PURGATORIO DE DIFUNTOS Y DESPERTADOR DE VIVOS

Continuamos con la segunda parte de los sermones correspondientes al libro “Purgatorio de difuntos y despertador de vivos”, que se comenzaron a publicar en noviembre de 2015.

Dejamos a disposición del lector que desee, los sermones anteriores:

SERMÓN XVIII DE DIFUNTOS

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Gaudebit cor vestrum, et gaudium vestrum nemo tollet a vobis. Joan. XVI. v. 22.

Si reflexiono, oyentes, sobre los oficios piadosos que en este novenario, vuestra caridad practica a favor de los difuntos, no dudo en que estos días son para ellos días de grande alivio; tantos sacrificios que se  ofrecen al Altísimo por sus sufragios; tantas oraciones solemnes y privadas, que se presentan al divino trono; tantas indulgencias que se les aplican, ¿a cuántos de ellos deben aflojar las penas, entre las cuales gimen? ¿Á cuantos deben aproximar la salida de la penosa cárcel? ¿Y a cuantos deben anticipar la posesión del suspirado reino? De aquí es, que si es más que natural tenerse como clavados en la memoria aquellos días en que se recibió algún señalado favor ¿cuán memorables serán en todos los siglos para los difuntos los días de este novenario, que les son, como podemos esperar, tan favorables y propicios? y aunque en estos copiosos sufragios el provecho no parece todo suyo, sí que también parece provecho vuestro; y aun no es fácil decir, si más provecho suyo, que provecho vuestro; no tendré reparo en decir con bella paradoja, que es todo provecho suyo, y todo provecho vuestro.

Es todo suyo, porque todo cuanto de bien hacéis en este novenario, todo lo ofrecéis a Dios para su utilidad; y es todo vuestro, porque la caridad con una invención toda suya hace que los sufragios de los muertos redunden en bien de los vivos. Sí, mis dilectísimos, el presente novenario, que parece todo dirigido al provecho de los difuntos, sabed, que vuelve no poco a provecho vuestro; y son tan grandes los bienes que os vienen de aquí, que cuándo os veréis en el punto de la muerte, rebozaréis de placer, y este placer será tal, que no se acabará con acabarse la vida: Gaudebit cor vestrum, et gaudium vestrum nemo tollet a vobis.

Así pudiese yo explicaros esta tarde los provechos sin número, que os vienen de los sufragios que ofrecéis por los difuntos; más porque no es posible poner márgenes a un campo tan dilatado, permitidme que entre tantos provechos os señale uno que cerrará el argumento en este solo punto: los sufragios sirven de estímulos a las almas, para alcanzar a sus devotos una santa muerte. Para explicarlo pidamos la gracia por intercesión de la Virgen.

AVE MARIA

No es de temer, señores, que las almas socorridas hagan con sus devotos, como hizo con Josef el ingrato copero de Faraón, quien después de recibida la libertad, no protegió su calumniada inocencia, mas, ni aun llegó a acordarse de él; es imposible que olviden el beneficio que se les hizo, siendo como son almas justas, almas santas, almas indefectibles; y siendo esto así ¿no tienen sus devotos una razón que les favorece, no digo solo de fundar una justa esperanza, más aun de prometerse una moral seguridad de una santa muerte? ¡Qué provecho es tan grande poder decir: tengo en el cielo un alma que me mira como su singular bienhechor! ¡A un alma que se reconoce empeñada a rogar siempre por mí! Si este no es un argumento certísimo de una feliz muerte, decidme ¿cuál lo será? No será preciso, para que empeñéis a favor vuestro las almas, el que les digáis como Josef: Memento mei, cum bene tibi fuerit: no, no, sin que vosotros abráis la boca y tal vez sin que penséis en ello, y sin que lo sepáis, exponen las almas vuestras necesidades, y promueven en el tribunal de la divina misericordia vuestra causa, y os procuran una feliz y santa muerte.

¡Felices pues aquellos, que habrán conseguido librar con sus sufragios algún alma del purgatorio! sí, felices, mil veces; verdaderamente estos tales tienen muy adelantada su salvación ¿Y qué pensáis vosotros que sufrirán las almas ver bajar al infierno, al que les ha dado una eterna vida? no ciertamente, no, ellas son almas agradecidas, y su gratitud se perfecciona extremadamente como los demás hábitos de todas las otras virtudes; no lo sufrirán ciertamente; antes perorarán en la presencia de Dios a favor de sus libertadores, como el pueblo hebreo a favor de Jonatas. Sabido es que Saúl había prohibido a sus soldados con pena de muerte, que ninguno saborease manjar de especie alguna antes que se hubiese vengado de los Filisteos; pero Jonatas primogénito de Saúl, no habiendo entendido la prohibición, cansado del combate, y necesitado de la hambre , al ver un bello panal de miel que chorreaba de un árbol, mojó la punta de la vara, y gustó un poco de ella; y ved aquí, desde a poco, consulta Saúl al oráculo del Señor, y no logrando la acostumbrada respuesta ¡ah! dice, que mi precepto ha sido desobedecido; pues ea, échense las suertes a fin de que se halle el culpado; juro por quien soy, que luego le haré morir, aunque sea mi hijo primogénito, aunque sea Jonatas. Desmaya entonces Saúl, y animándose desde luego, reconviene a Jonatas y le dice ¿es posible que tú seas el culpado?, pues ea muere que bien te está; si yo te fui buen padre, sepas que soy mejor juez; Jonatás: a la muerte. El pueblo hebreo, que había admirado en Jonatas un prodigio de valor, lloroso y afligido se echa a los pies de Saúl: ¿cómo, dice, oh Rey? ¿Jonatas a la muerte? ¿A la muerte el que es la vida de Israel? ¿El que ha librado a todos cuantos somos de las manos de los Filisteos? Enternecese entonces Saúl a los ruegos y llantos de los hebreos, y luego da liberal a Jonatas la vida. No de otra manera creo, señores, que si alguno de los fieles después de haber librado del purgatorio algunas almas, se halla en peligro de ser condenado de Dios a muerte eterna por la desobediencia a los divinos preceptos, se echarán luego delante del trono de Dios las almas libradas para alcanzarle merced y perdón ¿se ha pues de condenar (dirán) quien nos salvó? no sea jamás verdad.

