ESTEBAN SÁNCHEZ MALAGÓN: EL CONCILIO DEL ANTICRISTO

GAUDIUM ET SPES Y EL REINO DEL ANTICRISTO

Para entender este drama del fin de los tiempos, y que el Concilio Vaticano II fue el vehículo para implantar todo ese plan DIABÓLICO de establecer un “reino” POLITÍCO Y RELIGIOSO aquí en la tierra (en concreto el documento Gaudium et spes), que sabemos será de tres años y medio, presidido por el Anticristo, que llevará a la humanidad a la adoración del Dragón, como dice el Apocalipsis, es de suma importancia estudiar la judeomasonería.

Es necesario tener fija en la cabeza la idea que es Satanás mismo el inspirador de la REVOLUCIÓN porque, el exige, a fin de cuentas, la adoración que sólo a Dios es debida. “Todo esto te daré, si postrado me adorares”, le dice Satanás a Jesucristo desde lo alto de una montaña.

Cada día se hace más necesaria una exquisita vigilancia y una lucha sin tregua ni descanso contra esa espantosa y terrible propaganda que crece día a día, y va cubriendo, como una red inmensa, no solamente Europa, sino el mundo entero, como bien dice Monseñor de Ségur, el mismo que avala que el término democracia salió de las logias, y que no es el gobierno del pueblo, sino el gobierno del demonio (Demons-cracia).

Para llevar a buen término la exigencia del demonio de reinar en la tierra y ser adorado como dios, para llegar a esto fue indispensable elaborar un plan de trabajo que se diseñó en la sinagoga y en las logias en el S. XVIII: REVOLUCIÓN Y DEMOCRACIA, que posteriormente sería llevado a las mismas entrañas de la Iglesia.

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Monseñor Delassus: Lo que propone la Revolución Anticristiana y lo que hay que conocer para combatirla

Según Monseñor de Ségur hay tres grados en la Revolución

1º. La destrucción de la Iglesia como autoridad y sociedad religiosa, protectora de las demás autoridades y sociedades; en este grado, que nos interesa directamente, la Revolución es la negación de la Iglesia erigida en principio y formulada en derecho; la separación de la Iglesia y del Estado, con el fin de dejar a este descubierto y quitarle su apoyo fundamental;

2º. La destrucción de los tronos y de la legítima autoridad política, consecuencia inevitable de la destrucción de la autoridad católica. Esta destrucción es la última expresión del principio revolucionario de la moderna democracia, y de lo que se llama hoy día la soberanía del pueblo;

3º. La destrucción de la sociedad, es decir, de la organización que recibió de Dios. La destrucción de los derechos de la familia y de la propiedad con provecho de una Abstracción, que los doctores revolucionarios llaman el Estado. Es, por último, el socialismo, fin principal de la Revolución perfecta, rebelión postrema, destrucción del último derecho. En este grado, la Revolución es, o más bien sería, la destrucción completa del orden divino en la tierra, y el reinado perfecto del demonio en el mundo. (Tres años y medio).

PROMETEO: LA RELIGIÓN DEL HOMBRE

Prólogo confidencial

“Faltan apenas dos años para que se cumpla el 50° aniversario del Concilio Vaticano II, y todavía no salimos del pasmo en que nos puso este giro de timón en la Barca de Pedro. Y utilizando el plural no me refiero solamente a los católicos de buena fe, sino a todo el mundo: tradicionalistas y progresistas, católicos y no católicos. Hoy domingo, Benedicto XVI visita por segunda vez la sinagoga de Roma como signo de amistad (cuando hay enemistades entre los hijos de la serpiente y los hijos de la mujer), y el rabino aún se pellizca para creer lo que sus ojos ven…-. Mañana lunes, la Fraternidad San Pío X visita por segunda vez el ex Santo Oficio de Roma, y no nos termina de sorprender el motivo que allí nos tiene: discutir sobre el Concilio a la luz del magisterio anterior, porque el mismo Benedicto XVI reconoce que el Vaticano II todavía no se acaba de entender. El Concilio ha procurado la «promoción del hombre» -como reconoció Pablo VI en su discurso de clausura- como verdadero y propio fin en sí mismo. No ha buscado la promoción del católico, ni siquiera de los hombres justos y buenos, sino del hombre en cuanto tal, pues considera la condición humana como llena por sí misma de dignidad: El título propio del librito es «La religión del hombre». Lo de «Prometeo» fue por no dejarlo tan seco. A los humanistas del Renacimiento les gustaba resucitar los mitos griegos, y la figura de Prometeo encarna de manera interesante el espíritu del humanismo.” (Padre Álvaro Calderón, Prometeo: La religión del hombre).

Dice el Padre Calderón que Benedicto XVI reconoce que el Vaticano II todavía no se acaba de entender, y tiene razón, porque no se ha entendido que es satánico, masónico, judaico y anticrístico.

“El Papa ha hablado de una necesaria «hermenéutica» de los textos conciliares, término de etimología griega que significa «interpretación». Una nota más respecto a «hermenéutica», que me surge de comparar una edición antigua del Diccionario de la Real Academia Española con la versión digital más nueva. En la edición de 1914 se lee para dicho término:

“Arte de interpretar textos para fijar su verdadero sentido, y especialmente el de interpretarlos textos sagrados”, mientras que la edición de 1992 trae lo mismo salvo las palabras “para fijar su verdadero sentido”. Señal del triunfo del subjetivismo, pues ya no se cree que ningún texto tenga un sentido verdadero único. Pero tampoco es cierto. El presente ensayo busca hallar el sentido verdadero, dentro –por supuesto– de la deliberada confusión con que esos textos se escribieron. Hasta no hace mucho, con la palabra «hermenéutica» se significaba el arte de interpretar textos que ofrecían alguna dificultad especial, generalmente por su antigüedad, y se decía especialmente del arte de interpretar las Sagradas Escrituras, que a la gran antigüedad se le suma el tener múltiples autores humanos y un único autor principal, el Espíritu Santo. Pero el subjetivismo moderno habla de «hermenéutica» para la interpretación de todo texto, poniendo ahora la dificultad no en alguna característica particular, sino en la dificultad general que el hombre tendría para transmitir su pensamiento. Un auténtico teólogo católico no puede aceptar que se hable de una «hermenéutica», por ejemplo, de los textos del Concilio de Trento o del Vaticano I (o de Prometeo la religión del hombre), porque son textos actuales que hacen justamente la interpretación autorizada de la Tradición, en lo que ésta tenía necesidad todavía de ser explicada. Si para leer Trento, que hace una hermenéutica de la Tradición, yo, Padre Calderón, necesito la aplicación de un arte especializado para poder, a mi vez, interpretarlo, quiere decir que Usted, Lector, tendrá que hacer una hermenéutica de mi interpretación. ¿Quiere decir que nunca nadie puede hablar claramente con nadie el mismo lenguaje? Exactamente eso es lo que piensa un moderno subjetivista, pero está gravemente equivocado.” (Padre Álvaro Calderón, Prometeo: La religión del hombre).

