ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL PADRE JUAN CARLOS CERIANI – OCTUBRE 2016 – 2° PARTE

TRATADO DE LAS PASIONES EN LA SUMA TEOLÓGICA

DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

especiales-con-p1Compartimos con nuestros Lectores los Especiales de Cristiandad con el querido Padre Juan Carlos Ceriani correspondientes al mes de Octubre de 2016.

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CUESTIÓN 37

De los efectos del dolor o tristeza

Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:

1º. ¿Priva el dolor de la facultad de aprender?

2º. ¿Es la pesadumbre del ánimo efecto de la tristeza o dolor?

3º. ¿Debilita la tristeza o dolor toda operación?

4º. ¿Perjudica la tristeza al cuerpo más que las otras pasiones del alma?

ARTÍCULO 1

El dolor priva de la facultad de aprender.

Dice San Agustín que aun en estos días que estaba acometido de un agudísimo dolor de dientes no dejaba de rumiar las verdades que ya había aprendido, pero que le impedía enteramente aprender otras nuevas, para lo cual necesitaba toda la atención del ánimo.

Puesto que todas las potencias del alma radican en su única esencia, es necesario que, cuando la atención del alma es atraída fuertemente hacia la operación de una potencia, se retraiga de la operación de otra; pues no puede ser más que única la atención de una sola alma.

Y por eso, si una cosa atrae hacia sí toda la atención del alma o una gran parte de la misma, es incompatible con ella otra cosa que requiera gran atención.

Ahora bien, es evidente que el dolor sensible atrae hacia sí en gran manera la atención del alma, porque cada uno tiende naturalmente a rechazar con toda su fuerza lo que le es contrario.

Es igualmente evidente que, para aprender algo de nuevo, se requiere estudio y esfuerzo con una gran atención.

Y, por eso, si el dolor es intenso, el hombre es impedido en ese tiempo de aprender alguna cosa.

Y puede ser tan intenso que, mientras persista el dolor, el hombre tampoco sea capaz de meditar aun en lo que antes sabía.

En esto, sin embargo, hay variedad según la diferencia del amor que el hombre tiene a aprender o meditar, pues cuanto mayor fuere más retiene la atención del ánimo, para que no se entregue enteramente al dolor.

En las respuestas a las objeciones Santo Tomás completa la enseñanza:

La tristeza moderada, que excluye la divagación del ánimo, puede ayudar a adquirir la ciencia, principalmente de aquellas cosas por las que el hombre espera poder librarse de la tristeza. Y de esta manera, en la tribulación en que gimen, los hombres reciben mejor la doctrina de Dios.

Si el dolor o la tristeza fuere moderada, puede accidentalmente ayudar a aprender, en cuanto suprime el exceso de los placeres. Pero por sí misma es un obstáculo, y si es intensa lo impide por completo.

El dolor exterior proviene de una lesión corporal y por lo mismo implica una irritación corporal mayor que el dolor interior, el cual, no obstante, es mayor en cuanto a lo que hay de formal en el dolor, que proviene del alma. Por eso el dolor corporal impide más que el dolor interior la contemplación, que requiere una quietud absoluta. Sin embargo, aun el dolor interior, si es muy intenso, de tal manera atrae la atención que el hombre no puede aprender nada de nuevo.

ARTÍCULO 2

La pesadumbre del ánimo es efecto de la tristeza o dolor

Los efectos de las pasiones del alma a veces se denominan metafóricamente por su semejanza con los cuerpos sensibles, porque los movimientos del apetito animal son semejantes a las inclinaciones del apetito natural.

Y de este modo el fervor se atribuye al amor, la expansión a la delectación y la pesadumbre a la tristeza.

Se dice, en efecto, que un hombre se apesadumbra porque es impedido en su propio movimiento por algún peso.

Ahora bien, es evidente que la tristeza proviene de un mal presente, el cual, por lo mismo que es opuesto al movimiento de la voluntad, agrava el ánimo, en cuanto le impide disfrutar de lo que quiere.

Y si la fuerza del mal que contrista no es tan grande como para quitar la esperanza de librarse de él, aunque el ánimo esté apesadumbrado por el hecho de que al presente no disfruta de lo que quiere, retiene, sin embargo, el movimiento para rechazar lo nocivo que contrista.

Pero si la fuerza del mal se acrecienta hasta el punto de excluir la esperanza de escapar de él, entonces aun el movimiento interior del ánimo angustiado es absolutamente impedido, de suerte que no puede desahogarse por ningún lado.

Y a veces incluso el movimiento exterior del cuerpo es impedido, de modo que el hombre queda como alelado.

