PATRICIA VERBOVEN: DIFICULTADES Y SOLUCIONES

LECTURA FRUCTUOSA DE LA IMITACIÓN DE CRISTO

 

Un día que Jesús estaba en oración, en cierto lugar, cuando hubo terminado, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan lo enseñó a sus discípulos”.
(San Lucas XI, 1)

Tratando de ser totalmente objetiva y habiendo sido últimamente tan nombrado “El Kempis”, como se le llama familiarmente, les acerco esta estimable información para que cada uno pueda valorar con razones cómo sacar mayor y mejor provecho de este antiguo escrito.

La Imitación de Cristo ha sido, desde que salió a luz, no solamente el libro del monje, del religioso y del sacerdote, sino también el libro del seglar: del esposo, del adolescente, del anciano, del comerciante, del militar, del médico, del hombre de Estado, del obrero, del intelectual…; es el libro de todos.

Y ésto es así debido a su penetración, que llega hasta los más íntimos repliegues del alma y descubre sus móviles más secretos; a la solidez de su doctrina; al carácter práctico de su piedad; a su extraordinaria ponderación, que mantiene el alma en lo sensato y en un equilibrio perfecto aun cuando la lleva a lo sublime; a su suave unción, que a todos habla: al afligido consolándole, al tentado devolviéndole la paz, al fervoroso inflamando su alma con el fuego de la caridad divina.

De aquí las alabanzas que le han tributado y el uso constante que de ella hicieron no sólo los Sumos Pontífices y los más insignes Santos canonizados desde el siglo XV, sino las más altas personalidades, tanto eclesiásticas como seglares.

No voy intentar presentar la larga lista de este argumento de autoridad, porque no es este mi objetivo.
A quien quiera todavía altercar sobre la rectitud de La Imitación y/o conveniencia de su lectura, le respondo con quien la conocía de memoria, Santa Teresita del Niño Jesús, la santa más grande los tiempos modernos según San Pío X, la cual, citándola libremente, escribió:

Cuando sentía la tentación de contestarle de manera desagradable, me limitaba a dirigirle la más encantadora de mis sonrisas y procuraba cambiar de conversación, pues, como dice la Imitación: Mejor es dejar a cada uno con su idea que pararse a contestar.

(En el Libro III, Capítulo 44, leemos: Utilius est unicuique suum sentire relinquere, quam contentiosis sermonibus deservire. Más útil es dejar a cada uno en su parecer, que ocuparte en porfías).
¿Qué cuál es, entonces, mi propósito? Pues muy simple, allanar el camino para que la lectura de La Imitación sea provechosa, como lo fue para tantos santos o personas ejemplares.

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Imitación de Cristo, edición de 1505

LAS DIFICULTADES

 

La lectura de la Imitación de Cristo encierra dos dificultades que conviene señalar: la primera se refiere al contenido de los capítulos; la segunda, a la conexión de los mismos.

Respecto al contenido de los capítulos tres cosas se presentan con evidencia:

 Hay muchos capítulos que encierran doble asunto. Por ejemplo: el Capítulo I del Libro 1°, cuyo título dice así: De la Imitación de Cristo y desprecio de todas las vanidades del mundo. El principiante, y muchas veces el lector de alcances corrientes, no advierte el momento exacto en que principia el segundo asunto.

 Bastantes veces lo que se lee no parece corresponder (aunque corresponda de hecho) al tema del capítulo. Por ejemplo: el Capítulo II del Libro 2° tiene como título: De la humilde sumisión, y el autor principia por esta materia: Que Dios sea tu confianza y tu defensa. De la humilde sumisión no trata claramente sino hacia la mitad del capítulo.

 Hay ocasiones en que los capítulos, que anuncian un tema y se mantienen en él, contienen matices y conceptos variados que importa señalar para mayor provecho del alma. Por ejemplo: el Capítulo LIV del Libro 3° habla: De los diversos movimientos de la naturaleza y de la gracia. Y sin salirse del tema, el autor emite tres conceptos diferentes: 1º los movimientos de la naturaleza y de la gracia son difíciles de conocer; 2º los movimientos de la gracia son opuestos a los de la naturaleza; 3º la felicidad del alma que se deja guiar por la gracia.

La segunda clase de dificultades que encierra la lectura de la Imitación de Cristo se refiere a la conexión de los capítulos.

