JORGE DORÉ- POESÍA

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Llamado a un pueblo rebelde a Dios

“Quien tenga oidos para oir, que oiga”.
(Mateo 13:9)

Es mi deber mojar mi espada en tinta
y escribir con su hoja sin descanso,
que descansar es una cobardía
cuando viene de frente el adversario.

Escuchad:

Es necesario que miréis al cielo
pueblo rebelde a Dios, tibio y castrado
de la fe que sus propios paladines
defendieran ayer tan denodados;

hoy tierra en que el lagar de los infames
hace mosto con todos vuestros santos
pues si os quitan la cruz, tragáis en seco
o aplaudís al autor de tal escarnio.

Cabeceáis, dormitando en las almenas
y vivís con los ojos deslumbrados
por falsas luminarias que os conducen
al infame grillete del esclavo.

¿Por qué habéis renunciado a las alturas
y seguís al traidor y al mercenario?
¿Y por qué os celebráis vosotros mismos
y os reunís en templos devastados?

¿Qué sois y qué queréis sin Dios, si al fondo
de vuestro lamentable itinerario
los vanos ideales que os ocupan
serán postrer festín de los gusanos?

¿Cómo olvidar las ennoblecedoras
gestas de aquellos héroes que bordaron
la cruz en su pechera y a la guerra
salieron empuñando sus rosarios?

Hoy veis tan solo culpas en la historia
y ante vuestros ladinos adversarios
lloráis por los “errores” cometidos;
pero estáis en la mira de sus arcos;

os pasan por encima como a hierba
y no osáis ni siquiera levantaros;
la tolerancia os ha paralizado
y vais retrocediendo palmo a palmo.

Pero no, no teméis por vuestros hijos
porque ya los habéis ejecutado
en el claustro materno y hacéis gala
del labriego derecho de segarlos.

Tenéis a vuestra esposa emancipada
del hogar y el hogar es un espacio
donde la trascendencia es un vestigio
mientras borbota todo lo mundano.

Desdeñáis la virtud del sacrificio;
por eso odiáis las cruces y el calvario
y presumís de inicuas libertades
que os cubren, como lepra, de pecados.

Ya no amáis ni siquiera a vuestra patria
–la que queréis partir en mil pedazos–
porque sois incapaces de empatía,
porque habéis olvidado abrir los brazos;

pero cuando abrazáis, abrazáis muertos,
doctrinas cadavéricas; nefastos
ideales seculares y humanistas
que os vuelven, cada día, más enanos.

Si no mancomunáis vuestras ideas,
si en un haz no juntáis todas las manos,
vuestro apacible tiempo de hombres libres
será un triste recuerdo del pasado;

porque avanzáis de espalda, a contra-gloria,
a contraluz, obsesos y cegados
por tóxicos sofismas que denigran
la fe que el propio Dios ha decretado:

Aquel que os concediera mil victorias,
Ese que vais cubriendo con escarnios
mientras sacáis a flote las mezquinas
rivalidades de vuestro pasado.

¿Por qué le habéis abierto al enemigo
las puertas que al Señor cerráis en vano?
“Sin mí nada podéis hacer”. Sin Cristo
garantizáis el triunfo del fracaso.

Luchad por vuestra tierra mancillada
o prescindid de todo lo heredado
de quienes, con cristiana valentía,
acometieron fieros adversarios

y abrazando la cruz en las trincheras,
a cuerpo descubierto y bajo cascos
de hordas impetuosas conquistaron
los bienes que hoy estáis dilapidando.

¡Airaos ante la voz que vaticina
que habréis de despertar amordazados
bajo los oprobiosos estatutos
salidos de la vara del tirano!

Volved al bien que habéis redargüido,
llenad vuestros más íntimos espacios
de luz y combatiendo de rodillas
militad en las filas de los santos.

¡Recuperad, por Dios, la fe perdida
y con la espada firme entre las manos
en nombre de la cruz, marchad al frente
o acabaréis sin patria y sojuzgados!