PADRE CERIANI: EL OBISPO DE KENT Y EL N.O.M.

RESUMEN NECESARIO

Frente a la necedad del señor Obispo-que-nunca-se-retracta y sus gatos y gatas, me veo obligado a resumir lo ya expuesto tantas veces.

La Iglesia prohíbe a los fieles católicos recibir los Sacramentos, incluso si son juzgados válidos, incluso la Eucaristía, de un ministro cismático o hereje.

Lo que demuestra que la validez de un rito no es suficiente para probar que la recepción del fruto sea buena en todas las circunstancias.

Adorar al Santísimo Sacramento es ejercer la virtud de religión, usando los frutos de un rito válidamente celebrado. Pero la Iglesia prohíbe a los fieles practicar la virtud de religión en connivencia con los cismáticos o herejes. Sigue siendo el delito de communicatio in sacris.

No se permite ir a meditar, orar y adorar a Nuestro Señor, incluso realmente presente en el tabernáculo, si esta presencia real se deriva de un rito válido pero cismático.

Una vez más vemos que no es suficiente que una hostia haya sido válidamente consagrada para que todo creyente pueda y deba darle el tributo de adoración.

En el caso extremo de la misa negra satánica, la Iglesia establece que las sagradas especies, válidamente consagradas en tal contexto sacrílego, no deben ser devueltas a la adoración de los fieles, sino simplemente abandonadas a su corrupción natural.

En resumen, el uso de los Sacramentos y el ejercicio de la virtud de religión, que suponen, en un caso como en el otro, la validez del rito, no hace nunca abstracción del valor doctrinal y moral de este rito. Esto es así porque, recibiendo los Sacramentos y ejerciendo la religión, los fieles deben profesar su fe y practicar la moral.

Por tanto, ni el uso de los Sacramentos ni el ejercicio de la religión debe ser la ocasión de herir la fe y la moral. La Iglesia no permite a los fieles el uso de los Sacramentos (incluso válidos) administrados por acatólicos, y también les prohíbe practicar su religión en el contexto que se siga de estos Sacramentos.

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Monseñor Lefebvre juzgó preferible extender esta legislación de la Iglesia respecto de los nuevos sacramentos conciliares, especialmente la Nueva Misa:

“Estas nuevas misas no sólo no pueden ser objeto de una obligación para el precepto dominical, sino que deben aplicarse a ellas las reglas canónicas que la Iglesia suele aplicar a la communicatio in sacris con los cultos cismáticos ortodoxos y con los cultos protestantes” (Cor Unum Nº 4, noviembre de 1979, págs. 4-5).

“Con respecto a la Nueva Misa, destruyamos inmediatamente esta idea absurda: si la nueva misa es válida, se puede participar en ella. La Iglesia siempre ha prohibido asistir a las misas de cismáticos y herejes, incluso si son válidas. Es obvio que no podemos participar en misas sacrílegas, ni en misas que ponen en peligro nuestra fe” (Declaración sobre la Nueva Misa. Noviembre de 1976).

Sólo un modernista conciliar puede decir que la nueva misa puede ser usada para edificar la fe.

Sólo modernistas conciliares pueden defender a un modernista conciliar que sostiene tales principios.

Sólo modernistas conciliares pueden secundar la absurda idea de participar en la nueva misa por el solo hecho de pensar que es válida…

¡Con mayor razón si hay dudas positivas sobre su invalidez!

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Por lo tanto, agreguemos que el rito del NOM es dudosamente válido porque, si lo examinamos, hay razones objetivas para concluir que, utilizando este rito, todo celebrante no tendrá necesariamente, siempre y en todas partes, la intención necesaria para la validez del Sacramento de la Eucaristía, la intención objetiva de hacer lo que hace la Iglesia (independientemente de sus intenciones subjetivas y personales que, por definición, nadie puede juzgar). A veces, la intención estará ahí, a veces no va a estar allí: la inconsistencia de este rito podrá adecuarse a todas las acomodaciones.