En efecto, todo lector deseoso de relacionar los capítulos entre sí se pregunta:

 ¿Por qué el autor de la Imitación, después de haber tratado en el Capítulo V del Libro 1° de la lección de las Santas Escrituras, pasa a tratar en el Capítulo VI del mismo Libro de los deseos desordenados?

 ¿Por qué, habiendo tratado en los Capítulos II, III, IV y V del Libro 1º sobre la vana ciencia, vuelve a tratar el mismo tema en el Capítulo XLIII del Libro 3°?

Las dificultades que presenta  La Imitación respecto a la conexión de los capítulos son tan evidentes que, más de una vez, pero sobre todo en el siglo XVII, hubo quien se atrevió a rehacer la obra pensando que así ponía en ella el orden que no acertaba a encontrar. Algunos llegaron hasta cambiar el orden de los capítulos; otros, a cortarlos, sirviéndose de los diversos trozos para formar capítulos completamente nuevos correspondientes a un plan preconcebido, lo que no les impedía vanagloriarse de no haber añadido ni una sola palabra en su trasposición de capítulos y de trozos.

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LAS SOLUCIONES

Una vez así planteadas las dificultades, el Doctor Carmelo Ballester Nieto, C.M., Obispo de León, quien prologa la edición de La Imitación de la Editorial LUZ, de 1963, con la traducción del Padre Eugenio Nieremberg, S.J., nos narra cómo encontró la solución a las mismas:

Esas dificultades, escribe, que con tanta frecuencia se nos han presentado leyendo La Imitación, nos hicieron pensar en lo que se podría hacer para obviarlas.

La luz no se hizo esperar mucho tiempo: para evitarlas era imprescindible presentar divisiones lógicas, que subdividiesen los temas anunciados en los capítulos, y que agrupasen a éstos para que viese fácilmente el lector el nexo que los une.

Monseñor Ballester Nieto agrega que, habiendo buscado inútilmente una edición de esa índole, y habiendo intentado en vano que alguien la hiciese, nos tuvimos que resolver a emprender ese trabajo, aunque vacilábamos ante lo costoso y delicado que era.

Dos meses después de haberlo principiado vino a parar a nuestras manos un ejemplar de la edición de La Imitación del R. P. Billet, Redentorista, con divisiones lógicas y marginales. Nuestra alegría fue muy grande.

Pensamos en seguida que habíamos encontrado lo que deseábamos y que holgaba nuestro trabajo, puesto que lo había realizado el R. P. Billet. Pero, examinándolo de cerca, nos pareció que se debía intentar algo más completo; proseguimos, pues, con el nuestro hasta terminarlo.

Continúa el Doctor, estábamos a punto de entregar al editor el original de nuestro trabajo, cuando una persona, que ignoraba por completo nuestros propósitos pero que conocía nuestras aficiones, nos entregó, asegurándonos que era un libro muy de nuestro agrado, L’lmitation de Jésus-Christ. Introduction à l’unión intime avec Dieu. (La Imitación de Cristo. Introducción a La unión íntima con Dios), por el R. P. Dumas, de la Sociedad de María.

Vimos al instante que dicha obra encerraba un análisis perfecto de La Imitación, y que tendía, como nuestro trabajo, a subsanar las dificultades que más arriba hemos señaladas; vimos también que habíamos coincidido con el R. P. Dumas en casi todas las divisiones.

Pero como la obra de dicho Padre no es una edición de La Imitación, sino un estudio sobre ella de 576 páginas, en la cual el texto de La Imitación aparece entrecortado por explicaciones, a veces de una o varias páginas, en lugar de traducir su obra, y para que en España tuviésemos un trabajo original, mantuvimos lo que habíamos hecho y en la forma en que lo habíamos concebido.

En estas condiciones, termina diciendo el señor Obispo, creemos haber puesto de nuestra parte todo lo que podíamos para que la inapreciable y abundante doctrina de que está henchida La Imitación apareciese clara y evidente a todo lector.

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Pero no basta subsanar las dificultades apuntadas para poder leer con todo provecho La Imitación de Cristo. Se requieren también ciertas disposiciones de alma y observar ciertas reglas. Monseñor Carmelo Ballester Nieto nos proporciona unas y otras.

