EL “ARTE” ANTICRISTIANO AL SERVICIO DEL ANTICRISTO

Mucho se habló de la visita que realizó Mauricio Macri a Bergoglio el sábado 15 de octubre de 2016 en el Vaticano.

Un detalle de la misma es el regalo que le llevó el mandatario argentino, quien eligió agasajar a Decimejorge con una escultura de un amigo, Alejandro Marmo, realizada con material reciclado sobre una base de madera.

Se trata de una pieza de un poco menos de un metro de alto, confeccionada con materiales de descarte ferroviario y metales.

En este caso, representa la unión de tres falsas religiones: la iglesia conciliar, el judaísmo y el islam.

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Por eso se ve una horrible cruz, montada sobre una base que simboliza el hexagrama de Salomón, con dos medialunas.

Es sabido que el diálogo interreligioso es uno de los ejes del mensaje revolucionario anticristiano de Bergoglio, incluso desde cuando estaba en Buenos Aires, donde ya había sentado las bases para el Instituto de Diálogo Interreligioso, fundado en 2001.

Marmo tiene dos obras expuestas en el los jardines del Vaticano: una Virgen de Luján construida con rezagos y una obra de la serie Cristo Obrero.

Además, también fue el encargado de presentar el año pasado en el Vaticano “La mia idea di Arte”, el primer libro de Decimejorge, quien allí expresó: “Este es el papel del poeta, del artista: contrastar la cultura del descarte y la evangelización”.

Ya que estamos con este tema, recordemos otras dos obras sacrílegas de las manos de los hombres:

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Al cabo de los castigos de la sexta trompeta, el texto del Apocalipsis (IX, 20-21) dice:

Mas el resto de los hombres, los que no fueron muertos con estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos y no cesaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro y de plata y de bronce y de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni andar. Ni se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus latrocinios.

Ni siquiera con los castigos en que perece una tercera parte de los hombres se obtiene el arrepentimiento de los males que quedan con vida. La tremenda comprobación se repite en XVIII, 9 y 11.

Dolorosa confirmación de la pertinacia humana, que empezó en el Paraíso y no terminará nunca mientras pueda tomar el partido de Satanás contra Cristo.

El Padre Leonardo Castellani comenta este pasaje de este modo:

El pecado máximo del mundo moderno es la idolatría. Es obvio que el mundo de hoy es idólatra. Muchos hombres adoran estatuas de Júpiter, de Venus, de Buda o las horrendas máscaras del Tibet, o sus sustitutos.

Pero la mayoría adora la obra de sus manos, la Técnica, el Progreso, la Ciencia, al Arte, el Poder, el Estado, la Raza, la Democracia, la Patria, el Dinero, ya la Torre de Babel, en quienes ponen la confianza que sólo Dios merece.

De allí se siguen innúmeros pecados y toda clase de vicios. Dos grandes guerras no han escarmentado a esta humanidad idólatra, respetadora de los demonios; más bien parece al contrario…

Y el dios de la violencia (Maozín), que, según el Profeta Daniel, el Anticristo venerará, hoy día recibe el culto de los ingentes armamentos y municiones.