JORGE DORÉ- POESÍA

HOY

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Señor, hoy que profetas de falsa caridad

coligan pecadores contra tu majestad,

que míseros derechos del hombre alzan su voz
en tanto se aborrecen tus derechos de Dios,

hoy que conspiradores –espíritus abyectos–
maquinan en su olimpo satánicos proyectos

y con su ingeniería social nublan razones,
asedian las virtudes, despojan las naciones

de fe y sin conciencia las guían al suicidio
al promover en ellas el propio infanticidio,

hoy que las componendas del fuerte y poderoso
devoran sociedades con insaciable acoso,

hoy que las migraciones intencionadas minan
sanos nacionalismos, los castran, los arruinan

en nombre de un supuesto bien multicultural
que no es sino el zarpazo de un gobierno mundial,

hoy que se urde la ruina de cada hogar cristiano
y el destierro de Cristo de cada ser humano,

hoy cuando la inmundicia permea las escuelas
como humo pestilente sobre llamas de velas

y que las juventudes zozobran, bombardeadas
por huecas sinrazones y malintencionadas

agendas; hoy que tantos reclaman beneficios
y leyes que los dejen regodearse en sus vicios,

hoy que se menosprecia la cristiana bravura
de quienes determinan rescatar la cordura,

que corruptos gobiernos son vil ejemplo y causa
de arbitrarias enmiendas e injusticia sin pausa,

hoy que se nos exige cohabitar con el mal
como ejemplo de noble tolerancia social,

hoy que se vuelven galas el pecado y la escoria
mas suscita la burla postrarse ante tu gloria,

que cerrando sus ojos al brillo del Tabor
el humano se erige como un Dios sin pudor,

hoy que la dictadura del instinto animal
aleja más del cielo y acerca más al mal,

hoy que lobos predican ser tus nobles pastores
y ciegos por sus propios y vanos resplandores

son los Judas de turno que devoran en Roma
tus antiguos altares y los vuelven carcoma…

Jesús, entre penumbras y torrentes de hiel
te ruego que me ayudes a conservarme fiel

a tus altos mandatos y a tu santa doctrina.
La luz se extingue, el hombre rechaza tu divina

llamada; excava pozos que no retienen agua,
multiplica becerros de oro en cada fragua

y abraza con lujuria su humanidad mortal
recubierta de lodo, alérgica a tu sal.

Hoy más que nunca, Cristo, por piedad te lo ruego,
¡no me dejes ser sombra cuando debo ser fuego!