Así, amadísimos oyentes, así me figuro, que las almas sufragadas hablan a Dios a favor de sus bienhechores, sin que tenga temor de errar. Nosotros sabemos, que cuándo están en el purgatorio, no cesan de hacerlo, como lo testifica santa Brígida, la cual asegura, que habiéndole hecho oír el Señor las rogativas que hacen las almas en el purgatorio, reparó que todas oraban con estas palabras: Señor nuestro Jesucristo, os suplicamos que recompenséis cien veces más a nuestros bienhechores, por los sufragios que ofrecen piadosamente para librarnos de estas penas, y acelerarnos la gloria del paraíso. ¿Qué no harán pues cuándo habrán obtenido por su medio el bien mayor, que puedan jamás desear que es la posesión anticipada de Dios? ¿No les alcanzarán pues, el bien, que para ellos es el máximo, es a saber, una buena y santa muerte? ¡Ah! que yo estoy persuadido, que miran con tan singular solicitud el santo término de su vida, que me atrevo a decir que cuándo agoniza un su bienhechor acuden corteses alrededor de su cama, le asisten, le ayudan, y todas a porfía pretenden conducirle a la posesión de los bienes eternos.

¿Y qué otra cosa nos enseña el Redentor mismo cuándo nos exhorta a ganarnos amigos, que nos asistan en la muerte, y conduzcan nuestras almas a las eternas moradas: Facite vobis amicos de mammona iniquitatis, ut cum defeceritis recipiant vos in æterna tabernacula?; ¿Creeréis qué Cristo habla aquí principalmente de los viadores pobres? no, si creemos a gravísimos expositores seguidos de Belarmino: porque estos no serán siempre acogidos en el cielo, pues que moralmente hablando muchos de ellos no irán allá: habla sí, de las almas del purgatorio las cuales incapaces de ayudarse por sí mismas esperan de nosotros la libertad: estas son, sí, son estas las que habemos de hacer nuestras amigas, estas son seguramente en el estado de asistirnos moribundos y de conducirnos después de la muerte: Cum defeceritis: a la posesión del reino eterno. Facite pues, repetiré también yo: facite vobis amicos de mammona iniquitatis.

 

MORALIDAD

¿Deseáis, dilectísimos, tener quien perore en el cielo vuestra causa? ¿Quién pida por vosotros una santa muerte? ¿Quién os la procure? ¿Quién os la obtenga? Devoción a las almas del purgatorio: socorredlas con limosnas, aliviadlas con oraciones, sufragadlas con indulgencias: Ut cum defeceritis ¡oh que consuelo en aquel último momento! recipiant vos in æterna tabernacula.

Si estuviésemos ciertos de tener en el cielo una sola de estas almas empleadas en rogar siempre por nosotros, ¿quién temiera el morir mal? Amados oyentes, podemos tener no una, sino ciento y aun mil: tantas son las maneras, tantas las ocasiones, tanta la facilidad de ayudarlas: y pudiendo nosotros multiplicar los amigos, los abogados, los protectores en el punto más peligroso, más terrible, mas importante ¿qué fe? ¿Qué sentimiento es el nuestro, si no lo hacemos? ¡Ah oyentes, que nos viene grande provecho de tener quien nos logre aquel morir santo que nosotros no podemos merecer! Ejercitemos pues la devoción a las almas del purgatorio, para que librando tantas cuántas podamos de sus penas, tengamos la suerte de tener en ellas otras tantas protectoras para el punto de nuestra muerte, y consigamos que los sufragios les sirvan de estímulos para alcanzárnosla santa y feliz.

¡Oh Jesús amado! iluminad nuestro entendimiento a fin de que conozcamos, cuanto debemos abrazar la devoción de las almas del purgatorio, a fin de lograr una muerte feliz por este medio; hacednos entender lo mucho que ellas pueden delante de Vos para socorrernos en aquel trance. Y si nuestras culpas fuesen impedimento para el logro de esta gracia, arrepentidos, decimos con el mayor dolor Señor mío Jesucristo, etc.

P. Fr. Francisco de Taradell.

Capuchino.