 

ARTÍCULO 3

La tristeza algunas veces no agrava o consume el ánimo hasta el punto de excluir todo movimiento interior y exterior, sino que, a veces, ciertos movimientos son causados por la tristeza.

La operación puede compararse a la tristeza de dos modos.

Uno, como objeto de la tristeza. Y en este caso la tristeza impide cualquier operación, pues lo que hacemos con tristeza nunca lo hacemos tan bien como lo que hacemos con delectación, o sin tristeza.

La razón de lo cual es que la voluntad es la causa de la operación humana. Por eso, cuando la operación misma es la que contrista, necesariamente se debilita la acción.

La operación se compara de otro modo a la tristeza como a su principio y causa. Y así es preciso que tal operación se aumente por la tristeza, como cuanto más se entristece alguien de una cosa, tanto más se esfuerza en desechar la tristeza con tal que mantenga la esperanza de lograrlo; de otra manera ningún movimiento u operación resultaría de la tristeza.

ARTÍCULO 4

La tristeza es entre todas las pasiones la que más daña al cuerpo.

La razón de lo cual es que la tristeza se opone a la vida humana en cuanto a la especie de su movimiento y no sólo en cuanto a su medida o cantidad, como las otras pasiones del alma.

La vida humana, en efecto, consiste en cierto movimiento que del corazón se difunde a los demás miembros, movimiento que, ciertamente, conviene a la naturaleza humana según una determinada medida.

Si, pues, ese movimiento traspasa la debida medida, será opuesto a la vida humana según la medida de la cantidad, mas no según la semejanza de la especie; mientras que, si se impide el curso de este movimiento, será opuesto a la vida según su especie.

Ahora bien, hay que notar que en todas las pasiones del alma la transmutación corporal, que es en ellas lo material, es conforme y proporcionada al movimiento del apetito, que es lo formal; como en todas las cosas la materia es proporcionada a la forma.

Luego aquellas pasiones del alma que entrañan un movimiento del apetito hacia la consecución de algo, no se oponen al movimiento vital según la especie, pero pueden ser opuestas según la cantidad, como el amor, el gozo, el deseo y similares.

Y, por tanto, estas pasiones según su especie favorecen a la naturaleza del cuerpo, aunque por su exceso pueden dañarla.

Por otra parte, las pasiones que importan un movimiento del apetito con cierta huida o retraimiento se oponen al movimiento vital no sólo según la cantidad, sino también según la especie del movimiento y, por tanto, son absolutamente nocivas, como el temor y la desesperación, y más que todas la tristeza, que agrava el ánimo por el mal presente, cuya impresión es más fuerte que la del mal futuro.

3ª Objeción: Dice Aristóteles que la ira y la concupiscencia les causan a algunos la locura, lo cual parece ser el mayor daño, puesto que la razón es lo más excelente de cuanto hay en el hombre. También la desesperación parece ser más nociva que la tristeza, ya que es su causa. Luego la tristeza no daña al cuerpo más que las otras pasiones del alma.

Respuesta: Para impedir el uso de la razón basta una causa más ligera que para destruir la vida, pues vemos que muchas enfermedades hacen perder el uso de la razón sin que priven de la vida. Y, sin embargo, el temor y la ira ocasionan un daño corporal por la tristeza que se les mezcla a causa de la ausencia de lo que se desea. Aun la misma tristeza quita a veces el uso de la razón, como se ve en los que por causa del dolor caen en la melancolía o se vuelven maniáticos.

CUESTIÓN 38

De los remedios de la tristeza o dolor

Esta cuestión plantea y exige respuesta a cinco problemas:

1º. ¿Se mitiga el dolor o tristeza por cualquier delectación?

2º. ¿Se alivia con el llanto?

3º. ¿Se alivia por la compasión de los amigos?

4º. ¿Se alivia por la contemplación de la verdad?

5º. ¿Se alivia por el sueño y los baños?

ARTÍCULO 1

La delectación, si es intensa, ahuyenta la tristeza, tanto la contraria como cualquier otra

La delectación es cierto reposo del apetito en el bien conveniente, mientras la tristeza proviene de aquello que es contrario al apetito.

De ahí que la delectación sea a la tristeza en los movimientos apetitivos lo que el reposo es a la fatiga en los cuerpos, fatiga que proviene de alguna transmutación no natural, pues la misma tristeza implica cierta fatiga o enfermedad de la potencia apetitiva.

Y así como todo reposo del cuerpo constituye un remedio contra cualquier fatiga proveniente de cualquier causa no natural, así toda delectación es un remedio para mitigar la tristeza, sea cual fuere su procedencia.

2ª Objeción: Lo que produce tristeza no mitiga la tristeza. Pero algunas delectaciones producen tristeza, porque el malo se entristece por haberse deleitado. Luego no toda delectación mitiga la tristeza.

