EL TAPIZ DEL APOCALIPSIS DE ANGERS- TERCERA ENTREGA

DESCRIPCIÓN DEL TAPIZ

Ya sabemos que el Tapiz del Apocalipsis es una representación del Apocalipsis de San Juan, realizada a fines del siglo XIV, que se conserva en el Castillo de Angers.

Ver Aquí y Aquí

Esta última entrega consistirá en una descripción del famoso tapiz.

Como ya se ha dicho, se estima que, antes de su desmantelamiento, se componía de un total de siete secciones o piezas, en dos hileras superpuestas de siete cuadros cada una.

Cada cuadro o escena ostenta generalmente un Personaje Ilustre, el compositor del Libro Sagrado, San Juan, Apóstol, Evangelista y Profeta, que introduce al espectador en la lectura de las visiones que él mismo tuvo en Patmos.

Este Personaje Ilustre, que encabeza muchas escenas, lo hace usualmente a las puertas de un edificio gótico, ya sea la estructura de una capilla, ya una fortaleza almenada, ya la entrada de una residencia, o debajo de un baldaquín.

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Está vestido suntuosamente, barbado, nimbado, ya portando un libro, ya sentado, leyendo o sencillamente señalando con la palma la escena descripta en el paño.

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Cuando está parado, su figura es de las habituales, alargadas y delgadas, según las proporciones góticas, a la vez que en la posición sinuosa, tal como se encuentra en las estatuas columnas de los portales de las catedrales desde el siglo XIII.

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Usualmente vestido con túnica blanca o azul, tiene manto rojo, salvo en la escena que contempla la adoración de la Bestia (Escena nº 42), con expresión de absoluta reprobación.

En otras ocasiones, además de presentarla, a San Juan se lo ve participar de la escena, como por ejemplo, llorando (en la Escena nº 6), o en la nº 21, donde manifiesta horror por lo sucedido en ella, o su perplejidad ante los acontecimientos venideros.

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El protagonista principal es, sin dudas, Nuestro Señor Jesucristo, que aparece representado de diversas maneras:

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Otros personajes, cuya importancia interesa destacar en sus diversas actitudes, son los Veinticuatro Ancianos, que aparecen en numerosas ocasiones, formando una verdadera Corte alrededor del Señor.

En la primera Escena en la que aparecen, la número 4, conforman la típica representación de Dios en Majestad: entronizado y rodeado de los Cuatro Animales, junto al Senado Angélico que asiste a la escena. Ellos aparecen augustos, sentados y con sus coronas.

Por lo general, se presentan ataviados como cortesanos de la época, contemplando y adorando a Jesucristo en su mandorla, con el Libro en la mano.

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La palabra mandorla viene del italiano, que significa almendra. Designa un marco o aureola en forma oval o de almendra en donde se insertan personajes sagrados, siendo el más frecuente Jesucristo, pero también la Santísima Virgen María o los Santos.

En otra ocasión, en la Escena nº 47, el grupo de los Ancianos se encuentra presenciando otra visión de San Juan, en la cual un gran número de personas contempla al Cordero.

La nobleza y dignidad de los personajes no se ve menguada por el hecho de estar sentados en el suelo, dando la impresión de que están observando hacia arriba, hacia la cima del Monte, donde aparece el Cordero.

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Por último, se destacan el Dragón (o Diablo), la Bestia del Mar (o Anticristo) y su Imagen, y la Bestia de la Tierra (o Falso Profeta):

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Detalle del Dragón

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Adoración del Anticristo

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El Falso Profeta

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Las ranas que salen de las bocas bestiales

Nota: Cuando sea conveniente, se intercala el texto del Apocalipsis, destacado en azul y otra tipografía. Los puntos rojos () indican las escenas o cuadros del tapiz.

PRIMERA PIEZA

Se halla incompleta. El gran personaje, San Juan, debajo del baldaquín.

El primer lienzo representa a Cristo en medio de los siete candeleros de oro y a Dios en su majestad acompañado de los Veinticuatro Ancianos.

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San Juan en Patmos.

Revelación de Jesucristo; se la concedió Dios para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto; y envió a su Ángel para dársela a conocer a su siervo Juan (…) Yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación, del reino y de la paciencia, en Jesús. Yo me encontraba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Caí en éxtasis el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta, que decía: “Lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea”. (I: 1; 9-11)

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 Las Siete Iglesias.