Primera. Debe ser leída La Imitación teniendo en cuenta las disposiciones que su autor exige de aquellos que desean leer con provecho las Santas Escrituras: Se debe buscar la verdad y no la elocuencia. Más debemos buscar el provecho que la sutileza de las palabras. No te mueva, la autoridad del que escribe si es de pequeña o grande ciencia; mas convídete a leer el amor a la pura verdad. No mires quien lo ha dicho, mas atiende qué tal es lo que se dijo. Si quieres aprovechar, lee con humildad, fiel y sencillamente, y nunca desees nombre de letrado (Libro 1º, Capítulo V).

Segunda. Se debe leer poco a poco. La Imitación no es un libro para ser leído por entero de una sola vez o en dos, tres o cuatro ocasiones. Como todas sus palabras rebosan la más sustanciosa doctrina espiritual, resulta mucho más provechoso contentarse cada día con la lectura de un capítulo, o con una de sus partes, para alimentarse de él en la paz y en el silencio del alma.

Tercera. Llevarla en el bolsillo o tenerla encima de la mesa de trabajo para echar mano de ella en los momentos de abatimiento moral o de cansancio. ¿Quién es el que no pasa por uno de esos momentos difíciles? Uno o dos minutos de lectura de La Imitación transportan el alma a la región de lo sobrenatural, la tonifican y fortalecen en la lucha y en el trabajo. ¡Cuántos al abrirla al acaso han encontrado la respuesta que anhelaban y han sentido que por ella Dios les hablaba!

Cuarta. Llevarla en los viajes, para leer algunos de sus pasajes, y así acortar las numerosas horas que se pasan ociosas.

Quiera Dios que con esta guía La Imitación de Cristo consiga que todos sus lectores penetren mejor las inmensas riquezas que encierra y que puedan participar copiosamente de la unción divina que con tanta abundancia contiene.

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LAS DIVISIONES

SINOPSIS DEL LIBRO PRIMERO:

AVISOS ÚTILES PARA LA VIDA ESPIRITUAL

FUNDAMENTO: CONFORMAR NUESTRA VIDA A LA DE CRISTO.

CAP. I. De la imitación de Cristo y desprecio de todas las vanidades del mundo

PRIMER MEDIO: DISCIPLINANDO LOS APETITOS.

1º — Disciplinando el afán de saber.

CAP. II. Del bajo aprecio de sí mismo.

CAP. III. De la doctrina de la verdad.

CAP. IV. De la prudencia en las acciones.

CAP. V. De la lección de las Santas Escrituras.

2º — Disciplinando nuestras pasiones.

CAP. VI. De los deseos desordenados.

CAP. VIL Cómo se ha de huir la vana esperanza y la soberbia.

3º — Disciplinando nuestras relaciones con el prójimo.

CAP. VIII. Cómo se ha de evitar la mucha familiaridad.

CAP. IX. De la obediencia y sujeción.

CAP.X. Cómo se ha de cercenar la demasía de las palabras.

SEGUNDO MEDIO: BUSCANDO LA PAZ.

1º — La paz mediante la lucha contra nosotros mismos.

CAP. XI. Cómo se debe adquirir la paz, y del celo de aprovechar.

CAP. XII. Del provecho de las adversidades.

CAP. XIII. Cómo se ha de resistir a las tentaciones.

2º — La paz en nuestras relaciones con el prójimo.

CAP. XIV. Cómo se deben evitar los juicios temerarios.

CAP. XV. De las obras hechas por caridad.

CAP. XVI. Del sufrimiento de los defectos ajenos.

3º — La paz en el fervor de la vida religiosa.

CAP. XVII. De la vida monástica.

CAP. XVIII. Del ejemplo de los Santos Padres.

CAP. XIX. De los ejercicios del buen religioso.

CAP. XX. Del amor a la soledad y silencio.

TERCER MEDIO: LLORANDO LAS CULPAS.

1º — Naturaleza y necesidad de la compunción.

CAP. XXI. De la compunción del corazón.

2º — Consideraciones que nos deben mover a la compunción.

CAP. XXII. Consideración de la miseria humana.

CAP. XXIII. De la meditación de la muerte.

CAP. XXIV. Del juicio y penas de los pecadores.

EPILOGO: VIGILANCIA Y DILIGENCIA.