Respuesta: Las delectaciones de los malos no les causan tristeza en el presente, sino en el futuro; es decir, en cuanto los malos se arrepienten de los males de que se alegraron. Y a esta tristeza se pone remedio con las delectaciones contrarias.

3ª Objeción: Dice San Agustín en IV Confess. que él huyó de su patria, en la que acostumbraba a conversar con su amigo fallecido, porque sus ojos le buscaban menos allí donde no tenían costumbre de verse. De lo cual se puede concluir que aquellas cosas en las que nuestros amigos muertos o ausentes se relacionaron con nosotros se nos hacen gravosas por el dolor de su muerte o ausencia. Pero su comunicación con nosotros fue principalmente en cosas placenteras. Luego las mismas delectaciones nos resultan molestas cuando estamos afligidos. Por consiguiente, no toda delectación mitiga cualquier tristeza.

Respuesta: Cuando existen dos causas que inclinan a movimientos contrarios, ambas se impiden mutuamente, y, sin embargo, finalmente, triunfa aquella que es más fuerte y duradera. Ahora bien, en el que se entristece de aquellas cosas en las que acostumbraba a deleitarse juntamente con el amigo muerto o ausente, se encuentran dos causas que producen movimientos contrarios. Porque el pensamiento de la muerte o de la ausencia del amigo inclina al dolor, mientras el bien presente inclina a la delectación. Por consiguiente, ambos se atenúan mutuamente. Pero, no obstante, como el sentimiento de lo presente mueve con más fuerza que el recuerdo de lo pasado, y el amor de sí mismo es más duradero que el amor de otro, de aquí que, finalmente, la delectación ahuyenta la tristeza. Por eso San Agustín añade un poco más adelante que su dolor cedía el paso a la misma clase de placeres de tiempos anteriores.

 

ARTÍCULO 2

Se alivia el dolor o la tristeza con el llanto

Las lágrimas y gemidos alivian naturalmente la tristeza por dos razones.

En primer lugar, porque todo lo nocivo que se guarda en el interior aflige más, pues la atención del alma se concentra más sobre ello, pero cuando se manifiesta al exterior, entonces la atención del alma en cierto modo se desparrama sobre las cosas exteriores, y así disminuye el dolor interior. Y, por eso, cuando los hombres que se hallan atribulados manifiestan su tristeza exteriormente por el llanto o gemido, o también por la palabra, se mitiga su tristeza.

En segundo lugar, porque la operación que conviene al hombre según la disposición en que se encuentra le es siempre deleitable. Ahora bien, el llanto y los gemidos son operaciones que convienen al hombre entristecido o con dolor, y, por tanto, se le hacen deleitables.

Así, pues, puesto que toda delectación alivia de alguna manera la tristeza o dolor, se sigue que la tristeza se alivia por el llanto y los gemidos.

1ª Objeción: Ningún efecto disminuye su causa. Pero el llanto o gemido es efecto de la tristeza. Luego no disminuye la tristeza.

Respuesta: La relación de causa a efecto es contraria a la relación de lo que contrista al contristado.

La razón es porque todo efecto es conveniente a su causa, y, por consiguiente, le es deleitable; mientras que lo que contrista es contrario al contristado.

Y por eso la relación del efecto de la tristeza con el contristado es contraria a la que con el contristado tiene lo que le contrista.

Y así, por razón de dicha contrariedad, la tristeza se mitiga por su efecto propio.

2ª Objeción: Así como el llanto o gemido es efecto de la tristeza, así la risa es efecto de la alegría. Pero la risa no disminuye la alegría. Luego el llanto no alivia la tristeza.

Respuesta: La relación de efecto a causa es semejante a la relación de lo deleitable al que se deleita, porque en uno y otro caso hay conveniencia. Ahora bien, todo lo semejante produce aumento en su semejante. Y por eso, la risa y otros efectos de la alegría aumentan la alegría, a menos que accidentalmente haya un exceso.

3ª Objeción: En el llanto se nos representa el mal que nos contrista. Pero la imaginación de la cosa que contrista aumenta la tristeza, como la imaginación de lo deleitable aumenta la alegría. Luego el llanto no alivia la tristeza.

Respuesta: La imaginación de la cosa que contrista, de suyo, está ordenada a aumentar la tristeza, pero por lo mismo que el hombre se imagina hacer lo que le conviene en tal estado, resulta de esto cierta delectación. Y por la misma razón, si a uno se le escapa la risa en unas circunstancias en que le parece debería llorar, se duele de ello, como de hacer lo que es impropio.

ARTÍCULO 3

Se mitigan el dolor y la tristeza por la compasión de los amigos

El amigo que se conduele en las tribulaciones es naturalmente consolador. De lo cual da dos razones Aristóteles.