En efecto, existe un vínculo necesario entre la ortodoxia del rito y su validez. Debido a que el rito es la causa de la intención del ministro, requerida para la validez.

Un ejemplo puede ayudarnos a entender esto. En efecto, sabemos que por la Bula Apostolicæ Curæ, del 13 de septiembre de 1896, el Papa León XIII tranzaba con autoridad para decir que el rito utilizado para consagrar a los sacerdotes u obispos anglicanos da la certeza moral de que no hay allí la intención requerida para el ministro (sea éste válidamente consagrado o no).

La expresión de León XIII es muy precisa: no dice que este rito sea inválido por vicio de forma sacramental; dice que este rito es inválido por defecto de la intención.

Como lo explica León XIII, la forma no se utiliza nunca como tal, como una pieza desprendida y abstracta del rito. Se utiliza en el contexto de un rito que determina el sentido y que va de este modo a condicionar la intención del ministro.

Es posible que, ateniéndose sólo a las palabras de la forma, tomadas literalmente y sin referencia a ningún rito, nada se oponga a la validez. Pero es posible que con esto, si nos atenemos al sentido que estas palabras revisten en el contexto de todo el rito, tal como el ministro realmente las utiliza, la validez sea cuestionada.

Debemos, pues, distinguir cuidadosamente las dos condiciones necesarias para la validez:

* por un lado, una condición de parte de la forma sacramental tomada en el estado puro, en función de las palabras literales y abstractas del rito;

* por otra parte, la condición requerida del lado de la intención, en función del sentido que el contexto de todo el rito dará a estas palabras, en el uso concreto que el ministro hace de ellas.

Si el rito da a las palabras de la forma sacramental un significado que no es el de la Iglesia Católica, o que es dudoso, el ministro que usa este rito no tendrá o tendrá dudosamente la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

La dificultad que plantea el nuevo rito de la Misa de 1969, reformado por Pablo VI, se plantea en términos comparables. Ella viene del hecho de que las palabras de la totalidad del nuevo rito (no sólo las palabras literales de la consagración que, en lo abstracto del rito, podrían ser suficientes para su validez) ya no son suficientes para asegurar la intención necesaria para el celebrante.

Este rito, sin ser positivamente herético, favorece la herejía a causa de su ambigüedad y de sus omisiones graves, es un rito totalmente nuevo, del cual expertos altamente calificados han dicho que “se aleja impresionantemente, en el conjunto como en todos los detalles, de la teología católica de la santa Misa, tal como ella se formuló en la sesión 20ª del Concilio de Trento”.

Este rito es ambiguo, al punto de sugerir (sin confesarlo francamente nunca) una doctrina que no es más católica, sino heterodoxa, y por lo tanto al punto de condicionar en el celebrante una intención que no es la de la Iglesia.

Este es el significado de la crítica dirigida al Papa Pablo VI por los cardenales Ottaviani y Bacci en 1969:

“El alcance de las palabras de la consagración tal como figuran en el Novus Ordo está condicionado por todo el contexto. Estas palabras pueden asegurar la validez en razón de la intención del ministro, pero no lo hacen ex vi verborum o, más precisamente, en virtud del modus significandi que les está asociado en el Canon de San Pío V. Es posible, pues, que estas palabras no garanticen la validez de la consagración. Los sacerdotes que en un futuro cercano no hayan recibido la formación tradicional y que se fiarán del Novus Ordo para hacer lo que hace la Iglesia, ¿consagrarán válidamente? Es legítimo dudarlo.”

Monseñor Lefebvre insistía en la importancia de este juicio del Breve Examen Crítico de los Cardenales Ottaviani y Bacci:

“Tuve la oportunidad de releer el pequeño fascículo que obviamente conocéis, el Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missæ, aprobado por los cardenales Ottaviani y Bacci. Hay una nota en este pequeño libro que es muy útil releer acerca de las palabras de la consagración, que, desde la introducción del Novus Ordo, fueron motivo de muchas discusiones y consideraciones. Les puedo decir que lo que allí se encuentra representa lo que yo personalmente siempre he considerado como la evaluación más precisa sobre la validez o invalidez del Novus Ordo Missæ. Esto tiene cierta importancia, debido a las actuales discusiones sobre este tema. Esto es lo que pienso que yo siempre he dicho: habrá de más en más misas inválidas debido a la formación de los sacerdotes jóvenes que no tendrán la intención de hacer realmente lo que hace la Iglesia. Hacer lo que hace la Iglesia, es decir hacer lo que la Iglesia siempre ha hecho, lo que la Iglesia de una manera −casi me atrevería a decir si se puede decir− eterna. De este modo, estos jóvenes sacerdotes no tendrán la intención de hacer lo que hace la Iglesia, porque no les han enseñado que la Misa es un verdadero sacrificio. Ellos no tendrán la intención de hacer un sacrificio, tendrán la intención de hacer una Eucaristía, un compartir, una comunión, un memorial, lo cual no tiene nada que ver con la fe en el sacrificio de la misa. Así, en este punto, a medida que estos sacerdotes deformados ya no tengan más la intención de hacer lo que hace la Iglesia, las misas serán de más en más obviamente inválidas” (Conferencia Espiritual en Ecône, 8 de febrero 1979, incluida en el libro producido bajo la dirección del Padre Troadec, La Misa de siempre, págs. 372-374).

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El Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missæ, en su IVª Parte, apartado 4º, dice:

FÓRMULAS CONSAGRATORIAS

La antigua fórmula de la Consagración era clara y propiamente sacramental, pero no meramente narrativa, mientras que las tres consideraciones siguientes parecen demostrar que en el Novus Ordo se insinúa lo contrario:

a) No se reproduce más literalmente el texto de la Sagrada Escritura; además, la inserción de las palabras paulinas “Mysterium Fidei” significaba la inmediata confesión de fe que debía proferir el sacerdote ante el Misterio operado por la Iglesia a través de su sacerdocio jerárquico.

b) Las nuevas puntuaciones de las palabras y la nueva tipografía. En efecto, en el antiguo Misal el mismo punto y aparte significaba claramente el paso del modo narrativo al modo sacramental y afirmativo, las mismas palabras consagratorias se trazaban en el antiguo Misal con letras mayúsculas y en el medio de la página; más aún, con frecuencia escritas también en color diferente, de manera que se separasen del contexto meramente histórico, y todas estas cosas, por cierto, conferían sapientísimamente a toda la fórmula consagratoria una fuerza propia de significación absolutamente individual y singular.

c) La anamnesis (“Cuantas veces hiciereis estas cosas, las haréis en memoria mía“), que en griego se dice así: “eis tén emoú anámnesin”. La anamnesis en el Canon Romano se refería a Cristo operante en acto, pero no a la mera memoriade Cristo o de un mero acontecimiento; se nos mandaba recordar lo que Él mismo hizo ( ” …estas cosas haréis en memoria mía”), y el modo cómo Él las hizo, pero no únicamente su persona o su cena. En cambio, la fórmula paulina (“Haced esto en conmemoración mía”), que en el Novus Ordo reemplaza a la fórmula antigua −repetida todos los días en las lenguas vernáculas− cambiará irreparablemente la fuerza misma del significado en las mentes de los oyentes, de modo tal que la memoria de Cristo, que debe ser el principio de la acción eucarística, parezca convertirse en el término único de esta acción o rito. O sea, la “conmemoración”, que cierra la fórmula de la consagración, ocupará poco a poco el lugarde la “acción sacramental”.

La forma narrativa se pone ahora de relieve de hecho con las mismas palabras en la Instrucción oficial: “Narración de la Institución” (nº 55d); y ella se confirma en la definición de la anamnesis, donde se dice: “La Iglesia celebra la memoria de Cristo mismo” (nº 55c).