CAP. XXV. De la fervorosa enmienda de toda nuestra vida.

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SINOPSIS DEL LIBRO SEGUNDO:

DEL REINADO DE JESÚS EN EL ALMA

CONDICIÓN FUNDAMENTAL: RECONOCER A JESÚS COMO A REY ÚNICO DEL ALMA.

CAP. I De la conversación interior.

PRIMER MEDIO PARA CONSEGUIR EL REINADO DE JESÚS EN EL ALMA: PAZ Y CONCORDIA CON EL PRÓJIMO.

CAP. II. De la humilde sumisión.

CAP. III. Del hombre bueno y pacífico.

SEGUNDO MEDIO PARA CONSEGUIR EL REINADO DE JESÚS EN EL ALMA: SENCILLEZ DE ESPÍRITU Y PUREZA DE CORAZÓN.

CAP. IV. Del corazón puro y sencilla intención.

CAP. V. De la consideración de sí mismo.

CAP. VI. La alegría de la buena conciencia.

CAP VII. Del amor de Jesús sobre todas las cosas.

TERCER MEDIO PARA CONSEGUIR EL REINADO DE JESÚS EN EL ALMA: SABER USAR DE LOS CONSUELOS Y SOPORTAR LA CARENCIA DE ESTOS.

CAP. VIII. De la familiar amistad de Jesús.

CAP. IX. Del carecimiento de toda consolación.

CAP. X. Del agradecimiento por la gracia de Dios.

CUARTO MEDIO PARA CONSEGUIR EL REINADO DE JESÚS EN EL ALMA: ANDAR CON JESÚS POR EL CAMINO REAL DE LA CRUZ.

CAP. XI. Cuán pocos son los que aman la cruz de Cristo.

CAP.XII. Del camino real de la santa cruz.

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SINOPSIS DEL LIBRO TERCERO:

DE LA COMUNICACIÓN INTERNA

PRIMER DIALOGO: DE LAS COMUNICACIONES DIVINAS.

1º — Deseo del alma de comunicar con Dios.

CAP. I. Del habla interior de Cristo al alma fiel.

2º — Petición de audiencia.

CAP. II. Cómo la verdad habla dentro del alma sin ruido de palabras.

3º — Cómo se debe oír la palabra de Dios.

CAP. III. Que las palabras de Dios se deben oír con humildad, y cómo muchos no las consideran como deben.

SEGUNDO DIALOGO: DE LAS VIRTUDES QUE FAVORECEN LAS COMUNICACIONES DIVINAS.

1º — La verdad.

CAP. IV. Debemos conversar delante de Dios con verdad y humildad.

2º — El amor.

CAP. V. Del maravilloso efecto del divino amor.

CAP. VI. De la prueba del verdadero amor.

3º — La humildad.

CAP. VII. Cómo se ha de encubrir la gracia bajo el velo de la humildad.

CAP. VIII. De la baja estimación de sí mismo ante los ojos de Dios.

TERCER DIALOGO: DE COMO DIOS ES NUESTRO SUPREMO Y ÚLTIMO FIN.

1º — Dios, nuestro último fin.

CAP. IX. Todas las cosas se deben referir a Dios como último fin.

CAP. X. En despreciando al mundo es dulce cosa servir a Dios.

2º — Debemos ordenar nuestros deseos según el beneplácito divino.

CAP. XI. Los deseos del corazón se deben examinar y moderar,

CAP.XII. Declárase qué cosa sea paciencia en la lucha contra el apetito.

CAP. XIII. De la obediencia del súbdito humilde, a ejemplo de Jesucristo.

CAP. XIV. Cómo se han de considerar los secretos juicios de Dios para que no nos envanezcamos.

CAP. XV. Cómo se debe uno haber y decir en todas las cosas que deseare.

CAP. XVI. En solo Dios se debe buscar el verdadero consuelo.

3º — Hay que abandonarse a Dios.

CAP. XVII. Toda nuestra atención se ha de poner en sólo Dios.

CAP. XVIII. Que se sufran con serenidad de ánimo las miserias temporales, a ejemplo de Cristo.

CAP. XIX. De la tolerancia de las injurias y cómo se prueba el verdadero paciente.

CAP. XX. De la confesión de la propia flaqueza y de las miserias de esta vida.

CAP. XXI. Sólo se ha de descansar en Dios sobre todas las cosas.