Aunque se nos tilde de “moderno subjetivista”, hay necesidad de interpretar, fijando el verdadero sentido, “Prometeo la religión del hombre”, ya que el Padre Calderón se queda corto, por no decir que la religión del hombre del concilio ES LA RELIGIÓN (propiamente dicho) DEL ANTICRISTO.

LA VIRTUD DE RELIGIÓN EN SANTO TOMÁS (II-II, q. 81)

El modernismo es propiamente una religión, distinta a la religión católica, y sabemos que la religión tiene un objeto y un fin; según Santo Tomás, la religión ordena al hombre sólo a Dios.

La religión es la virtud que mira con respecto a Dios, en cuanto:

– principio indeficiente,

fin último al que debe ir tendiendo nuestra elección etc.

Así, lo específico de la religión es: La virtud que mira con respecto a Dios, en cuanto principio indeficiente.

Dios tiene una razón de señorío propio y singular:

– por ser Él quien hizo todas las cosas

– y por tener el principado supremo sobre todo lo creado (ad 3º)

“Puesto que a Dios se le debe un honor especial como a primer principio de todas las cosas, se le debe igualmente una forma especial de culto, a la que los griegos, como dice San Agustín en De civ. Dei, llaman eusebeia o theosebeia.” (ad 4º)

El fin de la virtud de religión es LA GLORIA DE DIOS, “Religio est quae Deo debitum cultum affert”. S. Th., II-II, q. 81, a. 5. La religión “es la virtud que da a Dios el culto debido”. Esta glorificación consiste formalmente en el culto que el hombre tributa a Dios.

Entonces la Iglesia verdadera será la que tenga el culto verdadero, al Dios verdadero. Si se llega a presentar otra iglesia, no será la Iglesia verdadera. Y como dice correctamente el Padre Calderón en Prometeo, del concilio salió otra religión, y si es otra religión, por lógica tendría que ser otra iglesia con su culto, con su jerarquía y su falsa doctrina, que dará el culto a su ídolo-dios, o sea la nueva misa, pues dice el Apóstol: “Porque aunque haya algunos que se denominen dioses, sea en el cielo o en la tierra, ya que hay muchos dioses y muchos señores; sin embargo para nosotros hay un solo Dios, Creador de todas las cosas, y a quien nosotros estamos destinados a él; y un solo Señor nuestro, Jesucristo, por quien fueron creadas todas las cosas, y nosotros también en Él” I Co 8, 5-6. Luego, si lo son, pero no para nosotros, entonces, ¿para quiénes? “Los dioses de los gentiles son demonios; mientras que el Señor ha hecho los cielos” S. 95. Luego: LA FALSA IGLESIA CONCILIAR ENTONCES TIENE UN dios, ¿cuál? Propiamente, el DEMONIO. Por eso el Pseudoprofeta de Santa Martha NO CREE EN EL DIOS CATÓLICO.

Dice Monseñor Delassus, en “El problema de la hora presente”:

“La verdadera campaña es la que pone frente a frente a la Iglesia católica y al Templo masónico, es decir, la Iglesia de DIOS y la Iglesia de Satán, conflicto formidable del que depende la suerte de la humanidad. Mientras la Iglesia permanezca de pie, propague la fe, pondrá en el corazón de todos los que sufren – ¿y quién no sufre? – las esperanzas eternas. Es pues solo sobre sus ruinas que podrá edificarse «la religión de la humanidad», aquella que no quiere por su parte que el hombre dirija su mirada más allá del tiempo… El 28 de junio, en la clausura de la discusión, el R. Padre Gayraud cree deber, antes del voto, recordar a los diputados lo que van a hacer, aquello sobre lo que se van a pronunciar. «La ley que vais a votar no es una ley de apaciguamiento y pacificación. Se engaña al país con estos términos. Es una ley de odio contra la Iglesia católica. Viviani ha desenmascarado el fondo del proyecto cuando ha declarado a la tribuna la guerra a LA FE CATÓLICA. Viviani sube a la tribuna para confirmar la amenaza de Trouillot, que por otra parte no ha hecho más que repetir lo que numerosos ministros habían dicho antes que él: «En el curso de las sesiones durante las cuales el partido republicano ha hecho nacer el actual proyecto, aun cuando la forma legal sea incompleta e imperfecta, hemos adherido plenamente con el designio bien firme de fortificarlo en el porvenir con nuevas medidas» (¡Muy bien! ¡Muy bien! en la extrema-izquierda).

¿Cuáles han de ser estas medidas? ¿A qué deben tender? Viviani lo ha dicho: «Sustituir la religión católica por la religión de la humanidad» o, según la fórmula de Bourgeois «obtener para el espíritu de la Revolución, de la Filosofía y de la Reforma, la victoria sobre la afirmación católica»: afirmación católica que muestra el fin del hombre más allá de este mundo y de la vida presente y el espíritu de la Filosofía y de la Revolución es el reducir el horizonte de la humanidad a la vida animal y terrestre.

Si las palabras que acabamos de referir hubieran sido pronunciadas en un club o en una logia, merecerían consideración en razón de su gravedad. Pero el que hayan sido dichas en la tribuna y repetidas allí mismo, después de seis meses de intervalo, aplaudidas por la gran mayoría de los representantes del pueblo, y en fin, sancionadas por una ley elaborada en el mismo espíritu que las ha dictado, representa seguramente un serio asunto de meditación.

Viviani ha dicho: «No estamos sólo ante la presencia de las Congregaciones, estamos frente a frente con la Iglesia católica».

