¡DETENTE!El Corazón de Jesús esta conmigo

El DETENTE es una pequeña Imagen del Sagrado Corazón de Jesús con la leyenda: “¡DETENTE!…EL CORAZÓN DE JESÚS ESTÁ CONMIGO”. No es un Escapulario. No necesita bendición ni imposición por un sacerdote, ni agregación a ninguna asociación. La única condición esencial es que se lleve consigo sobre el corazón o en el bolsillo o cartera; se puede pegar también en el auto, en las puertas de la casa o en otro lugar. Las inscripciones que lleva son esenciales…
EL DETENTE significa: ¡Detente!, demonio, tentación, pasión, peligro, enemistad, tristeza, penas, enfermedad, muerte, infierno…que el Corazón de Jesús, mi Dios, mi Redentor, mi Amor, mi Esperanza, está conmigo…
Nos dice Santa Margarita Maria Alacoque:

“El Señor me hizo ver que el ardiente deseo que tenia de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran numero, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a todos los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación y de salvación que contiene. A fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios, cuya fuente es, y al que se ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya Imagen quería ver expuesta y llevada por mi sobre el corazón, para grabar en él su amor y llenarlo de los dones de que esta repleto, y para destruir en él todos los movimientos desarreglados; que esparciría sus Gracias y Bendiciones por dondequiera que estuviere expuesta su Santa Imagen para tributarle honores, y que tal bendición seria como un ultimo esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombre en estos últimos siglos de la Redención amorosa”.

Quien dio al DETENTE la forma que hoy conserva fue la Venerable Ana Magdalena Rémuzat, salesa de Marsella. Habiendo sabido por revelación, hacia 1720, que iba a desencadenarse una gran peste en Marsella, y que los atacados encontrarían auxilio prodigioso en la devoción al Sagrado Corazón, la santa Religiosa ayudada por sus Hermanas, preparo millares de pequeñas Imágenes de este Corazón con la inscripción “DETENTE…EL CORAZON DE JESUS ESTA CONMIGO”. La historia refiere que en efecto, el azote se detenía muchas veces como por milagro ante esta Imagen protectora. Desde entonces, la práctica se extendió a muchos países.
En 1870, año de pruebas y lágrimas para el Pontificado una señora romana, deseosa de saber el parecer del Pontífice, presento al Beato PIO IX un DETENTE recibiendo por respuesta estas palabras:

“Es un pensamiento celestial: Sí viene del cielo”; meditando un momento añadio el Papa: “Doy mi bendición a este Corazón y quiero que todos los que se hagan conformes a este modelo, reciban esta misma bendición sin que tengan necesidad de ninguna otra. Además, quiero que el demonio no tenga poder alguno sobre los que lleven este Corazón”.

El Papa después, transportado de un impulso de fe, dicto la siguiente ORACION:

“Ábreme, OH Jesús tu Corazón…muéstrame sus encantos…úneme a él para siempre. Que todas las respiraciones y palpitaciones que dé mi corazón, aun cuando este durmiendo, te sirvan de testimonio de mi amor y te digan sin cesar: ¡Señor te amo!…Recibe el poco bien que hago…Dadme gracia para reparar el mal que hecho…para que te ame en el tiempo y te alabe por toda la eternidad. Así sea”.

Además, Pío IX concedió 100 días de indulgencia a los que lleven el DETENTE.

La devoción al Detente

Es santa, como es santo el culto y el amor a Jesucristo.
Es fructuosa, por las virtudes que ejercita de fe, oración y esperanza en el mismo Jesús, y las grandes gracias y favores que se han obtenido y se pueden confiadamente esperar del culto y uso del DETENTE.

EL DETENTE que llevamos

Es una señal de fidelidad al Corazón de Jesucristo.
Es un blasón que nos ennoblece.
Es un muro que nos defiende.
Es un imán que atrae sobre nosotros las miradas y gracias de Jesús.
Es un pararrayos que aparta de nosotros los castigos de Dios.
Es una oración perenne por nosotros de Jesús, suplicante al Padre.
Es un corazón que late junto al nuestro.