CAP. XXII. De la memoria de los innumerables beneficios de Dios.

CUARTO DIALOGO:  DE LA PAZ.

1º — Condiciones para conseguir la paz.

CAP. XXIII. Cuatro cosas que causan la paz.

2º — Medios para conservar la paz.

CAP. XXIV. Cómo se ha de evitar la curiosidad de saber las vidas ajenas.

CAP. XXV. En qué consiste la paz firme del corazón y el verdadero aprovechamiento.

CAP. XXVI. De la elevación del espíritu libre, la cual se alcanza mejor con la oración humilde que con la lectura.

CAP. XXVII. El amor propio nos desvía mucho del bien eterno.

CAP. XXVIII. Contra las lenguas maldicientes.

CAP. XXIX. Cómo debemos llamar a Dios y bendecirle en tiempo de la tribulación.

CAP. XXX. Cómo se ha de pedir el favor divino, y de la confianza de recobrar !a gracia.

3º — Fruto de la paz: El desprecio de las criaturas y el deseo de la contemplación

CAP. XXXI. Del desprecio de todas las criaturas para hallar al Criador.

QUINTO DIALOGO: DE LA LIBERTAD.

1º — Primer medio para conseguir la libertad: La abnegación.

CAP. XXXII. De la abnegación de sí mismo y abdicación de todo apetito.

2º — Segundo medio para conseguir la libertad: No dejarse gobernar por las impresiones.

CAP. XXXIII. De la inconstancia del corazón, y que la intención final se ha de dirigir a Dios.

CAP. XXXIV. Que Dios es, para quien le ama, más delicioso que todo y en todo.

3º — Tercer medio para conseguir la libertad: Confianza en Dios en las pruebas.

CAP. XXXV. En esta vida no hay seguridad de carecer de tentaciones.

CAP. XXXVI. Contra los vanos juicios de los hombres.

4º — Cuarto medio para conseguir la libertad: Total resignación en Dios.

CAP. XXXVII. De la pura y entera renuncia de sí mismo para alcanzar la libertad del corazón.

5º — Quinto medio para conseguir la libertad: Sobreponerse a los asuntos exteriores y recurrir a Dios.

CAP. XXXVIII. Del buen régimen en las cosas exteriores y del recurso a Dios en los peligros.

CAP. XXXIX. Que el hombre no sea importuno en los negocios.

CAP. XL. Que ningún bien tiene el hombre de suyo, ni cosa alguna de qué alabarse.

6º — Sexto medio para conseguir la libertad: Despreciar los honores.

CAP. XLI. Del desprecio de toda honra temporal.

7º — Séptimo medio para conseguir la libertad: No apoyarse en los hombres.

CAP. XLII. Que nuestra paz no debe de pender de los hombres.

CAP. XLIII. Contra la ciencia vana del mundo.

CAP. XLIV. No se deben buscar las cosas exteriores.

CAP. XLV. Que no se debe creer a todos y cómo fácilmente se resbala en las palabras.

8º — Octavo medio para conseguir la libertad: No dejarse impresionar por las injurias.

CAP. XLVI. De la confianza que debemos tener en Dios cuando nos dicen injurias.

SEXTO DIALOGO: DE LA CONSIDERACIÓN DEL CIELO COMO MEDIO PARA SUFRIR LAS PENAS DE LA VIDA.

1º — Contemplación sobre el cielo.

CAP. XLVII. Todas las cosas pesadas se deben padecer por la vida eterna.

CAP. XLVIII. Del día de la eternidad y de las angustias de esta vida.

2º — Ordenar el deseo del cielo.

CAP. XLIX. Del deseo de la vida eterna y cuantos bienes están prometidos a los que bien pelean.

CAP.L. Cómo se debe ofrecer en las manos de Dios el hombre desconsolado.

3º — Cómo debe el alma prepararse a nuevos consuelos.

CAP. LI. Que debemos emplearnos en ejercicios humildes cuando no podemos en los sublimes.

CAP. LII. Que el hombre no se repute por digno de consuelo, sino de castigo.

SÉPTIMO DIALOGO: DE LA GRACIA.

1º — Lo que hay que hacer para obtenerla.

CAP. LIII. La gracia de Dios no se mezcla con el gusto de las cosas terrenas.