La primera de ellas es porque, siendo propio de la tristeza el apesadumbrar, implica la idea de cierto peso, del cual procura aligerarse quien lo sufre. Así, pues, cuando alguien ve a otros contristados de su propia tristeza, se hace como una ilusión de que los otros llevan con él aquella carga, como si se esforzaran en aliviarle del peso, y, por eso, lleva más fácilmente la carga de la tristeza, como también ocurre en la transportación de las cargas corporales.

La segunda y mejor razón es que, por el hecho de que sus amigos se contristan con él, entiende que le aman, lo cual es deleitable. Luego, mitigando toda delectación la tristeza, se sigue que el amigo que se conduele mitiga la tristeza.

1ª Objeción: Los efectos de los contrarios son contrarios. Pero cuando el gozo es de muchos, en cada uno de ellos es el gozo más abundante, porque se enfervorizan y se inflaman unos a otros. Luego, por la misma razón, cuando muchos se entristecen a la vez, parece que la tristeza es mayor.

Respuesta: La amistad se manifiesta en uno y otro caso, esto es, alegrándose con el que se alegra y condoliéndose con el afligido. Y, por consiguiente, ambas cosas se hacen deleitables por razón de la causa.

2ª Objeción: La amistad exige que se devuelva amor por amor. Pero el amigo que se conduele, se duele del dolor del amigo afligido. Luego el dolor mismo del amigo que se conduele es causa de nuevo dolor para el amigo que ya se dolía de su propio mal. Y así, duplicado el dolor, parece crecer la tristeza.

Respuesta: La contemplación de la tristeza del amigo de suyo contristaría. Pero la consideración de su causa, que es el amor, más bien deleita.

 

ARTÍCULO 4

Se mitigan el dolor y la tristeza por la contemplación de la verdad

La mayor delectación consiste en la contemplación de la verdad.

Ahora bien, toda delectación mitiga el dolor.

Por consiguiente, la contemplación de la verdad mitiga la tristeza o el dolor, y tanto más cuanto más perfectamente es uno amante de la sabiduría.

Y por eso los hombres se alegran en medio de las tribulaciones por la contemplación de las cosas divinas y de la futura bienaventuranza.

Y lo que es más, semejante gozo se encuentra en medio de los tormentos corporales, como el mártir Tiburcio, que, andando con los pies desnudos sobre carbones encendidos, dijo: Me parece que camino sobre rosas en el nombre de Jesucristo.

3ª Objeción: El remedio de la enfermedad debe aplicarse donde está la enfermedad. Pero la contemplación de la verdad está en el entendimiento. Luego no mitiga el dolor corporal, que se halla en el sentido.

Respuesta: En las potencias del alma se produce una redundancia desde la superior a la inferior. Y conforme a esto, la delectación de la contemplación, que está en la parte superior, redunda en el sentido para mitigar el dolor que padece.

ARTÍCULO 5

Se mitigan el dolor y la tristeza por el sueño y los baños

La tristeza es contraria, según su especie, al movimiento vital del cuerpo.

Y por eso, aquellas cosas que restablecen la naturaleza corporal a su debido estado de movimiento vital son contrarias a la tristeza y la mitigan.

Además, por el hecho de que mediante estos remedios vuelve la naturaleza a su debido estado, son causa de delectación; pues esto es lo que produce la delectación.

Luego, por estos remedios corporales se mitiga la tristeza, ya que toda delectación la mitiga.

1ª Objeción: En efecto, la tristeza reside en el alma. Pero el sueño y el baño conciernen al cuerpo. Luego en nada contribuyen a la mitigación de la tristeza.

Respuesta: La debida disposición del cuerpo, en cuanto percibida por el sentido, causa delectación, y, consiguientemente, mitiga la tristeza.

2ª Objeción: El mismo efecto no parece ser producido por causas contrarias. Pero tales cosas, siendo corporales, son contrarias a la contemplación de la verdad, que es causa de la mitigación de la tristeza. Luego la tristeza no se mitiga por tales cosas.

Respuesta: Las delectaciones contrarias se impiden mutuamente, y, sin embargo, toda delectación mitiga la tristeza. Por lo tanto, no hay inconveniente en que la tristeza se mitigue por causas que se impiden mutuamente.

3ª Objeción: La tristeza y el dolor, en cuanto pertenecen al cuerpo, consisten en una cierta alteración del corazón. Pero tales remedios parecen ser propios más bien de los sentidos y miembros externos que de la disposición interior del corazón. Luego la tristeza no se mitiga por ellos.

Respuesta: Toda buena disposición del cuerpo redunda en cierto modo en el corazón como en el principio y fin de los movimientos corporales.

