Novena en honor de Santa Lucía de Siracusa Mártir

Día Preliminar

Patrona de personas con problemas oculares; ciegos; escritores; autores; cristaleros; obreros; campesinos; talabarteros; mártires. Protectora contra la ceguera; problemas oculares; epidemias; enfermedades e infecciones de la garganta; hemorragias.

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NOTICIAS DE LA VIDA DE SANTA LUCÍA

SACADAS DE LAS LECCIONES DEL BREVIARIO

La ilustre Virgen y Mártir  Santa Lucía, nació en la ciudad de Siracusa, en Sicilia, de nobles padres; a la nobleza de nacimiento añadió la de profesión de la Fe y Religión de Jesucristo que abrazo desde su niñez. Hizo un viaje a la ciudad de Cataña, en compañía de Eutichia, su madre, que mucho tiempo hacia estaba padeciendo un flujo de sangre, y habiendo sido infructuosos todos los remedios, esperaba conseguir en beneficio de la salud por la intercesión de Santa Agueda, cuyo cuerpo se veneraba en aquella ciudad. Habiendo llegado las dos a visitar el sepulcro de la Santa Mártir, hizo Santa Lucia una oración tan resignada y fervorosa que mereció se le apareciese Santa Agueda, asegurándola que tenía ya alcanzada de Dios la salud que pedía para su madre; y revelándole, además de esto, las circunstancias de su futuro martirio. Eutichia consiguió inmediatamente la salud, y aprovechando su hija Lucía esta oportuna ocasión, le pidió el permiso para dar a los pobres todos lo bienes que a ella se le debían dar en dote para casarla. Obtenida esta licencia de la madre y habiendo vuelto a Siracusa, su patria, vendió Lucía todos sus bienes, y habiendo juntado por este medio gran suma de dinero, lo distribuyó todo entre los pobres.


Los padres de la Santa la tenían prometida por esposa a un joven de igual nobleza y riquezas que Lucia; pero la Santa Virgen, que estaba determinada a no tener otro Esposo que Jesucristo, nunca había consentido en esta unión y además de esto, miraba con horror a su pretendiente, envuelto en los horrores del paganismo. Noticioso este joven de la novedad que ocurría y perdidas de todo punto las esperanzas de unirse en matrimonio con Lucia, se vengó de ella, acusándola delante del Prefecto a su presencia, y como no pudiese ni con ruegos ni con amenazas persuadirla a que diese culto a los ídolos antes bien, cuanto más él se esforzaba de separarla de su resolución, tanto más firme e inflamada encontraba a Lucía para celebrar las alabanzas y excelencias de la Fe cristiana, le dijo: ”ya cesarán tus palabras cuando se haya venido a los tormentos” a lo cual respondió Santa Lucia: ”A los siervos del verdadero Dios nunca les pueden faltar las palabras según las promesas de mi Señor Jesucristo que lo dijo en su Evangelio: ”Cuando seáis presentados ante los tribunales de los reyes y presidentes, no tengáis cuidado de pensar lo que habéis de explicar, porque en aquella misma hora se os ofrecerá y presentara lo que habéis de hablar, pues no sois vosotros los que habláis en estas ocasiones sino el Espíritu Santo que habla por vosotros”.
Habiéndola preguntado el gobernador Pascasio, si estaba en ella el Espíritu Santo, le respondió la Santa Virgen: ”Los que viven piadosa y castamente son Templo del Espíritu Santo” “Pues yo mando le dijo el prefecto, que tú seas llevada a un lugar público de deshonestidad, para que el Espíritu Santo se separe de ti y te abandone” “Si tu mandas, le respondió la Santa, que yo sea violada contra mi voluntad la castidad permanecerá en mi doblada para la recompensa y la corona”.
Encendido en ira Pascasio con esta respuesta, mando que llevasen a Lucía a un lugar público donde su virginidad fuese violada. Pero ¿qué puede la malicia de los hombres ni la astucia del demonio contra los consejos y determinaciones de Dios?  El Espíritu Santo se declaró defensor de la pureza de su Templo, que era la Santa Virgen Lucía, fijándola milagrosamente con tanta firmeza y estabilidad en el sitio que ocupaba que por mas diligencias que se hicieron no hubo fuerzas capaces de separarla de allí. Frustrada así la intención del Prefecto, mandó que habiendo rociado a la Santa Mártir con pez, resina y aceite hirviendo encendiesen alrededor de su cuerpo un grande fuego. No recibió la Santa Virgen lesión ni daño de las llamas que ardían a su lado y así después de haberla atormentado con otros géneros de suplicios, le traspasaron la garganta con una espada. No murió inmediatamente después de haber recibido esta herida, sino que antes profetizó la paz y tranquilidad  que había de gozar la Iglesia con la muerte de los emperadores Diocleciano y Maximiano; así entrego confiadamente su espíritu a Dios, el día 13 de Diciembre del año de 304. Su cuerpo fue sepultado en Siracusa, después fue trasladado a Constantinopla y de allí fue llevado a Venecia por el año de 1304.

