Pura confusión de patrimonios

Tantas quejas han habido a lo largo de los años sobre el poder que la Iglesia tenía sobre lo político, y hoy vemos cómo se dejan manejar por el estado ateo, sodomita y asesino, sin valores, que sólo busca destruir la moral, la familia, la fe, la Patria; ésto sí se permite, prácticamente sin queja alguna…

Antes éramos libres por seguir la Ley de Dios que conduce sólo al bien, hoy somos esclavos…

Nada se puede hacer ya, sólo resguardar en la intimidad las reliquias de la Verdad, lo poco que nos ha quedado, esta Verdad que sólo viene de Nuestro Señor, al cual aguardamos y rogamos para que vuelva pronto en nuestro auxilio.

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El progresismo provoca una confusión de patrimonios contraria a la libertad y a la dignidad humana.

¿En qué medida nos vamos a rebelar contra este filibusterismo progresista y ultraliberal que asfixia al progreso y a la verdadera libertad?

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El progresismo, lejos de la falacia axiomática de que de forma indubitada la humanidad avanza en continua mejora sobre la línea del tiempo, responde más bien a la propiedad expansiva de los gases que tienden a ocuparlo todo, al instante y de forma presuntamente inevitable.

Esta expansión se manifiesta en no pocas ocasiones como una confusión de patrimonios que también tiene tendencia totalitaria, impositiva y adoctrinadora. Dicho “despiste patrimonial” se ejecuta a través de los tentáculos del Estado omnipresente, de la corrección política o de la imposición de multas.

A lo largo de los últimos años (no importa el partido que haya ostentado la responsabilidad del gobierno), el progresismo ha dado buena muestra de esta mezcolanza patrimonial, esta vez sí avanzando, aunque confío que no de forma inevitable, o al menos, no irreversible.

Hubo confusión de patrimonios cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decidió que podía apropiarse de las ansias de paz y de la justicia, patrimonio de todos los españoles y muy especialmente de las víctimas del terrorismo, para arrodillar al Estado ante el terrorismo de ETA. Y el Partido Popular, suscribe.

Hubo confusión de patrimonios cuando el PSOE decidió que debía ser obligatorio arrebatar a las familias el derecho a decidir la formación moral, sexual, política o religiosa que deben recibir sus hijos a través de Educación para la Ciudadanía.

Hay confusión de patrimonios, incluso del patrimonio intelectual de cada individuo, cuando se pretende expulsar de la sociedad cualquier afirmación del matrimonio como la unión indisoluble y abierta a la vida de uno con una.

Hay confusión de patrimonios cuando se apuesta por la maternidad subrogada, como hacen en el Partido Popular Maroto, Cifuentes y Aguirre, entre otros, porque es un negocio abyecto que utiliza a la mujer como un horno y considera al hijo un producto que se puede rechazar, devolver o eliminar a voluntad.

Igualmente, hallamos confusión de patrimonios de la mujer respecto al ser humano que crece en su vientre, al considerarlo a su entera disposición para que viva o muera mediante aborto. O de los hijos que deciden adelantar la muerte de un familiar enfermo a través de la eutanasia por egoísmo.

También la confusión de patrimonios se produce cuando un hombre, sobre la base de “mía o de nadie” considera de su propiedad a una mujer y la maltrata; y viceversa.

La lacra de la confusión de patrimonios también llega con las maniobras de alienación parental que hombres y mujeres realizan sobre los hijos como arma arrojadiza contra el otro cónyuge tras una ruptura matrimonial.

Hay confusión de patrimonios, en este caso electoral, cuando se interpone un recurso ante el Tribunal Constitucional contra la “Ley Aído”, se promete una legislación que mejore la protección legal de la vida humana, se obtiene mayoría absoluta y luego se traiciona esa promesa.

También hay confusión de patrimonios, esta vez impulsada sobre todo por el “progresismo” del nacionalismo, cuando se pretende apropiarse de una parte del territorio nacional y decidir sobre él excluyendo al resto de los que formamos parte de la soberanía nacional.

Existe una confusión de patrimonios cuando se pretende arrebatar a los cargos públicos su derecho a manifestar en público sus convicciones religiosas y, aunque no las tengan, a participar como representación del poder secular, en actos de carácter religioso.

La confusión de patrimonios se produce, también por medio de prohibiciones. Gilbert K. Chesterton explica en “El manantial y la ciénaga” que “el mayor y más sobresaliente principio del mundo materialista moderno ha sido la prohibición”.

Y se expresa de muy diversas formas: “El prohibicionista declara que no debe existir el vino; el pacifista que no debe haber guerras; el comunista que no debe existir la propiedad; el secularista que no debe existir el culto religioso”.

La lista de confusiones patrimoniales es tan extensa, en fin, que ser exhaustivo en este punto no ayudaría sino a volver farragoso el argumento.

La pregunta ahora es: ¿qué vamos a hacer para que no nos arrebaten lo que en justicia nos corresponde? ¿En qué medida nos vamos a rebelar contra este filibusterismo progresista y ultraliberal que asfixia al progreso y a la verdadera libertad?

Que no nos despojen de lo más importante que nos pertenece: la libertad orientada al bien.

Fuente:

http://www.actuall.com/criterio/democracia/pura-confusion-patrimonios/