CUESTIÓN 39

De la bondad y malicia de la tristeza o dolor

Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:

1º. ¿Es toda tristeza un mal?

2º. ¿Puede ser un bien honesto?

3º. ¿Puede ser un bien útil?

4º. ¿Es el dolor del cuerpo el único mal?

ARTÍCULO 1

No toda tristeza es un mal

La tristeza del mal es contraria a la delectación del mal. Pero la delectación del mal es mala. Luego la tristeza del mal es buena.

El ser una cosa buena o mala puede entenderse de dos modos.

Uno, absolutamente y en sí misma. Y en este sentido toda tristeza es un mal, pues el mero hecho de inquietarse el apetito del hombre por un mal presente tiene razón de mal, porque esto impide el reposo del apetito en el bien.

De otro modo se dice una cosa buena o mala por la suposición de otra, como la vergüenza se considera ser un bien, supuesta una acción torpe cometida.

Así, pues, supuesto algo contristable o doloroso, pertenece a la bondad que uno se entristezca o se duela del mal presente, pues el no entristecerse o no dolerse no podría ser sino, o por no sentirlo, o por no juzgarlo contrario a sí, y ambas cosas son manifiestamente un mal.

Por lo tanto, pertenece a la bondad que, supuesta la presencia del mal, se siga la tristeza o el dolor.

Y esto es lo que dice San Agustín: Es todavía un bien el que duela el bien perdido, porque si no hubiese quedado algún bien en la naturaleza, de ningún bien perdido habría dolor en la pena.

Pero como en moral los enunciados versan sobre los singulares, a los que pertenecen las operaciones, aquello que es bueno por suposición debe juzgarse bueno, como lo que es voluntario por suposición se juzga voluntario.

1ª Objeción: Dice San Gregorio Niseno: Toda tristeza es un mal por su propia naturaleza. Pero lo que es naturalmente malo, siempre y en todas partes es malo. Luego toda tristeza es mala.

Respuesta: San Gregorio Niseno habla de la tristeza por parte del mal que entristece, mas no por parte del que siente el mal y lo rechaza. Y aun bajo este aspecto todos rehúyen la tristeza, en cuanto huyen del mal, pero no rehúyen la sensación y repulsa del mal. Y lo mismo debe decirse del dolor corporal, pues la sensación y rechazo del mal corporal testifican la bondad de la naturaleza.

ARTÍCULO 2

La tristeza puede ser un bien honesto

Todo lo que merece el premio de la vida eterna tiene razón de bien honesto. Pero tal es la tristeza, como consta por lo que dice San Mateo 5, 5: Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Luego la tristeza es un bien honesto.

Por la misma razón por la que la tristeza es un bien, puede ser un bien honesto.

En efecto, la tristeza es un bien en cuanto al conocimiento y repulsa del mal.

Estas dos cosas en el dolor corporal testifican la bondad de la naturaleza, de la cual proviene que el sentido sienta y la naturaleza rehúya el objeto lesivo que produce dolor.

En cuanto a la tristeza interior, el conocimiento del mal se debe a veces al juicio recto de la razón, mientras que el rechazo del mal se realiza por la voluntad bien dispuesta, que detesta el mal.

Mas todo bien honesto proviene de estas dos cosas, a saber, de la rectitud de la razón y de la voluntad.

Por consiguiente, aparece claro que la tristeza puede tener razón de bien honesto.

Todas las pasiones del alma deben ser reguladas por la norma de la razón, que es la raíz del bien honesto. La tristeza inmoderada traspasa esta regla y, por tanto, se aparta de la razón de bien honesto.

Así como la tristeza por el mal procede de la voluntad y de la razón recta, que detestan el mal, así la tristeza por el bien procede de la razón y de la voluntad perversa, que detestan el bien. Y por eso tal tristeza es un obstáculo a la alabanza o mérito del bien honesto, como cuando alguien hace limosna con tristeza.

ARTÍCULO 3

La tristeza puede ser un bien útil

Del mal presente surgen dos movimientos apetitivos.

Uno, por el que el apetito es contrario al mal presente. Y bajo este aspecto, la tristeza no tiene utilidad, porque lo presente no puede no serlo.

El segundo movimiento surge en el apetito para evitar o rechazar el mal contristante.

Y en este sentido la tristeza es útil, si es respecto de algo que debe rehuirse.

Porque se debe huir de una cosa por dos motivos.

Primero, por razón de la cosa misma, que es contraria al bien, como el pecado. Y por eso la tristeza por el pecado es útil para que el hombre evite el pecado, como dice el Apóstol en II Cor 7, 9: Me alegro no porque os entristecisteis, sino porque os entristecisteis para la penitencia.