Juan, a las siete Iglesias de Asia.  Gracia y paz a vosotros de parte de Aquel que es, que era y que va a venir, de parte de los siete Espíritus que están ante su trono, y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. (I: 4-5)

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Jesucristo con la Espada

Me volví a ver qué voz era la que me hablaba y al volverme, vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros como a un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, ceñido al talle con un ceñidor de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos, como la lana blanca, como la nieve; sus ojos como llama de fuego; sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno; su voz como voz de grandes aguas. Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro, como el sol cuando brilla con toda su fuerza. Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Él puso su mano derecha sobre mí diciendo: “No temas, soy yo, el Primero y el Último, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades”. (I: 12-18)

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 Dios en Majestad.

Después tuve una visión. He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo, y aquella voz que había oído antes, como voz de trompeta que hablara conmigo, me decía: “Sube acá, que te voy a enseñar lo que ha de suceder después”. Al instante caí en éxtasis. Vi que un trono estaba erigido en el cielo, y Uno sentado en el trono. El que estaba sentado era de aspecto semejante al jaspe y a la cornalina; y un arcoíris alrededor del trono, de aspecto semejante a la esmeralda. Vi veinticuatro tronos alrededor del trono, y sentados en los tronos, a veinticuatro Ancianos con vestiduras blancas y coronas de oro sobre sus cabezas. Del trono salen relámpagos y fragor y truenos; delante del trono arden siete antorchas de fuego, que son los siete Espíritus de Dios. Delante del trono como un mar transparente semejante al cristal. En medio del trono, y en torno al trono, cuatro Vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. El primer Viviente, como un león; el segundo Viviente, como un novillo; el tercer Viviente tiene un rostro como de hombre; el cuarto viviente es como un águila en vuelo. Los cuatro Vivientes tienen cada uno seis alas, están llenos de ojos todo alrededor y por dentro, y repiten sin descanso día y noche: “Santo, Santo, Santo, Señor, Dios Todopoderoso, Aquel que era, que es y que va a venir”. (IV: 1-8)

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 Los Ancianos se prosternan.

Y cada vez que los Vivientes dan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono y vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro Ancianos se postran ante el que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y arrojan sus coronas delante del trono diciendo: “Eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; por tu voluntad, no existía y fue creado”. (IV: 9-11)

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• Las lágrimas de San Juan.

Vi también en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro, escrito por el anverso y el reverso, sellado con siete sellos. Y vi a un Ángel poderoso que proclamaba con fuerte voz: “¿Quién es digno de abrir el libro y soltar sus sellos?”. Pero nadie era capaz, ni en el cielo ni en la tierra ni bajo tierra, de abrir el libro ni de leerlo. Y yo lloraba mucho porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro ni de leerlo. (V: 1-4)

• El Cordero inmolado.

Pero uno de los Ancianos me dice: “No llores; mira, ha triunfado el León de la tribu de Judá, el Retoño de David; él podrá abrir el libro y sus siete sellos”. Entonces vi, de pie, en medio del trono y de los cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra. (V: 5-6)

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Fielmente reproducidos están los “Cuatro seres vivientes”, representando a los cuatro autores de los Evangelios, según la interpretación clásica: el hombre a San Mateo; el león a San Marcos; el becerro a San Lucas y el águila a San Juan.

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El León de Judá en forma de cordero, vencedor absoluto y eterno.

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Y se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo diciendo: “Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra”. Y en la visión oí la voz de una multitud de Ángeles alrededor del trono, de los Vivientes y de los Ancianos. Su número era miríadas de miríadas y millares de millares, y decían con fuerte voz: “Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza”. Y toda criatura, del cielo, de la tierra, de debajo de la tierra y del mar, y todo lo que hay en ellos, oí que respondían: “Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y potencia por los siglos de los siglos”. Y los cuatro Vivientes decían: “Amén”; y los Ancianos se postraron para adorar. (V: 7-14)

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Sección inferior

• El Cordero abre el Libro.

Y seguí viendo: Cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, oí al primero de los cuatro Vivientes que decía con voz como de trueno: “Ven”. (VI: 1)

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 1er sello: El caballero del caballo blanco.

Miré y había un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; se le dio una corona, y salió como vencedor, y para seguir venciendo. (VI: 2)

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• 2º sello: El caballo rojo y la guerra. Pieza faltante.

Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo Viviente que decía: “Ven”. Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande. (VI: 3-4)

• 3er sello: El caballo negro y el hambre.

Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer Viviente que decía: “Ven”. Miré entonces y había un caballo negro; el que lo montaba tenía en la mano una balanza, y oí como una voz en medio de los cuatro Vivientes que decía: “Un kilo de trigo por denario, tres kilos de cebada por un denario. Pero no causes daño al aceite y al vino”. (VI: 5-6)

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Detalle del Tercer Sello

• 4º Sello: El caballo lívido y la muerte.

Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto Viviente que decía: “Ven”. Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra. (VI: 7-8)

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Detalle del Cuarto Sello

• 5º Sello: Las almas de los Mártires.

Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?” Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos. (VI: 9-11)

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• 6º sello: El terremoto.

Y seguí viendo. Cuando abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto; y el sol se puso negro como un paño de crin, y la luna toda como sangre, y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera suelta sus higos verdes al ser sacudida por un viento fuerte; y el cielo fue retirado como un libro que se enrolla, y todos los montes y las islas fueron removidos de sus asientos; y los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los poderosos, y todos, esclavos o libres, se ocultaron en las cuevas y en las peñas de los montes. Y dicen a los montes y las peñas: “Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la cólera del Cordero. Porque ha llegado el Gran Día de su cólera y ¿quién podrá sostenerse?” (VI: 12-17)

 

SEGUNDA PIEZA

Incompleta. San Juan, Personaje Importante, desaparecido en el cabezal de la tela.

El segundo lienzo traslada las imágenes a las alturas celestiales. El pintor evoca aquí las Siete Trompetas de los capítulos VIII y IX, anunciadoras de tribulaciones.

La multitud de los elegidos coronados de palmas, que anticipa los acontecimientos anteriores, dan una imagen impresionante a la tela.

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•  Los cuatro vientos de la tierra.

Después de esto, vi a cuatro Ángeles de pie en los cuatro extremos de la tierra, que sujetaban los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara el viento ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol. (VII: 1)

El nombramiento de los Elegidos.

Luego vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar: “No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios”. Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel. (VII: 2-4)

7º sello: Las siete trompetas.

Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo, como una media hora. Vi entonces a los siete Ángeles que están en pie delante de Dios; les fueron entregadas siete trompetas. (VIII: 1-2)

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 El Ángel con el incensario.

Otro Ángel vino y se puso junto al altar con un incensario de oro. Se le dieron muchos perfumes para que, con las oraciones de todos los santos, los ofreciera sobre el altar de oro colocado delante del trono. Y por mano del Ángel subió delante de Dios la humareda de los perfumes con las oraciones de los santos. (VIII: 3-4)

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 El Ángel vierte su incensario.

Y el Ángel tomó el incensario y lo llenó con brasas del altar y las arrojó sobre la tierra. Entonces hubo truenos, fragor, relámpagos y temblor de tierra. (VIII: 5)

 1ª trompeta: el granizo y el fuego (Queda sólo un fragmento).

Los siete Ángeles de las siete trompetas se dispusieron a tocar. Tocó el primero. Hubo entonces pedrisco y fuego mezclados con sangre, que fueron arrojados sobre la tierra: la tercera parte de los árboles quedó abrasada, toda hierba verde quedó abrasada. (VIII: 6-7)

 2ª trompeta: el naufragio.

Tocó el segundo Ángel. Entonces fue arrojado al mar algo como una enorme montaña ardiendo, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Pereció la tercera parte de las criaturas del mar que tienen vida, y la tercera parte de las naves fue destruida. (VIII: 8-9)

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 3ª trompeta: Ajenjo.

Tocó el tercer Ángel. Entonces cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como una antorcha. Cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las manantiales de agua. La estrella se llama Ajenjo. La tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió por las aguas, que se habían vuelto amargas. (VIII: 10-11)

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 4ª trompeta y el Águila de la maldición.

Tocó el cuarto Ángel. Entonces fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas; quedó en sombra la tercera parte de ellos; el día perdió una tercera parte de su claridad y lo mismo la noche. Y seguí viendo: Oí un Águila que volaba por lo alto del cielo y decía con fuerte voz: “¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra, cuando suenen las voces que quedan de las trompetas de los tres Ángeles que van a tocar!” (VIII: 12-13)

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 5ª trompeta: La plaga de las langostas.

