Jorge Doré: Leyendas Negras

La cantinela liberal e izquierdista de la inquisición, las cruzadas y el juicio a Galileo

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Para desprestigiar a la Iglesia católica es común que sus más agrios enemigos, liberales e izquierdistas, arremetan contra la Inmaculada Esposa de Cristo con tres consabidos tópicos: la inquisición, las cruzadas y el juicio a Galileo. La realidad es que cada uno de estos hechos históricos tiene una explicación muy distinta a la que los detractores de los mismos suelen dar como referencia fidedigna. Los que viven de consignas y falsedades tienen el hábito de retorcer la verdad a su gusto y conveniencia. Les encanta reescribir la historia.

Dada la amplitud de estos temas históricos, no es pretensión de esta breve nota relatarlos aquí en profundidad sino resaltar la hipocresía de quienes buscan descristianizar la tierra para poder regodearse en sus excrementales pocilgas ideológicas sin cargo alguno de conciencia, libres de un juicio divino. Pero como alguien dijera sabiamente: “la mentira del hombre no puede cambiar la verdad de Dios”.

Si bien el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición defendía la ortodoxia religiosa –consciente del valor del alma– y para hacerlo recurría a un riguroso proceso, hoy liberales e izquierdistas imponen sus infames ideologías con violencia, intimidación y una belicosidad verbal y física prácticamente tribal –con perdón de aquellas tribus cuyo comportamiento supera al de estos campeones del resentimiento y el acoso ajenos.

Porque ¿con qué moral vituperan la inquisición católica quienes sostienen una enconada persecución anticristiana pletórica de agresión física, histeria colectiva, vandalismo, difamación, amenazas, daños al patrimonio común y al patrimonio cristiano, ataques a la libre expresión y odio visceral a todo el que se oponga a sus disfuncionales doctrinas? Doctrinas estas que sólo garantizan la ruina de las naciones y la tiranía de sus ciudadanos pues ignoran la tajante advertencia de Cristo: “…sin mí nada podéis hacer”. (Juan 15:5)

Se calcula que durante la Inquisición española, en el período de 1478 a 1834, fueron ejecutadas entre 3.000 y 5.000 personas por los tribunales reales, –no por la propia Iglesia–. Sin embargo, esta cifras palidecen en comparación con las muertes causadas por el comunismo (100 millones de víctimas) y los masivos asesinatos gestionados por los actuales “paladines” del aborto, –tanto liberales como izquierdistas– que encomian que anualmente se asesinen 50 millones de indefensos seres humanos en lo que ellos tienen por justa y necesaria cruzada: ¡una cruzada para trucidar hijos en el vientre de sus propias madres! ¿Dónde está la nobleza de su batalla contra el feto? ¿Dónde la gloria de sus conquistas? ¿Dónde el honor de los conquistadores?

De acuerdo a datos facilitados por la Organización Mundial de la Salud, el número de abortos en el mundo durante el período 2010-2014 se promedió en 56 millones anuales. (ver enlace).
http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs388/es/

Pero si ayer la inquisición trataba de fungir de dique contra el error, sus enconados críticos hoy buscan precisamente demoler esos diques permitiendo que las aguas albañales y toda la inmundicia que el ser humano caído es capaz de imaginar y producir, aneguen la tierra.

Esta campaña de erradicación del bien por parte de liberales e izquierdistas, esta perpetua amenaza a la paz de los pueblos, la sufrimos los cristianos en carne propia porque vivimos inmersos en la pudrición moral que los enemigos de Dios asperjen por donde pasan. Su aversión a Cristo y al Cielo los delata por su impiedad, por su desdén a la virtud y por su amor a la perversión, llegando incluso a negar lo objetivo para poder recrearse con el demencial subjetivismo y relativismo característicos de los hijos de las sombras.

Porque los acérrimos enemigos de Cristo no conquistan tierras para encomendarlas al Señor sino que se dedican a podrir y asolar las ya liberadas para devastarlas con el auxilio de los resentidos de turno que defenderán hasta la muerte su propia miseria e inanición por tal de ejercer su poder contra el hermano. No hay oficio más repugnante que el de las jaurías represivas serviles a los regímenes totalitarios.

Otra gran hipocresía de liberales e izquierdistas es su manifiesto odio al dogma, –pero claro, sólo al dogma religioso– pues sus propios dogmas, frutos de la perversión del hombre sin Dios, son para ellos intocables. Ej.: la corrección política, la tolerancia, el multiculturalismo, el feminismo, la ideología de género, el aborto, el ecologismo, etc. Cualquiera que ose criticar o cuestionar alguno de ellos será verbal o físicamente atacado sin piedad por una turba que tratará de hacer público ejemplo del autor de tamaño sacrilegio laico.

En cuanto a Galileo, mal que les pese a quienes hubieran querido que ardiera en la hoguera para añadir más sazón  a su anticatolicismo, murió tranquilamente en su casa, de edad avanzada.

La hipocresía liberal y de la izquierda es francamente detestable. Pero lo que razón no consigue, la fuerza lo impone. De ahí la violencia de estos elementos subversivos que se dedican a vender paraísos de humo a los incautos que, adoctrinados por sus cantos de sirena, desconocen el trasfondo de sus futuros verdugos.

Para estos liberales e izquierdistas, alérgicos a Dios, a la Iglesia, al dogma católico, a lo sacro, a lo moral y al sano juicio y orden civil, quede este recordatorio en palabras del propio Cristo:

“Cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”. (Mateo 10:33)