JORGE DORÉ: ADVERTENCIA

LA SUICIDA NEGACIÓN DE LA REALIDAD

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Es notable la similitud existente entre quienes –negándose a reconocer la amenaza del Islam en sus naciones– le abren sus puertas, lo amparan y lo fomentan, y aquellas ovejas pertenecientes a la iglesia conciliar de Roma, que también desdeñan el peligro que corren al ser fieles y obedientes a todos sus errores, blasfemias y herejías.

Unos y otros justifican al enemigo y desestiman la amenaza que éste constituye para ellos, renunciando a un instinto de conservación obviamente atrofiado.

Insólito amor el de estas víctimas por sus adversarios. Su empatía con sus verdugos y su desdén por la propia integridad personal es inconcebible.

Si es innegable el peligro del Islam, es por las obvias pruebas que nos dan de sus intenciones. Su agenda de conquista mundial continúa propagándose a los cuatro vientos desde las antenas repetidoras de sus minaretes, y su odio incontenible al cristianismo y a occidente se manifiesta cotidianamente con atentados, ejecuciones, vandalismo, violaciones y todo tipo de delitos cometidos contra aquellas naciones que los acogen con hospitalidad y beneficios. Por parte de ellos, queda claro que están infiltrándonos para destruirnos desde dentro con la finalidad de conquistarnos.

Pero también son innegables las intenciones de la masonería, de los comunistas y de los dueños de la Cábala y el Talmud de infiltrar la iglesia Católica y destruirla desde dentro.

En ambos casos lo corroboran datos existentes. Las citas están ahí, las pruebas están ahí y los hechos hablan por sí solos.

Si Europa está siendo lentamente fagocitada por el Islam, la Iglesia católica también lo ha sido por sus enemigos, que han golpeado tanto su rostro con la herejía y la apostasía que cualquier semejanza con el de Cristo es ya imposible de hallar.

De catolicismo, lo único que la contra-iglesia de Roma conserva es el nombre y éste usurpado, para poder continuar engañando a su grey, persistiendo en el desguace de la tradición y consolidando la iglesia del Anticristo sobre la tierra.

La actual alienación de las masas que sucumben y asisten a sus verdugos mansa y voluntariamente sería casi imposible de creer, si San Pablo no hubiera mencionado el misterio de iniquidad.

Porque algo tiene que haber de misterioso en esta negación de la realidad, en este rechazo a la misma, en esta conformidad con el suicidio colectivo, en esta apatía y ceguera ante la demolición de una civilización cuyos pilares ceden bajo el peso del Islam y de un falso catolicismo que no es más que un torrente de humo ascendente desde las fumarolas del infierno; tóxico incienso que fuera telón de fondo de tantas sobrecogedoras visiones de Catherine Emmerich.

Ante esta parálisis de cuerpos y de almas negadas a confrontar la realidad como tal, de brazos caídos y una bovina aceptación del yugo, no queda más remedio cristiano que intensificar nuestras oraciones y advertir:

El Islam viene por vuestros cuerpos. Roma, por vuestras almas.