Tocó el quinto Ángel. Entonces vi una estrella que había caído del cielo a la tierra. Se le dio la llave del pozo del Abismo. Abrió el pozo del Abismo y subió del pozo una humareda como la de un horno grande, y el sol y el aire se oscurecieron con la humareda del pozo. De la humareda salieron langostas sobre la tierra, y se les dio un poder como el que tienen los escorpiones de la tierra. Se les dijo que no causaran daño a la hierba de la tierra, ni a nada verde, ni a ningún árbol; sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios. Se les dio poder, no para matarlos, sino para atormentarlos durante cinco meses. El tormento que producen es como el del escorpión cuando pica a alguien. En aquellos días, buscarán los hombres la muerte y no la encontrarán; desearán morir y la muerte huirá de ellos. La apariencia de estas langostas era parecida a caballos preparados para la guerra; sobre sus cabezas tenían como coronas que parecían de oro; sus rostros eran como rostros humanos; tenían cabellos como cabellos de mujer, y sus dientes eran como de león; tenían corazas como corazas de hierro, y el ruido de sus alas como el estrépito de carros de muchos caballos que corren al combate; tienen colas parecidas a las de los escorpiones, con aguijones, y en sus colas, el poder de causar daño a los hombres durante cinco meses. Tienen sobre sí, como rey, al Ángel del Abismo, llamado en hebreo « Abaddón », y en griego « Apolíon ». El primer ¡Ay! ha pasado. Mira que detrás vienen todavía otros dos. (IX: 1-12)

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Se le dio la llave del pozo del Abismo

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De la humareda salieron langostas sobre la tierra

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Sobre sus cabezas tenían como coronas que parecían de oro

• 6ª trompeta: Los Ángeles del Éufrates.

Tocó el sexto Ángel. Entonces oí una voz que salía de los cuatro cuernos del altar de oro que está delante de Dios; y decía al sexto Ángel que tenía la trompeta: “Suelta a los cuatro Ángeles atados junto al gran río Éufrates”. Y fueron soltados los cuatro Ángeles que estaban preparados para la hora, el día, el mes y el año, para matar a la tercera parte de los hombres. (IX: 13-15)

• Las miríadas de caballeros.

El número de su tropa de caballería era de 200.000.000; pude oír su número. Así vi en la visión los caballos y a los que los montaban: tenían corazas de color de fuego, de jacinto y de azufre; las cabezas de los caballos como cabezas de león y de sus bocas salía fuego y humo y azufre. Y fue exterminada la tercera parte de los hombres por estas tres plagas: por el fuego, el humo y el azufre que salían de sus bocas. Porque el poder de los caballos está en su boca y en sus colas; pues sus colas, semejantes a serpientes, tienen cabezas y con ellas causan daño. Pero los demás hombres, los no exterminados por estas plagas, no se convirtieron de las obras de sus manos; no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni caminar. No se convirtieron de sus asesinatos ni de sus hechicerías ni de sus fornicaciones ni de sus rapiñas. (IX: 16-21)

 San Juan come el libro.

Y la voz de cielo que yo había oído me habló otra vez y me dijo: “Vete, toma el librito que está abierto en la mano del Ángel, el que está de pie sobre el mar y sobre la tierra”. Fui donde el Ángel y le dije que me diera el librito. Y me dice: “Toma, devóralo; te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel”. Tomé el librito de la mano del Ángel y lo devoré; y fue mi boca dulce como la miel; pero, cuando lo comí, se me amargaron las entrañas. Entonces me dicen: “Tienes que profetizar otra vez contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes”. (X: 8-11)

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TERCERA PIEZA

El tercer lienzo dedica amplio espacio, 14 escenas, a las Bestias que tienen referencias en el Apocalipsis desde el capítulo XI al XX.

El gran personaje, San Juan, debajo de un baldaquín.

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  La Medición del Templo.

Luego me fue dada una caña de medir parecida a una vara, diciéndome: « Levántate y mide el Santuario de Dios y el altar, y a los que adoran en él. El patio exterior del Santuario, déjalo aparte, no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, que pisotearán la Ciudad Santa 42 meses. (XI: 1-2)

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  Los Dos Testigos.

  La muerte de los Dos Testigos.

  Sorpresa de los hombres frente a la muerte de los Testigos.

  Los Testigos resucitan.

  Séptima trompeta: El anuncio de la Victoria.

Tocó el séptimo Ángel. Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: “Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos”. Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: “Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, Aquel que es y que era porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado. Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra”. (XI: 15-18)

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  La Mujer que va a dar a luz.

Impresionante el cuadro de la Mujer vestida del sol:

Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto lo diera a luz. La mujer dio a luz un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada 1.260 días. (XII. 1-6)

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  San Miguel combate al Dragón.

Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron,  pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él.

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Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: “Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios. Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte. Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”. (XII: 7-12)

 

 La Mujer recibe dos alas.

Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón. Pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del Dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo. (XII: 13-14)

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 El Dragón persigue a la Mujer.

Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente. Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer: abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de las fauces del Dragón. (XII: 15-16)

 El Dragón combate a los Servidores de Dios.

Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. (XII: 17)

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 La Bestia del Mar, el Anticristo.

Y vi surgir del mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas títulos blasfemos. (XIII: 1)

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La Bestia que vi se parecía a un leopardo, con las patas como de oso, y las fauces como fauces de león; y el Dragón le dio su poder y su trono y gran poderío. (XIII: 2)

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• La Adoración del Dragón.

Y se postraron ante el Dragón, porque había dado el poderío a la Bestia (XIII: 4)

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• La Adoración de la Bestia.

… y se postraron ante la Bestia diciendo: “¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede luchar contra ella?”. Le fue dada una boca que profería grandezas y blasfemias, y se le dio poder de actuar durante 42 meses;  y ella abrió su boca para blasfemar contra Dios: para blasfemar de su nombre y de su morada y de los que moran en el cielo. Se le concedió hacer la guerra a los santos y vencerlos; se le concedió poderío sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. Y la adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado. (XIII: 4-8)

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Detalle

CUARTA PIEZA

El cuarto lienzo es el más poblado de imágenes: Los hombres adorando al Dragón; el número de la Bestia; el Cordero en pie sobre el monte de Sión y con Él 144.000; la gran Babilonia, ciudad prostituida.

Por oposición, el pintor destaca en lugar preferente la viña de la tierra que echa uvas en el lagar de Dios, así como el río limpio de agua viva, figura del bautismo de la Gracia.

El Gran Personaje, San Juan debajo de un baldaquín.

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•  Nueva Adoración de la Bestia.

•  La Bestia de la tierra, el Falso Profeta, hace adorar la Imagen de la Bestia.

Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada. (XIII: 11-12)

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•  El Falso Profeta hace caer el fuego del Cielo.

Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra (XIII: 13)

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Detalle

… y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió. Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. (XIII: 14-15)

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•  La cifra de la Bestia.

Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre. ¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666. (XIII: 16-18)

•  El Cordero sobre la Montaña de Sión.

Seguí mirando, y había un Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y con él 144.000, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. (XIV: 1)

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Llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero

Y oí un ruido que venía del cielo, como el ruido de grandes aguas o el fragor de un gran trueno; y el ruido que oía era como de citaristas que tocaran sus cítaras. Cantan un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro Vivientes y de los Ancianos. Y nadie podía aprender el cántico, fuera de los 144.000 rescatados de la tierra. (XIV: 2-3)

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Adoración y seguimiento del Cordero.

Estos son los que no se mancharon con mujeres, pues son vírgenes. Estos siguen al Cordero a dondequiera que vaya, y han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero, y en su boca no se encontró mentira: no tienen tacha. (XIV: 4-5)

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Un Ángel anuncia la Buena Nueva.

Luego vi a otro Ángel que volaba por lo alto del cielo y tenía una buena nueva eterna que anunciar a los que están en la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo. Decía con fuerte voz: “Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su Juicio; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua”. (XIV: 6-7)

 

Sección inferior

Un segundo Ángel anuncia la Caída de Babilonia.

Y un segundo Ángel le siguió diciendo: “Cayó, cayó la Gran Babilonia, la que dio a beber a todas las naciones el vino del furor”. (XIV: 8)

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Detalle

• Un tercer Ángel y el Cordero.

Un tercer Ángel les siguió, diciendo con fuerte voz: “Si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y acepta la marca en su frente o en su mano, tendrá que beber también del vino del furor de Dios, que está preparado, puro, en la copa de su cólera. Será atormentado con fuego y azufre, delante de los santos Ángeles y delante del Cordero. Y la humareda de su tormento se eleva por los siglos de los siglos; no hay reposo, ni de día ni de noche, para los que adoran a la Bestia y a su imagen, ni para el que acepta la marca de su nombre”. Aquí se requiere la paciencia de los santos, de los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. (XIV: 9-12)

• El Sueño de los Justos.

Luego oí una voz que decía desde el cielo: “Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí – dice el Espíritu -, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan”. (XIV: 13)

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• La Cosecha de los Elegidos.

Y seguí viendo. Había una nube blanca, y sobre la nube sentado uno como Hijo de hombre, que llevaba en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada. Luego salió del Santuario otro Ángel gritando con fuerte voz al que estaba sentado en la nube: “Mete tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar; la mies de la tierra está madura”. Y el que estaba sentado en la nube metió su hoz en la tierra y se quedó segada la tierra. (XIV: 14-16)

• La Vendimia.

Otro Ángel salió entonces del Santuario que hay en el cielo; tenía también una hoz afilada. Y salió del altar otro Ángel, el que tiene poder sobre el fuego, y gritó con fuerte voz al que tenía la hoz afilada: “Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque están en sazón sus uvas”. (XIV: 17-18)

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• Cuba desbordada de sangre.

 El Ángel metió su hoz en la tierra y vendimió la viña de la tierra y lo echó todo en el gran lagar del furor de Dios. Y el lagar fue pisado fuera de la ciudad y brotó sangre del lagar hasta la altura de los frenos de los caballos en una extensión de 1.600 estadios. (XIV: 19-20)

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Detalle del cuadro anterior

• Los siete Ángeles y las siete copas.

Luego vi en el cielo otra señal grande y maravillosa: siete Ángeles, que llevaban siete plagas, las últimas, porque con ellas se consuma el furor de Dios. (XV: 1)

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Y vi también como un mar de cristal mezclado de fuego, y a los que habían triunfado de la Bestia y de su imagen y de la cifra de su nombre, de pie junto al mar de cristal, llevando las cítaras de Dios. Y cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios Todopoderoso; justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de las naciones! ¿Quién no temerá, Señor, y no glorificará tu nombre? Porque sólo tú eres santo, y todas las naciones vendrán y se postrarán ante ti, porque han quedado de manifiesto tus justos designios”. (XV: 2-4)

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QUINTA PIEZA

Pieza incompleta. El quinto lienzo retoma y precisa las terribles plagas anunciadas.

El castigo final comienza. El artista vertió su mejor talento al plasmar en el lienzo las revelaciones de los Ángeles, que San Juan describe en los capítulos XIV, XV y XVI.

Sección superior

• El primer Ángel derrama su copa sobre la tierra y provoca una úlcera maligna.

• El segundo derrama la copa sobre el mar y las aguas se convierten en sangre.

• También se convierten en sangre las aguas de los ríos cuando el tercer Ángel derrama su copa.

El tercero derramó su copa sobre los ríos y sobre los manantiales de agua; y se convirtieron en sangre. Y oí al Ángel de las aguas que decía: “Justo eres tú, Aquel que es y que era, el Santo, pues has hecho así justicia; porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas y tú les has dado a beber sangre; lo tienen merecido”. Y oí al altar que decía: “Sí, Señor, Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos”. (XVI: 4-7)

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El cuarto Ángel derrama la copa sobre el sol y quema a los hombres con fuego (tan sólo un fragmento).

La copa que derrama el quinto Ángel cubre de tinieblas el reino de la Bestia.

El sexto Ángel derrama su copa sobre el río Éufrates.

Las ranas.

Y vi que de la boca del Dragón, de la boca de la Bestia y de la boca del Falso Profeta, salían tres espíritus inmundos como ranas. Son espíritus de demonios, que realizan señales y van donde los reyes de todo el mundo para convocarlos a la gran batalla del Gran Día del Dios Todopoderoso. (Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela y conserve sus vestidos, para no andar desnudo y que se vean sus vergüenzas). Los convocaron en el lugar llamado en hebreo Harmaguedón. (XVI: 13-16)

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• El séptimo Ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.

Todas estas bellas y, a la vez, terroríficas imágenes agigantan la figura del pintor. Reproduce las cosas que tiene delante, escritas en el Libro Sagrado.

 

Sección inferior

• La gran Prostituta.

Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló: “Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Ramera, que se sienta sobre grandes aguas, con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución”. (XVII: 1-2)

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Detalle

 La Prostituida cabalga sobre la Bestia, el Anticristo.

Me trasladó en espíritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una Bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos; la Bestia tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y también las impurezas de su prostitución, y en su frente un nombre escrito – un misterio -: “La Gran Babilonia, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra”. Y vi que la mujer se embriagaba con la sangre de los santos y con la sangre de los mártires de Jesús. Y me asombré grandemente al verla. (XVII: 3-6)

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Detalle

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Detalle

 Babilonia invadida por los demonios.

Después de esto vi bajar del cielo a otro Ángel, que tenía gran poder, y la tierra quedó iluminada con su resplandor. Gritó con potente voz diciendo: “¡Cayó, cayó la Gran Babilonia! Se ha convertido en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en guarida de toda clase de aves inmundas y detestables. Porque del vino de sus prostituciones han bebido todas las naciones, y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su lujo desenfrenado”. (XVIII: 1-3)

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Escena en la cual la dignidad y elegancia de las figuras y personajes representados cae en una caricatura de los demonios, que están siendo destruidos junto a la ciudad enviciada por la corrupción.

