SIETE SANTOS MÁRTIRES DURMIENTES

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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Hoy nos encomendamos a:

LOS SIETE DURMIENTES HERMANOS,
MÁRTIRES (f. 430)

 

En tiempo del emperador Decio se levantó una terrible y espantosa persecución contra la Iglesia de Cristo; porque el emperador era fiero y cruelísimo, y tenia extraño odio contra los cristianos, parte por haberlo sido el emperador Felipe, a quien él había quitado la vida, parte, por la falsa creencia y superstición, con que adoraba a los dioses vanos de la gentilidad, teniéndolos por patrones y conservadores de su imperio. En esta persecución muchos cristianos fueron muertos con exquisitos tormentos en la ciudad de Efeso, estando el emperador Decio presente, otros desfallecieron, otros huyeron y se ausentaron, por librarse de las manos de tan impío tirano.

Entre los otros cristianos fueron presos siete hermanos, mozos, y de muy gentil disposición y gracia, hijos de un caballero ilustre de allí de Efeso, que se llamaban Maximiano, Malco, Martiniano, Dionisio, Juan, Serapión y Constantino, los cuales fueron presentados delante del emperador, y por mucho que él los tentó, y con halagos y amenazas procuró persuadirles que adorasen a sus dioses; nunca lo pudo acabar con ellos, mostrándose muy valerosos y constantes en la fe de Cristo. El emperador, aunque les mandó quitar los cintos de oro, que como soldados y caballeros traían (que era quitarles la nobleza), no quiso luego ejecutar en ellos su saña y furor: antes movido de cierta compasión vana los dejó para que pensasen mejor lo que les convenía, y se rindiesen a su voluntad. Ellos determinados a morir por Cristo, recogieron la hacienda que pudieron, y repartieron la mayor parte a los pobres, y con lo que de ella les quedó, encomendándose muy de veras a nuestro Señor, y suplicándole que los librase de la violencia de aquel tirano, o que les diese espíritu y fuerzas para vencerle, y padecer por su amor, se retiraron a una cueva grande y capaz, que estaba cerca de la ciudad , donde pensaban que estarían seguros. Supo esto el emperador, y mandó cerrar la entrada de aquella cueva, de manera, que los santos siete hermanos no pudiesen salir de ella, y muriendo allí de hambre, la misma cueva les sirviese de sepultura. Hízose así: y un cristiano (para que quedase la memoria de tan gloriosos mártires) escribió lo que había pasado y mandado el emperador, en una lámina, y echóla dentro de la cueva, antes que se cerrase.

Murió Decio desastradamente, y sucediéronle los otros emperadores gentiles hasta el gran Constantino, que fue cristiano, y amplificador de nuestra santa religión, y después los demás hasta Teodosio, el menor, hijo del emperador Arcadio, y nieto del gran Teodosio, el mayor, en cuyo tiempo a los veintitrés años de su imperio, abriéndose con cierta ocasión la entrada de aquella cueva, se hallaron (no sin gran milagro) aquellos siete hermanos y santos mártires, enteros con sus vestidos y miembros, y sin corrupción, como si todo este tiempo dormido hubieran, y gozado de un dulce y profundo sueño. Confirmáronse de la verdad del milagro el obispo, y gobernador, y toda la ciudad de Efeso, cuando prendieron a uno de ellos (que era el menor, y había venido a la ciudad a comprar alguna cosa de comer para sí, y para sus hermanos) y les contó, como se habían escondido en aquella cueva por temor de la muerte que les quería dar el emperador Decio; y mucho mas se confirmaron, cuando leyeron en la lámina, que dijimos, la misma historia, que para testimonio de la verdad había Dios ordenado que tanto antes se escribiese y se pusiese en aquella cueva; y así se echaron todos, los que habían concurrido a la cueva, a los pies de aquellos santos y bienaventurados hermanos mártires.

A los veintitrés años de Teodosio, dicen, que verdaderamente estos santos durmieron todo el tiempo que habemos dicho, que fueron ciento setenta y siete años; porque Decio comenzó s imperar el año del Señor de 253 y Teodosio, el menor, el de 407, ciento cincuenta y cuatro años después; y a los veintitrés años del imperio de Teodosio, que era el de 430 de Cristo, dicen, que se despertaron o resucitaron estos santos; y así no fueron sino ciento setenta y siete años.

Dios nuestro Señor los despertó, para que testificasen la verdad de la general resurrección de nuestros cuerpos, que creemos los cristianos y esperamos, porque en el tiempo de Teodosio, se había levantado una herejía muy perjudicial , que negaba esta resurrección, y muchos la seguían, y que el mismo emperador Teodosio vino a Efeso por ver esto gran milagro, y se postró a los pies de los santos hermanos, y ellos le refirieron, como habían entrado en aquella cueva , y dormido todos aquellos años, y Dios los había despertado, para que declarasen la verdad de la resurrección de nuestros cuerpos, y deshiciesen la mentira de los herejes que enseñaban lo contrario; y que habiendo dado este testimonio, murieron allí en la cueva, y quedaron en ella; porque queriendo el emperador hacerlos poner a cada uno en su caja de oro, los mismos santos mártires le aparecieron y mandaron que los dejase allí.

Leyenda de oro
R.Dr. José Palau

 

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea