PADRE CERIANI: EL PADRE CASTELLANI Y EL “GUSANO DE LA RELIGIÓN”

EL  FARISEISMO

Es muy importante hacer referencia en nuestros días al tema del fariseísmo, siguiendo para ello las explicaciones del Padre Leonardo Castellani, tomadas de muchas de sus obras.

Sin pretender ser exhaustivo, he aquí una lista de los lugares en que el Padre desarrolla el tema:

Cristo y los Fariseos

El Evangelio de Jesucristo

Domingo Tercero después de Epifanía, Pág. 117ss.

Domingo Tercero de Cuaresma, Pág… 162

Domingo de Pasión, Pág… 182 ss.

Domingo Sexto después de Pentecostés, Pág… 260-261

Domingo Décimo después de Pentecostés, Pág… 279ss.

Domingo Decimosexto después de Pentecostés, Pág… 316

Domingueras Prédicas I

Domingo Tercero después de Epifanía, Pág… 36

Domingo Tercero de Cuaresma, Pág… 80-83

Domingo de Pasión, Pág… 91ss.

Domingo Sexto después de Pentecostés, Pág… 187ss.

Domingo Décimo después de Pentecostés, Pág… 213ss.

Domingo Decimosexto después de Pentecostés, Pág… 247ss.

Domingueras Prédicas II

Domingo Tercero de Cuaresma, Pág… 93-94

Domingo de Pasión, Pág… 102-105

Sagrado Corazón, Pág… 185-188

Domingo Décimo después de Pentecostés, Pág… 233ss.

Domingo Decimosexto después de Pentecostés, Pág… 268-269

Las Parábolas de Cristo

Parábola del Sepulcro y de las Víboras, Pág… 251

Parábola del Fin de la Sinagoga II, Pág… 266

Los Papeles de Benjamín Benavides

Parte Tercera, cap. I: Las Dos mujeres, Pág… 225

Parte Tercera, cap. VI: El Retiro de la Iglesia, Pág… 271

El Ruiseñor Fusilado

Capítulo VI: El Fariseísmo, Pág… 24

Capítulo XXX: La Pesadilla Pág… 141

Las Ideas de mi Tío el Cura

Capítulo XVIII: Sobre Tres Modos Católicos de Ver la Guerra Española, Pág… 155

Psicología Humana

Capítulo XI: Las Ideas (al final del capítulo)

La Muerte de Martín Fierro

Cantos VIII, XI, XIII y XV (especialmente)

Ante todo, debemos señalar que el Padre parte de una premisa tan importante como profunda y delicada:

Sin el fariseísmo toda la historia de Cristo hubiera cambiado; y también la del mundo entero. Su Iglesia no hubiese sido como es ahora y el universo hubiese seguido otro rumbo, enteramente inimaginable para nosotros, con Israel a la cabeza del Pueblo de Dios y no deicida y disperso.

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A continuación, más que una definición, nos hace una descripción del fariseísmo:

El fariseísmo es el gusano de la religión; y después de la caída del primer hombre es un gusano ineludible, pues no hay en esta mortal vida fruta sin su gusano, ni institución sin su corrupción específica.

El fariseísmo es la soberbia religiosa; es la corrupción más sutil y peligrosa de la verdad más grande, es decir, la verdad de que los valores religiosos son los primeros. Pero, en el momento en que nos los adjudicamos, los perdemos; en el momento en que hacemos nuestro lo que es de Dios, eso deviene propiedad del diablo.

El fariseísmo es un compendio de todos los vicios (avaricia, ambición, vanagloria, orgullo, obcecación, dureza de corazón, crueldad), que ha llegado a vaciar por dentro diabólicamente las tres virtudes teologales, constituyendo así el pecado contra el Espíritu Santo. Por eso Nuestro Señor les dijo: “Vosotros sois hijos del diablo y el diablo es vuestro padre”.

La ambición es una de las partes más finas del fariseísmo. Pero su flor es la crueldad: crueldad solapada, cautelosa, lenta, prudente y subterránea.

El fariseísmo es esencialmente homicida y deicida, es decir, da muerte a un hombre por lo que hay en él de Dios…; odio deicida al prójimo; odio a lo santo, a lo virtuoso.

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Llegamos al punto en que el Padre explica el proceso que dio a luz al fariseísmo judaico y que, puesto en marcha, produce los mismos efectos:

El engreimiento religioso trajo el mesianismo político.

Los fariseos necesitaban ser vengados de sus quemantes humillaciones, de sus derrotas. La religión era humillada en ellos y el Mesías debía vindicar la religión.

