ciudad y recuerda a los cristianos, en nombre de la Iglesia, la fugacidad de la vida y el buen uso que ha de hacerse del tiempo.

Los relojes primitivos de los campanarios eran de sol, y fue probablemente el Papa Sabiniano (604-606) quien ordenó que cada hora de la esfera se anunciara al pueblo a toque de campana, de donde se llegó a los relojes sonoros.

La campana católica

En los tiempos de Carlos Magno, que reinó de 768 a 814, las campanas eran ya muy conocidas. A propósito de la solicitud de este soberano por las cosas eclesiásticas, un monje de Saint Gall nos cuenta este singular hecho:

“En el imperio de Carlos Magno vivía un hábil fundidor, que hizo una excelente campana. Apenas supo de eso, el Emperador quedó penetrado de admiración. Le pidió al fundidor hacer una mucho más bella si, en vez de estaño, él le diese cien libras de plata.

La suma le fue luego entregada; pero ese mal hombre usó estaño, en vez de plata, y en poco tiempo presentó la nueva campana a Carlos Magno. Le gustó al Emperador, y ordenó que le pusiesen el badajo y la izasen al campanario.

El guardián de la iglesia y los otros capellanes intentaron tocarla, pero no consiguieron. Viendo eso, el fundidor agarró la cuerda presa al badajo y comenzó a tirarla. Pero el badajo se desprendió, le cayó en la cabeza y lo mató”.

Y el monje cronista concluye: “Aquello que es mal adquirido, nadie aprovecha”.

La campana, propiamente dicha, nació católica; su invención fue reservada a la Iglesia. Y ésta la ama como a una hija, a punto de hasta bautizarla. Bien entendido, no se trata del Bautismo sacramental, que nos torna hijos de Dios, sino de un ceremonial de consagración, como se hace con los vasos sagrados.

La ceremonia de ‘bautismo’

El bautismo o bendición de la campana es una ceremonia reservada al obispo, y solamente los sacerdotes tenían el derecho de tocarla.

Veamos cómo se realizaba antiguamente.

Era un acto solemne. Se reunían los fieles en torno a la campana, suspendida algunos metros encima del suelo. Cerca de ella estaban colocados el agua, la sal, los santos óleos, el incienso, la mirra, el turíbulo encendido. El obispo se presentaba con ornamentos pontificales, acompañado del clero y seguido del padrino y de la madrina de la campana, aquellos que en ocasiones verán sus nombres grabados en las campanas.

Después de cantar siete salmos, que exaltan el poder y la bondad del Creador y, en un contraste emocionante, confesar la debilidad y las necesidades del hombre, el obispo bendecía el agua y salpicaba la campana, a la cual confería el poder y la misión de alejar de todos los lugares, donde su sonido repercutiese, las potencias enemigas del hombre y de sus bienes: los demonios, el rayo, el granizo, los animales maléficos, las tempestades y todos los espíritus de destrucción.

En seguida, los diáconos la lavaban con agua bendita, por dentro y por fuera, y la secaban. Luego, recitaban con el obispo seis salmos que invitan a todas las criaturas a alabar al Señor y agradecerle por sus beneficios.

El momento de la bendición propiamente dicha, es cuando se le pone nombre a la campana y enumera las virtudes del material fundido, invocándolas contra los elementos adversos y los diabólicos.

Seguían las unciones con los óleos sagrados, trazadas por el obispo en forma de cruz: siete en el exterior de la campana, con el Óleo de los Enfermos, simbolizando los sufrimientos y la muerte de Nuestro Salvador; y con el Santo Crisma 4 en el interior de la campana, significando la Resurrección de Cristo y las cuatro cualidades de los cuerpos resucitados, que son la agilidad, la claridad, la sutileza y la impasibilidad, repitiendo 11 veces, una por cada cruz, la oración: “Sanctificetur et consacretum, Domine, signum istud. In nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti. In honorem Sancti  N.N.  Pax tibi”.

A esta sigue una nueva oración bendicional, se reza el Salmo 76 y se lee el pasaje del Evangelio de San Lucas: Introivit Jesus in quaddam castellum; y en seguida, el ministro imponía incienso y otros perfumes en el turíbulo, y lo colocaba debajo de la campana, llenando su interior de una nube suave y odorífera.

Una vez concluido el bautismo, solo queda el traslado a la torre campanario, su ascenso a la sala de campanas y el volteo general, donde por primera vez el pueblo las “oirá cantar”.

En las iglesias parroquiales ordinarias se acostumbraba a llamar, no sólo para la Misa, sino antes de Maitines y Vísperas, mientras que las diferencias en la forma de tocarlas y el número de campanas empleadas indicaban el grado de la Fiesta, la naturaleza del servicio, el hecho de que se predicaría un sermón y muchos otros detalles.

Todavía sobrevive aquí y allá la costumbre de hacer estos anuncios con la campana. Así, en Roma, la noche antes de un día de ayuno, se hacía sonar las campanas durante un cuarto de hora en todas las parroquias para recordar a la gente de su obligación al día siguiente.

Algunas líneas someras citadas en la glosa del Corpus Juris, y a menudo encontradas en las Inscripciones, describen las funciones principales de una campana (cf. Longfellow, La Leyenda Dorada):

Laudo Deum verum, Plebem voco, Congrego clerum, Defunctos ploro, Nimbum fugo, Festa decoro.”

(Yo alabo al Dios verdadero, convoco a la gente, reúno al claro; lloro por los difuntos, disperso las nubes de tormenta, honro las fiestas).

O de otro modo:

Funera plango, fulmina frango, sabbata pango, excito lentos, dissipo ventos, paco cruentos.”

(En las exequias lloro, disperso los rayos, sueno en los días de reposo, apresuro a los perezosos, ahuyento las tormentas, proclamo la paz después del derramamiento de sangre).

 

Fuentes (recomendado leer):

http://pradaweb.blogspot.com.ar/2011/11/las-inscripciones-de-las-campanas-de.html?m=1

http://m.es.gaudiumpress.org/content/34425-El-bautismo-de-la-campana-

http://ec.aciprensa.com/wiki/Campanas