En síntesis, la teoría que se propone sobre la epiclesis y la misma innovación en cuanto a las palabras de la Consagración y de la anamnesis implican que también se ha realizado un cambio en el modo de significar; pues las fórmulas consagratorias son ahora pronunciadas por el sacerdote como parte de alguna narración histórica y no son enunciadas en cambio como expresando un juicio categórico y operativo, proferido por Aquél en cuya representación el sacerdote mismo obra, diciendo: “Esto es mi Cuerpo”, pero no: “Esto es el Cuerpo de Cristo”.

Las palabras de la Consagración, por el modo como se insertan en el contexto del Novus Ordo pueden ser válidas por la eficacia subjetiva de la intención del ministro. Pero pueden no ser válidas, en cuanto que ya no son tales por la fuerza misma de las palabras, o más exactamente, por la virtud objetiva del modo de significar que tenían hasta ahora en la Misa. Por lo cual, los sacerdotes que en un futuro próximo no habrán sido instruidos conforme a la doctrina tradicional y quienes simplemente se fiarán del Novus Ordo con la intención de “hacer lo que hace la Iglesia”, ¿consagrarán en realidad válidamente? Es lícito dudar de ello.

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Si se ha comprendido en profundidad toda esta cuestión, todo indicaría que el darwinismo teológico es el responsable de que el Obispo de Kent sostenga hoy en día:

No hay nada en el texto de la misa nueva que la haga inevitablemente inválida.

Todavía hay casos en que la nueva religión (o la nueva misa) puede ser usada, y todavía es usada, para edificar la fe.

Hay casos en que incluso se puede asistir a la misa Novus Ordo con un efecto de edificar la propia fe en lugar de perderla.

Hay algunos sacerdotes Novus Ordo con parroquias Novus Ordo que están en problemas con sus obispos Novus Ordo porque están nutriendo y edificando la fe en su parroquia Novus Ordo.

Todo indicaría que el darwinismo teológico es el responsable de que el Obispo de Kent aconseje hoy en día:

Por lo tanto, no voy a decir que todas las personas deben permanecer alejadas de cada misa Novus Ordo. No, si ellos pueden confiar en su propio juicio de que asistir a esta misa puede hacerles más bien que mal espiritualmente.

Tenga mucho cuidado, permanezca alejado del Novus Ordo, pero excepcionalmente, si usted está vigilando y orando, incluso allí usted encontrará la gracia de Dios, si usted la usa para santificar su alma.

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En resumen, en la actual situación a que el modernismo ha llevado la Santa Misa, existen por lo menos dos modos por los que puede faltar en los sacerdotes la intención necesaria para la validez de la Misa:

a) El caso del modernista activo, que conoce y se opone a la afirmación católica del poder consagratorio de la fórmula, y pone una contra-intención (v. gr. queriendo simplemente hacer una conmemoración de la Cena).

b) El caso del modernista pasivo, que recibió una formación deletérea de la doctrina católica y, además, acepta pasivamente un rito que no manifiesta la intención querida por la Iglesia, antes bien proporciona una intención contraria a la necesaria.

Pero en esta hora de crisis debemos también hacer una distinción entre los sacerdotes que han recibido una formación conforme a la doctrina católica tradicional y, sin embargo, celebran la Nueva Misa:

a) Aquellos que reciben pasivamente el rito nuevo con la contra-intención inserta en lo más arcano del mismo. ¿Consagran? ¿Qué sucede al cabo de los años, luego de ser verdaderamente envenenados, en el momento mismo de consagrar, por un rito que conlleva una doctrina modernista?

b) Aquellos que no permanecen pasivos ante el rito de la Iglesia Conciliar. Estos, para tener la intención de la Iglesia, deben suplir con su voluntad personal poniendo una contra-intención a la que le proporciona el nuevo rito. En esos casos la Misa será válida, pero ya no se puede hablar ni Misa Tradicional ni de Novus Ordo, sino del Ordo de Fulano de talMengano de cual

¡Pero no basta ésto!

Fulano o Mengano debe manifestar exteriormente esa contra-intención, porque Santo Tomás enseña que “en las palabras que profiere se expresa la intención de la Iglesia (…) a no ser que lo contrario sea expresado exteriormente por parte del ministro”.

Padre Juan Carlos Ceriani