Y, si el Mesías había de ser político, naturalmente había que preparar su venida haciendo política.

Cuando la política entra dentro de la religión, se produce una corrupción extraña.

En esas condiciones el poder se vuelve temible, porque puede obligar en conciencia.

La corrupción llega al máximo cuando lo religioso se ha reducido a un instrumento y pretexto de lo político.

La crueldad, cuya condición y primer grado es la dureza de corazón, es infalible en consecuencia de la soberbia religiosa.

El rechazo nacional del pueblo judío es motivado porque ellos no oyeron a los profetas y los mataron.

El destino del pueblo judío es una cosa actual. Es una de las tragedias más grandes de la historia; Cristo mismo lo dijo, comparándolo con el Diluvio y con la situación de los últimos tiempos, o sea con la Gran Apostasía.

La tragedia del pueblo hebreo es, en suma, la siguiente: he aquí un pueblo que durante 2000 años giró en torno de la esperanza del Mesías; y cuando viene el Mesías, lo desconoce, lo rechaza y lo mata.

Toda la razón de ser de ese pueblo elegido está en la esperanza religiosa del Gran Rey Salvador. Y con toda esa esperanza, que inspiraba toda la vida del pueblo hebreo, cayó en el error de matar al Mesías: una especie de suicidio.

La causa de ese error horrible es una corrupción horrible, una corrupción de la religión, el fariseísmo.

Esta situación del pueblo hebreo debe movernos a una gran compasión; pero, de ninguna manera, no debe movernos a la judaización del cristianismo; lo cual vemos hoy día.

Un cristiano que se judaíza deja de ser cristiano sin llegar a ser judío; es, simplemente, una corrupción, una apostasía.

Luego de señalar el fondo del morbo farisaico y sus dos formas, el Padre Castellani detalla los diversos grados del fariseísmo:

El fariseo es el hombre religioso que se engaña con la verdad, que es la peor manera de engañarse.

Un fariseo, que no tiene conciencia de pecado sino de santidad, no puede arrepentirse, y es peor.

De modo que engaña a los demás comenzando por engañarse a sí mismo; una hipocresía mucho más profunda y peligrosa que la otra.

Es una actitud radicalmente irreligiosa, e incluso antirreligiosa, que aparece como religiosa.

Lo encontramos en dos formas: teórico y práctico.

El fariseísmo teórico se continuó con la religión judía, la cual actualmente se funda mucho más en el Talmud que en la Escritura.

El fariseísmo práctico existe en la Iglesia. El poner el acento en lo exterior de la religión, ahogando poco a poco lo interior, es el primer paso.

El fariseísmo tiene siete grados:

1°) La religión se vuelve exterior y atentatoria.

2°) La religión se vuelve rutina y oficio.

3°) La religión se vuelve negocio, instrumento de ganancia, de honores, poder o dinero.

Es como la esclerotización de lo religioso, un endurecimiento o decaimiento progresivo. Y después deviene una falsificación, hipocresía, dureza hasta la crueldad…

Los otros grados son ya diabólicos. El corazón del fariseo primero se vuelve corcho, después piedra, después se vacía por dentro, después lo ocupa el demonio.

4°) La religión se vuelve poder o influencia, medio de dominar al prójimo.

Hasta aquí el fariseísmo se ha mostrado corruptor de la fe y de la piedad, convertidas en carrera, artimaña, política, negocio. Pero la soberbia religiosa va más allá del uso de la religión para instalarse en el mundo y quedarse con los bienes de la tierra. En tales almas se agazapa el demonio, y para sacarlo a la luz Dios pone al fariseo en blanco humano: la persona religiosa. Entonces, el fariseísmo se muestra claramente como el pecado contra el Espíritu Santo pues lleva a cabo los siguientes pasos:

5°) La religión se vuelve hipocresía: el “santo” hipócrita empieza a despreciar y aborrecer a los que tienen religión verdadera, a los que son auténticamente religiosos.

6°) Persecución de los verdaderamente religiosos. El corazón de piedra se vuelve cruel, activamente duro.

7°) Sacrilegio y homicidio. El falso creyente persigue de muerte a los verdaderos creyentes, con saña ciega, con fanatismo implacable… y no se calma ni siquiera ante la cruz ni después de la cruz.

Abarca, pues, desde la simple exterioridad hasta la crueldad, pasando por todos los escalones del fanatismo y de la hipocresía.

