Triduo para disponerse a la Fiesta de MARÍA SANTÍSIMA DE GUADALUPE

triduo-guadalupe-dia-2

Modo de hacer este Triduo

El tiempo más propio es tres días antes del día 12 de Diciembre, el cual se llama día de la aparición, por haber aparecido tal día la prodigiosa imagen de la Virgen  de Guadalupe; por lo que deberá comenzarse el Triduo a 9 de Diciembre. Podrá  también hacerse en cualquiera otro tiempo del año, siendo todo buen tiempo para venerar a la Virgen. Pondréis en la parte más decente de la casa el cuadro é imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe; y si no lo tuviereis, cualquiera otra imagen de nuestra Señora: la adornaréis con flores y rosas: encenderéis el número de velas que pudiereis. Delante de este altar, de rodillas, con toda vuestra familia, y hecha la señal de la cruz, rezareis estos tres días, durante los cuales para hacer verdadero obsequio a Nuestra Madre, ofreceréis algún sacrificio cada día y os confesareis y comulgareis.

Segundo Día

Acto de contrición

 Amorosísimo Dios, Trino y Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, a quien amo y en quien espero conozco que siendo Vos mi Padre no os he amado; siendo Vos mi Redentor, os he despreciado; siendo mi Bienhechor, no os he correspondido. Conozco que me he olvidado de serviros, de ser fiel y de ser agradecido. Conozco haber merecido por muchos títulos vuestra ira y mi ruina. Pero ya confieso, Señor mío, que he pecado: me pesa de haberos ofendido sólo porque sois Dios, porque sois suma bondad, y digno de ser amado. Propongo de no ofenderos ya mas, sólo por ser quien sois, sólo por vuestra bondad: haced, mi Dios, que yo siempre os ame con todo mi corazón: no merecen esta dicha mis culpas; pero Vos, Señor, mirad que sois Padre, mirad vuestra sacratísima sangre, mirad vuestro amor.

Y vos, Santísima Virgen de Guadalupe, Madre, Señora y abogada nuestra, bien veo cuanto os he disgustado en ofender a vuestro amoroso Padre, Hijo y Esposo; pero desde ahora propongo no daros ya mas otro disgusto. Representad al Eterno Padre que sois su Hija, al Espíritu Santo que sois su Madre y Madre nuestra, para que, por vuestra intercesión, no sea ya mas infiel ni ingrato, sino verdadero hijo vuestro y de la Santísima Trinidad. Amén.

Meditación

María Santísima, siendo Reina y Señora de todo el mundo, es Emperatriz del cielo, y tan humilde, que aún en su rostro ha querido que aparezca la humildad de su corazón: ama tanto a, los pobres y a los humildes, que, de ellos se vale, dejados los poderosos. ¿Y yo tendré corazón para ser soberbio y despreciador de mis prójimos y de los pobres?

AFECTO

María Santísima: ¡Vos tan humilde, y yo tan vano y tan despreciador de los pobres!

FRUTO

Tened horror de solicitar ser más que los otros, y a ninguno tratéis con aire de superioridad, porque estas son las verdaderas señales de la Soberbia. Sufrid hoy con humildad cualquiera desprecio de vuestra persona, pues el que se humilla en el mundo será exaltado en la presencia de Dios.

Segunda aparición

El mismo día, sábado 9 de diciembre de 1531, después del mediodía, volvía Juan Diego a su casa, y en el mismo lugar que por la mañana encontró a la Señora, que esperaba la respuesta. Pesaroso él y afligido del ningún fruto que había sacado de su embajada, dice a la Señora que (como ya él se imaginaba) a sus palabras no se daba crédito ni fe, rogándola a no hacer caso de su persona y sí a valerse de algún personaje de autoridad. Responde la Virgen con mucha ternura y agrado: «Agradezco, hijo Juan, tu cuidado y obediencia, pero sabe que aunque tengo muchos a quienes encomendar este negocio, conviene que tú solo y no otro lo ejecute. Esta es mi voluntad, en cuya conformidad te ordeno que mañana vuelvas al Obispo y de digas que yo le mando a él segunda va con el mismo recado. Ve, y haz do re te ordeno, y yo te seré grata por esta diligencia”.

Se mostró obediente Juan Diego, y con la bendición de la Señora, partió para su casa.

Oración

Amantísimo Redentor nuestro, Hijo unigénito del Padre y verdadero Hijo de la Virgen María: os damos gracias por haberos imitado vuestra Santísima Madre en venir como Vos al mundo por amor de los hombres, y porque quisisteis (para que la semejanza fuese mas perfecta) que, como Vos os servisteis de personas rudas y bajas para acreditar vuestra fe, así vuestra Santísima Madre, por dar crédito a sus palabras, se valiese de un pobre y rudo indiano. Nos alegramos con Vos, en compañía de las Potestades, Principados y Dominaciones, humildísima Señora de Guadalupe, de que en vuestra imagen misma deis a conocer cuánto as haya ensalzado vuestra humildad hasta sobre las Soberanos Espíritus del cielo, y os damos los parabienes de la dignidad que gozáis y de la altura a que os vemos exaltada; y os pedimos una verdadera humildad, con la que, conociendo que no somos nada y que todo lo debemos a Dios y a Vos, imitemos la humildad vuestra y de vuestro Santísimo Hijo, para ser exaltados en la gloria del Paraíso. Amén.

Aquí se rezan tres Avemarías y tres Gloria Patri, en honra de la Santísima Trinidad.