JORGE DORÉ- POESÍA

LETANÍA

489

De tantos defectos, de tantos pecados,
de pasos tardíos y brazos cruzados,
líbrame, Señor.

De aquellas miserias que aún me atrevo a amar,
de los escalones que acepté bajar,
líbrame, Señor.

Del deslumbramiento y del espejismo,
de la cercanía del súbito abismo,
líbrame, Señor.

Del punto y aparte que aparta al hermano,
del corazón frío, de la fría mano,
líbrame, Señor.

De vastos espacios que he dejado abiertos
para que los llenen de muerte los muertos,
líbrame, Señor.

De las tentaciones detrás del cristal,
de las decisiones que se toman mal,
líbrame, Señor.

De pálidas luces, mezquinos reflejos
y sombras indignas sobre mis espejos,
líbrame, Señor.

Del bien que pospongo, del bien que diluyo,
de aquel que no quiere que yo sea Tuyo,
líbrame, Señor.

De los calendarios de lodo y de cal
y la inútil siembra sobre el pedregal,
líbrame, Señor.

Del canto del gallo, la sal desabrida,
la higuera sin frutos y toda caída,
líbrame, Señor.

De la mala sangre que duerme en las venas,
de manos vacías y de manos llenas.
líbrame, Señor.

De lo innecesario, de lo prescindible
del altivo barro que se cree irrompible,
líbrame, Señor.

De la puerta ancha y del vano elogio,
del injusto olvido del martirologio,
líbrame, Señor.

Del indigno vino, de la levadura
de toda impureza que pase por pura,
líbrame, Señor.

Del amigo falso, del naipe en el puño,
la frase cortante y el traidor rasguño,
líbrame, Señor.

Del bien retenido que no se comparte,
de aquello que impida que yo pueda amarte,
líbrame, Señor.

De errados atajos, creencias baldías,
altares sin cruces y cruces vacías,
líbrame, Señor.

Del papel mal hecho sobre el escenario,
de la indiferencia hacia tu sagrario,
líbrame, Señor.

De la negligencia, de la frialdad,
de los falsos cristos con falsa piedad,
líbrame, Señor.

Del círculo roto, del bien inconcluso,
de la indiferencia y el abyecto uso,
líbrame, Señor.

De rotas cisternas y fuentes amargas,
de innobles metales e ilícitas fraguas,
líbrame, Señor.

De huecas palabras sobre mis oídos,
de malos consejos e injustos olvidos.
líbrame, Señor.

De la cobardía, de la indiferencia
y de Tu reproche sobre mi conciencia
líbrame, Señor.

Mas de Tu sublime gracia y de Tu amor…
¡nunca, nunca libres a este pecador!