¿Y por qué? Para combatirla. ¿Con qué clase de guerra? Con una guerra de exterminio. ¿Y por qué exterminarla? A fin de poder sustituir la religión de Cristo por la religión de la humanidad. Constituir una nueva religión, la «religión de la humanidad», es como veremos, el término hacia el cual la francmasonería quiere ver culminar el movimiento comenzado en el Renacimiento”…

…En una obra editada en Friburgo, bajo el título: La edificación de la humanidad, o el lado positivo de la francmasonería, el P. Patchtler ha demostrado el significado que da la masonería a la palabra «humanidad» y el uso que de ella hace. «Esta palabra, dice, es empleada por miles de hombres (iniciados o repetidores inconscientes de los iniciados) en un sentido confuso sin duda, pero sin embargo siempre como el grito de guerra de un cierto partido para un cierto fin, que es la oposición al cristianismo positivo. Esta palabra en su boca, no significa sólo el ser humano por oposición al ser bestial,…establece, como tesis, la independencia absoluta del hombre en el dominio intelectual, religioso y político; le niega todo fin sobrenatural, y pide que la perfección  puramente natural de la raza humana se encamine por las vía del progreso».

Cuando la secta habla de la religión del futuro, de la religión de la humanidad es esto (que hemos dicho) lo que se entiende.

“Ahora bien: el objeto de la religión es la reverencia al Dios único por una sola razón, a saber: la de ser primer principio de la creación y gobierno de las cosas. De ahí lo que Él mismo nos dice: “Si yo soy vuestro Padre, ¿dónde está el honor que me rendís?” (Mal. 1, 6) Pues, de hecho, lo propio del padre es engendrar y gobernar. Cosa manifiesta es que la religión es una sola virtud.

– “Las tres divinas Personas son un solo principio de la creación y gobierno de las cosas; y por eso se las sirve con una sola religión. Por otra parte, las diversas razones de los atributos se unifican en la razón de primer principio; porque Dios produce y gobierna todas las cosas con la sabiduría, voluntad y poder de su bondad. Y por consiguiente la religión es una sola virtud.”

¿Por qué no se quiere llegar a profundizar que el Concilio ha procurado la «promoción del hombre de iniquidad» -como reconoció Pablo VI esotéricamente en su discurso de clausura?

El título propio del librito dice el Padre Calderón es «La religión del hombre». Lo de «Prometeo» fue por no dejarlo tan seco. A los humanistas del Renacimiento les gustaba resucitar los mitos griegos, y la figura de Prometeo encarna de manera interesante el espíritu del humanismo.

Varios autores han denominado a la revolución francesa: “el nuevo renacimiento”, o sea el nuevo humanismo ANTICRÍSTICO, del que se habló específicamente en Gaudium et Spes, un nuevo humanismo presidido por el hombre de pecado: el ANTICRISTO.

En un escrito atribuido a San Alberto Magno (Opera, París, Vives, MDCCXC) dice en referencia a las siete edades de la Iglesia del Apocalipsis lo que coincidentemente decía también el Padre Castellani, y que hoy se cumple al pie de la letra, por ejemplo, el Padre Castellani en varias ocasiones dice: la Iglesia de Sardes (quinta edad de la Iglesia) se terminó con el inicio de la revolución francesa y describe de esta manera a la Iglesia de Sardes: “La edad llamada del Renacimiento, desde Carlos V hasta la Revolución Francesa; o bien hasta nuestros días”.

Para San Alberto Magno, SARDES: período de los santos sencillos, durante el cual se introducen las riquezas y el escándalo de los malos cristianos que aparentan piedad: “Per Sardim, signatur status Ecclesiæ in tempore sanctorum simplicium… quando temporales divitiæ Ecclesiæ datæ sunt”.

FILADELFIA: (sexta edad de la Iglesia) abierta maldad de los cristianos: “Per Philadelphiam… dicit Glossa quod signatur tempore Antichristi aliqui de Judæis deceptis prius… postea convertentur ad fidem”.

Para el Padre Castellani: La Iglesia de la Parusía; quizá esta misma época de la “era atómica”.

San Alberto Magno especifica…Dice la glosa que está significado el tiempo del Anticristo, al cual muchos judíos engañados por él lo seguirán pero después se convertirán a la fe. San Alberto magno duda en cual Iglesia es el tiempo del Anticristo si Filadelfia o Laodicea, pero no tiene duda para Sardes, hay que resaltar que, San Alberto magno remarca: dice la glosa, o sea, la explicación y aunque no son palabras del Santo, si lo hubiese tenido por falso no lo hubiese puesto.

 

¿Quién es el verdadero padre de la Revolución, y cuándo nació ésta?

Hay en la revolución un misterio; un misterio de iniquidad que los mismos revolucionarios no pueden comprender, porque solo la fe puede explicarlo, y a ellos les falta la fe.

Para comprender la Revolución es preciso remontarse hasta el padre de toda rebeldía; hasta aquel que el primero se atrevió a decir y tiene la osadía de repetir hasta la consumación de los siglos a su Dios y Señor: Non serviam: Yo no obedeceré.

Sí; Satanás es el padre de la Revolución. Esta es obra suya, comenzada en el cielo, y que viene perpetuándose entre los hombres de edad en edad. El pecado original, por el cual nuestro padre Adán se rebeló contra Dios, introdujo en el mundo, no diré absolutamente la Revolución, pero sí el espíritu de orgullo y de rebeldía, que son su principio: desde entonces el mal fue aumentando cada día hasta la aparición del cristianismo, que lo combatió y obligó a retroceder.

El renacimiento pagano, más tarde Lutero y Calvino, y en fin, Voltaire y Rousseau, han vuelto a enaltecer el poder maldito de Satanás, su padre, y este poder, favorecido por los excesos del cesarismo, este poder recibió en los principios de la Revolución francesa una especie de consagración. Una constitución que no había tenido hasta entonces, y que hace decir con justicia que la Revolución nació en Francia en 1789.

En 1793 decía el feroz Baboeuf: «La revolución de Francia no es más que la precursora de otra revolución mucho más grande, mucho más solemne, y que será la última

Esta revolución suprema y universal es la REVOLUCIÓN.

Por primera vez después de seis mil años ha tenido la osadía de tomar a la faz del cielo y de la tierra su verdadero y satánico nombre: La Revolución; que es como decir rebeldía completa y perpetua.

Ella tiene por lema, como el demonio, la famosa palabra Non serviam. Es satánica en su esencia, y aspirando a derribar todas las autoridades, tiene por fin postrero la destrucción total del reino de Jesucristo en la tierra. La Revolución, no hay que olvidarlo, la Revolución es ante todo un misterio de orden religioso, es el ANTICRISTIANISMO.

Así lo hace constar en su Encíclica de 8 de Diciembre de 1849 el Soberano Pontífice Pío IX: «La Revolución, dice, es inspirada por el mismo Satanás. Su objeto es destruir completamente el cristianismo, y reconstruir, sobre sus ruinas, el orden social del paganismo.» Amonestación solemne, confirmada al pie de la letra por la Revolución misma. «Nuestro objeto final, dice la Instrucción secreta de la Venta Suprema, nuestro objeto final es el mismo de Voltaire y de la Revolución francesa: Aniquilamiento y destrucción completa del catolicismo, y hasta de la Idea cristiana (Monseñor de Ségur, “La Revolución”, 1861. Pág. 15-16).

Podemos ver como hay una concordancia entre lo enseñado por San Alberto Magno, Pío IX, Monseñor de Ségur y Monseñor Delassus, que la Revolución es satánicamente ANTICRISTÍCA, y ponen como referencia primera la revolución francesa como inicio de ésta.

Ahora bien, la Iglesia no quedó a salvo del embate del demonio y la REVOLUCIÓN pues bastaron menos de doscientos años para que entrara a la Iglesia, preparada por una “jerarquía” y un clero cada vez más determinados a proseguir con la puesta al día con los principios revolucionarios masónicos de la revolución francesa, abiertos a todas las corrientes de pensamiento y prestos, por ello, incluso a trocar la verdad revelada por el espejismo de un falso ecumenismo y de una falsa paz mundial ofrecida por la judería por medio de su principal tentáculo: la ONU para establecer el reinado del Anticristo.

No exageramos hablando así. La Revolución, mirada no por su parte accidental, sino por aquello que constituye su esencia, es una cosa con la que nada puede compararse, en la serie larga de las revoluciones por las cuales ha pasado la humanidad desde el origen de los tiempos, y que vemos desarrollarse en la historia del mundo.

La Revolución es la insurrección más sacrílega que ha armado la tierra contra el cielo; es el esfuerzo más grande que haya intentado el hombre, no solo para separarse de Dios, sino para ponerse en lugar de Dios. (El hombre que se pondrá en el lugar de Dios para pretender ser adorado como si fuera dios es el Anticristo nos dice San Pablo).

La Revolución no ataca al Papa-Rey sino para acabar más seguramente con el Papa-Pontífice. Comprende, como nosotros, que el Papa-Rey es el Papa independiente en lo material; es el Papa libre para decir toda la verdad, y para fulminar su anatema contra los despojadores y los déspotas, sea cual fuere su potestad y rango. La Revolución, que bajo la máscara de libertad e igualdad no es otra cosa sino el despojo y el despotismo, no puede tolerar la soberanía pontifical, cuya existencia es para ella cuestión de vida o muerte.

El Papa, Vicario de Jesucristo, es el enemigo nato de la Revolución. Los Obispos fieles y los sacerdotes formados según el corazón de Dios, participan con Él de esta gloria y de este peligro, ellos viven en medio de los hombres como personificación de la Iglesia y de la ley de Dios; y por eso mismo son el blanco del odio revolucionario. El despojo del dominio temporal seria el golpe postrero dado a la última raíz, que, por la propiedad, liga la Iglesia al suelo de Europa. (Monseñor de Ségur “La Revolución”. Pag. 18-19).

Me detengo haciendo un pequeño paréntesis: pienso que podríamos considerar seriamente la hipótesis de que el obstáculo (katéjon de San Pablo) sea el papado romano, lo deduzco por los mismos documentos masónicos, por ejemplo las instrucciones de la “Alta Venta” lo dicho por ex católicos, apóstatas y luciferinos, por ejemplo el canónigo Roca y otros. Y también por la Sagrada Escritura, cuando habla de Dios y de Cristo como una ROCA tanto en el antiguo testamento como en el nuevo, en el pasaje del evangelio después de haber sepultado a Jesús, las santas mujeres van al sepulcro pero se preguntan quién les removerá la PIEDRA (EL OBSTÁCULO) ES CLARO QUE PARA MOVER ESA PIEDRA SE NECESITABA DE UNA FUERZA MAYOR O MÁS GRANDE QUE LA FUERZA DE LAS MUJERES, hoy también podemos ver que la REVOLUCIÓN tiene la fuerza suficiente para remover la PIEDRA DEL PAPADO, otro ejemplo es la resurrección de Lázaro, para poder resucitar a Lázaro nuestro Señor manda quitar la PIEDRA (PAPADO) para que Lázaro pueda salir. Así también el demonio trabajó durante siglos para poder remover la PIEDRA (obstáculo) QUE ES PEDRO, PARA QUE PUEDA APARECER EL ANTICRISTO, y no necesariamente debería aparecer el anticristo después de la muerte de Pío XII, porque puede resumirse en un solo pseudopontificado el paso de seis (o más) pseudoprofetas. Quitado el obstáculo lo único que hay que esperar es que el terreno esté preparado para poder colocar la semilla (el Anticristo).

GAUDIUM ET SPES

Gaudium et spes es el título de la única constitución pastoral del Concilio Vaticano II. Trata EXOTÉRICAMENTE sobre «la Iglesia en el mundo contemporáneo» y ESOTÉRICAMENTE sobre «LA IGLESIA (iglesia del anticristo falso culto y falsa moral) Y EL REINO TEMPORAL DEL ANTICRISTO». Tras varios años de trabajos, fue aprobada por los padres conciliares el 7 de diciembre de 1965 y solemnemente promulgada por Pablo VI ese mismo día.

Así, el 5 de julio de 1963, el Cardenal Suenens anuncia que la tarea de corregir el texto será confiada a personas de confianza. Este texto fue discutido el 17 de septiembre siguiente y corregido por el grupo de expertos. Se llamaba: “De activa praesentia Ecclesiae in mundo aedificando”.

La siguiente sesión conciliar comenzaba el 29 de septiembre. El Papa Pablo VI en su discurso inaugural aunque no mencionó el hecho de que se debía discutir tal esquema, sí indicó que se trataría esa temática: ¡El concilio buscará lanzar un puente hacia el mundo contemporáneo! … De esa manera inmediatamente habéis querido tratar no de vuestras cosas, sino de las del mundo; no abrir el diálogo entre vosotros mismos, sino abrirlo con el mundo.

Del 31 de enero al 6 de febrero de 1964 se reunió la subcomisión alargada presidida por el cardenal Fernando Cento y llevó a cabo importantes cambios en el texto aprobado. Desde el 8 hasta el 13 de febrero la subcomisión revisó el trabajo realizado y se encargó al padre Pierre Haubtmann la redacción final que unificara el estilo, ya que las diversas partes provenían de distintos documentos, esquemas o anexos.

Antes de clausurar el concilio y presentar la Gaudium et spes Paulo VI visita la sede de las naciones unidas en New York el 4 de octubre de 1965, en su discurso a los mandatarios de los estados de la mayor parte del mundo ya deja ver lo que quedaría plasmado en la constitución Gaudium et Spes: EL GOBIERNO MUNDIAL QUE DIRIGIRÁ EL ANTICRISTO LLEGADO SU DEBIDO TIEMPO.

“Esta reunión, como bien comprendéis todos, reviste doble carácter: está investida a la vez de sencillez y de grandeza. De sencillez, pues quien os habla es un hombre como vosotros; es vuestro hermano (masón), y hasta uno de los más pequeños de entre vosotros, que representáis Estados soberanos, puesto que sólo está investido —si os place, consideradnos desde ese punto de vista— de una soberanía temporal minúscula y casi simbólica el mínimo necesario para estar en libertad de ejercer su misión espiritual y asegurar a quienes tratan con él, que es independiente de toda soberanía de este mundo. No tiene ningún poder temporal, ninguna ambición de entrar en competencia con vosotros. De hecho, no tenemos nada que pedir, ninguna cuestión que plantear; a lo sumo, un deseo que formular, un permiso que solicitar: el de poder serviros en lo que esté a nuestro alcance, con desinterés, humildad y amor”. (Discurso de Paulo VI en la ONU).

 

Paulo VI se declara en la ONU no solamente hermano masón de todos los gobernantes y de los que manejan a los gobernantes; no por nada llevó en esa visita a Estados Unidos públicamente el Efod, ¡públicamente!, como Sumo sacerdote judío, y expresó ABIERTAMENTE pero, a la vez, OCULTAMENTE más adelante en su discurso: “Para nosotros ante todo, ¡oh! sabéis bien quién somos (¿POR QUÉ HABLA EN PLURAL, SE REFIERE A JUAN XXIII, A ÉL Y A LOS QUE VENGAN?). Y cualquiera que sea vuestra opinión sobre el Pontífice de Roma, conocéis nuestra misión: traemos un mensaje para toda la humanidad. Y lo hacemos no sólo en nuestro nombre personal y en nombre de la gran familia católica, sino también en nombre de los hermanos cristianos que comparten los sentimientos que nosotros expresamos aquí, y especialmente en nombre de quienes han tenido a bien encargarnos explícitamente de representarlos” (Judíos)… Y así como el mensajero que al término de un largo viaje entrega la carta que le ha sido confiada así tenemos nosotros conciencia de vivir el instante privilegiado —por breve que sea (papado)— en que se cumple un anhelo que nosotros llevamos en el corazón desde hace veinte siglos… (Paulo VI aquí está diciendo que recibió y entregará la estafeta del pseudopontificado, y además se declara abiertamente judío, porque, ¿quiénes llevan ese anhelo de preparar el terreno a su mesías desde hace veinte siglos?, LA SINAGOGA).

“…Sí, os acordáis. Hace mucho tiempo que llevamos con nosotros una larga historia; celebramos aquí el epílogo de un laborioso peregrinaje en busca de un coloquio con el mundo entero, desde el día en que nos fue encomendado: «Id, propagad la buena Nueva a todas las naciones! (Mt 28, 19)) . Ahora bien, vosotros representáis a todas las naciones.” (Discurso de Paulo VI en la ONU)

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Una mirada muy especial se dirige al pueblo judío, cuya Alianza con Dios jamás ha sido revocada, porque ‘los dones y el llamado de Dios son irrevocables’ (Rm 11, 29). La Iglesia, que comparte con el Judaísmo una parte importante de las Sagradas Escrituras, considera al pueblo de la Alianza y su fe como una raíz sagrada de la propia identidad cristiana (cf. Rm 11,16-18). Los cristianos no podemos considerar al Judaísmo como una religión ajena, ni incluimos a los judíos entre aquellos llamados a dejar los ídolos para convertirse al verdadero Dios (cf. I Ts 1, 9). Creemos junto con ellos en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos la común Palabra revelada. (Evangelii Gaudium, 247)

“Este mensaje nace de nuestra experiencia histórica. Es como “experto en humanidad” que aportamos a esta Organización el sufragio de nuestros últimos predecesores el de todo el episcopado católico y el nuestro, convencidos como estamos, de que esta Organización representa el camino obligado de la civilización moderna y de la paz mundial… (Discurso de Paulo VI en la ONU).

“De aquí las instantes reivindicaciones económicas de muchísimos, que tienen viva conciencia de que la carencia de bienes que sufren se debe a la injusticia o a una no equitativa distribución. (La distribución equitativa de la tierra y de sus bienes, principio de la carta de la tierra) Las naciones en vía de desarrollo, como son las independizadas recientemente, desean participar en los bienes de la civilización moderna (ese comprar y vender), no sólo en el plano político, sino también en el orden económico, y desempeñar libremente su función en el mundo.” (Gaudium et Spes n°9).

…Así tiene que ser: Este es nuestro elogio y nuestro voto que, como veis, no los formulamos desde afuera, sino que los sacamos de adentro, fundándolos en vuestra Organización: Trabajar por la fraternidad los unos con los otros… Vuestros estatutos van más lejos aún, con ellos avanza nuestro mensaje. Vosotros existís y trabajáis para unir a las naciones, para asociar a los Estados. Adoptemos la fórmula: para reunir los unos con los otros. Vosotros sois una asociación…

Constituís un puente entre pueblos, sois una red de relaciones entre los Estados. Estaríamos tentados de decir que vuestra característica refleja en cierta medida en el orden temporal lo que nuestra Iglesia Católica quiere ser en el orden espiritual (la bestia del mar y la bestia de la tierra): única y universal. No se puede concebir nada más elevado, en el plano natural, para la construcción ideológica de la humanidad…Vuestra vocación es hacer fraternizar, no a algunos pueblos sino a todos los pueblos. ¿Difícil empresa? Sin duda alguna. Pero ésa es la empresa, tal es vuestra muy noble empresa. ¿Quién no ve la necesidad de llegar así, progresivamente, a establecer una autoridad mundial que esté en condición de actuar eficazmente en el plano jurídico y político? (Discurso de Paulo VI en la ONU).

¿No es esto acaso lo que dos meses después quedará asentado en la Gaudium et Spes?

  Es la persona del hombre la que hay que salvar. Es la sociedad humana la que hay que renovar… Al proclamar el Concilio la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se oculta, ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación. No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar. (Gaudium et Spes n°3)

Para entender estas frases hay que ser inteligentes y aceptar que el lenguaje del concilio es a propósito confuso, en doble sentido masónico y esotérico, hay que tener un gran espíritu de fe y de honestidad intelectual para aceptar que el que realmente dirigió al concilio fue la ALTA MASONERÍA y , para saber qué significa para el concilio las palabras iglesia, dios, cristo, reino, padre, hay que saber que tienen en el corazón los enemigos, así, por ejemplo, decía el apóstata canónigo Roca “mi cristo no es aquél del Vaticano”, así la falsa iglesia del concilio continúa bajo la guía del espíritu del demonio la obra que van a parodiar, la de la verdadera obra de Cristo, que será entregar el reino al Padre como dice San Pablo a los Corintios: …“después el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre” I Cor, 15,24.

Entonces: No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: ENTREGAR EL REINO al demonio por medio de un falso cristo.

…Pero bajo todas estas reivindicaciones se oculta una aspiración más profunda y más universal: las personas y los grupos sociales están sedientos de una vida plena y de una vida libre, digna del hombre, poniendo a su servicio las inmensas posibilidades que les ofrece el mundo actual. Las naciones, por otra parte, se esfuerzan cada vez más por formar una comunidad universal. (Gaudium et Spes n°9)

…Así, pues, a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal. No son cosas inútiles. (Gaudium et Spes n°38)

No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra (sustentabilidad), donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo (NOM). Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: “reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz”. El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección. (Gaudium et Spes n°39)

Aquí podemos preguntarnos, ¿de qué reino está hablando el concilio al decir: El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra? ¿Misteriosamente? Si Cristo dijo Yo no hice cosa alguna oculta entre vosotros, ¿quién es ese señor?, ¿de qué  reino está hablando?

…Son muchísimos (tarados, imbéciles) los que, en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro reino del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos (Gaudium et Spes n°9)

Nada más descarado y sínico es esto que presenta la Gaudium et spes, el futuro REINO DEL ANTICRISTO, porque sabemos que el Reino de Cristo no es de este mundo, ni es de comida ni bebida, pero, cuando venga por segunda vez reinará por mil años en la tierra para luego entregar su Reino a Dios Padre, pero no saciara a los hombres en todos sus deseos.

Formulada por vez primera por J. J. Rousseau, y luego en 89 y 93 por la Revolución francesa, la Revolución se mostró, ya en su origen, como la enemiga implacable del cristianismo. Sus furiosas persecuciones contra la Iglesia recuerdan las del paganismo. Ella sacrificó Obispos, asesinó sacerdotes y toda clase de católicos; cerró o destruyó templos; dispersó las órdenes religiosas, y arrastró por el fango las cruces y reliquias de los Santos. Su rabia se extendió por toda Europa; rompió todas las tradiciones, y hasta llegó a creer un momento haber destruido el catolicismo, al cual llamaba con desprecio una superstición antigua y fanática. Sobre este montón de ruinas ha levantado un nuevo régimen de leyes ateas; de sociedades sin religión; de pueblos y “reyes” (los BRICS, hasta que llegue su rey QUE REGIRÁ TRE AÑOS Y MEDIO)   absolutamente independientes. Desde hace sesenta años va dilatándose más y más; crece y se extiende en el mundo entero, destruyendo por do quiera la influencia social de la Iglesia, pervirtiendo las inteligencias, calumniando al clero, y minando por sus cimientos el gran edificio de la fe. Bajo el punto de vista religioso, la Revolución puede definirse del modo siguiente: La negación legal del reino de Jesucristo en la tierra; la destrucción social de la Iglesia.” (Monseñor de Ségur “La Revolución”. Pag. 12-13)

SATANÁS, EL SER SUPREMO TRASCENDENTE

En la masonería “pública”, el ser supremo trascendente es el gran arquitecto del universo representado por el ojo que todo lo ve; en la masonería luciferina, el ser supremo trascendente es lucifer representado por el nombre de dios en hebreo.

En ese mismo año, a fin de julio y comienzos de agosto, se celebró en Metz, un congreso en el que tomaron parte las logias de Estrasburgo, Nancy, Vesoul, Metz, Châlons-sur-Marne, Reims, Mulhouse, Sarreguemines, en una palabra todo el Este. La cuestión del «Ser Supremo» fue planteada y las discusiones que se siguieron, se propagaron de logia en logia. (Monseñor Delassus “El Problema de la hora presente”. Pag. 17)

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Mandil masónico luciferino                  Imagen del misal de la neo fraternidad

El humanismo laico y profano ha aparecido, finalmente, en toda su terrible estatura y, en un cierto sentido, ha desafiado al Concilio. La religión del Dios que se ha hecho Hombre, se ha encontrado con la religión -porque tal es- del hombre que se hace Dios ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo. La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio. Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo. El descubrimiento de las necesidades humana -y son tanto mayores, cuanto más grande se hace el hijo de la tierra– ha absorbido la atención de nuestro sínodo. Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferirle siquiera este mérito y reconocer nuestro nuevo humanismo: también nosotros -y más que nadie- somos promotores del hombre. (DISCURSO DE CLAUSURA DEL CONCILIO 7 DICIEMBRE 1965)

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 La Bestia de la tierra: Constructor de la nueva humanidad Anticrística

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Somos promotores del hombre… de iniquidad

Y si recordamos, venerables hermanos e hijos todos aquí presentes, cómo en el rostro de cada hombre, especialmente sí se ha hecho transparente por sus lágrimas y por sus dolores, podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo (cf. Mt. 25, 40), el Hijo del Hombre, y si en el rostro de Cristo podemos y debemos, además, reconocer el rostro del Padre celestial: “Quien me ve a mí -dijo Jesús- ve también al Padre” (Jn.14, 9)…

…, nuestro humanismo se hace cristianismo, nuestro cristianismo se hace teocéntrico; tanto que podemos afirmar también: para conocer a Dios es necesario conocer al hombre. (DISCURSO DE CLAUSURA DEL CONCILIO 7 DICIEMBRE 1965).