Babilonia se derrumba sobre un grupo de demonios, los cuales están aterrorizados y revolcados por el aire patas arriba, en una posición grotesca, torpe y ridícula.

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Esto recuerda a las drolleries que adornan los márgenes de los manuscritos y que ayudan a recrear al lector, solazándolo a la vez que introduciendo una enseñanza moral.

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En un extremo de la escena, cuatro personas de aspecto humilde, ataviados a la moda del momento, huyen apabullados y agradecidos de haberse salvado de la destrucción.

Luego oí otra voz que decía desde el cielo: “Salid de ella, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas. Porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades. Dadle como ella ha dado, dobladle la medida conforme a sus obras, en la copa que ella preparó preparadle el doble. En proporción a su jactancia y a su lujo, dadle tormentos y llantos. Pues dice en su corazón: Estoy sentada como reina, y no soy viuda y no he de conocer el llanto. Por eso, en un solo día llegarán sus plagas: peste, llanto y hambre, y será consumida por el fuego. Porque poderoso es el Señor Dios que la ha condenado”. (XVIII: 4-8)

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De este modo, no sólo la nobleza de los personajes principales está retratada, sino, también, una jerarquía social, y la presencia de la maldad o de lo demoníaco en la forma de monstruos multicéfalos, animales malignos o seres de aspecto aterrador.

• El Ángel arroja la piedra de molino al mar.

• La Prostituida condenada.

Después oí en el cielo como un gran ruido de muchedumbre inmensa que decía: “¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos; porque ha juzgado a la Gran Ramera que corrompía la tierra con su prostitución, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos”. Y por segunda vez dijeron: “¡Aleluya! La humareda de la Ramera se eleva por los siglos de los siglos”. Entonces los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: “¡Amén! ¡Aleluya!” Y salió una voz del trono, que decía: “Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos y los que le teméis, pequeños y grandes”. (XIX: 1-5)

• Las Bodas del Cordero.

Y oí el ruido de muchedumbre inmensa y como el ruido de grandes aguas y como el fragor de fuertes truenos. Y decían: “¡Aleluya! Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso. Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado, y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura, el lino son las buenas acciones de los santos”. Luego me dice: “Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero”. Me dijo además: “Estas son palabras verdaderas de Dios”. (XIX: 6-9)

• San Juan y el Ángel (fragmento importante).

Entonces me postré a sus pies para adorarle, pero él me dice: “No, cuidado; yo soy un siervo como tú y como tus hermanos que mantienen el testimonio de Jesús. A Dios tienes que adorar”. El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía. (XIX: 10)

 

SEXTA PIEZA

Incompleta. Personaje Principal desaparecido.

En el sexto y último lienzo de este enorme tapiz, el artista pinta la victoria final: Babilonia en ruinas; un Jinete montado sobre un caballo blanco, seguido por ejércitos celestiales “vestidos de lino finísimo, blanco y limpio”.

Sección superior

• El Verbo de Dios y la cuba de la ardiente cólera de Dios.

Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco: el que lo monta se llama “Fiel” y “Veraz”; y juzga y combate con justicia. Sus ojos, llama de fuego; sobre su cabeza, muchas diademas; lleva escrito un nombre que sólo él conoce; viste un manto empapado en sangre y su nombre es: El Verbo de Dios. Y los ejércitos del cielo, vestidos de lino blanco puro, le seguían sobre caballos blancos. De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones; él las regirá con cetro de hierro; él pisa el lagar del vino de la furiosa cólera de Dios, el Todopoderoso. Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores. (XIX: 11-16)

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• Los pájaros devoran a los impíos.

Luego vi a un Ángel de pie sobre el sol que gritaba con fuerte voz a todas las aves que volaban por lo alto del cielo: “Venid, reuníos para el gran banquete de Dios, para que comáis carne de reyes, carne de tribunos y carne de valientes, carne de caballos y de sus jinetes, y carne de toda clase de gente, libres y esclavos, pequeños y grandes”.(XIX: 17-18)

• El Verbo de Dios carga contra las Bestias, al Anticristo y el Falso Profeta.

Vi entonces a la Bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos reunidos para entablar combate contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército. (XIX: 19)

• Las Bestias son arrojadas el estanque de fuego.