En segundo lugar, se debe huir de una cosa, no porque sea mala en sí misma, sino por ser ocasión de mal, ya porque el hombre se adhiere a ella con amor excesivo, ya porque a causa de ella cae en algún mal, como se ve claro en los bienes temporales.

Y bajo este aspecto la tristeza por los bienes temporales puede ser útil, como dice Eclesiástico 7, 3: Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del festín, pues en aquélla se recuerda el fin de todos los hombres.

La tristeza, por tanto, respecto de todo lo que debe evitarse es útil, puesto que es doble el motivo de huir.

En efecto, el mal en sí mismo debe evitarse, y todos rehúyen la tristeza por sí misma, como también todos apetecen el bien y la delectación en el bien.

Luego, así como la delectación en el bien hace buscar el bien más ávidamente, así la tristeza por el mal hace huir del mal con más vehemencia.

ARTÍCULO 4

Es imposible que alguna tristeza o dolor sea el sumo mal del hombre

Toda tristeza o dolor, o es por un verdadero mal, o por un mal aparente que es verdadero bien.

Pero el dolor o tristeza que es por un verdadero mal, no puede ser el sumo mal, pues hay algo peor que él, esto es, o no juzgar como mal lo que es verdadero mal, o también no rechazarlo.

Y la tristeza o dolor por un mal aparente que es verdadero bien, no puede ser el sumo mal, porque sería peor separarse por completo del verdadero bien.

Por lo tanto, es imposible que alguna tristeza o dolor sea el sumo mal del hombre.

CUESTIÓN 40

De las pasiones del irascible

La esperanza y la desesperación

Esta cuestión plantea y exige respuesta a ocho problemas:

1º. ¿Es la esperanza lo mismo que el deseo o anhelo?

2º. ¿Reside la esperanza en la potencia aprehensiva o en la apetitiva?

3º. ¿Se da la esperanza en los animales?

4º. ¿Es la desesperación contraria a la esperanza?

5º. ¿Es la experiencia causa de la esperanza?

6º. ¿Abunda la esperanza en los jóvenes y en los ebrios?

7º. Del orden de la esperanza al amor.

8º. ¿Contribuye la esperanza a la operación?

ARTÍCULO 1

La esperanza no es lo mismo que el deseo o anhelo

A potencias diversas corresponden pasiones diversas, que se diferencian específicamente. Pero la esperanza reside en el irascible; mientras el deseo y el anhelo, en el concupiscible. Luego la esperanza se diferencia específicamente del deseo o anhelo.

La especie de la pasión se determina por el objeto.

Ahora bien, acerca del objeto de la esperanza se tienen en cuenta cuatro condiciones.

Primera, que sea un bien; pues, propiamente hablando, no hay esperanza sino del bien.

Segunda, que sea futuro, pues la esperanza no se refiere al bien presente ya poseído. Y en esto se diferencia la esperanza del gozo, que se refiere al bien presente.

Tercera, se requiere que sea una cosa ardua que se consigue con dificultad, pues no se dice que alguien espera una cosa mínima cuando está en su poder obtenerla inmediatamente. Y en esto se diferencia la esperanza del deseo o anhelo, que mira absolutamente al bien futuro, por lo cual pertenece al concupiscible, mientras que la esperanza pertenece al irascible.

Cuarta, que ese objeto arduo sea posible de conseguir, pues nadie espera lo que es absolutamente inasequible. Y en esto se diferencia la esperanza de la desesperación.

Así, pues, es evidente que la esperanza se diferencia del deseo, como las pasiones del irascible se diferencian de las pasiones del concupiscible.

Y por esta razón la esperanza presupone el deseo, como también todas las pasiones del irascible presuponen las pasiones del concupiscible.

ARTÍCULO 2

La esperanza reside en la potencia apetitiva

Implicando la esperanza una cierta extensión del apetito hacia el bien, pertenece claramente a la potencia apetitiva, pues el movimiento hacia las cosas corresponde propiamente al apetito, mientras que la acción de la potencia cognoscitiva se perfecciona no por el movimiento del que conoce hacia las cosas, sino, más bien, en cuanto las cosas conocidas están en el que conoce.

Pero como la potencia cognoscitiva mueve a la apetitiva presentándole su objeto, según los diversos aspectos del objeto aprehendido, siguen diversos movimientos en la potencia apetitiva.

En efecto, uno es el movimiento que resulta en el apetito de la aprehensión del bien, y otro de la aprehensión del mal.

Y de la misma manera son diversos los movimientos que siguen a la aprehensión de algo presente o futuro, absoluto o arduo, posible o imposible.