Tal vez se me tachará de loco, pero aquí Paulo VI está invirtiendo diabólicamente los papeles como hacen los luciferinos, adjudicando esotéricamente sus palabras al ANTICRISTO Y A SATANÁS,… “Y si recordamos, venerables hermanos e hijos todos aquí presentes, cómo en el rostro de cada hombre, especialmente sí se ha hecho transparente por sus lágrimas y por sus dolores, podemos y debemos reconocer el rostro del Anticristo”… el Hijo del Hombre, y si en el rostro del Anticristo podemos y debemos, además, reconocer el rostro del Padre celestial, Satanás.

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Mueble masónico, exhibido en el museo de la Gran Logia de New York

Albert Pike era un genio del mal. Él tenía muchos talentos, que él utilizó solamente en lo destructivo. Extraordinario, talentoso, él habló dieciséis idiomas antiguos,  profesó abiertamente venerar a Satanás, practicó arte negro y todas las formas de brujería, él también hace esta inversión: “siguiendo debemos decir a las masas: hacemos venerar un dios, pero ese Dios que adorarán es nuestro dios no el Dios de la superstición, a ustedes, los grandes generales, instructores soberanos, decimos, que ustedes deben repetir a los hermanos de los 32, 31 y trigésimo grados: El masón debe velar para que la religión se deba preservar por todos nosotros, que se han iniciado en el grado más alto, en la pureza de la doctrina de Lucifer.

Si Lucifer no fuera dios, entonces Adonai y sus sacerdotes no lo difamarían. Después Adonai (el Dios de los cristianos), que actos prueban su crueldad, astucia, su odio a la gente, su barbaridad y su denegación de la ciencia, no es Dios. El sí, Lucifer es dios; desafortunadamente Adonai es también Dios. Porque según la ley eterna, no hay luz sin la cortina de las tinieblas, belleza  sin la fealdad, El absoluto puede existir solamente en la forma de dos divinitas (buena y mala dualismo): la oscuridad se sirve de la luz como la estatua se sirve del pedestal”.  En la doctrina satánica según lo enseñado en la Biblia es herejía. La religión filosófica verdadera y pura es la fe en Lucifer, que está en pie igual con Adonai. Pero Lucifer es el dios de la luz la cuál es buena, él lucha para la humanidad contra Adonai, el dios de cuál es oscuro y de cuál es malo.”  “La Femme et l’enfant dans la Francia Maconniere” – la mujer y el niño en la universal francmasonería, por A. C. de la Rive; así como en ‘Theocrasy oculto de Lady Queensborough).

 …, nuestro humanismo se hace anticristianismo, nuestro anticristianismo se hace teocéntrico; tanto que podemos afirmar también: para conocer a Satanás es necesario conocer al Anticristo…

“La bestia que vi era semejante a una pantera; sus patas eran como de oso, y su boca como boca de león; y el dragón le pasó su poder y su trono y una gran autoridad…y adoraron al dragón porque él había dado la autoridad a la bestia…” Apoc. C.XIII

“…que no se llame nunca inútil una religión como la católica, la cual, en su forma más consciente y más eficaz, como es la conciliar, se declara toda en favor y en servicio del hombre. La religión católica y la vida humana reafirman así su alianza, su convergencia en una sola humana realidad: la religión católica es para la humanidad, en cierto sentido, ella es la vida de la humanidad. Es la vida, por la interpretación, finalmente exacta y sublime, que nuestra religión da del hombre (¿No es el hombre él solo, misterio para sí mismo?), y la da precisamente en virtud de su ciencia de Dios para conocer al hombre, al hombre verdadero, al hombre integral, es necesario conocer a Dios”

O sea que por medio del Anticristo se llegará no solamente a conocer a Satanás sino a adorarlo.

“Este es el gran misterio del hombre que la Revelación cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta obscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: ¡Abba Padre!” (Gaudium et Spes n°22)

“Y (yo vi) una de sus cabezas como si se le hubiese dado muerte; más fue sanada (resucitada) de su golpe mortal, y maravillóse toda la tierra, (y se fue) en pos de la bestia… Y vi otra bestia que subía de (bajo) de la tierra. Tenía dos cuernos como un cordero, pero hablaba como un dragón. Y la autoridad de la primera bestia la  ejercía toda en presencia de ella. E hizo que la tierra y sus moradores adorasen a la bestia primera, que había sido sanada de su golpe mortal…y embaucó a los habitantes de la tierra, con los prodigios que le fue dado hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra, que debían erigir una estatua a la bestia que recibió el golpe de espada y revivió…” (Apoc. XIII)

…para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: ¡Abba Padre!” (Gaudium et Spes n°22)

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Hace unos meses habíamos desarrollado un estudio de la película de Disney “zootopia” en una clara alusión al capítulo 13 del apocalipsis.

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¿Estaría destinado entonces este Concilio, que ha dedicado al hombre principalmente su estudiosa atención a proponer de nuevo al mundo moderno la escala de las liberadoras y consoladoras ascensiones? ¿No sería, en definitiva, un simple, nuevo y solemne enseñar a amar al hombre para amar a Dios? Amar al hombre -decimos-, no como instrumento, sino como primer término hacia el supremo término trascendente, principio y razón de todo amor, y entonces este Concilio entero se reduce a su definitivo significado religioso, no siendo otra cosa que una potente y amistosa invitación a la humanidad de hoy a encontrar de nuevo por la vía del amor fraterno, a amar aquel Dios “de quien alejarse es caer, a quien dirigirse es levantarse, en quien permanecer es estar firme, a quien volver es renacer, en quien habitar es vivir”

“La idolatría es una falsa religión, es una religiosidad equivocada. Yo la llamo “una trascendencia inmanente”, es decir, una contradicción. Sin embargo, las religiones verdaderas son el desarrollo de la capacidad que tiene el hombre de trascenderse hacia lo absoluto.” (Decimejorge a los jesuitas suecos)

TRINOMIO MASÓNICO 11-22-33

Estos tres parágrafos de la constitución Gaudium et Spes hacen un resumen de todo el programa masónico del concilio para la nueva humanidad.