2º — Oposición entre la naturaleza y la gracia.

CAP. LIV. De los diversos movimientos de la naturaleza y de la gracia.

3º — El alma pide la gracia.

CAP. LV. De la corrupción de la naturaleza y de la eficacia de la gracia divina.

OCTAVO DIALOGO: DEL SEGUIMIENTO DE JESÚS EN EL CAMINO DE LA CRUZ.

1º — Nuestro Señor pide al alma una total abnegación.

CAP. LVI. Que debemos negarnos a nosotros mismos y asemejarnos a Cristo por la cruz.

2º — Nuestro Señor pide al alma paciencia en la adversidad.

CAP. LVII. No debe acobardarse demasiado el que cae en algunas faltas.

3º — Nuestro Señor pide al alma que le siga sin escudriñar con curiosidad los designios de Dios.

CAP. LVIII. No se deben escudriñar las cosas altas y los juicios ocultos de Dios

EPÍLOGO

Entrega total del alma a Dios.

CAP. LIX. Toda la esperanza y la confianza se deben poner sólo en Dios.

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SINOPSIS DEL LIBRO CUARTO:

DE LA EUCARISTÍA

PRIMER DIALOGO: JESUCRISTO EXHORTA AL ALMA PARA QUE COMULGUE, Y EL ALMA SE DERRAMA EN JESÚS.

1º — Jesucristo exhorta al alma para que comulgue. (Prólogo.)

2º — El alma, conmovida, se derrama en Jesús.

CAP. I. Con cuánta reverencia se ha de recibir a Jesucristo.

CAP. II. De la bondad y caridad de Dios que se manifiesta en este Sacramento para con los hombres.

CAP. III. Que es provechoso comulgar con frecuencia.

CAP. IV. De los muchos bienes que se conceden a los que comulgan devotamente.

SEGUNDO DIALOGO: ENSEÑANZAS DE JESUCRISTO AL SACERDOTE SOBRE EL SACERDOCIO, EL SACRIFICIO Y LA COMUNIÓN.

1º — Jesucristo enseña al Sacerdote la excelencia y dignidad del Sacerdocio y del Sacrificio.

CAP. V. De la dignidad del Sacramento y del estado del Sacerdocio.

CAP. VI. Ejercicios para antes de la Comunión.

2º — Jesucristo enseña al Sacerdote cómo debe celebrar y comulgar.

CAP. VII. Del examen de la propia conciencia y del propósito de la enmienda.

3º —Jesucristo enseña al Sacerdote cómo debe ofrendarse en la Misa.

CAP. VIII. Del ofrecimiento de Cristo en la Cruz y de la propia resignación.

CAP. IX. Que debemos ofrecernos a Dios con todas nuestras cosas y rogarle por todos.

TERCER DIALOGO: DEL USO DEL SACRAMENTO.

1º — De la Comunión y celebración frecuente

CAP. X. No se debe dejar fácilmente la Sagrada Comunión.

CAP. XI. El Cuerpo de Cristo y la Sagrada Escritura son muy necesarios al alma fiel.

2º — Lo que se debe hacer para participa con provecho de los divinos misterios.

CAP. XII. Debe disponerse con gran diligencia el que ha de recibir a Cristo.

CAP. XIII. Cómo el alma devota debe desear con todo corazón unirse a Cristo en el Sacramento.

3º — Condiciones para obtener por la Comunión gracias abundantes de devoción y de unión.

CAP. XIV. Del ansia con que algunos devotos desean el Cuerpo de Cristo.

CAP. XV. Que la devoción se alcanza con la humildad y abnegación de sí mismo.

CAP. XVI. Que debemos manifestar a Cristo nuestras necesidades y pedirle su gracia.

CAP. XVII. Del amor fervoroso y del vehemente deseo de recibir a Cristo.

CAP. XVIII. Que el hombre no debe ser curioso en examinar este Sacramento, sino humilde imitador de Cristo, sometiendo su parecer a la sagrada fe.

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Repito lo dicho por Monseñor Ballester Nieto:

Quiera Dios que con esta guía la Imitación de Cristo consiga que todos sus lectores penetren mejor las inmensas riquezas que encierra y que puedan participar copiosamente de la unción divina que con tanta abundancia contiene.

Patricia Verboven
(Con la supervisión del Padre Ceriani)