JORGE DORÉ: ¡AY DE LOS SACERDOTES!

FALSOS PASTORES

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La mera insinuación de una continuidad magisterial existente entre la Iglesia católica y la perversa secta surgida del conciliábulo Vaticano II es ofensiva a la inteligencia de cualquier católico.

Numerosos documentos dan testimonio de la intención, tanto de masones como de comunistas, de infiltrar la Iglesia desde los seminarios para corromper la fe del clero, formar un nuevo sacerdocio herético y corrupto y un catolicismo espurio pletórico de ideales masónicos.

Documentos tales como La Conjura de la Alta Venta de los Carbonarios; School of Darkness (Bella Dodd); AA-1025 Memorias de un anti-apóstol (Marie Carré); Atanasio y la historia de nuestro tiempo, cuyo autor el Dr. Rudolph Graber, Obispo de Regensburg, cita al apóstata Canon Roca y su meticuloso plan para destruir el catolicismo mediante un concilio ecuménico; The Broken Cross (Piers Compton), que reproduce la infame lista Pecorelli donde se cita con nombre propio, números de matrícula y nombre codificado a numerosos cardenals, obispos y altos prelados pertenecientes a la masonería, lo confirman.

Nada tiene que ver la Inmaculada Esposa de Cristo con la ramera babilónica que hoy cohabita con todas las falsas creencias de la tierra y de cuya boca salen herejías y blasfemias, madre de una liturgia horizontal en la que la presencia de Cristo está condenada a no exceder la altura del hombre y que cada día evoluciona más hacia un espectáculo circense y carnal. Hasta el arte religioso post-Vaticano II abunda en simbología esotérica y satánica como un ostentoso alarde triunfal de las fuerzas del mal que han logrado hacer relinchar a su caballo de Troya bajo la cúpula de la basílica de San Pedro.

La ruptura entre el remanente católico y esta entidad cismática y maligna, este tumor espiritual que hoy eclipsa a la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo (tal como predijera Nuestra Señora de la Salette) es imprescindible para que la promesa hecha por Nuestro Señor: “…y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”, se cumpla. O se sirve a Cristo o se sirve al luciferino engendro del Vaticano II, que con diabólica astucia recurre a la obediencia para sujetar a su grey en la perdición.

La traición del rebaño por parte de aquellos pastores que han usado su vara y su cayado para dirigir sus ovejas no hacia verdes pastos, sino hacia valles de sombras de muerte, es reprobable ante Dios y ante los hombres.

He aquí una necesaria y misericordiosa denuncia de aquellos que, habiendo sido llamados al oficio más alto, más sacro, más sublime que un ser humano pueda ejercer: entregar su vida a Dios y pastorear su grey al cielo, han renunciado a las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, para abrazar a los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne, que tan ladinamente penetraron por las ventanas que el antipapa Juan XXIII abriera para ponernos a tono con la inmundicia terrenal.

Algunos avisos de la actual catástrofe pastoral que hoy padecemos se remontan a siglos atrás:

“Tiempos funestos sobrevendrán, en los cuales aquellos que deberían defender en justicia los derechos de la Iglesia sin temor servil ni respeto humano, darán la mano a los enemigos de la Iglesia para hacer lo que éstos quieran”.

“Sabe aún que la Justicia Divina acostumbra descargar castigos terribles sobre naciones enteras, no tanto por los pecados del pueblo, cuanto por los de los sacerdotes y religiosos, porque estos últimos son llamados, por la perfección de su estado, a ser la sal de la Tierra, los maestros de la verdad y los pararrayos de la Ira Divina”. (Profecías de Ntra. Sra. del Buen Suceso).

“Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo!” (Profecía de Ntra. Sra de la Salette).

El 27 de noviembre de 1902 y el 10 de mayo de 1904, Nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María le anunciaron a María Julia Jahenny la conspiración del Nuevo Ritual de la Misa. “Te anunciamos la siguiente advertencia: Los discípulos que no son de Mi Evangelio están trabajando intensamente en estructurar, de acuerdo a sus propias ideas y bajo la influencia del enemigo de las almas, una nueva Misa que contendrá conceptos odiosos a Mis designios.” “Cuando esta fatal hora llegue, la fe de mis sacerdotes se pondrá a prueba…”

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Falsos pastores

Vosotros que debierais de haber gritado: –¡El lobo!

inconcebiblemente sois los depredadores

cargados de anatemas que devoráis rebaños,

divinizáis al hombre y propagáis errores.

***

¿Cómo danzáis alegres ante al desfiladero

cuya garganta lleva al insondable abismo?

¿Cómo abrazáis las sombras y detestáis las luces?

¿Es que cielo e infierno os parecen lo mismo?

***

¿Quién, quién os ha enseñado, pastores fementidos

a desafiar los cielos con tanta persistencia?

Si no tembláis humildes es porque os ha vencido

la fiebre incontenible de vuestra prepotencia.

***

Sí. Vuestro farisaico papel de seguidores

de Cristo encubre un hondo repudio a la verdad.

Sois viles mercenarios de aquellos que combaten

la cruz secretamente, desde la oscuridad.

***

Tenéis miles de ovejas confusas y aleladas

que aceptan vuestro plomo como oro genuino

y asisten al convite de almas descarriadas

que es ese culto vuestro profano y viperino.

***

Contribuís a un mundo maligno despojado

de toda la grandeza de aquella tradición

que a Dios le dedicara fastuosas catedrales

hoy desacralizadas por la abominación.

***

Por eso vuestros templos sacrílegos y chatos,

tienen altares vanos y están vuestras acciones

pendientes de la ira del juicio que hará polvo

vuestro traidor legado de malas intenciones.

***

Sois réprobos cubiertos con piel de cristianismo,

que habláis de cosas santas mientras con vil porfía

envenenáis las letras de vuestros documentos

meticulosamente preñados de herejía.

***

Vosotros que debierais de haber dado el aviso

de que los adversarios se hallaban a las puertas

sois cómplices con ellos del odio contra el dogma,

de falsos sacramentos y miles de obras muertas.

***

También sois ofensores de vuestra Madre Santa

por ocultarle al mundo su celestial mensaje

para tapar el crimen de vuestra apostasía

sin que os preocupe el precio de tan terrible ultraje.

***

Dios sabe vuestros nombres, los que no están escritos

en las doradas hojas del libro de la vida.

Como divulgadores de un evangelio espurio

no tendréis en el cielo memoria ni cabida.

***

Orar por enemigos es un deber cristiano.

¡Por Dios, arrepentíos y no volváis atrás!

Mas si seguís coceando el aguijón divino

sabed que en vuestras tumbas la cruz está de más.