“El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios”

(“A lo largo del camino que estamos trazando para los nuestros será necesario superar numerosos obstáculos y dificultades, pero triunfaremos gracias a la experiencia y la perspicacia. Mas el destino es tan espléndido que se hace necesario desplegar todas las velas para llegar. Si queréis revolucionar Italia, observad atentamente al Papa que acabamos de describir. Si queréis fundar el reino de los elegidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia, hacedlo de modo que el clero marche tras vuestra bandera creyendo que marchan bajo la bandera de las llaves apostólicas”. Instrucciones de la Alta Venta).

“La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la menta hacia soluciones plenamente humanas. El Concilio se propone, ante todo, juzgar bajo esta luz los valores que hoy disfrutan la máxima consideración y enlazarlos de nuevo con su fuente divina. Estos valores, por proceder de la inteligencia que Dios ha dado al hombre, poseen una bondad extraordinaria; pero, a causa de la corrupción del corazón humano, sufren con frecuencia desviaciones contrarias a su debida ordenación. Por ello necesitan purificación.

¿Qué piensa del hombre la Iglesia? ¿Qué criterios fundamentales deben recomendarse para levantar el edificio de la sociedad actual? ¿Qué sentido último tiene la acción humana en el universo? He aquí las preguntas que aguardan respuesta. Esta hará ver con claridad que el Pueblo de Dios y la humanidad, de la que aquél forma parte, se prestan mutuo servicio, lo cual demuestra que la misión de la Iglesia es religiosa y, por lo mismo, plenamente humana.

En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor, Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación. Nada extraño, pues, que todas las verdades hasta aquí expuestas encuentren en Cristo su fuente y su corona.

El que es imagen de Dios invisible es también el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado. En él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado.

Cordero inocente, con la entrega libérrima de su sangre nos mereció la vida. En El Dios nos reconcilió consigo y con nosotros y nos liberó de la esclavitud del diablo y del pecado, por lo que cualquiera de nosotros puede decir con el Apóstol: El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal 2,20). Padeciendo por nosotros, nos dio ejemplo para seguir sus pasos y, además abrió el camino, con cuyo seguimiento la vida y la muerte se santifican y adquieren nuevo sentido.

El hombre cristiano, conformado con la imagen del Hijo, que es el Primogénito entre muchos hermanos, recibe las primicias del Espíritu, las cuales le capacitan para cumplir la ley nueva del amor. Por medio de este Espíritu, que es prenda de la herencia, se restaura internamente todo el hombre hasta que llegue la redención del cuerpo. Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos dará también vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Espíritu que habita en vosotros. Urgen al cristiano la necesidad y el deber de luchar, con muchas tribulaciones, contra el demonio, e incluso de padecer la muerte. Pero, asociado al misterio pascual, configurado con la muerte de Cristo, llegará, corroborado por la esperanza, a la resurrección.

Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual.

Este es el gran misterio del hombre que la Revelación cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta obscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: ¡Abba Padre!

Siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida; pero en nuestros días, gracias a la ciencia y la técnica, ha logrado dilatar y sigue dilatando el campo de su dominio sobre casi toda la naturaleza, y, con ayuda sobre todo el aumento experimentado por los diversos medios de intercambio entre las naciones, la familia humana se va sintiendo y haciendo una única comunidad en el mundo. De lo que resulta que gran número de bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los obtiene por sí mismo.

Ante este gigantesco esfuerzo que afecta ya a todo el género humano, surgen entre los hombres muchas preguntas. ¿Qué sentido y valor tiene esa actividad? ¿Cuál es el uso que hay que hacer de todas estas cosas? ¿A qué fin deben tender los esfuerzos de individuos y colectividades? La Iglesia, custodio del depósito de la palabra de Dios, del que manan los principios en el orden religioso y moral, sin que siempre tenga a mano respuesta adecuada a cada cuestión, desea unir la luz de la Revelación al saber humano para iluminar el camino recientemente emprendido por la humanidad. (Gaudium et Spes 11-22-33)

Concluimos que hoy no solamente se viven tiempos apocalípticos, porque en todo el transcurso de la historia se ha ido “desdoblando” por así decirlo el apocalipsis, lo que sí estamos viviendo en nuestros días es un tiempo ANTICRÍSTICO, de ahí que Cristo NO REINA HOY POR HOY EN LOS CORAZONES NI EN LAS NACIONES, SINO QUE REINA EL ESPÍRITU DEL ANTICRISTO, YA QUE NI EN LOS MISMOS TRADICIONALISTAS REINA ÍNTEGRAMENTE CRISTO, PORQUE VIVIMOS Y DESARROLLAMOS NUESTRAS ACTIVIDADES EN UN MUNDO ANTICRISTIANO, Y COMO DICE EL EVANGELIO “EL ESPÍRITU ESTÁ PRONTO, PERO, LA CARNE ES FLACA”, ASÍ, LE PRENDEMOS UNA VELA A DIOS E IMPLÍCITAMENTE (a veces) UNA AL DIABLO, EN ESTOS TÉRMINOS NUNCA TENDREMOS UNA RESTAURACIÓN, NI DE LA IGLESIA, NI DE LA SOCIEDAD.

Terminamos con unas breves palabras de Monseñor de Ségur: “El mejor medio y más seguro para preservar a todo hombre de bien de tan funesto contagio, es el de hacerle conocer lo que es la francmasonería; y este es el motivo que me ha movido a ofrecer el presente escrito a los Sacerdotes y a los buenos católicos, cuyo ardiente anhelo es la santa causa de la Iglesia, y la conservación de la fe. ¡Ojalá pueda serles de alguna utilidad para salvar del fuego algunas de tantas mariposas que revolotean en torno de la llama, porque ignoran que abrasa todo cuanto toca!”

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