ADVERTENCIAS GENERALES

SOBRE EL MODO DE HACER FRUCTUOSAMENTE ESTA NOVENA

La verdadera devoción con los Santos consiste en la imitación de sus virtudes; para adquirir estas, en el grado que respectivamente corresponde al estado de cada uno,  es necesaria la enmienda de la vida; y así la primera advertencia es, que cualquiera que desee hacer con fruto esta novena, procure en el primer día de ella confesar y comulgar con la mejor disposición que le sea posible, para que poniéndose por este medio en amistad y gracia de Dios, sean meritorias y satisfactorias las obras buenas que hiciere durante la novena, lo que no tendrían sin la circunstancia de estar hechas en gracia; y para que las peticiones sean más seguramente oídas y concedidas por Dios, siendo hechas en su amistad.  Pero si el que empieza esta novena no sienta en sí conciencia de pecado mortal, podrá hacer su confesión y comunión el primero o último día, o aquel que más bien le parezca y en que tenga mayor proporción.

Además de esto, será conveniente que en cada uno de los días de la novena, procure ejercitarse en alguna obra de virtud, especialmente de las que resplandecieron más en la Santa Mártir, para aprovechar por medio de este ejercicio en su imitación.  Estas prácticas de virtud,  para todos los días no se señalan en esta novena, por ser cosa difícil el ocurrir a las necesidades particulares  con una distribución hecha por regla general: mejor es que esto se quede al arbitrio y prudencia del que hace la novena, o que acertado, tome por ejercicio para cada día aquellas obras de virtud  mas proporcionadas para desarraigar sus vicios, vencer sus pasiones, principalmente la dominante y alcanzar la perfección propia de su estado. Será bueno leer todos los días al menos una parte de la vida de la Santa, que con este fin está puesta al principio, para más fácilmente encontrar la materia de imitación de sus virtudes. En común solo se puede decir, que será medio muy proporcionado para conseguir lo que se pide, y sacar provecho de la Novena, ayunar un día de ella; dar en otro alguna limosna; tener en otro un rato de oración, más de la ordinaria; mortificar en otros días las potencias y sentidos; etc.

Para alcanzar el fin que cada uno se propone en esta Novena, será muy importante recurrir a la intercesión y patrocinio de la Reina de los Ángeles María Santísima, nuestra piadosa Madre; porque todos los favores y beneficios que Dios hace a sus criaturas, pasan por la mano literal de su Madre Santísima como expresamente lo dice el P. San Bernardo.

Los fines o motivos que se pueden tener en hacer la Novena, son: el adquirir una virtud especial por la mediación y ruegos de esta Santa Mártir, por ejemplo la castidad, la paciencia u otras, al vencer algún vicio, pasión o tentación; el librarse de alguna tribulación o enfermedad, con particularidad de los males de la vista; el acierto en la elección de estado, o en la elección de consorte para el del matrimonio; también se puede pedir en esta Novena, como en otras, algunos de los bienes temporales, en cuanto conducen para pasar santamente esta vida transitoria, y merece en ella la eterna; finalmente, se puede pedir en esta Novena el feliz éxito de un viaje, de una navegación, de cualquier pretensión, y se puede esperar el conseguir por ella el desempeño de cualquier empleo u oficio de importancia.

En cuanto al tiempo, se puede empezar nueve días antes de la fiesta de la Santa, para concluirla en su día; y se puede hacer siempre que concurran alguno o algunos de los motivos que se han apuntado, para hacer la Novena; tomando nueve días continuados o interpolados, según la proporción que se tenga; pues no es menester que si se interrumpe algún día, se vuelva a empezar de nuevo, sino suplir o continuar desde donde se dejó; porque no es el número de días al de palabras, lo que da eficacia a las oraciones, sino el espíritu, el fervor y perseverante devoción, con que se dirigen a Dios por medio de los Santos.