La religión suprimiendo la misericordia y la justicia; ¿puede darse algo más monstruoso?

Finalmente, el Padre Castellani desarrolla la tragedia farisaica hasta las últimas consecuencias:

Es el drama de Cristo y de su Iglesia. Si en el curso de los siglos una masa enorme de dolores y de sangre no hubiese sido rendida por otros cristos en la resistencia al fariseo, la Iglesia hoy no subsistiría.

Y al final será peor. En los últimos tiempos, el fariseísmo triunfante exigirá para su remedio la conflagración total del universo y el descenso en Persona del Hijo del Hombre, después de haber devorado insaciablemente innúmeras vidas de hombres.

La última corrupción en la Iglesia (es decir, el fariseísmo generalizado y entronizado) traerá consigo lo que San Pablo llama la Gran Apostasía y la Gran Tribulación.

San Pablo cuando habla del Anticristo, da como señal el sacrilegio religioso, y no otra cosa: “Se sentará en el Templo de Dios haciéndose dios”, es decir, se apoderará en forma aún más nefanda de la religión para sus fines, como habían hecho los fariseos.

Si creemos a Jesucristo y a San Pablo de que en los últimos tiempos habrá una gran apostasía y que no habrá ya casi fe en la tierra, sólo el fariseísmo es capaz de producir ese fenómeno.

Solo el fariseísmo puede devastar la religión por dentro; sin lo cual ninguna persecución externa le haría mella. Si la Iglesia está pura y limpia, es hermosa y atrae, no repele. Solamente cuando la Iglesia tenga la apariencia de un sepulcro blanqueado, y los que manden en ella tengan la apariencia de víboras, y lo sean, el mundo entero se asqueará de Ella y serán poquísimos los que puedan mantener, no obstante, su fe firme, un puñado heroico de escogidos que, si no se abreviara el tiempo, ni ellos resistirían.

Lo grave y lo actual del asunto es que, así como los judíos erraron respecto a la Primera Venida, los cristianos pueden errar respecto a la Segunda Venida…

Y está predicho que van a errar, porque antes de la Parusía vendrá primero la Gran Apostasía, profetizada por San Pablo.

Ya lo vemos, porque la Nueva Teología:

1°) No recuerda nunca la Gran Apostasía

2°) No tiene en cuenta la Segunda Venida

3°) Tiene como un dogma inconcuso que la Iglesia y el Mundo tienen que ir adelante, ir adelante, ir adelante siempre, lo menos durante millones de años…

Y esto no es solamente un error en la fe, sino un disparate ante la razón.

Antes del fin del mundo vendrá una gran apostasía. Una apostasía general no es posible si la Iglesia estuviera vigente, llena de pureza, de justicia, de caridad y de luz.

Siempre ha existido contaminación, y existirá hasta el tiempo de la siega. Y hacia el tiempo de la siega es cuando la cizaña se parece más al trigo.

La condición del mundo cuando vuelva Cristo será análoga a la que tenía cuando lo dejó. De modo que entrará a reinar el fariseísmo en la Iglesia, como antaño en la Sinagoga.

El fariseísmo no se acabó ni se acabará. Lo que puede producir la Magna Tribulación, la peor prueba, es el Magno Pecado, que efectivamente infirió la muerte al que es la Resurrección y la Vida.

El fariseísmo, siendo la corrupción especifica de la religión, ha existido y existirá siempre; y de vez en cuando demanda víctimas humanas, que Dios le concede, no se sabe por qué.

En el principio de la Iglesia, el fariseísmo había plagado de tal manera la Sinagoga, que Jesucristo se dio como misión principal de su vida el combatirlo, y fue su víctima.

Al fin de la Iglesia, el fariseísmo se volveré de nuevo tan espeso, que demandará para su remedio la segunda Venida de Cristo.

La única solución teórica a la presencia del fariseísmo en la Iglesia está en la parábola del trigo y la cizaña y en el dogma de la Parusía. Llegará un tiempo en que el trigo y la cizaña, mezclados siempre en las eras humanas durante el curso de las edades, llegarán a la lucha suprema, la que no conoce piedad; y la cizaña crecida oprimirá al trigo de Dios de un modo insoportable, rodeándolo por todas partes como sin esperanza y sin respiro; tiempo en que la persecución, prometida a todo creyente, se hará interna a más de externa; y en que gemirá su carne a punto de aniquilarse.

Para ese tiempo se escribieron las últimas y más terribles —y más consoladoras— profecías.

Padre Juan Carlos Ceriani

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