Y conforme a esto, la esperanza es un movimiento de la potencia apetitiva, que sigue a la aprehensión de un bien futuro, arduo y posible de obtener, esto es, la extensión del apetito a este bien.

ARTÍCULO 3

Se da la esperanza en los animales

Las pasiones interiores de los animales pueden descubrirse por los movimientos exteriores. Estos manifiestan que en los animales se da la esperanza.

En efecto, si un perro ve una liebre o el halcón un ave que están demasiado distantes, no se mueven hacia ellas, como si no esperasen poder alcanzarlas. Mas si se hallan cerca, van hacia ellas en la esperanza de apresarlas.

El apetito sensitivo de los animales, e incluso el apetito natural de las cosas insensibles, siguen a la aprehensión de un entendimiento, como asimismo el apetito de la naturaleza intelectiva, que se denomina voluntad.

Pero en esto hay una diferencia, porque la voluntad es movida por la aprehensión del entendimiento unido, mientras el movimiento del apetito natural sigue a la aprehensión del entendimiento separado, que es el autor de la naturaleza, e igualmente el apetito sensitivo de los animales, que obran también por un cierto instinto natural.

Y de este modo se dan en los animales la esperanza y desesperación.

1ª Objeción: La esperanza se refiere al bien futuro. Pero conocer el futuro no es propio de los animales, que tienen solamente conocimiento sensitivo, el cual no se extiende al futuro. Luego la esperanza no se da en los animales.

Respuesta: Aunque los animales no conozcan lo futuro, no obstante, el animal se mueve por instinto natural hacia algo futuro como si lo previese. Porque este instinto les ha sido dado por el entendimiento divino, que prevé las cosas futuras.

3ª Objeción: Dice San Agustín que los animales se mueven por las cosas que ven. Pero la esperanza no es de lo que se ve, porque lo que uno ve, ¿cómo esperarlo? Luego la esperanza no se da en los animales.

Respuesta: Aunque lo futuro no cae bajo la vista, sin embargo, lo que el animal ve al presente mueve su apetito hacia algo futuro para perseguirlo o evitarlo.

ARTÍCULO 4

La esperanza es contraria a la desesperación

En las mutaciones hay dos clases de contrariedad.

Una, por acercamiento a términos contrarios, y tal contrariedad solamente se encuentra en las operaciones del concupiscible, como son contrarios el amor y el odio.

Otra, por aproximación y alejamiento respecto del mismo término, y tal contrariedad se encuentra en las pasiones del irascible.

Ahora bien, el objeto de la esperanza, que es el bien arduo, se presenta, ciertamente, con carácter atrayente, en tanto se considera como posible de obtener, y bajo este aspecto tiende hacia él la esperanza, que implica una cierta aproximación.

Pero en cuanto se le considera como imposible de obtener, se presenta con carácter repelente, porque cuando se llega a algo imposible, los hombres se retiran.

Y bajo este aspecto mira al objeto la desesperación. De ahí que implique un movimiento de retirada.

Y por esta razón es contraria a la esperanza como el alejamiento al acercamiento.

ARTÍCULO 5

La experiencia es causa de la esperanza

El objeto de la esperanza es el bien futuro, arduo y posible de conseguir.

Luego una cosa puede ser causa de la esperanza, o porque hace que algo sea posible al hombre, o porque hace que éste juzgue que algo le es posible.

Del primer modo es causa de esperanza todo lo que aumenta el poder del hombre, como las riquezas, la fortaleza y, entre otras cosas, también la experiencia; pues por la experiencia adquiere el hombre la facultad de hacer algo con facilidad, de donde resulta la esperanza.

Del segundo modo es causa de esperanza todo lo que hace juzgar a uno que algo le es posible. Y así, tanto la instrucción como cualquier género de persuasión pueden ser causa de esperanza.

Y de este modo también la experiencia es causa de la esperanza, a saber, en cuanto por la experiencia se forma el hombre la idea de que le es posible algo que consideraba imposible antes de su experiencia.

Pero de este modo la experiencia puede ser también causa de la falta de esperanza.

Porque así como por la experiencia se forma el hombre la idea de que le es posible algo que antes juzgaba imposible, así, al contrario, la experiencia le hace considerar como imposible lo que juzgaba posible.

Así pues, la experiencia es causa de la esperanza de dos modos, mientras que es causa de la falta de esperanza de un solo modo.

Y por esta razón podemos decir que es más bien causa de la esperanza.

ARTÍCULO 6

La juventud y la embriaguez son causa de la esperanza

La juventud es causa de esperanza por tres razones, que pueden tomarse de las tres condiciones del bien que es objeto de la esperanza; a saber, que es futuro, arduo y posible.

En efecto, los jóvenes tienen mucho futuro y poco pasado.

