JORGE DORÉ- POESÍA

REVOLUCIÓN SIN DIOS

“Este pueblo de labios me honra;
mas su corazón está lejos de mí.
Pues en vano me honran,
enseñando como doctrinas,
mandamientos de hombres”.

(Mateo 15:8-9)

e-aqui-el-hombre-cristo-y-pilato

Estos ladinos revolucionarios
son la desdicha de sus propios pueblos,
fingidos solidarios de los pobres
se hartan de carne y distribuyen huesos.

Pregonan la igualdad y la justicia
mas nadan en burgueses privilegios
y sus cuentas bancarias nunca cesan
de engordar en países extranjeros.

Crean un enemigo imaginario
–chivo expiatorio de sus desaciertos–
al que culpan de todos los fracasos
que ellos mismos provocan por ineptos.

Confiscan las empresas productoras
y luego las arruinan sin remedio
pues descalabran las economías
haciendo un espejismo del pan nuestro.

Su megalomanía es su acicate,
su demagogia multiplica ciegos
y con histriónico paternalismo
cubren sus despiadados atropellos.

Con más enmiendas que constituciones
tratan de perpetuarse en el gobierno
a medida que tronchan libertades  
hasta dejar la sola opción del cepo.

Abruman con políticas consignas
y premian con favores pasajeros
a quienes, con rastrero servilismo,
mendigan la prebenda de algún puesto.

Cuando toman el mando, impíamente
se vuelven el tiránico flagelo
de una ciudadanía destinada
a la supervivencia y al asedio.

Los custodia una plebe retadora
que enfrenta con abusos e improperios
a los opositores de un sistema
que impugna hasta el más mínimo derecho.

Y como colofón a la injusticia
que siembran, estos líderes abyectos
se ceban contra Dios, a quien acusan
de propiciar el opio de los pueblos.

¡Infames seductores de las masas,
corruptos de poder! Cuando el señuelo
de la igualdad deslumbra sociedades
y éstas buscan su gloria en lo terreno,

inevitablemente el despotismo
y la opresión serán nuestros tormentos
¡pues la nación que dé su espalda a Cristo
ha de afrontar la ira de los cielos!