Pero la Bestia fue capturada, y con ella el Falso Profeta – el que había realizado al servicio de la Bestia las señales con que seducía a los que habían aceptado la marca de la Bestia y a los que adoraban su imagen; los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego que arde con azufre. Los demás fueron exterminados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo, y todas las aves se hartaron de sus carnes. (XIX: 20-21)

• El Dragón es encadenado por mil años (fragmento).

Luego vi a un Ángel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena. Dominó al Dragón, la Serpiente antigua – que es el Diablo y Satanás – y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al Abismo, lo encerró y puso encima los sellos, para que no seduzca más a las naciones hasta que se cumplan los mil años. (XX: 1-3)

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• La Resurrección.

Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años.

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Los demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los mil años. Es la primera resurrección. Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años. (XX: 4-6)

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• Satán asolando la ciudad.

Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión. Y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra, numerosos como la arena del mar. Subieron por toda la anchura de la tierra y cercaron el campamento de los santos y de la Ciudad amada. Pero bajó fuego del cielo y los devoró. (XX: 7-9)

 

Sección inferior

• El Diablo es arrojado al Estanque de fuego.

Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. (XX: 10)

• El Juicio Final.

Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él. El cielo y la tierra huyeron de su presencia sin dejar rastro. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego – este lago de fuego es la muerte segunda – y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego. (XX: 11-15)

• La Nueva Jerusalén.

Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva -porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo.

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Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él Dios – con – ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado”. (XXI: 1-4)

•  La medición de la Nueva Jerusalén.

Entonces vino uno de los siete Ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me habló diciendo: “Ven, que te voy a enseñar a la Novia, a la Esposa del Cordero”. Me trasladó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la Ciudad Santa de Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, y tenía la gloria de Dios. Su resplandor era como el de una piedra muy preciosa, como jaspe cristalino. Tenía una muralla grande y alta con doce puertas; y sobre las puertas, doce Ángeles y nombres grabados, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al mediodía tres puertas; al occidente tres puertas. La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero. El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muralla.

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La ciudad es un cuadrado: su largura es igual a su anchura. Midió la ciudad con la caña, y tenía 12.000 estadios. Su largura, anchura y altura son iguales. Midió luego su muralla, y tenía 144 codos – con medida humana, que era la del Ángel -. El material de esta muralla es jaspe y la ciudad es de oro puro semejante al vidrio puro. Los asientos de la muralla de la ciudad están adornados de toda clase de piedras preciosas: el primer asiento es de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda,  el quinto de sardónica, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto, el duodécimo de amatista. Y las doce puertas son doce perlas, cada una de las puertas hecha de una sola perla; y la plaza de la ciudad es de oro puro, trasparente como el cristal. Pero no vi Santuario alguno en ella; porque el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es su Santuario. La ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero. Las naciones caminarán a su luz, y los reyes de la tierra irán a llevarle su esplendor. Sus puertas no se cerrarán con el día – porque allí no habrá noche – y traerán a ella el esplendor y los tesoros de las naciones. Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero. (XXI: 9-27)

• El río del trono de Dios.

Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de Vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para los gentiles. Y no habrá ya maldición alguna; el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad y los siervos de Dios le darán culto. Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente. Noche ya no habrá; no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos. (XXII: 1-5)

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• San Juan ante el Ángel (fragmento).

Luego me dijo: “Estas palabras son ciertas y verdaderas; el Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado a su Ángel para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto. Mira, vengo pronto. Dichoso el que guarde las palabras proféticas de este libro”. Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo oí y vi, caí a los pies del Ángel que me había mostrado todo esto para adorarle. Pero él me dijo: “No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar”. Y me dijo: “No selles las palabras proféticas de este libro, porque el Tiempo está cerca”. (XXII: 6-10)

•  San Juan frente a Cristo (fragmento).

“Mira, vengo pronto y traigo mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su trabajo. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida y entrarán por las puertas en la Ciudad. ¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira! Yo, Jesús, he enviado a mi Ángel para daros testimonio de lo referente a las Iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el Lucero radiante del alba”. (XXII: 12-16)

La raíz y el linaje de David, Jesucristo, Estrella resplandeciente de la mañana, deliciosamente reproducida en la tela, ajustando en el mejor orden los pensamientos, las formas y los colores.

El Espíritu y la Novia dicen: “ ¡Ven!” Y el que oiga, diga: “¡Ven!” Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de vida.

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Luego me mostró el río de agua de Vida

Yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: “Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro. Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la Ciudad Santa, que se describen en este libro”. Dice el que da testimonio de todo esto: “Sí, vengo pronto”. ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!  Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. ¡Amén! (XXII: 17-21)

Próximamente publicaremos un vídeo sobre este magnífico Tapiz…