Y, por tanto, como la memoria es de lo pasado, y la esperanza, de lo futuro, tienen pocos recuerdos, pero viven mucho de la esperanza.

Por otra parte, los jóvenes, por el calor de la naturaleza, abundan en espíritus vitales, y por eso se les ensancha el corazón.

Por eso los jóvenes son animosos y tienen buena esperanza.

De la misma manera, también aquellos que no han sufrido reveses ni han experimentado obstáculos en sus esfuerzos juzgan con facilidad que una cosa les es posible.

De ahí que los jóvenes, por su inexperiencia de los obstáculos y deficiencias, fácilmente consideren posible una cosa. Y por eso son de buena esperanza.

Dos de estas cosas se hallan también en los ebrios, a saber, el calor y la abundancia de espíritus por causa del vino, y, además, la inadvertencia de los peligros y deficiencias.

Y, por la misma razón, todos los necios y los que obran sin deliberación lo intentan todo y tienen mucha esperanza.

1ª Objeción: La esperanza importa certeza y firmeza. Pero los jóvenes y los ebrios están faltos de firmeza, pues su ánimo es fácilmente mudable. Luego la juventud y la embriaguez no son causa de la esperanza.

Respuesta: Aunque en los jóvenes y en los ebrios no haya en realidad firmeza, la hay, no obstante, en ellos según su propia estimación, pues piensan conseguir con certeza lo que esperan.

2ª Objeción: Lo que aumenta el poder es especialmente causa de esperanza. Pero la juventud y la embriaguez llevan aneja cierta debilidad. Luego no son causa de la esperanza.

Respuesta: Los jóvenes y los ebrios son débiles en realidad, pero, según su propia estimación, son poderosos, porque ignoran sus defectos.

ARTÍCULO 7

La esperanza es causa del amor

La esperanza puede mirar a dos cosas.

En efecto, mira como a su objeto al bien esperado.

Pero como el bien esperado es lo arduo posible, y a veces una cosa ardua se nos hace posible no por nosotros, sino por medio de otros; por eso la esperanza mira también a aquello por lo que algo se nos hace posible.

Así pues, en cuanto la esperanza mira al bien esperado, es causada por el amor, pues no hay esperanza sino del bien deseado y amado.

Mas, en cuanto la esperanza mira a aquel por quien se nos hace posible algo, entonces el amor es causado por la esperanza, y no viceversa.

Pues por el hecho de que esperamos que nos puedan venir bienes por medio de alguien, nos dirigimos hacia él como hacia nuestro bien, y de esta manera comenzamos a amarle.

Ahora bien, por el hecho de amar a alguien no esperamos de él sino accidentalmente, esto es, en cuanto creemos ser amados recíprocamente por él.

Por consiguiente, el ser amados por alguien nos hace esperar en él, pero nuestro amor a él lo causa la esperanza que tenemos en él.

ARTÍCULO 8

La esperanza contribuye a la operación

La esperanza implica de suyo ayudar a la operación, haciéndola más intensa. Y esto por dos motivos.

Primero, por razón de su objeto, que es el bien arduo posible.

Pues la apreciación de lo arduo excita la atención, mientras la persuasión de que es posible no da tregua al esfuerzo, siguiéndose de aquí que el hombre obra diligentemente a causa de la esperanza.

Segundo, por razón de su efecto, pues la esperanza causa delectación, que sirve de ayuda a la operación.

La esperanza, por tanto, ayuda a la operación.

1ª Objeción: La seguridad pertenece a la esperanza. Pero la seguridad produce negligencia, la cual impide la operación. Luego la esperanza impide la operación.

Respuesta: La esperanza mira al bien que ha de conseguirse, mientras la seguridad mira al mal que ha de evitarse. De ahí que la seguridad parezca oponerse al temor más bien que pertenecer a la esperanza. Y sin embargo, la seguridad no causa negligencia, a no ser en cuanto disminuye la apreciación de lo arduo, con lo cual se disminuye también la razón de esperanza. Pues aquellas cosas en las que el hombre no teme ningún obstáculo, no se consideran ya como arduas.

3ª Objeción: La desesperación es contraria a la esperanza. Pero la desesperación, sobre todo en asuntos bélicos, ayuda a la operación, pues dice II Reyes 2, 26 que es cosa peligrosa la desesperación. Luego la esperanza produce el efecto contrario, impidiendo la operación.

Respuesta: La desesperación en la guerra se hace peligrosa a causa de la esperanza que la acompaña. Aquellos, en efecto, que desesperan de la huida, se desalientan en cuanto a escaparse, pero esperan vengar su muerte. Y, en consecuencia, a causa de esta esperanza luchan con más coraje y resultan así peligrosos para los enemigos.