SENTIMIENTOS Y AFECTOS DE UNA ALMA PENITENTE SOBRE EL SALMO L

VERSO XIII.

Redde mihi lætitiam salutaris tui, et spiritu principali confirma me

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Volvedme la alegría de vuestra asistencia saludable, y fortalecedme con un espíritu que me haga obrar el bien con voluntad plena y perfecta

No permitáis, Dios mío, que sea yo tan ingrata que desconozca la mano que siempre me ha socorrido en mis tribulaciones; ni tampoco permitáis que después de haber experimentado la alegría de verme libre de ellas, sea capaz de olvidarla.

Sean útiles para mi salvación Dios mío, las saludables asistencias que me habéis dado siempre. Reconozca yo en esto mismo que vuestras misericordias no tienen límites. Fortalecedme con un espíritu que me haga obrar el bien con voluntad plena y perfecta, quitadme los justos temores que me causan mis pecados; péseme de haberos ofendido, pero no me pese por el temor servil del castigo que merezco, si no por el exceso de amor que os debo.

Penétreme de dolor la consideración de mi ingratitud. Os mire yo, mi amable Jesús, en todos los tormentos a que os quisisteis exponer para rescatarme de la muerte eterna.

Dios mío, dadme la alegría de vuestra asistencia saludable y fortalecedme con un espíritu que me haga obrar el bien con voluntad plena y perfecta. Sean perfectas mis obras, sea perfecto mi amor. Os tema yo Dios, y os ame aún más y más. Dadme la alegría de vuestra asistencia saludable y fortalecedme con una voluntad plena y perfecta. Entonces llenaré yo mi corazón con la dulce memoria de vuestras misericordias, en ellas meditaré, y en vuestra santísima muerte, y me miraré como el objeto de vuestros deseos.

¡Ay Señor mío! ¿Es posible que una miserable como yo, sea vuestras delicias, y que deseéis la posesión de mi corazón con tanto amor, que en fin hayáis dado vuestra vida para ganarle? ¡Oh cuánto desearía yo tener una fe bastante robusta, una imaginación bastante viva, para gravar esta verdad en lo profundo de mi alma, de una manera tan sensible que sin cesar permaneciese en ella ocupaba! Ella me libraría del pecado; porque no puedo creer que si yo meditase con más frecuencia en las infinitas bondades que tenéis, Dios mío, por mi amor, cayese como caigo en el exceso de ingratitud que os confieso.

No, Señor mío, no pudiera yo resolverme a haceros traición, yo os sería fiel después de tantas infidelidades; vuestros tormentos me servirían de antídoto y me librarían de caer en la relajación, y en mis flaquezas acostumbradas.

Dadme, Dios mío, una ansia particular para acordarme de vuestros crueles tormentos, para que ellos me den la alegría de vuestra asistencia saludable, y me hagan obrar el bien con una voluntad plena, y perfecta.